Arte por necesidad

Cuando arranco una sesión de arteterapia con un nuevo grupo; especialmente en los inicios, cuando no conozco a los chicos, o al menos no los conozco a todos… Trato de colocarme con mucho cuidado en el lugar del otro, de los otros, haciendo lo posible para imaginarme las dudas, los interrogantes, las expectativas incluso… y también les pregunto.

Pregunto mucho de una y mil maneras, tengo incorporado un modo de proceder yo diría que de inspiración socrática que trata de evitar las suposiciones, y a la vez impulsa la implicación activa del otro en los procesos que acometemos.

Y en ese hilo continuo del conocer, una de las cuestiones implícitas en el hacer del arteterapia es el lugar del arte y el para qué del arte... lo que hoy desembocó en la necesidad del arte. Algo que hemos ido desvelando en la sesión:

El arte

Nos hace sentirnos acompañados. Nuestro entorno nos pide continuamente que sonriamos y estemos bien, pero debajo hay muchas capas que no mostramos. El arte normaliza el dolor, lo humaniza, permite que conectemos y expresemos emociones que sin él seguiríamos ocultando.

Comunica lo que realmente importa. Habla de las cosas sencillas, de la necesidad de ampliar horizontes personales, de dar un enfoque más flexible y desenfadado a la vida… es fuente de apoyo e inspiración ante la que todo el mundo se debería permitir conectar.

Nos da esperanza. Tenemos un entusiasmo genuino por lo bello, necesitamos rodearnos de cosas hermosas para compensar el peso de los problemas y las dificultades y evitar caer en la desesperación y en la depresión.

Nos devuelve el equilibrio. Cuando somos excesivos en algún sentido, el arte nos atrae y contrarresta, aportando dosis de otras cosas que necesitamos haciéndonos más equilibrados.

Nos ayuda a valorar. Poniendo el acento en cosas a las que no hemos dado importancia o que pueden habernos pasado desapercibidas.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *