Ser aceptado

Vivimos en una sociedad que nos induce, cuando no nos obliga; a ser de una determinada manera, a responder a los estímulos y a los convencionalismos sociales de una cierta forma, a estar de un modo establecido… Pareciera que si no estamos dentro de ese “abanico” predeterminado y mayoritario no somos “normales”, y por lo tanto nos topamos con dificultades en ser aceptados. Algo con lo que resulta complicado bregar dado nuestro generalizado carácter gregario.

Paralelamente se habla de tolerancia y de respeto al otro, lanzándose mensajes confusos y contradictorios de lo que tiene que ser y cómo debiera que ser. Pienso sinceramente que la normalidad está sobrevalorada. En muchas ocasiones se queda en una turbia mediocridad, muy diferente al deseado equilibrio del término medio… cuando hay término medio, porque a veces no lo hay.

Aprendizaje vicario

Si hablamos de adolescencia la cosa se complica. Uno de los aprendizajes que más calado tiene es el vicario, el que se traslada desde la observación y la “impregnación”. Si como padres o educadores trasmitimos lo que hay que hacer pero no lo hacemos, el modelo que calará será el que los chicos perciben, no el teórico. Por el contrario, cuando la teoría (el modelo), es coherente con lo que hacemos transferimos de manera orgánica un modelo que se integra de forma natural, y cala.

Por ejemplo, no podemos decir a nuestros hijos que hagan un uso responsable del móvil si nosotros no lo hacemos; o que cumplan su deber estudiando si nosotros no cumplimos con nuestro deber como padres y madres: estando presentes, apoyando, escuchando, dando herramientas…

Más que empatia

Englobando la aceptación y el reconocimiento, algo más que empatía. Te entiendo, y te acepto porque me pongo en tu lugar desde tu mirada y tu perspectiva, NO desde las mías. Por eso por ejemplo, si no te gusta hablar mucho y estás cómodo en tu mutismo y en tu lugar de introspección, no hago que cambies… me acerco a ti desde tu silencio, tengo cuidado con no incomodarte innecesariamente, y te aporto herramientas para que puedas “salir al mundo” cuando lo necesites. En esta sociedad en la que se sobrevalora ser el primero, si no quieres serlo, apoyo y celebro tu segundo lugar, y me siento orgullosa de que hagas tu máximo.

Hoy en la sesión hemos transitado por todo esto, desde el trazo, el mito, la palabra y el modelado.

Familia que evoluciona

La familia es una estructura variable que evoluciona del mismo modo que evoluciona la sociedad. En nuestro mundo occidental y sin la debida perspectiva, pareciera que nos hemos quedado anclados en el conocido modelo teórico de familia monogámica; y sin embargo, con el paso del tiempo y los acontecimientos, la familia sigue su curso sin dejar de cambiar.

Tipos de organización familiar

A grosso modo los cuatro modelos históricos más significativos de organización familiar han sido:

Las primeras familias, las consanguíneas, construidas para responder a las necesidades sexuales. Podían darse relaciones entre padres e hijos, entre hermanos… algo absolutamente lejos de cualquiera de las modalidades familiares de hoy en día, pero que en su momento llegó a sostener imperios.

Las familia punalúa, consideradas el primer paso en el progreso de la organización familiar. Prohibieron las relaciones sexuales entre padres e hijos, después entre hermanos… a cambio fomentaron las relaciones entre los miembros de la tribu. El matrimonio era por grupos, y existía un modo colectivo de ocuparse de los hijos y de los mayores.

Más tarde se pasó a la familia sindiásmica en la que se contemplaba la convivencia entre un hombre y una mujer, estando abiertos a otras relaciones.

Con la aparición de la propiedad privada y la necesidad de saber la paternidad (para poder trasmitir la herencia), surge la la familia monogámica junto con el concepto de matrimonio.

Hasta hoy, en que resulta que la familia constituida por el papá, la mamá, los hermanos y hermanas ya no es la única; pudiendo haber una mamá o un papá (familia monoparental), y también dos mamás, dos papás…

Me gustaba cuando la presencia de los abuelos era más acentuada en las estructuras familiares; creo que el alargamiento de la vida ha hecho que los abuelos estén cada vez más lejos de nuestras familias… Y me sigue pareciendo maravilloso los vínculos que en ocasiones se generan entre abuelos y nietos.

El valor de la familia

Lo cierto es que la familia es el pilar más cercano sobre el que nos asentamos social y afectivamente, constituye el espacio por excelencia para el desarrollo de la identidad y es la primera fuente de socialización del individuo. Es en la familia donde adquirimos nuestras experiencias, valores, concepción del mundo; ese, en el que podemos reflejarnos, apoyarnos, crecer y también devolverle lo que nos ha dado… Aunque a veces no sea fácil; por mil razones, como cuando hay demasiadas ausencias, silencios, incomprensión, o  la comunicación es demasiado difícil… y también cuando no sabemos acercarnos suficientemente al otro cuando nos necesita.

¿Hasta qué punto elegimos la familia que tenemos? ¿Hasta qué punto ocupamos el lugar que queremos ocupar, el lugar en el que no sentimos a gusto? ¿Hasta qué punto podemos cambiar ese lugar? ¿Hasta qué punto podemos hacer algo al respecto?

¿Elegimos a nuestros padres?

Una antigua leyenda japonesa venía a decir que cada niño y cada niña elegía a sus padres. Me recuerdo contándoselo a mi hijo cuando era pequeño y agradeciéndole que me hubiera elegido como su mamá. Mi hijo siempre me respondía dándome las gracias por elegirle a a él. Supongo que algo le llegó cuando presentía que yo hacía lo mismo con su abuela.

Hoy en la actividad online, nos hemos sumergido en la familia de cada uno, en como la percibimos, en el lugar que ocupamos. En la importancia que tienen los demás para mí y yo para los demás y cómo gestiono todo ello. Sabiendo que la familia biológica puede verse aumentada por las personas que nos rodean, nos resultan próximas y forman parte de nosotros.

 

 

 

 

Tras la expresión

Una sesión con participantes muy distintos entre sí, con peculiaridades, gustos, formas de expresar y comunicar muy diferentes, no es fácil de articular… Seguimos instalados en el poder de la palabra, que lo tiene; pero no con todo el mundo, ni en todas las circunstancias; y sobre todo no siempre emerge de manera natural. Mientras algunas personas son torrentes incontenibles de verbo y ruido… a veces sencillamente no hay palabras, apenas voz, tal vez monosílabos y sonidos guturales. Y cuando el silencio toma el relevo también hay que saber escuchar.

Los otros lenguajes

En nuestras actividades presenciales, ausentes del lenguaje del rostro (la mascarilla oculta todas las expresiones faciales), nos quedamos con los sonidos, el lenguaje del cuerpo (en muchas ocasiones también retraído y reticente a salir de su zona de confort… añoramos el contacto más que nunca), y… damos mucha importancia al lenguaje de la plástica, tan rico, expansivo, y posibilitador… A las mil formas de comunicar desde el dibujo, la pintura, el garabato, la construcción, la manipulación, el modelado… y es desde esos lugares desde los que la expresión se abre camino.

Las posibilidades expresivas

En medio de todas las posibilidades expresivas, sigue fascinándome como ante una propuesta acotada en cuanto al uso de materiales puede surgir la demanda de algo nuevo; y a la inversa, cuando la invitación es amplia y hay mucho donde elegir, se dan situaciones de autolimitación y a veces hasta pequeños colapsos a la hora de decidir “con qué me expreso”.

Todo eso y lo que ocurre mientras tanto, es lo que sostenemos y acompañamos, con mimo y paciencia, dando espacio, tiempo, dotando de escucha para que el lenguaje de cada uno emerja, a su ritmo, poco a poco; desde el poder de los trazos, hasta la densidad de la pintura aplicada sobre un soporte liviano.

Decir “lo siento”

Con todo, hoy nos hemos sumergido en las mil maneras de decir “lo siento” sin que sea de manera explícita. En las situaciones en las que me he dado cuenta de que me he equivocado, tomando consciencia y visualizando lo que hago, y lo que haré con ello… Todo un aprendizaje necesitado de entrenamiento.

Arte por necesidad

Cuando arranco una sesión de arteterapia con un nuevo grupo; especialmente en los inicios, cuando no conozco a los chicos, o al menos no los conozco a todos… Trato de colocarme con mucho cuidado en el lugar del otro, de los otros, haciendo lo posible para imaginarme las dudas, los interrogantes, las expectativas incluso… y también les pregunto.

Pregunto mucho de una y mil maneras, tengo incorporado un modo de proceder yo diría que de inspiración socrática que trata de evitar las suposiciones, y a la vez impulsa la implicación activa del otro en los procesos que acometemos.

Y en ese hilo continuo del conocer, una de las cuestiones implícitas en el hacer del arteterapia es el lugar del arte y el para qué del arte... lo que hoy desembocó en la necesidad del arte. Algo que hemos ido desvelando en la sesión:

El arte

Nos hace sentirnos acompañados. Nuestro entorno nos pide continuamente que sonriamos y estemos bien, pero debajo hay muchas capas que no mostramos. El arte normaliza el dolor, lo humaniza, permite que conectemos y expresemos emociones que sin él seguiríamos ocultando.

Comunica lo que realmente importa. Habla de las cosas sencillas, de la necesidad de ampliar horizontes personales, de dar un enfoque más flexible y desenfadado a la vida… es fuente de apoyo e inspiración ante la que todo el mundo se debería permitir conectar.

Nos da esperanza. Tenemos un entusiasmo genuino por lo bello, necesitamos rodearnos de cosas hermosas para compensar el peso de los problemas y las dificultades y evitar caer en la desesperación y en la depresión.

Nos devuelve el equilibrio. Cuando somos excesivos en algún sentido, el arte nos atrae y contrarresta, aportando dosis de otras cosas que necesitamos haciéndonos más equilibrados.

Nos ayuda a valorar. Poniendo el acento en cosas a las que no hemos dado importancia o que pueden habernos pasado desapercibidas.

Sembrando esperanza

Cada día que despunta es una aventura, o puede serlo… cada inmediato minuto que tenemos por delante puede ser la promesa de algo maravilloso, siempre irrepetible, y una oportunidad para evolucionar… En medio de todo conviven las temporadas mas calmadas, más parecidas entre sí, y también las menos recordadas… por supuesto; y de nuevo, atravesando y traspasando  esa calma, la nueva posibilidad.

Con todo ello hemos arrancado una nueva edición del Taller de Arteterapia y educación emocional de Casa San Cristobal, en San Cristobal de los Ángeles. Gracias una vez más a la confianza de la fundación montemadrid y a todas esas personas que lo hacen y lo hacéis posible.

Primera sesión

Esta primera sesión ha sido presencial, era importante percibir lo tangible desde la cercanía física, sentir la energía, percibir el aroma del otro, traspasar la barrera de la mascarilla y más allá de lo visible, dejarnos impregnar por todo lo imperceptible y subyacente que se cuela en los encuentros más próximos…

Un taller salpicado de antiguos y nuevos participantes, con todo el pudor de los principios, la timidez ante lo desconocido, las inevitables expectativas y muchas ganas de hacer cosas… Una sesión para trasladar lo que es arteterapia y lo que no es… Para poner el acento en el recorrido, en los procesos, en lo que pasa mientras tanto, en la necesidad de exteriorizar lo que ocurre dentro, en la posibilidad de dar forma con el lenguaje con el que cada quien se sienta más cómodo… Sin interpretar al otro, impulsando el darse cuenta… Para sentirse y estar mejor, aumentando el bienestar personal y social.

El valor de la carencia

La carencia nos hace conscientes de lo que hemos perdido, y cuando lo volvemos a recuperar podemos volver a ponerlo en valor, prestando más atención, siendo más cuidadosos, dando mas importancia… Eso es lo que nos ha ocurrido con los nuevos modos de estar presentes. 

Y la carencia también os impulsa a ser creativos, a indagar en nuevas formas que cubran esas necesidades que antes estaban cubiertas y ahora no… y que necesitan alternativas; por eso el online ha sido y es una ventana en el renovado horizonte que se nos ha dibujado.

Y así, esta temporada, vamos a articular un ciclo en el que lo presencial y lo virtual se vayan entretejiendo. Aprovechando diferentes formas de relación, comunicación y conexión nos serviremos de las virtudes de cada posibilidad, mirando al futuro y sobre todo viviendo intensamente los momentos presentes.

Recuperando la sonrisa

Nadie te puede robar la sonrisa, ni la alegría, nadie puede arrebatarte cualquiera de tus emociones, a pesar de las letras de tantas canciones, a pesar de los pesares… pero si pueden equivocarte, engañarte, o distraerte con ello ¿lo vas a permitir? Por eso es preciso estar alerta.

Cuidar el alma

Una antigua leyenda nipona cuenta que las almas que se autoabandonan acaban diluyéndose hasta ser apenas nada; se repliegan, haciéndose cada vez más diminutas tornándose imperceptibles; de tan diluidas, cada vez más insignificantes, pierden la luz, su luz; por puro abandono, o por prestar demasiada atención a lo superfluo, a lo accesorio, a lo innecesario… por alejarse del camino que marca la brújula interior de cada persona, esa que en los momentos en que la cabeza duda, el corazón sabe la respuesta.

Esa leyenda conecta con el ancestral concepto de Wabi-sabi, relacionado con la belleza de lo imperfecto, y la necesaria resiliencia, con el culto a lo gastado repleto de historia y de valor, como el reconocimiento a la arruga, la veneración a la sonrisa, a lo verdadero, a lo que nace desde el fondo del corazón y evoluciona expandiéndose, traspasando a uno mismo y al otro…

Vida por delante

Por eso cuando estoy ante una persona con mucha vida por delante, o por detrás, según como se mire; con una larga historia, y una gran sabiduría vital adquirida de todas las formas imaginables; me detengo, observo, escucho, sonrío, mezo su alma -de ese modo cuido la mía-, y siento que ambas nos nutrimos y alimentamos…

La alegría de lo pequeño

Cuando la alegría está en las pequeñas cosas, en las que salen del alma, cuando pones atención en lo pequeño, y lo expandes. Cuando no te quedas anclada en lo que podría haber sido, sino miras de cara lo que es y lo haces crecer… Cuando todo eso lo compartes, surge el milagro.

Y sí, como decía Tolstoi: la felicidad no es hacer siempre lo que se quiere, sino querer siempre lo que se hace.

Gracias a todas esas personas MAYORES, por recordarme la esencia de las cosas, posibilitado e impulsado la alegría compartida.

Y a ese maravilloso grupo del Programa DUPLO de la FUNDACIÓN GREGAL, por propiciar el espacio para seguir construyendo desde el Arteterapia.

Antifrágil

Respirando calor, con la herencia de un año complicado, distópico e inhabitual y la necesidad de superar las últimas vivencias. Recapitulo y percibo que a la mayoría, 2021 nos pilló con el paso cambiado, en muchos casos frágiles, hastiados y agotados, en otros además, luchando por la supervivencia, esa que nace de la necesidad, y de lo profundo; que va más allá de sobreponerse a lo primario, enfocándose en hallar la manera de sentirse mejor, de estar mejor, a pesar de todo lo externo, a pesar de lo que escapa a nuestro control.

Una historia compartida

Y es desde ese lugar que recibo la reflexión de alguien a quien acompaño desde hace tiempo, y hoy me invita a compartir; un testimonio fruto de un proceso intenso, largo, de mucho aprendizaje.

Sinceramente, no tengo muy claro cuánto me gustaba la vida que tenía antes, o pertenece al impreciso recuerdo que retiene lo que me agradaba, y descarta lo que me dolía.

Una elección personal que en su momento me pareció una oportunidad, me hizo ir renunciando a parte de mi universo. Empecé acotando relaciones y actividades, hasta quedarme con lo absolutamente mínimo. Tanto, que hubo un momento en que empecé a añorar lo que antes había. Lo idealicé. Cuando me detuve, me di cuenta que era tarde para regresar. Me sentí en tierra de nadie, sin acceso al pasado, y con un presente muy complicado.

Con bloqueos continuos y miedo a perder lo que creía que había logrado, con inseguridad y dificultad para avanzar. Aterricé en una incómoda sensación de “estar varada”. Sensación mantenida durante mucho tiempo. Una especie de “china en el zapato” que me hizo vivir demasiado tiempo fuera de mi zona de confort, y cuestionarme. Con la aparente única posibilidad de seguir manteniendo un frágil equilibrio. Y el recuerdo de tantas caídas… aunque también me he levantado. Sin darme cuenta construí mi personal confinamiento. Con poco visible y mucho invisible. Creyéndome absolutamente vulnerable. Dando pasos de cangrejo.

En mis manos cayó el libro de N. Taleb “Antifrágil” y me resonó. Eso y la terapia hicieron que me diera cuenta de que quizás todo este tiempo había estado preparándome para dejar de ser frágil, o al menos “tan frágil”. Recuerdo la frase: “Lo antifrágil va más allá de lo robusto, puesto que se beneficia de los shocks, las incertidumbres y el estrés”. Y fue como si el mecanismo empezara a funcionar, muy despacio, cada vez mejor y más ligero.

Comencé poniéndome muy seria conmigo misma, con lo que necesitaba y lo que quería. Lo que era capaz o incapaz de hacer. Con lo que podía y no podía comprometerme. Y también lo que no quería, ni hacer, ni vivir, ni prometer. A poner ciertos límites, a cambiar algunas cosas. A abrirme de otra manera al mundo, desde una especie de “minimalismo-maximalista”. Haciendo menos, y haciendo mejor.

En la práctica esto lo plasmé reconectando con la naturaleza y el entorno, intensificando los paseos. Empezando de verdad a ser respetuosa conmigo, alejándome de la condescendencia de la tolerancia. Aceptando lo que no podía ni puede ser de otra manera.

Y sí, hay cosas que se pueden cambiar, y aunque toda ayuda es valiosa, en último término depende de ti, de tu energía, tu voluntad y tu motivación.

Roble, superviviente, belleza, cavidad

Más allá de la mirada

Nuestro nuevo encuentro ha sido desde un entorno natural, abierto y novedoso. Con la habitual complejidad de traspasar la pantalla, de sentir al otro y no obstante dando el paso.

Hay demasiadas cosas entremedias, demasiada distancia. Y cuando conecto el vídeo, vuelvo a percibir la resistencia de sentirse expuesto/a. Con todo, hoy, con la naturaleza como aliada, buscando la manera de propiciar la cercanía, hemos dado una nueva “vuelta de tuerca” a nuestro modo de percibir.

El valor de la mirada

Primero la mirada en derredor, la mirada externa. Hemos dado un paseo por el campo, poniendo atención en lo que nos rodea, varias pantallas han servido para acercar el verde, el aire, y el sol. A continuación, la mirada interna. Adentrarnos en nosotros solo mirando, un recorrido interno y profundo.

A veces proyectamos en el otro algo nuestro. Cuando hacemos eso, el contacto se frustra, es como un mensaje que no llega… como una carta que enviáramos y nos es devuelta sin abrir. Es curioso cómo en ocasiones emerge tan fácil el juicio sobre el otro. Cómo parece que tiene la atención en un lugar diferente y por eso le cuesta conectar… Y sin embargo, cuando se mira, se puede sentir el calor, la conexión, la confianza incluso.

Nuestras herramientas

En ciertos momentos disponemos de las mejores herramientas, otras tan solo de unas pocas; cuando es así hemos de afinar más con las que tenemos. La escasez nos hace concentrar y concretar. En medio de todo, el silencio puede provocar ansiedad. Al otro lado hay silencios que en ocasiones cuesta sostener, y sin embargo forman parte y anteceden a la palabra… es preciso traspasar el silencio, esperando, escuchando y sintiendo.

Por otro lado, la experiencia no tendría que ser dependiente del “debería”  (debería ocurrir esto o lo otro… ), porque eso nos desplaza de lo que está pasando. Lo que está pasando pone límites a ciertas capacidades y exacerba otras. A veces cuando podemos ver, tocar, hablar…  somos incapaces de apreciar plenamente todos nuestros sentidos.

Por ejemplo, los ejercicios de privación sensorial como el sumergirse en una bañera flotando en la oscuridad en silencio hacen que pasen cosas… Como lo que ha ocurrido en todo el tiempo de aislamiento y restricciones. ¡Qué difícil haber prescindido de tanto contacto con el otro! ¡Qué interesante expresar sin recurrir a lo de siempre! ¡Qué logro conectarse también con la mirada!

Dar el máximo

El aquí y ahora tiene mucho que ver con el adaptarse a lo que la vida nos coloca por delante, no a lo que nos gustaría que fuera. Hacer lo que se pueda, evitando la neurosis “de lo que quisiéramos”, y ponernos cómo objetivo nuestro máximo acorde a nuestras posibilidades.

De manera que hoy, desde un escenario de aire, azul y verde, con la mirada y por supuesto más allá de la misma, hemos puesto punto y a parte a nuestro recorrido del alma.

Poesía en 3D

Aunque nunca me ha apasionado la poesía siempre he estado abierta y receptiva a su descubrimiento. Eso ha permitido que con el tiempo, haya tenido la fortuna de reconocer y sentirme transportada por líneas sencillas, reveladoras y muy hermosas en muchas ocasiones.

Emociones y sentimientos

Uno de los objetivos de la poesía es crear emoción a través de la palabra. La emoción es un mecanismo adaptativo que nos impulsa a acercarnos a lo que deseamos y alejarnos de lo que nos puede perjudicar.

La psicología cognitiva trata de transformar la perspectiva del individuo que sufre al percibir su entorno; lo cual es determinante en la construcción de sus emociones y sentimientos. Eso es precisamente lo que me fascina de la poesía, su capacidad para combinar emociones y sentimientos que generen en el lector nuevas sensaciones, para hacernos salir de nuestra zona de confort; junto a la posibilidad de abordar desde otros ángulos los acontecimientos cotidianos, promoviendo la generación de interrogantes.

Traspasar la palabra

Siento que ni la educación formal, ni el momento que vivimos apenas dejan espacio para esta forma de expresión, por eso rescato las oportunidades que se presentan para construir belleza de todas las maneras posibles. Supongo que es parte de mi tributo a la necesidad que tenemos de arte.

Poco a poco he llegado a percibir poesía en los lugares más insospechados y de las maneras más curiosas. Creo que hay tantos modos de belleza como formas de expresarla. Por eso, poner en relación poesía y Realidad Virtual -dos conceptos aparentemente tan distantes-, me pareció un reto sugerente y atractivo; que abría la posibilidad a nuestras chicas y chicos de interactuar y experimentar desde la palabra, yendo más allá.

Los haikus

A ello se sumó la fascinación que me producen los haikus, esos breves poemas de origen japonés que han traspasado fronteras. Según Octavio Paz: “El haiku es un organismo poético muy complejo. Su misma brevedad obliga al poeta a significar mucho diciendo lo mínimo… El haikú es una pequeña cápsula cargada de poesía capaz de hacer saltar la realidad aparente”.

Y así, haciendo saltar la realidad aparente, hoy en la sesión nos hemos servido del Rincón de Haikus de Mario Benedetti, vinculando el arte de la palabra a través de esos pequeños gigantes, junto a la expresión artística, con el programa para pintar en 3D, Tilt Brush de Realidad Virtual: Nuevos tiempos, nuevos modos de conectar.