Más allá de la mirada

Nuestro nuevo encuentro ha sido desde un entorno natural, abierto y novedoso. Con la habitual complejidad de traspasar la pantalla, de sentir al otro y no obstante dando el paso.

Hay demasiadas cosas entremedias, demasiada distancia. Y cuando conecto el vídeo, vuelvo a percibir la resistencia de sentirse expuesto/a. Con todo, hoy, con la naturaleza como aliada, buscando la manera de propiciar la cercanía, hemos dado una nueva “vuelta de tuerca” a nuestro modo de percibir.

El valor de la mirada

Primero la mirada en derredor, la mirada externa. Hemos dado un paseo por el campo, poniendo atención en lo que nos rodea, varias pantallas han servido para acercar el verde, el aire, y el sol. A continuación, la mirada interna. Adentrarnos en nosotros solo mirando, un recorrido interno y profundo.

A veces proyectamos en el otro algo nuestro. Cuando hacemos eso, el contacto se frustra, es como un mensaje que no llega… como una carta que enviáramos y nos es devuelta sin abrir. Es curioso cómo en ocasiones emerge tan fácil el juicio sobre el otro. Cómo parece que tiene la atención en un lugar diferente y por eso le cuesta conectar… Y sin embargo, cuando se mira, se puede sentir el calor, la conexión, la confianza incluso.

Nuestras herramientas

En ciertos momentos disponemos de las mejores herramientas, otras tan solo de unas pocas; cuando es así hemos de afinar más con las que tenemos. La escasez nos hace concentrar y concretar. En medio de todo, el silencio puede provocar ansiedad. Al otro lado hay silencios que en ocasiones cuesta sostener, y sin embargo forman parte y anteceden a la palabra… es preciso traspasar el silencio, esperando, escuchando y sintiendo.

Por otro lado, la experiencia no tendría que ser dependiente del “debería”  (debería ocurrir esto o lo otro… ), porque eso nos desplaza de lo que está pasando. Lo que está pasando pone límites a ciertas capacidades y exacerba otras. A veces cuando podemos ver, tocar, hablar…  somos incapaces de apreciar plenamente todos nuestros sentidos.

Por ejemplo, los ejercicios de privación sensorial como el sumergirse en una bañera flotando en la oscuridad en silencio hacen que pasen cosas… Como lo que ha ocurrido en todo el tiempo de aislamiento y restricciones. ¡Qué difícil haber prescindido de tanto contacto con el otro! ¡Qué interesante expresar sin recurrir a lo de siempre! ¡Qué logro conectarse también con la mirada!

Dar el máximo

El aquí y ahora tiene mucho que ver con el adaptarse a lo que la vida nos coloca por delante, no a lo que nos gustaría que fuera. Hacer lo que se pueda, evitando la neurosis “de lo que quisiéramos”, y ponernos cómo objetivo nuestro máximo acorde a nuestras posibilidades.

De manera que hoy, desde un escenario de aire, azul y verde, con la mirada y por supuesto más allá de la misma, hemos puesto punto y a parte a nuestro recorrido del alma.

Poesía en 3D

Aunque nunca me ha apasionado la poesía siempre he estado abierta y receptiva a su descubrimiento. Eso ha permitido que con el tiempo, haya tenido la fortuna de reconocer y sentirme transportada por líneas sencillas, reveladoras y muy hermosas en muchas ocasiones.

Emociones y sentimientos

Uno de los objetivos de la poesía es crear emoción a través de la palabra. La emoción es un mecanismo adaptativo que nos impulsa a acercarnos a lo que deseamos y alejarnos de lo que nos puede perjudicar.

La psicología cognitiva trata de transformar la perspectiva del individuo que sufre al percibir su entorno; lo cual es determinante en la construcción de sus emociones y sentimientos. Eso es precisamente lo que me fascina de la poesía, su capacidad para combinar emociones y sentimientos que generen en el lector nuevas sensaciones, para hacernos salir de nuestra zona de confort; junto a la posibilidad de abordar desde otros ángulos los acontecimientos cotidianos, promoviendo la generación de interrogantes.

Traspasar la palabra

Siento que ni la educación formal, ni el momento que vivimos apenas dejan espacio para esta forma de expresión, por eso rescato las oportunidades que se presentan para construir belleza de todas las maneras posibles. Supongo que es parte de mi tributo a la necesidad que tenemos de arte.

Poco a poco he llegado a percibir poesía en los lugares más insospechados y de las maneras más curiosas. Creo que hay tantos modos de belleza como formas de expresarla. Por eso, poner en relación poesía y Realidad Virtual -dos conceptos aparentemente tan distantes-, me pareció un reto sugerente y atractivo; que abría la posibilidad a nuestras chicas y chicos de interactuar y experimentar desde la palabra, yendo más allá.

Los haikus

A ello se sumó la fascinación que me producen los haikus, esos breves poemas de origen japonés que han traspasado fronteras. Según Octavio Paz: “El haiku es un organismo poético muy complejo. Su misma brevedad obliga al poeta a significar mucho diciendo lo mínimo… El haikú es una pequeña cápsula cargada de poesía capaz de hacer saltar la realidad aparente”.

Y así, haciendo saltar la realidad aparente, hoy en la sesión nos hemos servido del Rincón de Haikus de Mario Benedetti, vinculando el arte de la palabra a través de esos pequeños gigantes, junto a la expresión artística, con el programa para pintar en 3D, Tilt Brush de Realidad Virtual: Nuevos tiempos, nuevos modos de conectar.

 

Mas jugar y menos pensar

De haber experimentado otra época, una que me habría gustado habitar tiene que ver con la vida artística y social que se tejió en París a mediados del S. XIX.

Cuando lo pienso, entre lo que me ha llegado a través de la Historia, junto a las piruetas de mi disparada imaginación, me sitúo entre un pequeño grupo de variopintos personajes citándose en los cafés de la Ciudad de la luz dando rienda suelta a su creatividad.

Crear en comunidad

Y es que, en paralelo a la búsqueda más íntima y personal, estoy convencida que el hecho de crear en comunidad es clave para hacer nacer nuevas y enriquecedoras propuestas. Muchas veces en forma de iniciativas divertidas e insospechadas, parte sustancial de una existencia llena de matices.

Todo lo cual formaba parte de un modo de vida al que me habría encantado pertenecer. Quizás por eso sentí tanta sincronía con aquellos espíritus libres, cuándo supe del grupo de artistas que se reunían, precisamente los martes, a unos pasos del Sena, en torno a Mallarmé.

Arte y poesía

Allí, los impresionistas se expresaban generando sensaciones con sus paletas de color. Mientras, poetas y escritores a quienes la poesía convencional se les quedaba corta, experimentaban con las palabras tratando de aparcar la razón.

Esa encrucijada en la que arte y poesía se unían sin reglas ni pudor, es la que ha inspirado nuestra sesión. Experimentando a partir de los juegos que dan protagonismo al subconsciente y al arte; dejando de lado los egos, hemos hecho un recorrido entre surrealista y dadá, para reenfocar la realidad con una nueva mirada.

Nuestro “sombrero de copa” se ha llenado de palabras recortadas de modo libre, algunos han elegido un patrón, otros lo han hecho de manera arbitraria. Las hemos mezclado para luego extraerlas de una en una componiendo nuestro primer poema dadaísta online:

MUCHOS ATRACTIVOS NINGUNA ASERTIVIDAD
PALACIO RELACIONES ANESTESIA

COSTUMBRE
PORTARSE SENTIMIENTOS
DEMOCRACIA HELADO

Después, jugando con las palabras, escogiendo unas y eliminando otras, hemos construido textos inteligibles  generadores de historias, dando forma a nuestro inconsciente y construyendo presente:

MUCHOS HOMBRES ATRACTIVOS SOÑABAN CON TENER… NINGUNA MUJER CON UNA ASERTIVIDAD FIJA… EN EL PALACIO HABIA MUCHAS RELACIONES DE ANESTESIA Y ERA COSTUMBRE PORTARSE CON LOS SENTIMIENTOS
…LA DEMOCRACIA ESTÁ HELADA
MUCHAS VACAS ATRACTIVAS NO TENIAN NINGUNA ASERTIVIDAD EN EL PALACIO…

ALGUNAS RELACIONES DE ANESTESIA SE ACOSTUMBRABAN A PORTARSE BIEN EN EL PALACIO
MUCHAS PLANTAS ERAN ATRACTIVAS PERO NINGUNA DE ELLAS TENIA ASERTIVIDAD
EN EL PALACIO LAS RELACIONES NO IBAN BIEN POR ESO LA ANESTESIA ERA COSTUMBRE

También hemos dibujado e intervenido en libros, recortado, tachado, elegido fragmentos aleatorios y creado nuevos textos, inspirándonos en Matisse y en las técnicas de corte de la generación beat. Con la libertad y el juego, el talento ha encontrado el modo de ir más allá, haciendo honor a uno de los lemas de aquel grupo del XIX, del que hoy nos hemos hecho eco: “mas jugar y menos pensar”.

El lugar de los silencios

La perspectiva que yo tenía al inicio del online era que estas sesiones darían cabida a dos mundos, el del grupo y el mío propio. Pero además -y aunque había y hay elementos comunes entre todos los chavales-, cada uno y cada una, con sus particularidades y circunstancias, desde el primer momento, han acudido a nuestra cita a partir de su propio universo, diferente y cambiante.

Dando valor a los silencios

Desde el principio, la ausencia de lo presencial me hizo poner un gran acento en lo visual y en lo sonoro, hasta que me encontré con profundos silencios al otro lado, lo que me hizo concederles cada vez más importancia.

Surgieron silencios visuales y silencios sonoros a los que empecé a tratar de otro modo. Frente a la abrumadora necesidad de la generación de palabras, y a la espera de que continuamente pasasen cosas… Comencé conscientemente a dejarlos estar, tratando de no interpelarlos ni interpretarlos, sino centrarme en escucharlos con paciencia y atención.

Tipos de silencios

Eso me hizo pensar en la importancia del lugar de los silencios, y la necesidad de tiempo, pausa, y escucha templada desde este lado. Creo que hay muchas maneras de percibir el silencio, de hecho hay muchos tipos de silencios, y muchos modos de expresarlos.

Ni que decir tiene que salvando los maravillosos silencios de complicidad, en los que la presencia y la mirada lo ocupan todo… Hay silencios que siempre me han impresionado, como los que surgen cuando no sabes qué decir, los propios del miedo, el pudor o la vergüenza.

Un nuevo viaje

Por eso, cada vez que hago una sesión online y los vídeos están desconectados, la palabra escasea, y percibo no obstante las presencias al otro lado; cuando surgen tantos silencios, que muchas veces traté de romper; A fuerza de percibirlos, también me he dado cuenta de su importancia y su porqué.

Hoy, con este telón de fondo, más allá de todas las razones que puedan justificarlos y/o explicarlos, hemos realizado un nuevo viaje. Extraigo una de las partes del mismo:

… Y ahora, quiero que pienses en tus silencios, en lo que hay detrás de ellos… Si te ocurrió algo que fue importante y te daba o te da vergüenza hablar de ello. Si en casa puedes contarlo o no. Si te gustaría compartirlo pero te “da corte”, o resulta que no te acabas de atrever… porque… ¿qué pensaran los demás? ¿qué pensaran de ti?

Y sin embargo, contar lo que nos pasa puede ser liberador, lo que tienes dentro lo sacas fuera… y deja de estar tan “agarrado” a ti que puede llegar a impedirte respirar con normalidad… Lo expones y eso permite que vaya perdiendo peso e importancia… puedes respirar más tranquila, puedes dormir, puedes llegar a dejar de alterarte por el solo hecho de que algo te lo recuerde…

Puede que no lo llegues a olvidar, pero tampoco pasa nada porque quede ahí en esa caja de recuerdos que forman parte de ti… Lo importante es que no te haga daño, y que si piensas en ello, si hablas de ello deje de dolerte…

Contar algo ayuda también a que personas que tienen otros secretos y querrían contarlos, se animen a hacerlo; y ayuda a que nos demos cuenta de que todos, alguna vez hemos tenido algún secreto… y algunos siguen doliendo, es a esos a los que me refiero, a todos los secretos que siguen generando dolor y silencio…

¿Te gustaría contarnos algo?

¿o quizás te gustaría contarlo a través de una herramienta anónima…?

Te propongo que te centres en eso que alguna vez quisiste contar pero se convirtió en algo que formaba parte de tu silencio… que con ello en la cabeza deslices tu lápiz y tus pinturas… sin apuro, dejándolo emerger… para que cuando quieras, como quieras y con quien quieras, puedas ponerle palabras y puedas romper, por fin, tu doloroso silencio….

Expresión plástica del silencio de uno de los participantes

Dentro del laberinto (2)

El laberíntico mundo en el que nos sumergimos la sesión anterior (Hacia el laberinto (1), dejó al grupo con ganas de más. Como un rompecabezas inacabado, la cantidad de “puertas” abiertas hicieron más explícitas las incógnitas y aumentaron el deseo de seguir indagando en los propios resquicios y en los ajenos.

En esta ocasión, la visita a la exposición de Guillermo Pérez Villalta (El arte como laberinto), fue providencial. Como no era posible llevar a los chicos a ver la muestra, organicé una visita virtual a partir de la cual desgranamos nuestra sesión.

En paralelo a la afirmación del artista de que el arte no da respuestas consoladoras sino que hace preguntas activas, el grupo se ha puesto en marcha, dando cabida a la exploración del  laberinto personal, esta vez entrelazado con el de los demás.

Los obstáculos

Partiendo de una estructura inicial laberíntica hemos ido trazando rutas, tropezando con obstáculos que nos han hecho pararnos y reflexionar. Entre ellos: las preocupaciones, posiblemente entre las más generalizadas la centrada en el yo; De nuevo la eterna pregunta acerca de: ¿cómo me veo?, ¿cómo seré realmente?. Junto a lo que imagino y supongolos cambios que tengo que hacer porque de algún modo “me obligan” a hacerlos aunque no quiera hacerlos… y no obstante finalmente cambio algo y… pasan cosas. Luego, cuando me acostumbro, algunas me gustan. 

También hemos tropezado con la incomodidad, y con cómo salir de nuestra zona de confort, avanzando por esos lugares a los que llegamos muchas veces sin querer, en los que nos sentimos inseguros. Recordando los pasos que damos y que muchas veces no daríamos si no nos “empujaran” a ello -en ocasiones impulsados por la vida, por mis padres…- y de cualquier modo, avanzando.

Y sí, “adolescencia” se escribe en primera persona. Es ese momento en el que de alguna manera “uno se siente el centro del mundo”, incluso si ello puede convivir con sentirse pequeño/a; por eso hay quien se oculta. De ahí que dar voz y presencia a chicos y chicas: escuchar, impulsar, esperar, dejar que se equivoquen, sugerir, marcar límites, y dar espacios, es tan importante. Hacerlo jugando es otra manera.

Ver también:  Saliendo del laberinto (3)

Hacia el laberinto (1)

Combinar la realidad con la ficción es algo cotidiano que no solo ocurre en las películas, aunque puedan ayudar a dar forma a lo que estamos viviendo. La primera vez que vi El laberinto del fauno quedé “subyugada”. Es una película tan tremendamente visual y tan rica en propuestas, que ha seguido formando parte de no pocos de mis planteamientos educativos y arteterapeúticos.

La conjunción del mundo del cuento frente a la cruda realidad, entrelazada con lo que ocurre mientras tanto: sentimientos, sentires, sueños y pesadillas… afloran destiladas por el tamiz de las vivencias del momento, e invitan a averiguar hacía donde está el propio laberinto.

Batallas de lo cotidiano

Hay absolutas catástrofes naturales y provocadas, como una guerra, que deben de ser algo muy duro de llevar, una posguerra también. Creo que no me lo puedo llegar a imaginar. Ojalá no tengamos que vivir nada similar jamás.

Sin llegar a ello, cada etapa transitamos por circunstancias muchas veces plagadas de pequeñas y grandes batallas cotidianas de las que es complejo escapar, y en las que solemos enzarzarnos casi sin darnos cuenta; Cómo todas esas veces en que nos empeñamos en querer tener razón y nos adentramos en laberintos de proporciones inciertas y recorrido agotador.

El recuerdo del mito de Teseo, y la simbología de la resurrección espiritual del héroe tras acabar con el minotauro (la bestia que llevamos dentro), junto a la película de Guillermo del Toro, fueron los responsables de las sinergías que se pusieron a dialogar haciendo que la invitación a explorar nuestros propios laberintos se convirtiera en algo explícito e inevitable.

Caminos de vida

En sentido metafórico, el laberinto remite a los diferentes caminos que en ocasiones se nos presentan, sin mostrar claramente una solución o salida, lo que nos genera dudas y desazón.

Hoy, tejiendo con atención todos estos hilos, cómo hiciera Penélope en su famoso telar; hemos desenhebrado el hilo de Ariadna para transitar por nuestros propios laberintos, poniendo atención al recorrido, a las zonas ciegas, a los rincones. Tratando de averiguar la salida, las posibles soluciones de cada uno de esos confusos caminos que ¿arbitrariamente? han ido surgiendo.

Ver también: Dentro del laberinto (2) y Saliendo del laberinto (3)

¿Cómo me veo, cómo me ven?

Formularse a una misma preguntas acerca de cómo me veo, y cómo me ven los demás, es algo característico de la adolescencia, y que forma parte del autorreconocimiento, la generación de autoconcepto -percepción que tenemos de nosotras mismas-, y aceptación característica de este estadío de la vida.

Algo que cuesta verbalizar y que se alinea junto a las dudas e inseguridades propias. También ocurre en la etapa adulta. Sabemos de primera mano lo que pensamos, pero no lo que piensan los demás, digamos que “nos lo imaginamos”. Dejando a parte los casos de claro narcisismo, la mayoría de las veces, el temor a que ese “algo” sea peor de lo que suponemos hace que proyectemos una imagen de nosotras mismas inferior a la visión de los demás, lo cual no es precisamente de ayuda.

Hoy para abordar todo esto, nos hemos servido de varias dinámicas: relajación/visualización, inspiración plástica, y narrativa oral de la mano del mito de Narciso y Eco; enfocándonos en encontrar el camino hacía el self o una misma.

Visualizando mi yo

Planteando de manera independiente la atención sobre cada sentido, cada uno se ha detenido en una sensación: “…enlazándola contigo, centrándote en tí, en la imagen que tienes de tí. Algo que muy pocas veces te detienes a preguntarte…”

Primero desde todos los lugares del rostro, poco a poco hemos ido incorporando el cuerpo. Asociando el concepto de imagen con un todo, yendo de lo visible a lo invisible: tu actitud, tu sonrisa, tus muecas, los gestos que te identifican y que reconoces como propios, los movimientos a veces imperceptibles que forman parte de tu esencia y que puedes descubrir cuando te miras con detenimiento en un reflejo, un espejo, y también cuando te reencuentras con tu imagen ante una pantalla… 

Eres parte de lo que ves, y aun hay mucho más; Y que esa parte sea sincera, al menos contigo mismo te ayudará a reconocerte. A andar con paso firme.

Puede gustarte lo que ves, o no… puedes encontrar cosas que te desagraden… pero todas son parte, y si las dejas entrar, podrás dejarlas partir; Ser más generoso, más comprensivo, más compasivo (la compasión budista), aceptarte a ti para poder aceptar al otro, y poder pasar a la siguiente fase, la de escuchar con atención: “cómo te ven los demás”. Y poder apreciar lo que te hace bien de los otros … y lo que no.

Inspiración plástica

Dos artistas a las que admiro nos han acompañado: Vivian Maier (“la fotógrafa niñera”), y Cindy Sherman (“la niña de los disfraces”). Con ellas hemos transitado de la autoimagen a la imagen social, análisis de estereotipos, percepción subjetiva y objetiva. Autoconcepto y autoaceptación.

El pulso del online

Cada cierto tiempo me gusta mantener una conversación con cada participante para conectar desde lo más personal. Algo que en este caso supuso además una toma de temperatura de la actividad; valorando encuadre, temáticas, dinámicas, metodologías y la propia implicación.

El pulso de una actividad online ante la cual hay una continúa demanda explícita de los participantes de volver a lo presencial es delicado de tomar. Creo que este resumen de las conclusiones puede orientar a otros profesionales en el acompañamiento de adolescentes en estos tiempos atípicos.

Las dificultades

A los chicos les cuesta estar ante las pantallas, les incomoda sentirse expuestos. Les resulta mucho más fácil chatear que mantener una conversación telefónica. Por otro lado, para lograrlo es preciso ser cuidadosa y perseverante.

Además, en casa, en muchos casos, hay problemas de cobertura, caídas de conexión, los dispositivos se estropean o no están disponibles, y hay más interrupciones de las deseadas; a lo que se suma la falta de cuerpo, piel, y la lejanía de la mirada.

Este modo de comunicación les hace ser menos activos y menos comprometidos. Pero siguen acudiendo al online porque es lo que hay, algo que yo desde luego agradezco.

Lo positivo

Yo me hago muchas preguntas y siento la necesidad de trasladárselas a ellos y conocer su perspectiva. También constato que cuando inquieres, cuidas y propicias el encuentro, y tu interlocutor percibe tu escucha, obtienes respuestas.

En lo relativo a las dinámicas, a los adolescentes del grupo les gustan: las relajaciones y visualizaciones, los estímulos audiovisuales, los juegos de preguntas, los debates, y de vez en cuando, hacer alguna actividad plástica. Añoran escuchar más historias míticas y fantásticas, y quieren divertirse.

En cuanto a las temáticas que querrían abordar, la mayoría coinciden en: imagen física y social, “cosas ” relacionadas con el arte, “cosas” relacionadas con la naturaleza y los animales, algo de información sobre empleo (como hacer un cv, mantener una entrevista…). También hay cierto interés sobre: Internet y redes sociales, medioambiente y contaminación, alimentación saludable, y temas relacionados con drogas, consumo y adicciones.

Es significativa la desigual relación establecida con mitoART, (y por ende con la Institución: Casa San Cristobal, Fundación montemadrid); es decir, a cada uno la propuesta le aporta algo (confianza, seguridad, habilidades sociales…), pero en general no saben muy bien lo que ellos aportan a la misma.  Esto me recuerda una constante entre los adolescentes por el hecho de pedir/esperar mucho, de la escuela, el sistema, los demás… pero raramente preguntarse qué es lo que ellos aportan.

La actividad grupal les pone en contacto con los otros, con sus iguales, y eso reduce la sensación de aislamiento y soledad. Y por supuesto, siguen reclamando salir y hacer cosas diferentes. Hasta entonces y mientras tanto, yo rescato la posibilidad de evolucionar en un terreno abrupto y la esperanza de parajes más amables y fáciles de transitar.

Mon Laforte. Mural

Parejas, problemas, y todo eso del amor…

Una de las últimas veces en que pregunté al grupo por los temas que querían que abordásemos en las sesiones, la respuesta mayoritaria fue literalmente: “Las parejas, los problemas, y todo eso del amor”. Y claro, es natural; Si estos asuntos nos ocupan y nos inquietan con más o menos intensidad a la mayoría de los adultos -por no decir a todos-, ¿cómo no van a interesar a las jóvenes que se están abriendo a la vida, máxime en un momento en el que pareciera que toda la información que consumen es a través de las redes?

Representar

La dinámica central que hoy hemos utilizado ha partido de la dramatización de un texto. Se trataba de un escrito fresco, moderno, con perfiles muy actuales y “normales”; una situación de encuentro en un lugar público común (el metro), abordada desde diferentes perspectivas. El texto lo proponía yo, y  estaba planteado como una base abierta sobre la que improvisar e interactuar.

La dinámica de la lectura de un texto al que se dota de alma permite acortar la distancia que hay a veces entre chavales con más dificultad en hacer emerger la palabra, y que se pone de relieve en la actividad online, un pudor que lleva su tiempo superar.

El personaje de cada cual

Para determinar los papeles hemos utilizado una herramienta que de modo aleatorio invitaba a cada una a elegir su personaje. Este simple hecho ya dice mucho de nosotras y del momento que estamos viviendo. No me resulta extraño encontrarme con chicas que quieren experimentar ser chicos, y a la inversa; sin que eso signifique que están a disgusto con su género, si no más bien una sana curiosidad por mirar y sentir a través del otro. Así nos encontramos con quienes ansían vivenciar las realidades de enfrente, y quienes sencillamente se quedan en lugares de exploración más próximos.

¿Cuántas mujeres y cuántos hombres hay dentro de cada uno, cuánto reconocido y abrazado, cuánto obviado y aislado, cuánta sombra? Meterte en la piel del otro es una herramienta estupenda para mirar en tu interior. Cuanto de esto me resuena, cuanto soy yo, cuanto rechazo… y lo que ocurre con todo ello. Dejarlo reposar, volverlo a enfocar y reelaborarlo.

Verdades obvias

Más tarde, acompañados por la plástica de Mon Laferte, hemos seguido transitando por la temática de la sesión, intercalándolo con verdades obvias, pero no por ello menos importantes y absolutamente necesitadas de atención y entrenamiento.

RECUERDA:

– El otro no tiene porqué adivinar lo que quiero o necesito

– Es primordial comunicarnos, y si me cuesta, practicar y aprender a hacerlo

– Es necesario ser transparente con lo que me gusta del otro y lo que me va bien

Evita convencer al otro de lo que te interesa (muy diferente a: explicar, escuchar, ser asertivo…)

– Es preciso poner límites y respetarlos, los propios y los ajenos

Mon Laforte. Mural
Mon Laferte. Street Art. Mural en Valparaiso.

Estar sola y sentirse sola

Estar solo y sentirse solo, cuan diferente es. Tanto como la distancia entre la soledad buscada y deseada, frente a la soledad obligada y excesiva. Curiosa sensación, estado y necesidad, que especialmente en los últimos tiempos está tan presente, imponiéndose o acompañando.

Creo que todo en exceso genera desequilibrio, y por lo tanto perturbación; de ahí que nuestra salud emocional se vea afectada ante la soledad en exceso y ante la compañía en demasía. La clave: aprender a estar con uno mismo, a disfrutar de lo pequeño y de lo grande, a estar con los demás, a propiciar el aislamiento cuando lo necesitamos, y a encajar los momentos no elegidos de obligada soledad, tratando de crecer con todo ello.

Autoconocerse

Y claro, entender que es bueno saber estar solo, es muy diferente a sentirse cómoda estando sola. En primer lugar requiere mucho autoconocimiento, saber qué es lo que me gusta y lo que no, qué puedo plantearme, qué me cuesta más; cuales son mis límites, cómo me relaciono y como me comunico, qué necesito, cómo es mi ritmo… Escucharme y probar. Y para todo esto es necesario estar sola y contrastar con los demás.

Nacemos solos, morimos solos

El sentimiento de soledad es algo que forma parte de nosotros desde el origen de los tiempos. Nacemos solas, morimos solas y entre medias hay muchas veces que estamos muy a gusto solas, otras en las que desearíamos estar acompañados, y otras tantas en las que estamos rodeados de gente pero nos sentimos solos de solemnidad, creo que esa es la peor forma de soledad, la paradoja de no querer estar solo, aparentemente no estarlo, y aún así sentirse muy solo, o lo que es lo mismo sentirte muy lejos de quienes te rodean. Cuando me pasa eso trato de cambiar de lugar. Prefiero estar sola del todo (estar sola y sentirme sola), a sentirme sola estando “acompañada”.

Pautas para estar mejor

Hoy en la sesión hemos mirado tras mil prismas posibles la circunstancia de estar solo, estar sola y cómo se siente. La realidad de los introvertidos y sus diferentes necesidades, lo que ocurre cuando “me da vergüenza ir al encuentro del otro” y cómo lo podemos abordar. Entre todos hemos desgranado pautas para estar mejor cuando estamos solos y no queremos estarlo:

Dejar de echarme la culpa 

Bailar, correr, saltar, cantar… (segregando endorfinas me sentiré mucho mejor)

Crear (con lo que tenga a mano)

Desplazarme o pensar en un lugar que me haga sentir bien

Pensar en cosas que me hagan sentir bien y hacerlas, descubrir nuevas cosas

Conectar con alguien con quien esté a gusto

Ayudar (a alguien que lo necesite)

Cuando lo que siento no me gusta, recordar que eso pasará (y la próxima vez será menos duro)

Mi sensación de soledad. Lápiz sobre papel.