Incertidumbre

Estoy convencida que los adolescentes son mucho más profundos de lo que muchas veces nos imaginamos. Se hacen muchas preguntas, y están bastante más preocupados por su entorno de lo que en ocasiones pudiera parecernos. La percepción que tengo es que lo que nos pasa a la mayoría de los adultos es que, o no encontramos el momento, o no sabemos preguntar, o no estamos suficientemente atentos, o no escuchamos adecuadamente...  Aunque es verdad que no siempre es así.

Corteza prefrontal en desarrollo

Los chicos y chicas de 10 a 19 años (adolescentes según la OMS), tienen ritmos diferentes a los adultos, hormonas revolucionadas, y sobre todo una corteza prefrontal sin acabar de conformar; De ahí que lo relativo la personalidad, el control de la conducta, la memoria de trabajo, y las funciones cognitivas superiores estén en pleno proceso de desarrollo.

Mil y una preguntas

Todo esto convive con interrogantes y preocupaciones:

¿Quién soy realmente? ¿Qué hay dentro de mí?
 ¿Estoy bien, soy feliz, estoy realmente en paz conmigo mism@?
 ¿Cuánto me importa lo que los demás piensan de mí?
¿Cómo va a ser mi futuro?
¿Voy a poder tener un trabajo que me guste y del que pueda vivir?
¿Qué puedo hacer para cumplir mis sueños?
¿Cómo puedo cambiar el mundo?
¿Qué hay después de la muerte?


Respirar, Interiorizar, Conectar

Todo un mar de incertidumbres, que muchas veces les sume en situaciones que les desbordan, de la angustia a la ansiedad. Por eso una de las dinámicas por las que mas apuesta el Taller de Arteterapia es la Respiración-Interiorización-Conexión y los ejercicios para manejar la inquietud y el desasosiego.

En general (pasa con los jóvenes y también aplica a los adultos), el no saber qué va a pasar es peor que saber que ocurrirá algo concreto, incluso si no se corresponde con lo deseado. En esos casos surgen pensamientos del tipo “¿Y si…?” que abren la puerta a la inseguridad, lo que activa la preocupación y sus disparadores. El proceso se acentúa cuando se está convencido de que la preocupación es buena porque evita decepciones, ayuda a proteger a quienes nos importan, y nos prepara para enfrentar la amenaza. En realidad se trata de pasar del preocuparse al ocuparse.

Aprendiendo a respirar, a calmar el sistema nervioso central, a centrar la atención; ayudando a construir una intención o propósito. Expresando desde la plástica, en este caso con arenas, conchas y sal, vamos destilando pautas y formas de funcionar saludables y que puedan incorporar ellas y ellos mismos de manera autónoma, para tener experiencias más gratas y sanadoras.

 

Sintiendo entre océanos

Las sesiones en familia on line son una oportunidad para el encuentro entre seres queridos que están lejos (la mayoría de las veces los papás, pero no exclusivamente), los chicos y chicas del taller (con familia a ambos lados del océano), y para los adultos que están aquí (las mamás en su mayoría), quienes teniéndolo complicado para acudir de manera presencial, no obstante muestran el suficiente interés para buscar el modo de reservar el momento y asistir al encuentro desde las pantallas de sus hogares.

Además de aproximar personas, estas sesiones son una maravillosa ocasión para realizar una actividad conjunta entre padres e hijos, algo que sale del marco de lo cotidiano, y de lo “útil o necesario”. Algo donde mamás y/o papás  pueden estar presentes al lado de sus adolescentes desde la horizontalidad y la conexión.

Vivencias en conjunto

Traspasando la geografía, haciendo algo en conjunto, cooperativo y distinto. Son sesiones con mucho potencial y que dependen en gran medida del interés de cada una de las personas que participa, tanto en lo relativo a asegurar la propia presencialidad, como la implicación activa en las dinámicas.

Hay muchas cosas de las que se podría hablar entre mamás, papás e hijos, y pareciera como que nunca surge el momento, o no se nos ocurre, o no hay tiempo… Hoy en la sesión lo hemos propiciado, yendo del recuerdo de los adultos a las proyecciones de las adolescentes.

Recreando la sensación

Hemos hecho dos tipos de visualizaciones, una con las adultas, «hacía atrás», remontándonos a momentos significativos del pasado asociados a la juventud. Eligiendo experiencias gratificantes y sanadoras, y que hoy tras los detalles más o menos reales o ficticios, nos permiten volver a experimentar y compartir las sensaciones percibidas en aquellos momentos.

El cerebro recuerda más como nos sentimos, que qué fue exactamente lo que sucedió; por eso lo de menos es recuperar los detalles objetivos del pasado, y por eso es tan importante recrear la sensación de aquel momento y enriquecerla con los pormenores que elijamos.

Con las chicas nos hemos desplazado al futuro, planteando un posible escenario diez años «hacia delante». Creando las bases para imaginar-proyectar una situación determinada, y a partir de ahí nos hemos centrado en el sentimiento ante aquello, en donde nacía, en qué nos hacía sentir. Ahí también el cerebro ha sido nuestro aliado resonando con la sensación de bienestar y trayéndola al momento presente.

Equivocarse

Tratar de evitar la equivocación es una constante en el ser humano. Intentar no «meter la pata», hacer las cosas correctamente, hacer «bien» las cosas. Pero aunque esa sea la intención, no es algo tan sencillo ni tan lineal. A veces por descuido o desconocimiento, otras porque la situación nos desborda… nos equivocamos.

Volver a empezar

Equivocarse está a la orden del día. Y no pasa nada, se vuelve a empezar, se vuelve a intentar. La otra opción es quedarse sin hacer nada, así está claro que no puedes equivocarte, pero entonces ¿dónde está el logro? y sobre todo ¿dónde el aprendizaje? 

El mantra ensayo-error tiene mucho que decirnos de los procesos en los que nos equivocamos y volvemos a intentarlo hasta llegar a conseguirlo.

Me sorprende gratamente la perspectiva de los países anglosajones sobre la equivocación, frente a las culturas mediterráneas. En el mundo anglosajón lo importante es probar, lanzarse, intentarlo. Si no sale bien es que aún no has terminado. Eso es aprendizaje incluso si son necesarias muchas caídas para lograr el objetivo.

Temor irracional

Sin llegar a la «atiquifobia» (el miedo paralizante a tomar una decisión que pueda suponer una equivocación), no son pocos los ejemplos de formas de hacer y actuar que evitan pasos arriesgados ante el temor al fallo o al error, y es que como dice el refrán «quien tiene boca se equivoca».

En ocasiones podemos encontrarnos ante situaciones en las que existe la posibilidad de equivocarnos, eso nos puede bloquear, convirtiéndose en un temor irracional que si se repite de manera exagerada puede llegar a transformarse en fobia. Y sin embargo, el solo hecho de intentarlo, de hacerlo, mejor o peor, es en sí un logro, y parte del  éxito.

Inténtalo

Es decir; si haces algo puedes meter la pata, pero si no lo haces, si ni siquiera lo intentas, «ni meterás la pata», ni podrás averiguar cómo sacarla, y nunca podrás seguir avanzando porque te quedarás varado en el lugar de la indecisión.

Hoy en la sesión hemos abordado la equivocación desde la corporalidad, haciendo, deshaciendo y rehaciendo. Nos hemos sumergido en lo que significa equivocarse y cómo nos posicionamos ante nuestros tropiezos. Plásticamente lo  hemos trabajado desde el garabato y las pinturas acuarelables, delicadas láminas de color al agua necesitadas de un trato cuidadoso y atento.

Salir de la zona de confort

Creo que en el ámbito de la educación deberíamos de actuar desde dos enfoques complementarios que tendrían que funcionar en paralelo. Mientras construimos entornos cómodos, amables y amorosos para nuestros adolescentes, hemos de buscar la manera de impulsarles a salir de la zona de confort. (Lo que en cierto modo podría verse como «una de cal y otra de arena», pero no de cualquier modo).

De problema a reto

Lo primero permitirá que se sientan seguros y confiados, con el apoyo necesario y el suficiente impulso para seguir adelante.

Lo segundo les entrenará en el tránsito por recorridos más tortuosos, y no obstante trayectos de aprendizaje inherentes a la vida. Y si en estos últimos somos capaces de transformar los problemas y dificultades en retos, estaremos colocándoles en un lugar de crecimiento en el que su curiosidad y creatividad serán claves para ser mejores.

Conexión con la tierra

Con esa premisa, hoy hemos abordado el salir de mi zona de confort realizando todas las dinámicas desde el suelo. Primero con una aproximación al cuerpo y a la propia energía, desde la respiración y la consciencia.

Después hemos hecho un trabajo con los pies, descubriéndolos, dotándolos de valor, anteponiéndolos, reconociendo su peso, su importancia, y su papel de conexión y enlace.

Más tarde hemos utilizado pinturas al agua satinadas, con unas texturas suaves y tornasoladas para realizar una propuesta primero con  pie y pincel y luego con las manos. Ha sido una metáfora del disconfort al confort, que ha propiciado la palabra y el aterrizaje en otras áreas del día a día.

 

Entender el miedo

Ni es la primera vez que abordamos el miedo, ni será la última. El miedo es una emoción que nos acompaña desde que nacemos, afecta a nuestra percepción de lo que podemos o no hacer, nos pone en alerta, hace que seamos más precavidos… y también puede llegar a limitarnos en muchos aspectos.

Nuestros miedos van evolucionando; no es lo mismo el miedo en un niño, en un adolescente o en un adulto… y no es lo mismo una situación, un entorno y unas creencias. Con todo, hay un conjunto de elementos comunes sobre cómo se posiciona nuestro cerebro ante el miedo, entenderlo ayudará a gestionarlo mejor.

Repuestas ante amenazas externas

Cuando nos enfrentamos a una amenaza externa, podemos responder de cuatro maneras.

1.- Lo primero que intentamos es establecer una conexión -emocional o  social- para resolverlo. Imagina que estoy en un sitio y alguien me ataca, lo primero que hago es mirar a mi alrededor para ver si la gente que está conmigo me puede ayudar; si no intentaré establecer una conexión con quien me ataca para tratar de evitarlo, hablaré con él, trataré de convencerle de que desista.

2.- Pero si lo que tienes delante es un león, entonces se activa el sistema simpático y entramos en modo de lucha. Casi toda la sangre de nuestro cuerpo irá a los brazos y a las piernas; se detiene el sistema reproductor, el digestivo, el inmunitario, la corteza prefrontal… Desaparece lo que no necesitamos (colaboración, empatía, pensamiento abstracto… ) y nos dispondremos a luchar.

3.- Si mi cerebro evalúa que no tengo probabilidades de ganar la pelea (antes, o durante  la lucha), la huida se activa. Corres lo más rápido que puedas, mientras sigues con el sistema simpático excitado.

4.- Si sigo corriendo sin parar, pero no me ha servido lo anterior y detecto que me van a pillar, me hago el muerto. Mi sistema nervioso se pone en modo ventral y me quedo totalmente congelado. Cuando una gacela se hace la muerta los depredadores no se la comen en el sitio, la agarran por el cuello, la arrastran tras un arbusto, se van a buscar a sus crías o al resto de la manada, y en ese momento escapa.

Respuestas automatizadas

Tenemos estas respuestas automatizadas. Cuando estoy estresado o con ansiedad, cuando grito, me pongo en modo de lucha-huida. Cuando me hundo y me meto en mi guarida (estoy depre y me hago el muerto), se me apaga el metabolismo, se atenúa mi respiración y mi cerebro me envía una señal de: “no te muevas, no hables, no intentes nada” .

Hoy en la sesión cada uno ha identificado sus miedos, los ha encerrado en una cajita y hemos construido un laberinto sobre ellos, metáfora de cómo cada cual los aborda.

 

 

Aprender a conocernos

Llevamos años queriendo vincular de manera estable y regular a progenitores en el proceso arteterapeútico y de crecimiento personal de los adolescentes que conforman el grupo. Años teniendo en cuenta circunstancias, necesidades, horarios, cargas y situaciones… y poniendo los medios para hacerlo fácil y viable.

Hace un par de semanas logramos aunar disponibilidad y proponer una fecha para agrupar: madres, padres, familiares, junto con los adolescentes participantes del taller. Persona a persona, logramos determinar un día y un horario para comprometer el encuentro en una sesión on line. Aquello estaba resultando alentador e ilusionante.

Mamás y papás

Finalmente llegó el día, y… dos horas antes empezaron a aparecer mamás excusándose. La mayoría con más que comprensibles razones, algunas realmente desoladas, otras sencillamente ausentes. Si, por la razón que sea, las mamás no están presentes, es muy pero que muy difícil la vinculación y presencia de los papás. La realidad es que cuando los papás están disponibles el único modo de llegar a ellos es a través de ellas, de manera que si no están unas no están otros.

Y es que al lado de esto, que es una minúscula gota en el océano, están las circunstancias de cada familia, las prioridades de cada momento, las urgencias, las situaciones marcadas mayoritariamente por las imposiciones profesionales de última hora, los compromisos familiares -muchas veces imprevisibles-, y la demandante realidad de los hogares con niños pequeños y sin ayuda.

Una sesión para familias

Me entristece que una sesión preparada con mimo y cariño, pensada para familias, no cuente con los adultos; pero bien es cierto que hay ocasiones en que las cosas son como son y lo único que nos queda es adaptarnos a lo que hay, aceptarlo, y continuar. Y si seguimos creyendo en lo que hacemos -lo que es el caso-, volver a intentarlo, poniendo toda la energía e implementando lo aprendido ante cada nueva ocasión.

Tener alternativas

Queridas mamis, deciros que desde aquí me hago cargo de la enormidad de tareas y compromisos, frente a la limitación de cada día, frente a las situaciones que nos sorprenden y nos descuadran, y ante las que tenemos que reposicionarnos. Así que gracias por ser y estar, por continuar en ese otro lado, por la confianza y la apuesta. Desde mi lugar, la experiencia me ha enseñado a prever, a tener siempre una alternativa y a seguir bregando ante la incertidumbre.

Autoconocimiento

Uno de los modos que tengo de visualizar todo esto es un enorme «mapa» para aprender a conocernos. Un mapa que nos permita saber quienes somos, dónde estamos; que nos ayude a detectar nuestras limitaciones, determinar a qué podemos comprometernos… en definitiva a conocernos mejor.

Por eso hoy, en nuestro taller, hemos abordado el autoconocimiento; desde la relajación, el movimiento corporal, el juego y la representación plástica. Gracias a quienes lo habéis hecho posible. Namasté

El viaje del héroe

De todas las historias mitológicas, una de las que más huella me dejó, fue la relativa al mito de Ulises. Su viaje del héroe -un recorrido de ida y vuelta-, con tantas ramificaciones y posibilidades, siempre me resultó fascinante e inspirador.

El deseo de viajar, tan arraigado en mí desde siempre, tan conectado con mis ganas de conocer y explorar el mundo, se fue transformando sin apenas darme cuenta, hasta llegar a lo que hoy se muestra como algo más calmado, más en el sitio. Un viaje interior y profundo, lleno de matices.

El viaje de Ulises es una búsqueda de sentido de la vida. Puede que desde fuera la vida del héroe se viera plena y completa, pero sin embargo, el navegante desesperaba al no hallar el sentido de la vida, de su vida.

En busca de sentido

Posiblemente si Ulises hubiera leído a Viktor Frankl (El hombre en busca de sentido), habría encontrado el modo de centrarse en su momento presente, de observar su aquí y su ahora, de manera que su búsqueda de sentido se enfocara en su actitud ante lo que fuera que ocurriese.

Mas allá de la naturaleza de los acontecimientos, pienso que se habría centrado en su modo de abordarlos, y desde ahí, creo que habría hecho un ejercicio de sinceridad y reconocimiento acerca de su aportación a su universo.

La humanidad del mito

Quizás habría mirado a Penélope desde otro lugar, y no habría necesitado alejarse tanto, ni tanto tiempo para ver con claridad… Porque otro de los elementos eternos y universales de este mito es la humanidad que le hace alejarse de su hogar, para salir del foco, tomar perspectiva e ir desgranando preguntas.

Interrogantes presentes en cada uno de los episodios de su gran epopeya, todos  cargados de mensajes y simbología; hasta que la inexistencia de respuestas le hace desistir y aceptar su realidad, que no es otra que la aceptación y el retorno a casa, y entonces sí, su viaje de vuelta resulta una oportunidad para, sin buscarlas, ir hallando respuestas.

Hoy en el taller nos hemos descolgado con la bella historia de Ulises y su viaje, vinculándolo al sentido de la vida de cada quien. Un sentido y un viaje en continúa evolución, con tantas posibilidades como miradas seamos capaces de aportar.
Y tú ¿te lo preguntas? ¿en qué personas, situaciones, circunstancias radica el sentido de tu vida?

Sentirse incómod@

Opino que en un contexto adecuado, entre adultos, a la pregunta de ¿qué es lo que te incomoda? resulta bastante fácil responder. Quizás por la gran cantidad de cosas (incómodas), que se van acumulando según nos vamos haciendo mayores.
Y sin embargo, entre la mayor parte de los adolescentes, las respuestas a esta cuestión no son tan inmediatas -salvo casos de existencias infelices y flagrantes-; o cuesta identificar la incomodidad, o hay reticencia a desvelarla, o sencillamente tienen vidas relativamente cómodas y confortables.

Fuera de mi zona de confort

Y sin embargo, está claro que por muy buena relación que tengamos con la vida -con nuestra vida-, antes o después será inevitable enfrentarnos a situaciones, personas, asuntos «incómodos». De modo que la clave sería aprender a gestionar lo que nos saca de nuestra zona de confort cuándo se da.

Cómo identificar que se aproxima aquello que me disgusta, la sensación corporal que percibo, cómo me hace sentir y cómo me hace estar, cómo evoluciona esa sensación, dónde queda ubicada dentro de mí, cómo la abordo, y cómo quizás puedo aprender a percibirla y evitarla en otra ocasión.

Inteligencias múltiples

Para ello, hoy en la sesión hemos trabajado desde el cuerpo y la mente generando situaciones claramente incómodas y abordándolas. Mediante el lenguaje kinestésico (movimiento y desplazamiento en el espacio); el lenguaje espacial  (dibujando con la mano izquierda los diestros y a la inversa los zurdos); el lenguaje de las palabras (repasando las cosas que nos molestan o nos hacen sentir incómodos), y el lenguaje intrapersonal, especialmente el que se evidencia a través de la mirada.

Para facilitar el abordaje hemos identificado varios ámbitos: mi casa, mi cole/insti, mis amigos, los demás… ¿qué es lo que depende -está- en el otro, y que es lo que depende – está- en mí? ¿Cuál es mi actitud? ¿Qué podría hacer para cambiarlo?

Hacerme cargo

Solemos hacer responsables a los demás de nuestras incomodidades… pero no siempre es así; a veces no lo son o sencillamente son solo co-responsables… De manera que si nos hacemos cargo de nuestra parte de responsabilidad (como podemos hacer frente a la incomodidad o a lo que nos molesta), podremos reducir la sensación de malestar que ello nos provoca, transformándola y generando un nuevo estado de confort.

 

Jugar y aprender 

Me fascina cómo el cerebro reproduce en nosotros sensaciones similares a las que tuvimos en el momento al que nos remonta el recuerdo, cuando se activa la memoria de algo agradable. También me parece increíble la capacidad de nuestro cuerpo y nuestro cerebro de hacernos percibir situaciones satisfactorias cuando pensamos en un futuro gratificante. Al parecer también opera al revés, es decir haciéndonos sentir mal/incómodos cuando las sensaciones a las que nos remontamos, o las que estamos proyectando no son de nuestro agrado.

Esto, que de manera intuitiva muchos de nosotros alguna vez hemos presentido, es algo que hoy día viene refrendado por los estudios de neurociencia. Que a su vez vienen a confirmar las bondades del pensamiento positivo, desde mi punto de vista algo también ligado a las bondades de practicar el optimismo.

Madres e hijos/as online

Con esa base conceptual, hemos estructurado una sesión particularmente especial, al ser la primera que hacemos con madres e hijos/as online. Además de superar los obstáculos propios de aunar disponibilidad, coincidencia de horarios, resistencia a las pantallas, conexión a internet y encuentro en una nueva plataforma de videoconferencia, ha sido maravilloso percibir desde el otro lado las ganas de participar, de entregarse a la propuesta, y de ser realmente parte activa.

Y es que dos horas dan para mucho cuando hay interés; por eso hemos practicado la generosidad, entrenado la paciencia, aprendido algo más de tecnología, experimentado la presencia plena, probado la atención, ejercitado la creatividad, proyectado en positivo, expresado con la plástica y escuchado con respeto y sin juicio.

Encuentro intergeneracional

No creo que padres y madres deban ser amigos de sus hijos e hijas, pero si creo que jugar y aprender  conjuntamente es una asignatura pendiente tanto para unos como para otros, por eso todas las iniciativas que propicien el encuentro intergeneracional son deseables; y si además se interactúa desde la horizontalidad y se ejercitan gran cantidad de habilidades, tanto mejor. Mil gracias a quienes lo habéis hecho posible

Lo que me nutre

Arrancar el curso con varios talleres muy próximos en el tiempo, con distinto perfil de usuarios (edades, características, intereses, trayectorias…), y percibir que la inspiración que los conduce es la misma, es algo propio de mí y que enlaza con mi sentir, mi mirada, mi coherencia, y mi forma de trasladar mi energía vital a los grupos y a las personas a las que acompaño en sus procesos de desarrollo personal. Y es algo que, además de proporcionar herramientas a los demás para su propio alimento, personalmente me nutre y me hace crecer y evolucionar.

Lo que me sirve para vivir

Nutrir, alimentar, sustentar, mantener, sostener, fortalecer, robustecer, vigorizar, reforzar… son sinónimos o expresiones de lo que me sirve para vivir -que no sobrevivir-, lo que me acompaña, lo que busco para motivarme y estar de nuevo estimulada/o para continuar mi recorrido. Lo que también podría tomarse por… ¿momentos de felicidad?

Verbos todos para describir la necesidad que nos impulsa a mirar dentro y a observar fuera; a tomar lo que creo que necesito; probarlo, testarlo, entrenarlo, instaurarlo y hacerlo propio. Porque cuando: canto, bailo, comparto, río, escribo, escucho música, cocino, abrazo, amo, nado, beso… pongo en movimiento un conjunto de sutiles mecanismos que partiendo de mi cuerpo, colocan a mi cerebro en un lugar de crecimiento y expansión alimentando mi mente y mi espíritu.

Cambiar lo que no nos va bien

Para modificar ciertas formas de funcionar que no nos hacen bien, ciertos parámetros establecidos fruto de la educación, la repetición y/o las creencias, solo hay que detenerse, observar lo que nos estorba y apartarlo, y centrarnos en lo que nos hace bien y entrenarlo. Es tan sencillo como arrancar con pequeños gestos cotidianos a nuestro alcance que transformen nuestra perspectiva, nos estimulen, nos hagan sonreír, y nos permitan mirarnos con generosidad y benevolencia.

La respiración consciente, la atención al cuerpo, la presencia plena, el movimiento corporal, la inspiración en otros, la palabra y la experiencia plástica de lo individual a lo grupal han sido  nuestras dinámicas creativas. Gracias a todos los que las habéis hecho posible.