Dentro del laberinto (2)

El laberíntico mundo en el que nos sumergimos la sesión anterior (Hacia el laberinto (1), dejó al grupo con ganas de más. Como un rompecabezas inacabado, la cantidad de “puertas” abiertas hicieron más explícitas las incógnitas y aumentaron el deseo de seguir indagando en los propios resquicios y en los ajenos.

En esta ocasión, la visita a la exposición de Guillermo Pérez Villalta (El arte como laberinto), fue providencial. Como no era posible llevar a los chicos a ver la muestra, organicé una visita virtual a partir de la cual desgranamos nuestra sesión.

En paralelo a la afirmación del artista de que el arte no da respuestas consoladoras sino que hace preguntas activas, el grupo se ha puesto en marcha, dando cabida a la exploración del  laberinto personal, esta vez entrelazado con el de los demás.

Los obstáculos

Partiendo de una estructura inicial laberíntica hemos ido trazando rutas, tropezando con obstáculos que nos han hecho pararnos y reflexionar. Entre ellos: las preocupaciones, posiblemente entre las más generalizadas la centrada en el yo; De nuevo la eterna pregunta acerca de: ¿cómo me veo?, ¿cómo seré realmente?. Junto a lo que imagino y supongolos cambios que tengo que hacer porque de algún modo “me obligan” a hacerlos aunque no quiera hacerlos… y no obstante finalmente cambio algo y… pasan cosas. Luego, cuando me acostumbro, algunas me gustan. 

También hemos tropezado con la incomodidad, y con cómo salir de nuestra zona de confort, avanzando por esos lugares a los que llegamos muchas veces sin querer, en los que nos sentimos inseguros. Recordando los pasos que damos y que muchas veces no daríamos si no nos “empujaran” a ello -en ocasiones impulsados por la vida, por mis padres…- y de cualquier modo, avanzando.

Y sí, “adolescencia” se escribe en primera persona. Es ese momento en el que de alguna manera “uno se siente el centro del mundo”, incluso si ello puede convivir con sentirse pequeño/a; por eso hay quien se oculta. De ahí que dar voz y presencia a chicos y chicas: escuchar, impulsar, esperar, dejar que se equivoquen, sugerir, marcar límites, y dar espacios, es tan importante. Hacerlo jugando es otra manera.

Ver también:  Saliendo del laberinto (3)

Hacia el laberinto (1)

Combinar la realidad con la ficción es algo cotidiano que no solo ocurre en las películas, aunque puedan ayudar a dar forma a lo que estamos viviendo. La primera vez que vi El laberinto del fauno quedé “subyugada”. Es una película tan tremendamente visual y tan rica en propuestas, que ha seguido formando parte de no pocos de mis planteamientos educativos y arteterapeúticos.

La conjunción del mundo del cuento frente a la cruda realidad, entrelazada con lo que ocurre mientras tanto: sentimientos, sentires, sueños y pesadillas… afloran destiladas por el tamiz de las vivencias del momento, e invitan a averiguar hacía donde está el propio laberinto.

Batallas de lo cotidiano

Hay absolutas catástrofes naturales y provocadas, como una guerra, que deben de ser algo muy duro de llevar, una posguerra también. Creo que no me lo puedo llegar a imaginar. Ojalá no tengamos que vivir nada similar jamás.

Sin llegar a ello, cada etapa transitamos por circunstancias muchas veces plagadas de pequeñas y grandes batallas cotidianas de las que es complejo escapar, y en las que solemos enzarzarnos casi sin darnos cuenta; Cómo todas esas veces en que nos empeñamos en querer tener razón y nos adentramos en laberintos de proporciones inciertas y recorrido agotador.

El recuerdo del mito de Teseo, y la simbología de la resurrección espiritual del héroe tras acabar con el minotauro (la bestia que llevamos dentro), junto a la película de Guillermo del Toro, fueron los responsables de las sinergías que se pusieron a dialogar haciendo que la invitación a explorar nuestros propios laberintos se convirtiera en algo explícito e inevitable.

Caminos de vida

En sentido metafórico, el laberinto remite a los diferentes caminos que en ocasiones se nos presentan, sin mostrar claramente una solución o salida, lo que nos genera dudas y desazón.

Hoy, tejiendo con atención todos estos hilos, cómo hiciera Penélope en su famoso telar; hemos desenhebrado el hilo de Ariadna para transitar por nuestros propios laberintos, poniendo atención al recorrido, a las zonas ciegas, a los rincones. Tratando de averiguar la salida, las posibles soluciones de cada uno de esos confusos caminos que ¿arbitrariamente? han ido surgiendo.

Ver también: Dentro del laberinto (2) y Saliendo del laberinto (3)

¿Cómo me veo, cómo me ven?

Formularse a una misma preguntas acerca de cómo me veo, y cómo me ven los demás, es algo característico de la adolescencia, y que forma parte del autorreconocimiento, la generación de autoconcepto -percepción que tenemos de nosotras mismas-, y aceptación característica de este estadío de la vida.

Algo que cuesta verbalizar y que se alinea junto a las dudas e inseguridades propias. También ocurre en la etapa adulta. Sabemos de primera mano lo que pensamos, pero no lo que piensan los demás, digamos que “nos lo imaginamos”. Dejando a parte los casos de claro narcisismo, la mayoría de las veces, el temor a que ese “algo” sea peor de lo que suponemos hace que proyectemos una imagen de nosotras mismas inferior a la visión de los demás, lo cual no es precisamente de ayuda.

Hoy para abordar todo esto, nos hemos servido de varias dinámicas: relajación/visualización, inspiración plástica, y narrativa oral de la mano del mito de Narciso y Eco; enfocándonos en encontrar el camino hacía el self o una misma.

Visualizando mi yo

Planteando de manera independiente la atención sobre cada sentido, cada uno se ha detenido en una sensación: “…enlazándola contigo, centrándote en tí, en la imagen que tienes de tí. Algo que muy pocas veces te detienes a preguntarte…”

Primero desde todos los lugares del rostro, poco a poco hemos ido incorporando el cuerpo. Asociando el concepto de imagen con un todo, yendo de lo visible a lo invisible: tu actitud, tu sonrisa, tus muecas, los gestos que te identifican y que reconoces como propios, los movimientos a veces imperceptibles que forman parte de tu esencia y que puedes descubrir cuando te miras con detenimiento en un reflejo, un espejo, y también cuando te reencuentras con tu imagen ante una pantalla… 

Eres parte de lo que ves, y aun hay mucho más; Y que esa parte sea sincera, al menos contigo mismo te ayudará a reconocerte. A andar con paso firme.

Puede gustarte lo que ves, o no… puedes encontrar cosas que te desagraden… pero todas son parte, y si las dejas entrar, podrás dejarlas partir; Ser más generoso, más comprensivo, más compasivo (la compasión budista), aceptarte a ti para poder aceptar al otro, y poder pasar a la siguiente fase, la de escuchar con atención: “cómo te ven los demás”. Y poder apreciar lo que te hace bien de los otros … y lo que no.

Inspiración plástica

Dos artistas a las que admiro nos han acompañado: Vivian Maier (“la fotógrafa niñera”), y Cindy Sherman (“la niña de los disfraces”). Con ellas hemos transitado de la autoimagen a la imagen social, análisis de estereotipos, percepción subjetiva y objetiva. Autoconcepto y autoaceptación.

El pulso del online

Cada cierto tiempo me gusta mantener una conversación con cada participante para conectar desde lo más personal. Algo que en este caso supuso además una toma de temperatura de la actividad; valorando encuadre, temáticas, dinámicas, metodologías y la propia implicación.

El pulso de una actividad online ante la cual hay una continúa demanda explícita de los participantes de volver a lo presencial es delicado de tomar. Creo que este resumen de las conclusiones puede orientar a otros profesionales en el acompañamiento de adolescentes en estos tiempos atípicos.

Las dificultades

A los chicos les cuesta estar ante las pantallas, les incomoda sentirse expuestos. Les resulta mucho más fácil chatear que mantener una conversación telefónica. Por otro lado, para lograrlo es preciso ser cuidadosa y perseverante.

Además, en casa, en muchos casos, hay problemas de cobertura, caídas de conexión, los dispositivos se estropean o no están disponibles, y hay más interrupciones de las deseadas; a lo que se suma la falta de cuerpo, piel, y la lejanía de la mirada.

Este modo de comunicación les hace ser menos activos y menos comprometidos. Pero siguen acudiendo al online porque es lo que hay, algo que yo desde luego agradezco.

Lo positivo

Yo me hago muchas preguntas y siento la necesidad de trasladárselas a ellos y conocer su perspectiva. También constato que cuando inquieres, cuidas y propicias el encuentro, y tu interlocutor percibe tu escucha, obtienes respuestas.

En lo relativo a las dinámicas, a los adolescentes del grupo les gustan: las relajaciones y visualizaciones, los estímulos audiovisuales, los juegos de preguntas, los debates, y de vez en cuando, hacer alguna actividad plástica. Añoran escuchar más historias míticas y fantásticas, y quieren divertirse.

En cuanto a las temáticas que querrían abordar, la mayoría coinciden en: imagen física y social, “cosas ” relacionadas con el arte, “cosas” relacionadas con la naturaleza y los animales, algo de información sobre empleo (como hacer un cv, mantener una entrevista…). También hay cierto interés sobre: Internet y redes sociales, medioambiente y contaminación, alimentación saludable, y temas relacionados con drogas, consumo y adicciones.

Es significativa la desigual relación establecida con mitoART, (y por ende con la Institución: Casa San Cristobal, Fundación montemadrid); es decir, a cada uno la propuesta le aporta algo (confianza, seguridad, habilidades sociales…), pero en general no saben muy bien lo que ellos aportan a la misma.  Esto me recuerda una constante entre los adolescentes por el hecho de pedir/esperar mucho, de la escuela, el sistema, los demás… pero raramente preguntarse qué es lo que ellos aportan.

La actividad grupal les pone en contacto con los otros, con sus iguales, y eso reduce la sensación de aislamiento y soledad. Y por supuesto, siguen reclamando salir y hacer cosas diferentes. Hasta entonces y mientras tanto, yo rescato la posibilidad de evolucionar en un terreno abrupto y la esperanza de parajes más amables y fáciles de transitar.

Mon Laforte. Mural

Parejas, problemas, y todo eso del amor…

Una de las últimas veces en que pregunté al grupo por los temas que querían que abordásemos en las sesiones, la respuesta mayoritaria fue literalmente: “Las parejas, los problemas, y todo eso del amor”. Y claro, es natural; Si estos asuntos nos ocupan y nos inquietan con más o menos intensidad a la mayoría de los adultos -por no decir a todos-, ¿cómo no van a interesar a las jóvenes que se están abriendo a la vida, máxime en un momento en el que pareciera que toda la información que consumen es a través de las redes?

Representar

La dinámica central que hoy hemos utilizado ha partido de la dramatización de un texto. Se trataba de un escrito fresco, moderno, con perfiles muy actuales y “normales”; una situación de encuentro en un lugar público común (el metro), abordada desde diferentes perspectivas. El texto lo proponía yo, y  estaba planteado como una base abierta sobre la que improvisar e interactuar.

La dinámica de la lectura de un texto al que se dota de alma permite acortar la distancia que hay a veces entre chavales con más dificultad en hacer emerger la palabra, y que se pone de relieve en la actividad online, un pudor que lleva su tiempo superar.

El personaje de cada cual

Para determinar los papeles hemos utilizado una herramienta que de modo aleatorio invitaba a cada una a elegir su personaje. Este simple hecho ya dice mucho de nosotras y del momento que estamos viviendo. No me resulta extraño encontrarme con chicas que quieren experimentar ser chicos, y a la inversa; sin que eso signifique que están a disgusto con su género, si no más bien una sana curiosidad por mirar y sentir a través del otro. Así nos encontramos con quienes ansían vivenciar las realidades de enfrente, y quienes sencillamente se quedan en lugares de exploración más próximos.

¿Cuántas mujeres y cuántos hombres hay dentro de cada uno, cuánto reconocido y abrazado, cuánto obviado y aislado, cuánta sombra? Meterte en la piel del otro es una herramienta estupenda para mirar en tu interior. Cuanto de esto me resuena, cuanto soy yo, cuanto rechazo… y lo que ocurre con todo ello. Dejarlo reposar, volverlo a enfocar y reelaborarlo.

Verdades obvias

Más tarde, acompañados por la plástica de Mon Laferte, hemos seguido transitando por la temática de la sesión, intercalándolo con verdades obvias, pero no por ello menos importantes y absolutamente necesitadas de atención y entrenamiento.

RECUERDA:

– El otro no tiene porqué adivinar lo que quiero o necesito

– Es primordial comunicarnos, y si me cuesta, practicar y aprender a hacerlo

– Es necesario ser transparente con lo que me gusta del otro y lo que me va bien

Evita convencer al otro de lo que te interesa (muy diferente a: explicar, escuchar, ser asertivo…)

– Es preciso poner límites y respetarlos, los propios y los ajenos

Mon Laforte. Mural
Mon Laferte. Street Art. Mural en Valparaiso.

Estar sola y sentirse sola

Estar solo y sentirse solo, cuan diferente es. Tanto como la distancia entre la soledad buscada y deseada, frente a la soledad obligada y excesiva. Curiosa sensación, estado y necesidad, que especialmente en los últimos tiempos está tan presente, imponiéndose o acompañando.

Creo que todo en exceso genera desequilibrio, y por lo tanto perturbación; de ahí que nuestra salud emocional se vea afectada ante la soledad en exceso y ante la compañía en demasía. La clave: aprender a estar con uno mismo, a disfrutar de lo pequeño y de lo grande, a estar con los demás, a propiciar el aislamiento cuando lo necesitamos, y a encajar los momentos no elegidos de obligada soledad, tratando de crecer con todo ello.

Autoconocerse

Y claro, entender que es bueno saber estar solo, es muy diferente a sentirse cómoda estando sola. En primer lugar requiere mucho autoconocimiento, saber qué es lo que me gusta y lo que no, qué puedo plantearme, qué me cuesta más; cuales son mis límites, cómo me relaciono y como me comunico, qué necesito, cómo es mi ritmo… Escucharme y probar. Y para todo esto es necesario estar sola y contrastar con los demás.

Nacemos solos, morimos solos

El sentimiento de soledad es algo que forma parte de nosotros desde el origen de los tiempos. Nacemos solas, morimos solas y entre medias hay muchas veces que estamos muy a gusto solas, otras en las que desearíamos estar acompañados, y otras tantas en las que estamos rodeados de gente pero nos sentimos solos de solemnidad, creo que esa es la peor forma de soledad, la paradoja de no querer estar solo, aparentemente no estarlo, y aún así sentirse muy solo, o lo que es lo mismo sentirte muy lejos de quienes te rodean. Cuando me pasa eso trato de cambiar de lugar. Prefiero estar sola del todo (estar sola y sentirme sola), a sentirme sola estando “acompañada”.

Pautas para estar mejor

Hoy en la sesión hemos mirado tras mil prismas posibles la circunstancia de estar solo, estar sola y cómo se siente. La realidad de los introvertidos y sus diferentes necesidades, lo que ocurre cuando “me da vergüenza ir al encuentro del otro” y cómo lo podemos abordar. Entre todos hemos desgranado pautas para estar mejor cuando estamos solos y no queremos estarlo:

Dejar de echarme la culpa 

Bailar, correr, saltar, cantar… (segregando endorfinas me sentiré mucho mejor)

Crear (con lo que tenga a mano)

Desplazarme o pensar en un lugar que me haga sentir bien

Pensar en cosas que me hagan sentir bien y hacerlas, descubrir nuevas cosas

Conectar con alguien con quien esté a gusto

Ayudar (a alguien que lo necesite)

Cuando lo que siento no me gusta, recordar que eso pasará (y la próxima vez será menos duro)

Mi sensación de soledad. Lápiz sobre papel.

 

 

Miedos

El miedo es algo natural en el ser humano, es una emoción primaria, incómoda, incluso desagradable, que sentimos al percibir una amenaza. En su justa medida tiene una función, hace que reconsideremos lo que ocurre y/o lo que vamos a hacer. Al otro lado: el miedo extremo, el que provoca ansiedad, el que se convierte incluso en patológico; es al que hay que manejar y mantener a raya.

De manera que la cuestión es asumir que alguna vez todos y todas tenemos miedo, y que mis miedos pueden hasta cierto punto ser útiles porque me hacen tener cautela. Ante a ellos, se trata de valorar lo que está en juego, tener coraje, y actuar.

Hoy, hemos tomado como inspiración a Epicuro quien consideraba que para alcanzar la felicidad había que vencer cuatro miedos fundamentales; Desde ahí y con el estímulo plástico de artistas que transitaron por sus temores, cada participante ha identificado su miedo, plasmándolo, desmontándolo y haciéndole frente.

Mis miedos, collage sobre base de papel

 

Los miedos de la Escuela Epicúrea

Recorrer: el miedo al dolor, a la muerte, a los dioses, al fracaso en la búsqueda del bien (en definitiva, a no ser feliz), nos ha permitido ponerlos en conexión con los propios.

1.- El miedo al dolor forma parte de la naturaleza humana. Como el dolor es algo que tratamos de evitar, nos “protegemos” de él teniéndole miedo. Cuando la causa del dolor surge de la preocupación por satisfacer deseos innecesarios, caemos en una trampa que nos impide ser felices. De ahí surge  el temor a no tener lo considerado valioso por los demás, aunque en esencia no lo sea para nosotros, lo que nos  lleva a la dualidad entre el ser y el tener, y a todo un tema de actualidad; y es que el estar más preocupados por lo que tenemos nos hace que olvidemos ocuparnos de lo que somos.

2.- El miedo a la muerte, a lo desconocido e irreversible, ha sido y es  un miedo muy presente en muchos pueblos desde hace muchísimo tiempo. Y sin embargo otras culturas como las prehispánicas se concedía a la muerte un importante lugar. En ocasiones morir constituía un honor, como los elegidos para los sacrificios humanos, allí, la forma social de enfrentar la muerte no representaba algo a lo que temer. Hoy, al menos en occidente, el miedo a la muerte es tal, que hace que se la obvie a lo largo de toda la vida incluso sabiendo que llegará.

3.- El miedo a los dioses fue algo muy extendido en la antigüedad, que se trasladó a las culturas monoteístas occidentales oculto tras el temor a lo desconocido y “superior”. Junto la destructiva sensación de culpa cuando se les fallaba, heredada por todo el cristianismo, y que aún hoy forma parte de nuestras creencias más arraigadas (no solo religiosas), y es que si hacemos ciertas cosas tememos al castigo divino.

4.- El miedo al fracaso en la búsqueda del bien. Ya que para Epicuro el bien se alcanzaba a través de la felicidad, y la felicidad consistía en ser más, no en tener más, este temor radicaba en tratar de lograr el bien y no conseguirlo, lo que podríamos interpretar como el temor al fracaso en aquello que nos proponemos.

Desmontando miedos

Con todo, la última parte de nuestro recorrido ha transcurrido en torno a cuatro cuestiones, si te las haces podrás empezar a mirar tus miedos de otra manera :

¿De qué tienes miedo?
¿Es posible o probable?
¿Es importante?
¿Pasado un tiempo, será realmente significativo?

 

Realización

Quizás últimamente te preguntaste:

¿Cómo podría “realizarme” en tiempos convulsos, en tiempos de crisis… Tiempos en los que en muchos casos me arrastra la sensación de tropezar una y otra vez, y de no acabar de estar bien conmigo?

Esa cuestión, entretejida con otras tantas, ha venido destilándose entre los participantes del grupo desde hace un tiempo. Interrogantes del tipo:

¿Cómo sentirme mejor con las cosas que hago?

¿Cómo estar mejor conmigo misma y con mis decisiones?

¿Cómo averiguar realmente que es bueno para mí?

Eudaimonia

Me hicieron aterrizar en la Eudaimonia. Un concepto que hizo que Platón se centrara en ayudar a las personas a alcanzar un estado de realización personal, un estado que permitiera lograr el propósito vital de cada uno; lo que hace tiempo empezamos a abordar desde la razón de ser ó ikigai.

Pensar más

Entre las consideraciones que Platón hizo para mejorar la vida de las personas, me parece especialmente enriquecedora la idea de: pensar más. Pensar sobre lo que queremos y cómo lo queremos. Detenerse en y con uno mismo. Hacer un ejercicio honesto y personal de lo que quiero, y cómo lo quiero.

Sobre esto, el filósofo aconsejaba “tener cuidado” con las opiniones de los demás, con el “sentido común de los otros”, y alertaba de los prejuicios, errores, y creencias que podían conllevar. Para ello planteaba la premisa fundamental: conócete a ti mismo. Insistiendo en la necesidad de examinar nuestras ideas, tus ideas;  para ello Platón propuso como método la discusión socrática, un diálogo que podía ser con uno mismo o con otra persona.

De la razón a la creación

Hoy nosotros hemos tomado el testigo de ese diálogo, introduciendo el trazo. Hemos arrancado con el pensamiento y aterrizado en la expresión plástica. Viajando de la razón a la creación.

El ejercicio de mirar hacia dentro ha desvelado lo que me apasiona, algo intrínseco, alineado conmigo. Intuyendo lo que me “mueve”; con mi familia, con mis amigos, con mis estudios… empezando a dar forma a mi conjunto de propósitos vitales. Tras visualizarlo lo he empezado a expresar trasladándolo al papel.

La interpretación de cada dibujo es tan personal como el dibujo mismo, se trata  de que cada uno se lance a expresar lo que hay y que uno mismo se dé cuenta. En nuestro caso, el grupo además tiene un importante papel, porque “devuelve” la mirada de los iguales y permite construir un discurso más rico y complejo.

Y en paralelo, hemos puesto el acento en el camino, en lo que pasa mientras tanto.

Mira en tu interior

Expresa

Observa

Contrasta

Plantéate un plan de acción

Busca apoyo

Camina

No procastines

Sé generoso con  tus equivocaciones

Disfruta de las satisfacciones intermedias

Deshielo

Supongo que la tensión de los últimos días fue la que me provocó la infección con la que me estrené la segunda semana de Enero. Creo que en toda mi trayectoria de arteterapia solo dos veces tuve que buscar alguien que me sustituyera. Las dos coincidieron con mi paso por el hospital.

En general lamento mucho cuando tengo que posponer algo con lo que me he comprometido, aunque las razones me rebasen. Creo que tengo un sentido excesivo de la responsabilidad; no sé muy bien cuánto tiene esto que ver con el carácter y cuanto con la educación y circunstancias de cada persona.

Expectativas y realidad

Aplazar una sesión es complicado porque es difícil hacer coincidir disponibilidades. El hecho de que los/as chicos/as no siempre se disculpen por no poder asistir, lo hace todavía más complejo, aumentando la incertidumbre. Ésta última ocasión solo dos participantes disculparon su ausencia, pasados diez minutos me encontré sola ante una adolescente cuyas expectativas tenían que ver con estar en grupo.

Las mías en cierto modo también, es decir esperaba a un grupo… que sabía que también podía no aparecer. La falta de certeza de quien va a participar y cuando se va a incorporar, junto a los eventuales problemas técnicos derivados de los dispositivos o de la conexión a internet hace que la perspectiva de tenerte que adaptar a las contingencias que surjan sea algo habitual, algo que está muy alineado con los tiempos que corren. Así que de nuevo, mejor tomarlo como oportunidad.

Reajustar la sesión

El que esto ocurra hace que sea costoso arrancar. Diseñar una actividad para un grupo y que solo aparezca un participante supone que tengas que reajustar la sesión. De manera que te focalizas en lo que hay, y decides poner todo tu cuidado, atención y entrega al servicio de lo que tienes delante. Readaptas, y lo que iba a ser para un grupo lo transformas en lo que va a ser para una sola persona. Atemperas, escuchas, estás a  atenta a su sentir, a su historia reciente, primero desde la palabra envuelta en oscuridad (tu tienes abierto el vídeo, el otro no), y paulatinamente propones otras formas de expresión hasta que sonido y gesto se entrelazan y abren el camino a una nueva fase.

El deshielo del otro

Poco a poco comienza el deshielo del otro, y sus pequeños y grandes eventos van tomando forma. Lentamente se relaja hasta que baja muros y abre puertas. Logras establecer un nivel de aproximación e intimidad que en grupo no habría sido posible, y ese adolescente que está al otro lado, sigue avanzando. Hasta que al final, y contigo al lado, convierte en palabras aquello que le gustaría “trabajarse” este año: “dejar la timidez”,  fruto de lo cual da un primer paso que se traduce en algo tan simbólico como conectar el vídeo, empezando a exponerse y a hablar de ello.

Me gusta mucho el grupo y la sinergia que genera, más cuando la vida te coloca ante situaciones como la descrita, recuerdas y agradeces la importancia de los acompañamientos y los procesos individuales.

Conflictos y mucho más

Tras haberme encontrado con los chicos la semana anterior, no sabía muy bien lo que depararía la siguiente sesión. Había insistido en que el grupo era algo de todos/as, y solo tenía sentido mantenerlo si de verdad estaban interesados; y el interés tenía que venir de su participación, de su implicación explícita.

Cuando trasladas tu sentir, y del otro lado recibes asentimiento, solo te queda esperar y ver que ocurre, confiando en que el compromiso del otro sea real y sincero.

De modo que arranqué sin demasiadas expectativas y con mucha calma. Puse una gran atención en mi escucha activa, estuve muy atenta a la actitud, a la forma de hablar, a los silencios, a las gotas de información que se destilaban entre los gestos y las palabras de cada una/o. Con lo que estaban cómodos y con lo que no.

Como venía siendo habitual arrancaron sin activar el vídeo, las resistencias a las pantallas seguían siendo muy altas, pero en esta ocasión no les animé a conectarse. Dejé que cada uno se sintiera a gusto con su forma de “estar”, ya habría otros momentos de incomodidad necesarios. También decidí que no iba a dar mucho margen de espera. Los puntuales son siempre los que “penan” por los que llegan tarde, algo que me parece totalmente injusto y quería evitar que se perpetuara.

Mi caja de Pandora

Tras una pequeña relajación y toma de contacto, abrimos nuestra CAJA DE PANDORA. Os dejamos un resumen de las aportaciones mas relevantes.

1.- El chico que me gusta casi no me hace caso, ¿Qué puedo hacer? 

2.- Me gusta mi prima ¿cómo hago?

3.- Me gusta una persona y no sé como atraerla

— Depende, puede ser por muchas razones… Tienes que saber porqué no te hace caso alguien que te gusta. Puede ser porque le da vergüenza… Si alguien te gusta tienes que intentar hablar con esa persona, acercarte… Si te cuesta mucho directamente puedes hacerlo a través de alguien… Dale un tiempo (¿un semana?) y sigue acercándote.

4.- ¿Qué hago cuando estoy muy triste?

— Escuchar música (algunos prefieren meterse de lleno en la tristeza y escuchar música triste y otros música alegre y “salir” de ella), cantar, bailar, hacer deporte, hablar con los amigos…

5.- Con mi madre discuto casi todos los días. Me siento fatal y no sé que hacer.

— Antes de enfadarte cuenta hasta diez. Espera a estar calmada para hablar con ella. Dile que para ti es importante buscar un momento para hablar con ella y cuéntale como te sientes.

-Este consejo vale para todas las personas con las que una/o se enfada-.

Conflictos

Esta cuestión nos ha permitido entrar en el conflicto y las formas de abordarlo. Os dejo unas cuantas preguntas interesantes para todas/os:

  • Cuando tengo un conflicto. ¿Voy de frente? ¿Lo rehuyo? ¿Cuál fue mi último conflicto? ¿Aún estoy en él? ¿Es importante para mí la persona con la que lo tuve? ¿Qué emociones me generó?
  • Pistas para resolverlo:
    a- Quiero hablar contigo
    b- Me siento triste por lo que ha pasado, quiero arreglarlo
    c- ¿Qué piensas de lo que te digo?
    d- ¿Qué soluciones se te ocurren?
    e- ¿Hemos resuelto o necesitamos ayuda?
Resolviendo conflictos. Plastilina y sartén. Juego simbólico perteneciente al conjunto de piezas realizadas en el taller.

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6.- Si el dinero no da la felicidad ¿porqué en los cuentos, películas o series los protagonistas acaban con una mansión, herencia, empresa…?

— Es todo mentira… El dinero no da la felicidad… Pero necesitas un poco, si no, no puedes ser feliz… Hay mucha gente que no tiene dinero y es muy feliz…

7.-  ¿Cómo puedo tener una mentalidad fuerte?

Esta última pregunta ha generado mucho debate. La dejamos para otra sesión.

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Según avanzábamos, ocurrían pequeños “milagros”, como el hecho de que de manera espontánea  hayan ido activando los vídeos. Cada persona, cada situación requiere un tiempo diferente, por eso los procesos son tan necesarios, para poder: escuchar, proponer, fluir…