Estar solo y sentirse solo

Estar solo y sentirse solo, cuan diferente es. Tanto como la distancia entre la soledad buscada y deseada, frente a la soledad obligada y excesiva. Curiosa sensación, estado y necesidad, que especialmente en los últimos tiempos está tan presente, imponiéndose o acompañando.

Creo que todo en exceso genera desequilibrio, y por lo tanto perturbación; de ahí que nuestra salud emocional se vea afectada ante la soledad excesiva y ante la compañía en demasía. La clave: aprender a estar con uno mismo, a disfrutar de lo pequeño y de lo grande, a estar con los demás, a propiciar el aislamiento cuando lo necesitamos, y a encajar los momentos no elegidos de obligada soledad, tratando de crecer con todo ello.

Autoconocerse

Y claro, conocer: qué es lo ideal para estar bien en soledad, es muy muy fácil, pero sentirlo es otro cantar. Requiere en primer lugar mucho autoconocimiento, saber qué es lo que nos gusta y lo que no, qué podemos plantearnos, qué nos cuesta más; cuales son nuestros límites, cómo nos relacionamos y nos comunicamos, qué necesitamos, cómo es nuestro ritmo… Escucharnos y probar. Y todo esto necesita de soledad y de contraste con los otros.

Nacemos solos, morimos solos

El sentimiento de soledad es algo que forma parte de nosotros desde el origen de los tiempos. Nacemos solos, morimos solos y entre medias hay muchas veces que estamos solos muy a gusto, otras en las que desearíamos estar acompañados, y otras tantas en las que estamos rodeados de gente pero nos sentimos solos de solemnidad, creo que esa es la peor forma de soledad, la paradoja de no querer estar solo, tener aparentemente los medios para no estarlo, y aún así sentirse muy solo, o lo que es lo mismo muy lejos de quienes nos rodean. Cuando me pasa eso trato de cambiar de lugar. Prefiero estar sola del todo (estar sola y sentirme sola), a sentirme sola y estar “acompañada”.

La soledad en la historia

Me resulta curioso cómo la percepción social de la soledad ha ido evolucionando a lo largo del tiempo: El paso de las reuniones de toda la vida comiendo en comunidad, hasta los hábitos modernos creados en torno a comer en solitario delante de la TV. Los retiros de los antiguos eremitas en su momento tan alabados. Las secuelas de la mitificada vida en pareja como patrón de los últimos tiempos, frente a la vida single, en aumento si no fuera por  motivos mayoritariamente económicos . En mi caso, siempre me parecieron que las que más encajaban con mi forma de entender la vida eran las experiencias tribales comunitarias que combinaban el estar solo con estar en grupo.

Pautas para estar mejor

Hoy en la sesión hemos mirado tras todos los prismas posibles la circunstancia de estar solo, estar sola y cómo se siente. La realidad de los introvertidos y los introvertidos y sus diferentes necesidades. Lo que ocurre cuando  algo “me da vergüenza ” y cómo lo podemos abordar. Y entre todos hemos ido desgranando pautas para estar mejor cuando estamos solos y no queremos estarlo:

No echarme la culpa 

Pensar en cosas que me hagan sentir bien y hacerlas, descubrir nuevas cosas

Crear con lo que tenga a mano

Conectar con alguien que me haga sentir bien

Ayudar a alguien que lo necesite

Desplazarme o pensar en un lugar que me haga sentir bien

Cuando lo que siento no me gusta, recordar que pasará y la próxima vez lo veré con menos disgusto

Bailar, correr, saltar, cantar… segregaré endorfinas y me sentiré mejor

Lápiz sobre papel. Mi sensación de soledad

 

 

Miedos

El miedo es algo natural en el ser humano, es una emoción primaria, incómoda, incluso desagradable, que sentimos al percibir una amenaza. En su justa medida tiene una función, hace que reconsideremos lo que ocurre y/o lo que vamos a hacer. Al otro lado: el miedo extremo, el que provoca ansiedad, el que se convierte incluso en patológico; es al que hay que manejar y mantener a raya.

De manera que la cuestión es asumir que alguna vez todos y todas tenemos miedo, y que mis miedos pueden hasta cierto punto ser útiles porque me hacen tener cautela. Ante a ellos, se trata de valorar lo que está en juego, tener coraje, y actuar.

Hoy, hemos tomado como inspiración a Epicuro quien consideraba que para alcanzar la felicidad había que vencer cuatro miedos fundamentales; Desde ahí y con el estímulo plástico de artistas que transitaron por sus temores, cada participante ha identificado su miedo, plasmándolo, desmontándolo y haciéndole frente.

Mis miedos, collage sobre base de papel

 

Los miedos de la Escuela Epicúrea

Recorrer: el miedo al dolor, a la muerte, a los dioses, al fracaso en la búsqueda del bien (en definitiva, a no ser feliz), nos ha permitido ponerlos en conexión con los propios.

1.- El miedo al dolor forma parte de la naturaleza humana. Como el dolor es algo que tratamos de evitar, nos “protegemos” de él teniéndole miedo. Cuando la causa del dolor surge de la preocupación por satisfacer deseos innecesarios, caemos en una trampa que nos impide ser felices. De ahí surge  el temor a no tener lo considerado valioso por los demás, aunque en esencia no lo sea para nosotros, lo que nos  lleva a la dualidad entre el ser y el tener, y a todo un tema de actualidad; y es que el estar más preocupados por lo que tenemos nos hace que olvidemos ocuparnos de lo que somos.

2.- El miedo a la muerte, a lo desconocido e irreversible, ha sido y es  un miedo muy presente en muchos pueblos desde hace muchísimo tiempo. Y sin embargo otras culturas como las prehispánicas se concedía a la muerte un importante lugar. En ocasiones morir constituía un honor, como los elegidos para los sacrificios humanos, allí, la forma social de enfrentar la muerte no representaba algo a lo que temer. Hoy, al menos en occidente, el miedo a la muerte es tal, que hace que se la obvie a lo largo de toda la vida incluso sabiendo que llegará.

3.- El miedo a los dioses fue algo muy extendido en la antigüedad, que se trasladó a las culturas monoteístas occidentales oculto tras el temor a lo desconocido y “superior”. Junto la destructiva sensación de culpa cuando se les fallaba, heredada por todo el cristianismo, y que aún hoy forma parte de nuestras creencias más arraigadas (no solo religiosas), y es que si hacemos ciertas cosas tememos al castigo divino.

4.- El miedo al fracaso en la búsqueda del bien. Ya que para Epicuro el bien se alcanzaba a través de la felicidad, y la felicidad consistía en ser más, no en tener más, este temor radicaba en tratar de lograr el bien y no conseguirlo, lo que podríamos interpretar como el temor al fracaso en aquello que nos proponemos.

Desmontando miedos

Con todo, la última parte de nuestro recorrido ha transcurrido en torno a cuatro cuestiones, si te las haces podrás empezar a mirar tus miedos de otra manera :

¿De qué tienes miedo?
¿Es posible o probable?
¿Es importante?
¿Pasado un tiempo, será realmente significativo?

 

¿Sirve sufrir para algo?

El dolor es una sensación incómoda y desagradable que padecemos los seres vivos con sistema nervioso central. Es una señal de alerta, que nos avisa de qué algo anda mal. Además es una experiencia subjetiva, no hay dos dolores iguales, medir el dolor es harto complicado, y sobre todo muy relativo.

Sufrimiento

En ocasiones, dolor y sufrimiento van de la mano, muchas veces el segundo es consecuencia del primero, y aunque no son lo mismo, podríamos considerar que el sufrimiento es un dolor prolongado en el tiempo, una sensación fruto del desgaste del sistema nervioso, ocasionado por causas físicas o emocionales y, según el psicoanálisis, siempre es consciente.

El dolor no es una elección, pero no tengo muy claro hasta que punto el sufrimiento lo es, quizás en algunas ocasiones podamos hacer frente al sufrimiento, dejar de alimentarlo y hacer que se vaya diluyendo hasta desaparecer, otras veces puede que no sea así.

Un poco de filosofía

Ambos conceptos: dolor y sufrimiento habían surgido en más de una ocasión en el grupo siendo interpretados de forma muy diferente cada participante. Para situar la sesión, me pareció muy adecuada la visión de la vida de Schopenhauer y su respuesta al sufrimiento humano.

El filósofo alemán apuntaba que nuestro mundo había sido creado por una especie de demonio cuyo objetivo era el sufrimiento de los seres humanos, una especie de gran sádico. Entiendo que era su modo de explicar lo que Schopenhauer consideraba un sufrimiento constante.

Enlazando el interés del pensador por el Budismo, y su consideración de nuestra equivocación en “existir para ser felices” (el no serlo nos genera dolor); hemos llegado a la conclusión de que es complicado saber para qué existimos. Puede que no haya una respuesta genérica, y cada uno tenga que averiguar para qué está aquí.

Incorporar la ilusión

Mientras lo averiguamos y como salida al dolor prolongado, es una muy buena idea la de tratar de reducir nuestros impulsos negativos, estando por encima de nuestros deseos (como hacen los verdaderos sabios); e incorporar la ilusión a nuestra vida (la motivación, las ganas de hacer cosas…). Para ello el pensador proponía el cultivo del arte y la filosofía; pero yo creo que hay muchas más cosas, como alimentar los afectos y hacer cosas por y para los demás.

Con todo ello y la inspiración de grandes artistas que han transitado por sus sensaciones de sufrimiento, el grupo ha expresado su sentir en forma de lugares sosegados y esperanzadores, entiendo que fruto de nuestras dos horas de viaje. Y definitivamente, a la pregunta inicial de: ¿Sirve sufrir para algo? la respuesta ha sido: NO. Si puedes acortar tu dolor hazlo, trata de evitar el sufrimiento innecesario. Sufrir no sirve para nada bueno.

 

Lápiz y acuarela

Cronos, el valor del tiempo

Hace unas semanas, en una de las sesiones, una de las chicas del grupo comentó: “me gustaría que alguna vez habláramos de como organizar mejor el tiempo y como no estresarme porque no hago todo lo que quiero hacer…”

Tiempo circular, tiempo lineal

El concepto de tiempo y del tránsito de la vida es algo consustancial al ser humano. Me fascina como pueblos tan lejanos como los mayas y los aztecas, tenían una concepción circular del tiempo, manejándose dentro de lo conocido como tiempo cíclico, lo que fue la primera noción de tiempo desarrollada en la historia de la humanidad.

Y es que todas estas culturas antiguas imaginaron el tiempo en función de leyes naturales, de las estaciones y el clima, de las épocas de grandes lluvias y sequías, de los diferentes fenómenos atmosféricos; Lo cual entiendo, les facilitaba la organización de todo lo que ellos tenían que prever en base al paso de su tiempo: rituales y ceremonias de todo tipo y actos significativos de la comunidad.

Frente a ello, nuestra concepción occidental del tiempo lineal me resulta pobre y limitada. Nos movemos en un tiempo que tiene un único sentido y se compone de acontecimientos contiguos que no pueden restablecerse.

Cronos

De ahí a Cronos dios del “tiempo humano”, fuerza voraz y destructiva, quien se hizo con el poder del cosmos devorando a sus hijos. Una inmensa alegoría de cómo el tiempo todo lo engulle. Y es que: actividad, rapidez y acumulación no solo de objetos sino de acciones, conforman un modo de entender la vida “moderna” que hace que se equipare el valor del tiempo con el valor del oro, como si el tiempo fuera intercambiable… Y no, el tiempo es mucho más, el tiempo es vida con todo lo que la vida conlleva; por eso, cómo llenemos nuestra vida hará que nuestra experiencia vital sea más o menos valiosa. De ahí que frente a la burda acumulación de actividad, sea más importante hacer lo que se tenga que hacer a conciencia, hacerlo bien, con presencia plena y equilibrio armónico.

Nuestra sesión

Hoy, desde la consciencia depositada en el juego de y con las manos con todas las posibilidades que ello ofrece, hemos transitado por el cuerpo y aterrizado en la mente. Desgranando lo que hacemos en nuestra cotidianidad y cómo nos organizamos para hacerlo.

De menos a más; dando pautas para estructurarnos mejor, para saber discriminar, para pensar en grande y hacer en pequeño, visualizando pequeños logros y objetivos, articulando mecanismos de recuerdo y de arbitraje para ayudarnos a lograr lo que mas nos cuesta.

Realización

Quizás últimamente te preguntaste:

¿Cómo podría “realizarme” en tiempos convulsos, en tiempos de crisis… Tiempos en los que en muchos casos me arrastra la sensación de tropezar una y otra vez, y de no acabar de estar bien conmigo?

Esa cuestión, entretejida con otras tantas, ha venido destilándose entre los participantes del grupo desde hace un tiempo. Interrogantes del tipo:

¿Cómo sentirme mejor con las cosas que hago?

¿Cómo estar mejor conmigo misma y con mis decisiones?

¿Cómo averiguar realmente que es bueno para mí?

Eudaimonia

Me hicieron aterrizar en la Eudaimonia. Un concepto que hizo que Platón se centrara en ayudar a las personas a alcanzar un estado de realización personal, un estado que permitiera lograr el propósito vital de cada uno; lo que hace tiempo empezamos a abordar desde la razón de ser ó ikigai.

Pensar más

Entre las consideraciones que Platón hizo para mejorar la vida de las personas, me parece especialmente enriquecedora la idea de: pensar más. Pensar sobre lo que queremos y cómo lo queremos. Detenerse en y con uno mismo. Hacer un ejercicio honesto y personal de lo que quiero, y cómo lo quiero.

Sobre esto, el filósofo aconsejaba “tener cuidado” con las opiniones de los demás, con el “sentido común de los otros”, y alertaba de los prejuicios, errores, y creencias que podían conllevar. Para ello planteaba la premisa fundamental: conócete a ti mismo. Insistiendo en la necesidad de examinar nuestras ideas, tus ideas;  para ello Platón propuso como método la discusión socrática, un diálogo que podía ser con uno mismo o con otra persona.

De la razón a la creación

Hoy nosotros hemos tomado el testigo de ese diálogo, introduciendo el trazo. Hemos arrancado con el pensamiento y aterrizado en la expresión plástica. Viajando de la razón a la creación.

El ejercicio de mirar hacia dentro ha desvelado lo que me apasiona, algo intrínseco, alineado conmigo. Intuyendo lo que me “mueve”; con mi familia, con mis amigos, con mis estudios… empezando a dar forma a mi conjunto de propósitos vitales. Tras visualizarlo lo he empezado a expresar trasladándolo al papel.

La interpretación de cada dibujo es tan personal como el dibujo mismo, se trata  de que cada uno se lance a expresar lo que hay y que uno mismo se dé cuenta. En nuestro caso, el grupo además tiene un importante papel, porque “devuelve” la mirada de los iguales y permite construir un discurso más rico y complejo.

Y en paralelo, hemos puesto el acento en el camino, en lo que pasa mientras tanto.

Mira en tu interior

Expresa

Observa

Contrasta

Plantéate un plan de acción

Busca apoyo

Camina

No procastines

Sé generoso con  tus equivocaciones

Disfruta de las satisfacciones intermedias

El juego del cisne

Hay muchas historias míticas que me fascinan, una de ellas es la de Leda y el cisne. Un animal que entre todos sus significados destaca por ser un ejemplo de transformación, un cambio que en el caso que nos ocupa, supone una evolución de menos a más.

Seguro que todos conoceréis el cuento del “patito feo”, esa historia utilizada para explicar que no se debería juzgar a nadie por su apariencia, ya que la belleza más importante reside en el interior, y cuando ese interior se cultiva, aflora y se hace visible irradiando luz. El feo patito del principio rechazado por ser diferente, al final del cuento se transforma en un cisne bello y majestuoso. Me resuena mucho este mito y su significado en estos tiempos tan mediatizados por lo primero que se ve, por los manipulados estándares de belleza y los patrones estéticos al uso.

Historia y simbología

Aunque claro, con la herencia que tenemos del significado del cisne, no es extraño sucumbir a su influjo.

Como la historia de Leda quién originalmente rechazó a Zeus, para más tarde quedar hipnotizada ante la aparición del enorme y divino ave al que abraza y acoge, sin sospechar lo que traerá consigo.

Quizás por esa asociación con la divinidad, en la antigüedad clásica el cisne se consagra a Apolo, dios de la música y de la adivinación, considerándolo un símbolo de armonía y belleza. Del mismo modo que las menos conocidas leyendas de diosas celtas de las tierras del norte, hablan de mujeres que podían llegar a convertirse en cisnes encarnando el ave sagrada del amor.

Frente a lo cual, los simbólicos relatos de pueblos escandinavos y eslavos, hablan de la vulnerabilidad de las doncellas-cisne lo que las hacía ser presa fácil de cazadores que las forzaban a convertirse en sus esposas.

Y al otro lado del océano, la aceptación dichosa de los nativos americanos del plan divino del Gran Espíritu, lo que me parece la alegoría más hermosa de este animal.

Y de nuevo el juego

Hoy hemos tomado como base el antiguo juego de la oca, cuyos orígenes son confusos (¿creación de los griegos durante el asedio a Troya?  ¿idea de la Florencia de los Médici?  ¿aportación de los templarios?), y lo hemos transformado en el juego del cisne.

El azar a través de los dados junto a los interrogantes esparcidos a lo largo del tablero, han conformado una sesión en la que los deseos de aprender y transformar (lo que no nos gusta), y la reflexión y el razonamiento de índole filosófica, (más común entre los jóvenes de lo que muchos imaginan), han estado presentes.

El sentido de las cosas… lo que más valoro de mí… el sentido de lo que estoy viviendo… lo que me genera mucha tristeza…  averiguar lo qué es más importante: si ser feliz o hacer lo correcto…  lo que me enfada y me altera mucho… el sentido de las palabras… lo que más valoro en una persona… 

Jugar

Con el paso del tiempo los juegos y la acción de jugar han ido cambiando. Estoy convencida que una de las razones que explican la disolución del juego según vamos creciendo es porque cada vez se nos han ido cayendo más los compañeros (de juego, claro).

Estoy tan en desacuerdo con: “hay cosas que son de y para niños…”, y “con algunas cosas no se juega…” Que supongo por eso propicio el reencuentro con el juego siempre que es posible, y cada vez que tengo ocasión de encontrarme con un niño o una niña, mi lado juguetón se activa, le doy curso y me lo paso genial.

Entrenando capacidades y destrezas

La primera acepción de la RAE de jugar es:“Realizar una actividad o hacer una cosa, generalmente ejercitando alguna capacidad o destreza, con el fin de divertirse o entretenerse”. Y yo me digo: si jugando entrenamos capacidades y/o destrezas y además nos divertimos y nos entretenemos, ¿¡por qué no jugamos más!?

Frente al culto al juego que se da en la infancia, me sigue pareciendo discriminatorio y lamentable cómo va diluyéndose a medida que avanzamos en los escalones de la adolescencia y la edad adulta. A veces creo que hay una asociación perversa entre: juego → diversión → risa, que ha hecho que construyamos una sociedad de adultos serios y adustos a los que nos cuesta reírnos. Quizás eso cambiaría si recordásemos que jugar es una ocasión excelente para estimular los químicos de la felicidad de nuestro cerebro, especialmente las endorfinas.

La transcendencia del juego

Creo que no somos conscientes de la transcendencia del juego, del juego educativo e inteligente, naturalmente; y es que cuando jugamos desarrollamos el lenguaje y la expresión, activamos la escucha inteligente, impulsamos lo relacional, avanzamos en la solución de problemas, establecemos normas de conducta, resolvemos conflictos, transmitimos valores, impulsamos la creatividad… Así que sí, elijamos y creemos buenos juegos para jugar más y mejor.

Por eso, y porque los chicos explícita e implícitamente pedían “jugar”, hemos transformado el antiguo juego indostaní y una baraja de cartas. En este “parchís interior” hemos introducido: azar, imagen, palabra y movimiento, otra manera de abordar autoconocimiento y conocimiento del otro.

Deshielo

Supongo que la tensión de los últimos días fue la que me provocó la infección con la que me estrené la segunda semana de Enero. Creo que en toda mi trayectoria de arteterapia solo dos veces tuve que buscar alguien que me sustituyera. Las dos coincidieron con mi paso por el hospital.

En general lamento mucho cuando tengo que posponer algo con lo que me he comprometido, aunque las razones me rebasen. Creo que tengo un sentido excesivo de la responsabilidad; no sé muy bien cuánto tiene esto que ver con el carácter y cuanto con la educación y circunstancias de cada persona.

Expectativas y realidad

Aplazar una sesión es complicado porque es difícil hacer coincidir disponibilidades. El hecho de que los/as chicos/as no siempre se disculpen por no poder asistir, lo hace todavía más complejo, aumentando la incertidumbre. Ésta última ocasión solo dos participantes disculparon su ausencia, pasados diez minutos me encontré sola ante una adolescente cuyas expectativas tenían que ver con estar en grupo.

Las mías en cierto modo también, es decir esperaba a un grupo… que sabía que también podía no aparecer. La falta de certeza de quien va a participar y cuando se va a incorporar, junto a los eventuales problemas técnicos derivados de los dispositivos o de la conexión a internet hace que la perspectiva de tenerte que adaptar a las contingencias que surjan sea algo habitual, algo que está muy alineado con los tiempos que corren. Así que de nuevo, mejor tomarlo como oportunidad.

Reajustar la sesión

El que esto ocurra hace que sea costoso arrancar. Diseñar una actividad para un grupo y que solo aparezca un participante supone que tengas que reajustar la sesión. De manera que te focalizas en lo que hay, y decides poner todo tu cuidado, atención y entrega al servicio de lo que tienes delante. Readaptas, y lo que iba a ser para un grupo lo transformas en lo que va a ser para una sola persona. Atemperas, escuchas, estás a  atenta a su sentir, a su historia reciente, primero desde la palabra envuelta en oscuridad (tu tienes abierto el vídeo, el otro no), y paulatinamente propones otras formas de expresión hasta que sonido y gesto se entrelazan y abren el camino a una nueva fase.

El deshielo del otro

Poco a poco comienza el deshielo del otro, y sus pequeños y grandes eventos van tomando forma. Lentamente se relaja hasta que baja muros y abre puertas. Logras establecer un nivel de aproximación e intimidad que en grupo no habría sido posible, y ese adolescente que está al otro lado, sigue avanzando. Hasta que al final, y contigo al lado, convierte en palabras aquello que le gustaría “trabajarse” este año: “dejar la timidez”,  fruto de lo cual da un primer paso que se traduce en algo tan simbólico como conectar el vídeo, empezando a exponerse y a hablar de ello.

Me gusta mucho el grupo y la sinergia que genera, más cuando la vida te coloca ante situaciones como la descrita, recuerdas y agradeces la importancia de los acompañamientos y los procesos individuales.

Retos

El concepto de “reto” es absolutamente diferente según se enfoque desde la perspectiva del adolescente o desde la del adulto. En el ámbito de la psicología los retos que suponen los cambios más significativos en el paso de la niñez a la adolescencia se suelen agrupar en:

1- Conformar la personalidad

2.- Alcanzar ciertas cotas de independencia

3.- Desarrollar una relación saludable con el propio cuerpo

4.- Experimentar la sexualidad

5.- Descubrir tu grupo de referencia

En algunos casos también se habla de “elegir pareja”, a mí me parece que esto último sería más un reto de adulto que de adolescente.

Y sin embargo, cuando de manera explícita las/os chicas/os plantean cuales son sus retos, las situaciones difíciles que tienen que abordar, se refieren a realidades que pudieran parecer sencillas y abarcables, y a ellos, en el momento presente les resultan complicadas:

Aprobar el curso, tener buenas notas, verme bien, tener novio, tener un perro… 

Retos que pasan a ser objetivos

Creo que el momento que a cada generación le toca vivir hace que la visión de reto pueda ser muy diferente. Por ejemplo, tras los meses absolutamente anormales que acabamos de transitar, en los que aún  seguimos, con las restricciones pasadas y actuales; Con la perspectiva de un año en el que nuestra cotidianidad se está viendo tan afectada, nuestro modo de vida ha dado un giro que ha hecho que muchos retos pasen a ser objetivos, y se enredan entre deseos y expectativas, aparentemente sencillos quizás para los adultos, y para muchos/as de las/os chicas/as abrumadores.

Un presente que parece detenido

Pienso que nuestras circunstancias nos han hecho y nos están haciendo vivir un presente que parece detenido y sin embargo está en continuo flujo. Por eso es importante darnos un respiro, detenernos, mirar, observar y empezar a identificar, ordenar  y priorizar lo que queremos. Pararnos a tomar tierra,  marcarnos una ruta y un itinerario y seguir caminando.

Nuestro último día de ciclo y año, el concepto de reto ha estado presente desde la individualidad de cada uno junto con las intervenciones de los/as demás compañeros/as. Nos hemos servido de una nueva herramienta tecnológica (pizarra compartida de G.meet), para dibujar en línea en tres planos compartidos. Retos de cada uno entretejidos entre el juego y lo plural.

Perdonar

Una de las necesarias partes de cualquier sesión de mitoart es el “aterrizaje”.  Cambiamos el universo de lo cotidiano por un universo especial, ese de lo intangible, conformado por y cada una de las  personas que acuden a la cita, su momento, su espacio, y todo lo que ocurre durante el tiempo que dura la sesión. Y para eso, para cambiar de “universos” nos servimos de la relajación, ese umbral que anticipa lo que vamos a abordar, que enlaza las vivencias de fuera con lo que pasa aquí dentro.

El anterior encuentro me había generado cierta “disonancia cognitiva”. Hablar en estos tiempos de “peleas” no es lo más habitual, y ni siquiera sé si es políticamente correcto. Y sin embargo, la vida -en paralelo a todos los mensajes de amor y paz que podamos dar y recibir estos días-, sigue su camino con todos sus resquicios y contradicciones.

El poder del perdón

Supongo que precisamente por eso, la última semana, la acción de perdonar estuvo absolutamente presente en mis pensamientos. Y así, indagando de manera más o menos consciente, de modo sincrónico e imagino que como una consecuencia; de los encontronazos y peleas, pasé al perdón. Me resultó inspirador utilizar extractos de “El mayor regalo”, una película-documental que trata sobre el perdón a través de testimonios de quienes lo han dado y quienes lo han recibido. La idea de que el perdón pueda con las situaciones más imperdonables siempre me pareció salvadora.

Pedir perdón y perdonar libera

Me entristece pensar que la mayor conexión que tenemos con el perdón sea a través de la religión, cuando perdonar es un valor universal, cómo mucho espiritual, pero no es patrimonio de ninguna doctrina. Y no, no siento que se nos eduque en el perdón. Me encuentro a menudo con cajas herméticamente cerradas en las que se encierran rencores y cuentas pendientes que no se llegaron a saldar. Y toda esa basura emocional arrastra otro montón de lastre entorpeciendo nuestro camino. Creo que si desde pequeñitos integráramos el perdón como parte sustancial de nuestra existencia, viajaríamos más ligeros. También he descubierto que cualquier momento es bueno para incorporarlo, pedir perdón y perdonar funciona en los dos sentidos y sobre todo libera. Con ello y con todo hay que querer hacerlo, hay que desear pedirlo o concederlo; lo que lo convierte en un acto de voluntad con el que conviene empezar a alinearse lo antes posible.

Hoy para dar forma a todo esto, hemos partido de la mancha. Hemos aplicado la pintura desde el aire. Una metáfora de lo poético que puede ser un acto tan naif como soplar pigmentos, y luego hemos aplicado pincel y conformado siluetas. Lo que a veces hago sin pensar y lo que luego pienso y ordeno… o no. Tomándonos el tiempo para valorar lo que pasó y lo que ahora está pasando.