Dar las gracias

Creo que una de las cosas que más me gustan de oriente es la importancia en lo relacional de la expresión del sentimiento de gratitud, algo de lo que siento también participábamos hasta hace poco en occidente, y tengo la impresión que cada vez está más en desuso…

La gratitud se exterioriza y expresa de muchas maneras. Culturalmente, y educacionalmente estamos impregnados de diferentes modos (o no) de agradecer. Algunos nos hemos empapado de ellos, otros menos; en todo caso, cuando la incorporas a tu forma de entender la vida y de relacionarte es difícil dejar de ejercerla.

La expresión de gratitud

Hace mucho tiempo, después de haber vivido varios años en Francia, volví incorporando el gracias, y el por favor a mi manera cotidiana de comunicarme. Me caló tanto que me sentía incómoda cuando no observaba la misma forma de proceder en mi entorno. Puede que en algunos casos solo fuera una fórmula de cortesía, pero yo la integré como algo más, como una ventana a la expresión del agradecimiento y del reconocimiento, y me hizo mella.

Años más tarde, en Japón, me di cuenta como del vocablo “arigato” a la expresión “kansha”, había una inmensa cantidad de connotaciones diferentes, en algunos casos ligadas incluso al concepto de estar contrayendo una deuda hacia quien había hecho algo por o para ti. Y me fascinó, más específicamente, cómo en todo lo relativo a la Ceremonia Japonesa del té, el agradecimiento se fundía con el principio de respeto o “kei“.

Tiempo después en India y Nepal, me maravilló cómo el sánscrito se había colado en lo cotidiano, traspasando fronteras a través del: “Namas-té”. Me pareció hermoso el gesto de sumar lo divino y lo humano en ese gesto en el que se juntan las manos agradeciendo y simbolizando el encadenamiento con la otra persona.

La primera vez que leí sobre “el hoponopono” (la fórmula taiwanesa para: pedir perdón, expresar amor y agradecer), me pareció maravilloso que una cultura actual mantuviera en un mantra su forma ancestral para lograr la paz y la  “limpieza mental”.

Un lugar amoroso y próximo al otro

De manera que sí, creo que cultivar la expresión de reconocimiento es algo ética y estéticamente necesario, que nos coloca en un lugar amoroso y próximo al otro, y que nos sitúa en el umbral de ir más allá de la simple fórmula verbal.

Hoy hemos conectado con este sentimiento, a través de la poesía, la fotografía, y la pintura al agua sobre papel de arroz de lámparas livianas y esféricas.

Potenciar la autoestima

Hoy hemos vuelto a abordar el tema de la autoestima, como en el día a día se puede potenciar o erosionar.

¿Sabes qué distancia hay entre lo que “eres” en este momento y lo que “te gustaría ser”?

Cuanto mayor es esa distancia, más pequeña es tu autoestima. Tener una autoestima sana significa aceptar lo que eres en este momento, y mucho de ella tiene que ver con cómo te tratas. También es cierto que te tratas de una u otra manera, gran parte de las veces influenciada/o ó condicionada/o por los demás. En esta sesión, nos hemos enfocado en cómo se trata cada una/o a sí misma/a.

A vosotros adultos, os propongo una serie de pistas para mejorar nuestro trato con los adolescentes.

Auto-concepto

Al sugerir hacer una lista de fortalezas y debilidades, los chicos arrancan considerando qué tienen más debilidades que fortalezas. Como adultos, hemos construido un concepto de adolescente tan poco realista, con un nivel de exigencia tan alto que hace que los chicos se vengan abajo. Muchos de ellos y ellas tratan de ser perfectos, de obtener las mejores notas, ser los más listos, los más “guapos”, los más simpáticos… Y se ven frustrados al considerar que “no llegan” ante los niveles de perfección que les estamos imponiendo.

→ Os propongo, tratar de ayudar con lo negativo, evitando “el asedio”constante; y sobre todo, reforzar lo positivo.

Auto-imagen

En función de cómo te ves, así te sientes. Cuando los patrones de imagen que se toman son “los perfectos”, se genera una sensación de “no dar la talla”, de estar siempre por debajo de los demás. Pero resulta que son otros quienes marcan esos patrones ¿te has preguntado en base a qué?
Tratemos de evitarlos, de cuestionarlos cuando surjan, y consideremos nuestra diferencia en tanto que peculiaridad y valor.

Atención a los mensajes que les trasladamos y a la manipulación de las redes (tan accesibles para los chicos y chicas de hoy en día).

Auto-respeto

¿Cómo saber que una persona se está respetando a sí misma? ¿Qué pasa cuando por agradar a los demás apartas lo que es importante para ti? ¿O cuándo sigues haciendo algo que sabes que es malo para ti, aunque podrías evitarlo?

→ Os propongo animar a los chicos a dejar de compararse en base a los estereotipos creados por los demás.

Auto- creencia

¿En qué medida creo que voy a conseguir esto o aquello? En general, cuando aparece algo nuevo que no sé hacer ¿cuánto me creo capaz de lograrlo?
Habitualmente, en vez de poner la atención en lograr tal o cual cosa, nos centramos en la emoción de incertidumbre, lo que desbarata nuestra percepción de logro.

→ La idea es que en vez de detenernos ante la sensación de miedo, miremos con retrospectiva todo lo que conseguimos hasta ahora y cómo es posible seguir avanzando. Poner el foco en lo logrado para abordar lo que va a venir.

Auto-aceptación

¿Qué haces con las partes de ti que te han dicho que son malas, pero no tienen por qué serlo… ? Y si… en vez de rechazarlas: las ves, las entiendes, averiguas cómo puedes manejarlas adecuadamente, y las abrazas?

Acompaña con tu mirada y tu percepción, ayuda a transformar lo que les hace daño.

Recuerda, cómo adulto:
Identificar tu propia autoestima, ayudar a identificar sus logros, huir de las comparaciones, trasladar que esto, la adolescencia es transitoria.

Nuestras/os chicas/os son muy valiosas/os, necesitan entornos de confianza y cuidado donde poder hablar y abordar todo esto de manera saludable.

Límites

Hablar de límites es algo consustancial a la adolescencia. En esta etapa, los chicos aumentan el cuestionamiento de normas y límites, poniendo en duda el modelo propuesto por progenitores y educadores; Lo que suele suponer un fuerte choque tanto para los adultos implicados, como para los chicos.

La necesidad de normas

Los chicos necesitan normas, saber hasta dónde pueden llegar y hasta dónde no. Saber qué hacer esto o aquello tendrá un resultado, y una consecuencia, y que ellos van a ser los actores  responsables de lo que ocurra; eso les ayudará a reflexionar, a tomar decisiones y a madurar.

Al otro lado, el adulto, padre, madre, educador, pensando dos veces los límites que ponemos, tratando de ayudar, no de entorpecer, de ser claros y precisos con lo que hay que hacer, y con lo que ocurrirá si no se hace. Poniendo límites en asuntos realmente importantes. Pocos, bien definidos, coherentes y con sentido.

El valor de las consecuencias

Es preciso que si se traspasa el límite, la consecuencia se aplique. Algo lógico, proporcional y en relación con la “falta” cometida, (muy diferente a un “castigo”). Algo que refuerce la necesidad y la importancia de no sobrepasar el límite. Por ejemplo: “… hemos visto que utilizar indiscriminadamente el móvil no es bueno para ti… te distrae, no te permite concentrarte, te quita mucho tiempo valioso… Vas a utilizarlo después de hacer tus tareas 30m al día… Y si alguna vez “te pasas”, lo retiramos durante un día… así reflexionas y percibes lo que supone no tenerlo”

Es importante recordar que las pautas se han de establecer desde el amor y el cuidado, y cuándo sea preciso explicando el por qué, evitando el ser impositivos: “Porque lo digo yo, y basta”. Recuerda que tú eres un ejemplo para tu hijo y tu hija, y con tu forma de educar además del contenido de su educación, desde tu forma de hacer les estás dando pautas.

Y si además, poco a poco, logramos incorporar que los chicos participen en las nuevas normas y condiciones a respetar (límites) habremos dado un paso más.

Hoy desde el marco de la pedagogía disruptiva hemos construido un espacio con muchos límites, metáfora del respeto del espacio personal de cada uno. Después lo hemos enlazado con la expresión plástica, dando cabida a: Mis límites, mis límites y yo, los límites del otro.

 

Ser aceptado

Vivimos en una sociedad que nos induce, cuando no nos obliga; a ser de una determinada manera, a responder a los estímulos y a los convencionalismos sociales de una cierta forma, a estar de un modo establecido… Pareciera que si no estamos dentro de ese “abanico” predeterminado y mayoritario no somos “normales”, y por lo tanto nos topamos con dificultades en ser aceptados. Algo con lo que resulta complicado bregar dado nuestro generalizado carácter gregario.

Paralelamente se habla de tolerancia y de respeto al otro, lanzándose mensajes confusos y contradictorios de lo que tiene que ser y cómo debiera que ser. Pienso sinceramente que la normalidad está sobrevalorada. En muchas ocasiones se queda en una turbia mediocridad, muy diferente al deseado equilibrio del término medio… cuando hay término medio, porque a veces no lo hay.

Aprendizaje vicario

Si hablamos de adolescencia la cosa se complica. Uno de los aprendizajes que más calado tiene es el vicario, el que se traslada desde la observación y la “impregnación”. Si como padres o educadores trasmitimos lo que hay que hacer pero no lo hacemos, el modelo que calará será el que los chicos perciben, no el teórico. Por el contrario, cuando la teoría (el modelo), es coherente con lo que hacemos transferimos de manera orgánica un modelo que se integra de forma natural, y cala.

Por ejemplo, no podemos decir a nuestros hijos que hagan un uso responsable del móvil si nosotros no lo hacemos; o que cumplan su deber estudiando si nosotros no cumplimos con nuestro deber como padres y madres: estando presentes, apoyando, escuchando, dando herramientas…

Más que empatia

Englobando la aceptación y el reconocimiento, algo más que empatía. Te entiendo, y te acepto porque me pongo en tu lugar desde tu mirada y tu perspectiva, NO desde las mías. Por eso por ejemplo, si no te gusta hablar mucho y estás cómodo en tu mutismo y en tu lugar de introspección, no hago que cambies… me acerco a ti desde tu silencio, tengo cuidado con no incomodarte innecesariamente, y te aporto herramientas para que puedas “salir al mundo” cuando lo necesites. En esta sociedad en la que se sobrevalora ser el primero, si no quieres serlo, apoyo y celebro tu segundo lugar, y me siento orgullosa de que hagas tu máximo.

Hoy en la sesión hemos transitado por todo esto, desde el trazo, el mito, la palabra y el modelado.

Familia que evoluciona

La familia es una estructura variable que evoluciona del mismo modo que evoluciona la sociedad. En nuestro mundo occidental y sin la debida perspectiva, pareciera que nos hemos quedado anclados en el conocido modelo teórico de familia monogámica; y sin embargo, con el paso del tiempo y los acontecimientos, la familia sigue su curso sin dejar de cambiar.

Tipos de organización familiar

A grosso modo los cuatro modelos históricos más significativos de organización familiar han sido:

Las primeras familias, las consanguíneas, construidas para responder a las necesidades sexuales. Podían darse relaciones entre padres e hijos, entre hermanos… algo absolutamente lejos de cualquiera de las modalidades familiares de hoy en día, pero que en su momento llegó a sostener imperios.

Las familia punalúa, consideradas el primer paso en el progreso de la organización familiar. Prohibieron las relaciones sexuales entre padres e hijos, después entre hermanos… a cambio fomentaron las relaciones entre los miembros de la tribu. El matrimonio era por grupos, y existía un modo colectivo de ocuparse de los hijos y de los mayores.

Más tarde se pasó a la familia sindiásmica en la que se contemplaba la convivencia entre un hombre y una mujer, estando abiertos a otras relaciones.

Con la aparición de la propiedad privada y la necesidad de saber la paternidad (para poder trasmitir la herencia), surge la la familia monogámica junto con el concepto de matrimonio.

Hasta hoy, en que resulta que la familia constituida por el papá, la mamá, los hermanos y hermanas ya no es la única; pudiendo haber una mamá o un papá (familia monoparental), y también dos mamás, dos papás…

Me gustaba cuando la presencia de los abuelos era más acentuada en las estructuras familiares; creo que el alargamiento de la vida ha hecho que los abuelos estén cada vez más lejos de nuestras familias… Y me sigue pareciendo maravilloso los vínculos que en ocasiones se generan entre abuelos y nietos.

El valor de la familia

Lo cierto es que la familia es el pilar más cercano sobre el que nos asentamos social y afectivamente, constituye el espacio por excelencia para el desarrollo de la identidad y es la primera fuente de socialización del individuo. Es en la familia donde adquirimos nuestras experiencias, valores, concepción del mundo; ese, en el que podemos reflejarnos, apoyarnos, crecer y también devolverle lo que nos ha dado… Aunque a veces no sea fácil; por mil razones, como cuando hay demasiadas ausencias, silencios, incomprensión, o  la comunicación es demasiado difícil… y también cuando no sabemos acercarnos suficientemente al otro cuando nos necesita.

¿Hasta qué punto elegimos la familia que tenemos? ¿Hasta qué punto ocupamos el lugar que queremos ocupar, el lugar en el que no sentimos a gusto? ¿Hasta qué punto podemos cambiar ese lugar? ¿Hasta qué punto podemos hacer algo al respecto?

¿Elegimos a nuestros padres?

Una antigua leyenda japonesa venía a decir que cada niño y cada niña elegía a sus padres. Me recuerdo contándoselo a mi hijo cuando era pequeño y agradeciéndole que me hubiera elegido como su mamá. Mi hijo siempre me respondía dándome las gracias por elegirle a a él. Supongo que algo le llegó cuando presentía que yo hacía lo mismo con su abuela.

Hoy en la actividad online, nos hemos sumergido en la familia de cada uno, en como la percibimos, en el lugar que ocupamos. En la importancia que tienen los demás para mí y yo para los demás y cómo gestiono todo ello. Sabiendo que la familia biológica puede verse aumentada por las personas que nos rodean, nos resultan próximas y forman parte de nosotros.

 

 

 

 

Tras la expresión

Una sesión con participantes muy distintos entre sí, con peculiaridades, gustos, formas de expresar y comunicar muy diferentes, no es fácil de articular… Seguimos instalados en el poder de la palabra, que lo tiene; pero no con todo el mundo, ni en todas las circunstancias; y sobre todo no siempre emerge de manera natural. Mientras algunas personas son torrentes incontenibles de verbo y ruido… a veces sencillamente no hay palabras, apenas voz, tal vez monosílabos y sonidos guturales. Y cuando el silencio toma el relevo también hay que saber escuchar.

Los otros lenguajes

En nuestras actividades presenciales, ausentes del lenguaje del rostro (la mascarilla oculta todas las expresiones faciales), nos quedamos con los sonidos, el lenguaje del cuerpo (en muchas ocasiones también retraído y reticente a salir de su zona de confort… añoramos el contacto más que nunca), y… damos mucha importancia al lenguaje de la plástica, tan rico, expansivo, y posibilitador… A las mil formas de comunicar desde el dibujo, la pintura, el garabato, la construcción, la manipulación, el modelado… y es desde esos lugares desde los que la expresión se abre camino.

Las posibilidades expresivas

En medio de todas las posibilidades expresivas, sigue fascinándome como ante una propuesta acotada en cuanto al uso de materiales puede surgir la demanda de algo nuevo; y a la inversa, cuando la invitación es amplia y hay mucho donde elegir, se dan situaciones de autolimitación y a veces hasta pequeños colapsos a la hora de decidir “con qué me expreso”.

Todo eso y lo que ocurre mientras tanto, es lo que sostenemos y acompañamos, con mimo y paciencia, dando espacio, tiempo, dotando de escucha para que el lenguaje de cada uno emerja, a su ritmo, poco a poco; desde el poder de los trazos, hasta la densidad de la pintura aplicada sobre un soporte liviano.

Decir “lo siento”

Con todo, hoy nos hemos sumergido en las mil maneras de decir “lo siento” sin que sea de manera explícita. En las situaciones en las que me he dado cuenta de que me he equivocado, tomando consciencia y visualizando lo que hago, y lo que haré con ello… Todo un aprendizaje necesitado de entrenamiento.

Arte por necesidad

Cuando arranco una sesión de arteterapia con un nuevo grupo; especialmente en los inicios, cuando no conozco a los chicos, o al menos no los conozco a todos… Trato de colocarme con mucho cuidado en el lugar del otro, de los otros, haciendo lo posible para imaginarme las dudas, los interrogantes, las expectativas incluso… y también les pregunto.

Pregunto mucho de una y mil maneras, tengo incorporado un modo de proceder yo diría que de inspiración socrática que trata de evitar las suposiciones, y a la vez impulsa la implicación activa del otro en los procesos que acometemos.

Y en ese hilo continuo del conocer, una de las cuestiones implícitas en el hacer del arteterapia es el lugar del arte y el para qué del arte... lo que hoy desembocó en la necesidad del arte. Algo que hemos ido desvelando en la sesión:

El arte

Nos hace sentirnos acompañados. Nuestro entorno nos pide continuamente que sonriamos y estemos bien, pero debajo hay muchas capas que no mostramos. El arte normaliza el dolor, lo humaniza, permite que conectemos y expresemos emociones que sin él seguiríamos ocultando.

Comunica lo que realmente importa. Habla de las cosas sencillas, de la necesidad de ampliar horizontes personales, de dar un enfoque más flexible y desenfadado a la vida… es fuente de apoyo e inspiración ante la que todo el mundo se debería permitir conectar.

Nos da esperanza. Tenemos un entusiasmo genuino por lo bello, necesitamos rodearnos de cosas hermosas para compensar el peso de los problemas y las dificultades y evitar caer en la desesperación y en la depresión.

Nos devuelve el equilibrio. Cuando somos excesivos en algún sentido, el arte nos atrae y contrarresta, aportando dosis de otras cosas que necesitamos haciéndonos más equilibrados.

Nos ayuda a valorar. Poniendo el acento en cosas a las que no hemos dado importancia o que pueden habernos pasado desapercibidas.

Sembrando esperanza

Cada día que despunta es una aventura, o puede serlo… cada inmediato minuto que tenemos por delante puede ser la promesa de algo maravilloso, siempre irrepetible, y una oportunidad para evolucionar… En medio de todo conviven las temporadas mas calmadas, más parecidas entre sí, y también las menos recordadas… por supuesto; y de nuevo, atravesando y traspasando  esa calma, la nueva posibilidad.

Con todo ello hemos arrancado una nueva edición del Taller de Arteterapia y educación emocional de Casa San Cristobal, en San Cristobal de los Ángeles. Gracias una vez más a la confianza de la fundación montemadrid y a todas esas personas que lo hacen y lo hacéis posible.

Primera sesión

Esta primera sesión ha sido presencial, era importante percibir lo tangible desde la cercanía física, sentir la energía, percibir el aroma del otro, traspasar la barrera de la mascarilla y más allá de lo visible, dejarnos impregnar por todo lo imperceptible y subyacente que se cuela en los encuentros más próximos…

Un taller salpicado de antiguos y nuevos participantes, con todo el pudor de los principios, la timidez ante lo desconocido, las inevitables expectativas y muchas ganas de hacer cosas… Una sesión para trasladar lo que es arteterapia y lo que no es… Para poner el acento en el recorrido, en los procesos, en lo que pasa mientras tanto, en la necesidad de exteriorizar lo que ocurre dentro, en la posibilidad de dar forma con el lenguaje con el que cada quien se sienta más cómodo… Sin interpretar al otro, impulsando el darse cuenta… Para sentirse y estar mejor, aumentando el bienestar personal y social.

El valor de la carencia

La carencia nos hace conscientes de lo que hemos perdido, y cuando lo volvemos a recuperar podemos volver a ponerlo en valor, prestando más atención, siendo más cuidadosos, dando mas importancia… Eso es lo que nos ha ocurrido con los nuevos modos de estar presentes. 

Y la carencia también os impulsa a ser creativos, a indagar en nuevas formas que cubran esas necesidades que antes estaban cubiertas y ahora no… y que necesitan alternativas; por eso el online ha sido y es una ventana en el renovado horizonte que se nos ha dibujado.

Y así, esta temporada, vamos a articular un ciclo en el que lo presencial y lo virtual se vayan entretejiendo. Aprovechando diferentes formas de relación, comunicación y conexión nos serviremos de las virtudes de cada posibilidad, mirando al futuro y sobre todo viviendo intensamente los momentos presentes.

Recuperando la sonrisa

Nadie te puede robar la sonrisa, ni la alegría, nadie puede arrebatarte cualquiera de tus emociones, a pesar de las letras de tantas canciones, a pesar de los pesares… pero si pueden equivocarte, engañarte, o distraerte con ello ¿lo vas a permitir? Por eso es preciso estar alerta.

Cuidar el alma

Una antigua leyenda nipona cuenta que las almas que se autoabandonan acaban diluyéndose hasta ser apenas nada; se repliegan, haciéndose cada vez más diminutas tornándose imperceptibles; de tan diluidas, cada vez más insignificantes, pierden la luz, su luz; por puro abandono, o por prestar demasiada atención a lo superfluo, a lo accesorio, a lo innecesario… por alejarse del camino que marca la brújula interior de cada persona, esa que en los momentos en que la cabeza duda, el corazón sabe la respuesta.

Esa leyenda conecta con el ancestral concepto de Wabi-sabi, relacionado con la belleza de lo imperfecto, y la necesaria resiliencia, con el culto a lo gastado repleto de historia y de valor, como el reconocimiento a la arruga, la veneración a la sonrisa, a lo verdadero, a lo que nace desde el fondo del corazón y evoluciona expandiéndose, traspasando a uno mismo y al otro…

Vida por delante

Por eso cuando estoy ante una persona con mucha vida por delante, o por detrás, según como se mire; con una larga historia, y una gran sabiduría vital adquirida de todas las formas imaginables; me detengo, observo, escucho, sonrío, mezo su alma -de ese modo cuido la mía-, y siento que ambas nos nutrimos y alimentamos…

La alegría de lo pequeño

Cuando la alegría está en las pequeñas cosas, en las que salen del alma, cuando pones atención en lo pequeño, y lo expandes. Cuando no te quedas anclada en lo que podría haber sido, sino miras de cara lo que es y lo haces crecer… Cuando todo eso lo compartes, surge el milagro.

Y sí, como decía Tolstoi: la felicidad no es hacer siempre lo que se quiere, sino querer siempre lo que se hace.

Gracias a todas esas personas MAYORES, por recordarme la esencia de las cosas, posibilitado e impulsado la alegría compartida.

Y a ese maravilloso grupo del Programa DUPLO de la FUNDACIÓN GREGAL, por propiciar el espacio para seguir construyendo desde el Arteterapia.