Estar solo y sentirse solo

Estar solo y sentirse solo, cuan diferente es. Tanto como la distancia entre la soledad buscada y deseada, frente a la soledad obligada y excesiva. Curiosa sensación, estado y necesidad, que especialmente en los últimos tiempos está tan presente, imponiéndose o acompañando.

Creo que todo en exceso genera desequilibrio, y por lo tanto perturbación; de ahí que nuestra salud emocional se vea afectada ante la soledad excesiva y ante la compañía en demasía. La clave: aprender a estar con uno mismo, a disfrutar de lo pequeño y de lo grande, a estar con los demás, a propiciar el aislamiento cuando lo necesitamos, y a encajar los momentos no elegidos de obligada soledad, tratando de crecer con todo ello.

Autoconocerse

Y claro, conocer: qué es lo ideal para estar bien en soledad, es muy muy fácil, pero sentirlo es otro cantar. Requiere en primer lugar mucho autoconocimiento, saber qué es lo que nos gusta y lo que no, qué podemos plantearnos, qué nos cuesta más; cuales son nuestros límites, cómo nos relacionamos y nos comunicamos, qué necesitamos, cómo es nuestro ritmo… Escucharnos y probar. Y todo esto necesita de soledad y de contraste con los otros.

Nacemos solos, morimos solos

El sentimiento de soledad es algo que forma parte de nosotros desde el origen de los tiempos. Nacemos solos, morimos solos y entre medias hay muchas veces que estamos solos muy a gusto, otras en las que desearíamos estar acompañados, y otras tantas en las que estamos rodeados de gente pero nos sentimos solos de solemnidad, creo que esa es la peor forma de soledad, la paradoja de no querer estar solo, tener aparentemente los medios para no estarlo, y aún así sentirse muy solo, o lo que es lo mismo muy lejos de quienes nos rodean. Cuando me pasa eso trato de cambiar de lugar. Prefiero estar sola del todo (estar sola y sentirme sola), a sentirme sola y estar “acompañada”.

La soledad en la historia

Me resulta curioso cómo la percepción social de la soledad ha ido evolucionando a lo largo del tiempo: El paso de las reuniones de toda la vida comiendo en comunidad, hasta los hábitos modernos creados en torno a comer en solitario delante de la TV. Los retiros de los antiguos eremitas en su momento tan alabados. Las secuelas de la mitificada vida en pareja como patrón de los últimos tiempos, frente a la vida single, en aumento si no fuera por  motivos mayoritariamente económicos . En mi caso, siempre me parecieron que las que más encajaban con mi forma de entender la vida eran las experiencias tribales comunitarias que combinaban el estar solo con estar en grupo.

Pautas para estar mejor

Hoy en la sesión hemos mirado tras todos los prismas posibles la circunstancia de estar solo, estar sola y cómo se siente. La realidad de los introvertidos y los introvertidos y sus diferentes necesidades. Lo que ocurre cuando  algo “me da vergüenza ” y cómo lo podemos abordar. Y entre todos hemos ido desgranando pautas para estar mejor cuando estamos solos y no queremos estarlo:

No echarme la culpa 

Pensar en cosas que me hagan sentir bien y hacerlas, descubrir nuevas cosas

Crear con lo que tenga a mano

Conectar con alguien que me haga sentir bien

Ayudar a alguien que lo necesite

Desplazarme o pensar en un lugar que me haga sentir bien

Cuando lo que siento no me gusta, recordar que pasará y la próxima vez lo veré con menos disgusto

Bailar, correr, saltar, cantar… segregaré endorfinas y me sentiré mejor

Mi sensación de soledad. Lápiz sobre papel. 

 

 

Miedos

El miedo es algo natural en el ser humano, es una emoción primaria, incómoda, incluso desagradable, que sentimos al percibir una amenaza. En su justa medida tiene una función, hace que reconsideremos lo que ocurre y/o lo que vamos a hacer. Al otro lado: el miedo extremo, el que provoca ansiedad, el que se convierte incluso en patológico; es al que hay que manejar y mantener a raya.

De manera que la cuestión es asumir que alguna vez todos y todas tenemos miedo, y que mis miedos pueden hasta cierto punto ser útiles porque me hacen tener cautela. Ante a ellos, se trata de valorar lo que está en juego, tener coraje, y actuar.

Hoy, hemos tomado como inspiración a Epicuro quien consideraba que para alcanzar la felicidad había que vencer cuatro miedos fundamentales; Desde ahí y con el estímulo plástico de artistas que transitaron por sus temores, cada participante ha identificado su miedo, plasmándolo, desmontándolo y haciéndole frente.

Mis miedos, collage sobre base de papel

 

Los miedos de la Escuela Epicúrea

Recorrer: el miedo al dolor, a la muerte, a los dioses, al fracaso en la búsqueda del bien (en definitiva, a no ser feliz), nos ha permitido ponerlos en conexión con los propios.

1.- El miedo al dolor forma parte de la naturaleza humana. Como el dolor es algo que tratamos de evitar, nos “protegemos” de él teniéndole miedo. Cuando la causa del dolor surge de la preocupación por satisfacer deseos innecesarios, caemos en una trampa que nos impide ser felices. De ahí surge  el temor a no tener lo considerado valioso por los demás, aunque en esencia no lo sea para nosotros, lo que nos  lleva a la dualidad entre el ser y el tener, y a todo un tema de actualidad; y es que el estar más preocupados por lo que tenemos nos hace que olvidemos ocuparnos de lo que somos.

2.- El miedo a la muerte, a lo desconocido e irreversible, ha sido y es  un miedo muy presente en muchos pueblos desde hace muchísimo tiempo. Y sin embargo otras culturas como las prehispánicas se concedía a la muerte un importante lugar. En ocasiones morir constituía un honor, como los elegidos para los sacrificios humanos, allí, la forma social de enfrentar la muerte no representaba algo a lo que temer. Hoy, al menos en occidente, el miedo a la muerte es tal, que hace que se la obvie a lo largo de toda la vida incluso sabiendo que llegará.

3.- El miedo a los dioses fue algo muy extendido en la antigüedad, que se trasladó a las culturas monoteístas occidentales oculto tras el temor a lo desconocido y “superior”. Junto la destructiva sensación de culpa cuando se les fallaba, heredada por todo el cristianismo, y que aún hoy forma parte de nuestras creencias más arraigadas (no solo religiosas), y es que si hacemos ciertas cosas tememos al castigo divino.

4.- El miedo al fracaso en la búsqueda del bien. Ya que para Epicuro el bien se alcanzaba a través de la felicidad, y la felicidad consistía en ser más, no en tener más, este temor radicaba en tratar de lograr el bien y no conseguirlo, lo que podríamos interpretar como el temor al fracaso en aquello que nos proponemos.

Desmontando miedos

Con todo, la última parte de nuestro recorrido ha transcurrido en torno a cuatro cuestiones, si te las haces podrás empezar a mirar tus miedos de otra manera :

¿De qué tienes miedo?
¿Es posible o probable?
¿Es importante?
¿Pasado un tiempo, será realmente significativo?

 

Realización

Quizás últimamente te preguntaste:

¿Cómo podría “realizarme” en tiempos convulsos, en tiempos de crisis… Tiempos en los que en muchos casos me arrastra la sensación de tropezar una y otra vez, y de no acabar de estar bien conmigo?

Esa cuestión, entretejida con otras tantas, ha venido destilándose entre los participantes del grupo desde hace un tiempo. Interrogantes del tipo:

¿Cómo sentirme mejor con las cosas que hago?

¿Cómo estar mejor conmigo misma y con mis decisiones?

¿Cómo averiguar realmente que es bueno para mí?

Eudaimonia

Me hicieron aterrizar en la Eudaimonia. Un concepto que hizo que Platón se centrara en ayudar a las personas a alcanzar un estado de realización personal, un estado que permitiera lograr el propósito vital de cada uno; lo que hace tiempo empezamos a abordar desde la razón de ser ó ikigai.

Pensar más

Entre las consideraciones que Platón hizo para mejorar la vida de las personas, me parece especialmente enriquecedora la idea de: pensar más. Pensar sobre lo que queremos y cómo lo queremos. Detenerse en y con uno mismo. Hacer un ejercicio honesto y personal de lo que quiero, y cómo lo quiero.

Sobre esto, el filósofo aconsejaba “tener cuidado” con las opiniones de los demás, con el “sentido común de los otros”, y alertaba de los prejuicios, errores, y creencias que podían conllevar. Para ello planteaba la premisa fundamental: conócete a ti mismo. Insistiendo en la necesidad de examinar nuestras ideas, tus ideas;  para ello Platón propuso como método la discusión socrática, un diálogo que podía ser con uno mismo o con otra persona.

De la razón a la creación

Hoy nosotros hemos tomado el testigo de ese diálogo, introduciendo el trazo. Hemos arrancado con el pensamiento y aterrizado en la expresión plástica. Viajando de la razón a la creación.

El ejercicio de mirar hacia dentro ha desvelado lo que me apasiona, algo intrínseco, alineado conmigo. Intuyendo lo que me “mueve”; con mi familia, con mis amigos, con mis estudios… empezando a dar forma a mi conjunto de propósitos vitales. Tras visualizarlo lo he empezado a expresar trasladándolo al papel.

La interpretación de cada dibujo es tan personal como el dibujo mismo, se trata  de que cada uno se lance a expresar lo que hay y que uno mismo se dé cuenta. En nuestro caso, el grupo además tiene un importante papel, porque “devuelve” la mirada de los iguales y permite construir un discurso más rico y complejo.

Y en paralelo, hemos puesto el acento en el camino, en lo que pasa mientras tanto.

Mira en tu interior

Expresa

Observa

Contrasta

Plantéate un plan de acción

Busca apoyo

Camina

No procastines

Sé generoso con  tus equivocaciones

Disfruta de las satisfacciones intermedias

Deshielo

Supongo que la tensión de los últimos días fue la que me provocó la infección con la que me estrené la segunda semana de Enero. Creo que en toda mi trayectoria de arteterapia solo dos veces tuve que buscar alguien que me sustituyera. Las dos coincidieron con mi paso por el hospital.

En general lamento mucho cuando tengo que posponer algo con lo que me he comprometido, aunque las razones me rebasen. Creo que tengo un sentido excesivo de la responsabilidad; no sé muy bien cuánto tiene esto que ver con el carácter y cuanto con la educación y circunstancias de cada persona.

Expectativas y realidad

Aplazar una sesión es complicado porque es difícil hacer coincidir disponibilidades. El hecho de que los/as chicos/as no siempre se disculpen por no poder asistir, lo hace todavía más complejo, aumentando la incertidumbre. Ésta última ocasión solo dos participantes disculparon su ausencia, pasados diez minutos me encontré sola ante una adolescente cuyas expectativas tenían que ver con estar en grupo.

Las mías en cierto modo también, es decir esperaba a un grupo… que sabía que también podía no aparecer. La falta de certeza de quien va a participar y cuando se va a incorporar, junto a los eventuales problemas técnicos derivados de los dispositivos o de la conexión a internet hace que la perspectiva de tenerte que adaptar a las contingencias que surjan sea algo habitual, algo que está muy alineado con los tiempos que corren. Así que de nuevo, mejor tomarlo como oportunidad.

Reajustar la sesión

El que esto ocurra hace que sea costoso arrancar. Diseñar una actividad para un grupo y que solo aparezca un participante supone que tengas que reajustar la sesión. De manera que te focalizas en lo que hay, y decides poner todo tu cuidado, atención y entrega al servicio de lo que tienes delante. Readaptas, y lo que iba a ser para un grupo lo transformas en lo que va a ser para una sola persona. Atemperas, escuchas, estás a  atenta a su sentir, a su historia reciente, primero desde la palabra envuelta en oscuridad (tu tienes abierto el vídeo, el otro no), y paulatinamente propones otras formas de expresión hasta que sonido y gesto se entrelazan y abren el camino a una nueva fase.

El deshielo del otro

Poco a poco comienza el deshielo del otro, y sus pequeños y grandes eventos van tomando forma. Lentamente se relaja hasta que baja muros y abre puertas. Logras establecer un nivel de aproximación e intimidad que en grupo no habría sido posible, y ese adolescente que está al otro lado, sigue avanzando. Hasta que al final, y contigo al lado, convierte en palabras aquello que le gustaría “trabajarse” este año: “dejar la timidez”,  fruto de lo cual da un primer paso que se traduce en algo tan simbólico como conectar el vídeo, empezando a exponerse y a hablar de ello.

Me gusta mucho el grupo y la sinergia que genera, más cuando la vida te coloca ante situaciones como la descrita, recuerdas y agradeces la importancia de los acompañamientos y los procesos individuales.

Conflictos y mucho más

Tras haberme encontrado con los chicos la semana anterior, no sabía muy bien lo que depararía la siguiente sesión. Había insistido en que el grupo era algo de todos/as, y solo tenía sentido mantenerlo si de verdad estaban interesados; y el interés tenía que venir de su participación, de su implicación explícita.

Cuando trasladas tu sentir, y del otro lado recibes asentimiento, solo te queda esperar y ver que ocurre, confiando en que el compromiso del otro sea real y sincero.

De modo que arranqué sin demasiadas expectativas y con mucha calma. Puse una gran atención en mi escucha activa, estuve muy atenta a la actitud, a la forma de hablar, a los silencios, a las gotas de información que se destilaban entre los gestos y las palabras de cada una/o. Con lo que estaban cómodos y con lo que no.

Como venía siendo habitual arrancaron sin activar el vídeo, las resistencias a las pantallas seguían siendo muy altas, pero en esta ocasión no les animé a conectarse. Dejé que cada uno se sintiera a gusto con su forma de “estar”, ya habría otros momentos de incomodidad necesarios. También decidí que no iba a dar mucho margen de espera. Los puntuales son siempre los que “penan” por los que llegan tarde, algo que me parece totalmente injusto y quería evitar que se perpetuara.

Mi caja de Pandora

Tras una pequeña relajación y toma de contacto, abrimos nuestra CAJA DE PANDORA. Os dejamos un resumen de las aportaciones mas relevantes.

1.- El chico que me gusta casi no me hace caso, ¿Qué puedo hacer? 

2.- Me gusta mi prima ¿cómo hago?

3.- Me gusta una persona y no sé como atraerla

— Depende, puede ser por muchas razones… Tienes que saber porqué no te hace caso alguien que te gusta. Puede ser porque le da vergüenza… Si alguien te gusta tienes que intentar hablar con esa persona, acercarte… Si te cuesta mucho directamente puedes hacerlo a través de alguien… Dale un tiempo (¿un semana?) y sigue acercándote.

4.- ¿Qué hago cuando estoy muy triste?

— Escuchar música (algunos prefieren meterse de lleno en la tristeza y escuchar música triste y otros música alegre y “salir” de ella), cantar, bailar, hacer deporte, hablar con los amigos…

5.- Con mi madre discuto casi todos los días. Me siento fatal y no sé que hacer.

— Antes de enfadarte cuenta hasta diez. Espera a estar calmada para hablar con ella. Dile que para ti es importante buscar un momento para hablar con ella y cuéntale como te sientes.

-Este consejo vale para todas las personas con las que una/o se enfada-.

Conflictos

Esta cuestión nos ha permitido entrar en el conflicto y las formas de abordarlo. Os dejo unas cuantas preguntas interesantes para todas/os:

  • Cuando tengo un conflicto. ¿Voy de frente? ¿Lo rehuyo? ¿Cuál fue mi último conflicto? ¿Aún estoy en él? ¿Es importante para mí la persona con la que lo tuve? ¿Qué emociones me generó?
  • Pistas para resolverlo:
    a- Quiero hablar contigo
    b- Me siento triste por lo que ha pasado, quiero arreglarlo
    c- ¿Qué piensas de lo que te digo?
    d- ¿Qué soluciones se te ocurren?
    e- ¿Hemos resuelto o necesitamos ayuda?
Resolviendo conflictos. Plastilina y sartén. Juego simbólico perteneciente al conjunto de piezas realizadas en el taller.

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6.- Si el dinero no da la felicidad ¿porqué en los cuentos, películas o series los protagonistas acaban con una mansión, herencia, empresa…?

— Es todo mentira… El dinero no da la felicidad… Pero necesitas un poco, si no, no puedes ser feliz… Hay mucha gente que no tiene dinero y es muy feliz…

7.-  ¿Cómo puedo tener una mentalidad fuerte?

Esta última pregunta ha generado mucho debate. La dejamos para otra sesión.

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Según avanzábamos, ocurrían pequeños “milagros”, como el hecho de que de manera espontánea  hayan ido activando los vídeos. Cada persona, cada situación requiere un tiempo diferente, por eso los procesos son tan necesarios, para poder: escuchar, proponer, fluir…

Poder interno

Después de nuestra habitual relajación, hemos realizado un viaje sensorial utilizando un ingrediente fácil de localizar en la cocina de cada cual. Así: el cacao, el café, el azúcar, la sal, el harina, el arroz…  han sido  protagonistas de nuestro ejercicio sensitivo a partir de ingredientes naturales. Ello nos ha permitido conectar con nuestro poder interno, nuestro yo más profundo y luminoso.

Mi viaje sensorial

… de todos los materiales orgánicos posibles me centro en uno… estiro la mano, lo alcanzo… lo palpo, (sería deseable continuar con los ojos cerrados, eso me permitirá conectar mejor…) Poco a poco voy sintonizando con mi material… me lo acerco, lo huelo, lo toco, ¿lo puedo incluso saborear?, me lo acerco al oído… ¿Qué despierta en mí? Mi memoria emocional y afectiva se activan… ¿Qué otra cosa podría ser?…  ¿A qué me recuerda?…  ¿A qué otra cosa se parece…? Estoy atenta a su color, a su textura, a sus posibilidades… ¿Qué haría yo con esto aparte de lo que normalmente hago? Juego, lo deslizo entre mis manos… son unos minutos sensitivos con el ingrediente que he elegido. Suave, áspero, rugoso, intenso… ¿qué me dice el material de mí?…

Hemos continuado el viaje hasta realizar una representación en conexión con un elemento natural: animales, vegetales y minerales han estado presentes en la plasmación simbólica, dando paso al siguiente “juego”.

Mostrar lo que somos

Cuando nos preguntan cómo somos, no siempre decimos la verdad. La mayoría de las veces respondemos de manera políticamente correcta, y solo en algunas ocasiones profundizamos. O no nos conocemos suficientemente bien, o nos da pudor decir cosas bonitas de nosotros mismos. A veces incluso nos limitamos a sacar a la luz lo que más nos disgusta, haciéndonos incluso de menos…

Nuestro ejercicio de “Poder interno” ha apelado al subconsciente, ese discreto y sincero compañero que tiene la capacidad de mostrar de verdad lo que somos. Lo que está y a veces ocultamos u olvidamos.

En este caso, sólo nos hemos centrado en lo positivo. Y eso es lo que ha visibilizado parte de nuestra esencia; y es que igual que en los demás somos incapaces de ver lo que no tenemos, también vemos características de nosotros mismos, y por lo tanto lo que de manera subconsciente adjudicamos al otro, también nos lo estamos adjudicando a nosotras mismas.

YO SOY

Lo que tanto me cuesta

Lo que tanto me cuesta… y me preocupa. Lo que me da vergüenza expresar… Lo que prefiero ocultar porque no sé como abordarlo… De lo que no hablo porque no sé ni cómo hacerlo ni con quién… y aún así está ahí, SIGUE AHÍ… 

Todo eso, y lo que hay detrás, lo que veladamente sale en tantas ocasiones, aunque puede que no te des cuenta. Porque somos muy diferentes pero también tenemos muchas similitudes, y nuestras preocupaciones nos humanizan y nos igualan.

Expresar lo que nos inquieta nos alivia

Nuestra naturaleza se desliza entre lo visible y lo invisible, y expresar lo que nos inquieta de algún modo, alivia; y escuchar lo que le pasa al otro (que puede ser muy parecido a lo que me pasa a mí), reduce la tensión, despersonaliza, y permite normalizar, naturaliza y da forma a nuestros desvelos, nos hace tomar perspectiva; y situar adecuadamente la importancia que damos a las cosas, expresar lo que nos preocupa es una poderosa herramienta para encontrar soluciones y empezar a estar mejor.

Por eso hemos partido de nuestra personal caja de Pandora, esa que contiene los “males” de cada uno y cada una, para buscar la manera de localizarlos, canalizarlos y hacerles frente.

Hoy en la sesión hemos realizado nuestro habitual ejercicio de relajación, alejándonos de lo exterior para centrarnos en lo interior. Hemos transitado por el  cuerpo para distender y tomar tierra. Hemos conectado con el mito de Pandora, y plásticamente lo hemos plasmado en una escultura de papel. Después de volcar todo esto en el grupo. Hemos probado una nueva herramienta tecnológica: MI CAJA DE PANDORA, con la que seguiremos trabajando, para desde el anonimato expresar todas esas preocupaciones que nos tienen en vilo.

El mito

Cuenta la leyenda que cuando Prometeo robó el fuego de los dioses para regalarlo a los hombres, Zeus se enfureció, y su forma de castigarlo fue hacer que su hermano, Epimeteo se enamorara de Pandora (a pesar de que Prometeo le había prevenido de no dejarse seducir por ella).

A Pandora los dioses la habían hecho absolutamente encantadora, además de poseer una característica de doble cara: la curiosidad. Pandora llegó con un “regalo” de los dioses, una caja cerrada, que bajo ningún concepto debía abrir. Epimeteo para ayudarla, escondió la caja y confió en su mujer. Pero la curiosidad de su esposa hizo que no dejara de pensar en como hacerse con la caja para tratar de abrirla. Hasta que un día, mientras su esposo dormía, la encontró y la abrió. Al levantar la tapa, una nube gris la envolvió y cayó desvanecida. Las desgracias y males que hasta entonces no habían afectado a los humanos se expandieron por el mundo: la desdicha, la pena, el enfado, el sufrimiento, la carencia, la envidia, la  ira… cuando se dio cuenta de lo que había ocurrido trato de cerrar la caja, logrando tan solo dejar dentro la esperanza, que por eso es lo último que se pierde. 

Lo que me inquieta. Escultura en papel

Encuentro de Brujas Online 2020

Los pasados días 28 y 30 de octubre, gracias al apoyo de la Plataforma de Asociaciones de Mujeres hacia el Empoderamiento y al Instituto de la Mujer, llevamos a cabo el Encuentro de Brujas Online 2020, tras un tiempo fraguándolo, con muchas ganas y unas circunstancias inhabituables que nos situaron en un lugar de reto y oportunidad.

Expresar en los tiempos que corren es complicado, traspasar las barreras personales y físicas mucho más, y no obstante, la emoción se abrió camino.

Empoderamiento online

La distancia geográfica se acortó merced a la presencia, la palabra, la actitud y la energía de un grupo de pioneras en el empoderamiento online que desde casa y desde los Centros de la Mujer de: Noblejas, Ocaña, Santa Cruz de la Zarza y Corral de Almaguer, se zambulleron en el Taller de Promoción por la Igualdad de Género que desarrollamos: Carolina Barreira (Pedagoga teatral) y yo misma, Helena Morán (mitoART).

Dos horas cada día para conectar con los sentidos, viajar a través de las pantallas, bucear en nuestro subconsciente y hacer visible el poder, la magia y la belleza de lo femenino… Un espacio de reflexión, participación, memoria y emoción, en línea con la idea de una sociedad más justa e igualitaria, de la que sentirnos parte activa y precursora de cambios.

Ovillo de mujeres 

(*) Una pequeña parte

puede ser un todo.

Un mismo camino

se puede dividir en tantos.

Así como en una hoja

tantos pequeños caminos

convergen en uno solo

Y vive…

La ternura

pueden ser

palitos,

maderitas,

ramitas

y mi nieto.

El mundo se mueve

por energías.

A veces lo olvidamos.

Entonces,

puedo ser una joya,

una escultura,

somos seres creativos.

Tierra

tierra

tierra, ternura.

Ovillo de lana,

lentejas

lentejas!

Lentejas en mano de mujer.

Mis padres, agricultura.

Mi juventud, el campo.

Mi manos,

plantando vida

o acunando el fruto de la tierra

para volverla creativa.

Nos comunicamos

Presente, futuro, pasado…

Recuerdos en medio de la tranquilidad

¡Teníamos tantas ansias de jugar, tantas!

que aún persisten en nosotros.

La vida redonda

con infinitas posibilidades.

El hilo de las posibilidades,

el hilo de las cosas.

Lana fina

Hilo de lana

mi abuela.

La lana des-ovilla recuerdos

Y así llegan nuestros hijos

con sus cajas de colores

apilados,

ordenados

listos para re-iniciar la vida.

Esta…la mía, la nuestra

Mujeres.

(*) Texto organizado por Carolina Barreira a partir de frases, emociones y sentires expresados por las mujeres participantes del Encuentro de Brujas Online.

Primer día de intervención del Taller
Segundo día de intervención del Taller
Experiencia plástica

 

Siempre estamos eligiendo

Nuestra última sesión de arteterapia, aparecieron seis de los ocho jóvenes que conforman el grupo estable. Eso supuso: elegir estar o no estar, decidir conectar tu vídeo y hacerte visible o no. Ausentarte brevemente y volver, activar finalmente tu vídeo, pero solo mostrar las paredes desnudas de tu cuarto… Micro elecciones que forman parte del extenso universo que día a día se nos plantea.

Creo que siempre estamos eligiendo, hasta cuando creemos que no. Hasta cuando no somos conscientes, porque postergamos la elección, porque procastinamos, porque no queremos o no sabemos qué elegir. Todas esas veces en las que no acabamos de saber decir: “esto sí y esto no” y eludimos nuestras elecciones…

Elegir dejar de hacer algo

Y resulta que eso, también es elegir. El no hacer nada es elegir dejar de hacer algo. A mí me parece que esa “elección”, cuando es por dejadez, es muy triste, porque se plantea ante situaciones en las que no eres tú el que contribuyes de forma activa a que te pase lo que quieres que te pase, si no que delegas en el destino… y pierdes oportunidades de hacerte cargo, de madurar, de equivocarte y también de aprender de los errores, de tus errores.

¿Quién enseña a elegir?

Y ocurre continuamente con los chicos y chicas de: trece, catorce, quince años, que están deseando hacerse mayores, tomar sus propias decisiones, ser libres y autónomos… Mientras los adultos queremos que sean responsables. Y en paralelo: ¿quién enseña a elegir? ¿a elegir con consciencia? ¿a sopesar pros y contras? ¿a valorar lo que pierdes y lo que ganas? ¿a hacerte cargo de lo que pasa y de lo que deja de ocurrir?

Hoy nos han venido a la mente mil situaciones que no elegimos; desde no poder salir a la calle, usar mascarilla, estudiar online… Es verdad, y es duro, pero  nos queda el elegir como hacemos lo que es preciso que hagamos, elegir como nos lo tomamos, elegir nuestra actitud, eso sí que depende de nosotros, y es una oportunidad para entrenarnos en  cómo queremos que sean las cosas.



Con qué conectamos

Percibo como el grupo demanda de manera explícita el retorno a las sesiones presenciales, donde la corporeidad estaba implícita, y formaba tanto parte de nuestro cotidiano que nunca se nos ocurrió que pudiera faltarnos, ni que esa ausencia generara tanto sentimiento de pérdida.

Necesidad de pertenencia

Creo que algunas chicas continuan en el grupo por su necesidad de pertenencia, y por la esperanza de retornar a lo conocido, de volver “a lo de antes”, a un espacio de confort. Me hago cargo y soy otra vez consciente. Sobrepaso la queja fácil y maximalista del “Qué bien estábamos entonces”, y me centro en lo que hay ahora y lo que puede haber.

Tras los dispositivos hemos sustituido la cercanía corporal por una presencia que reclama una gran atención concentrada. Con buenas dosis de dedicación e interactividad.

La oculta presencia

Al otro lado, arrancamos con varias de las pantallas vacías, espacios neutros. Pequeños rectángulos que aparecen, desaparecen y vuelven, tras los que se parapetan sus propietarios, ventanas cerradas.

Primero percibo la oculta presencia de ese otro que no quiere mostrarse, quien desconecta el vídeo y/o el audio, dejando en ocasiones que la conexión solo sea por chat o por wats.

Poco a poco algunas presencias toman forma, atraviesan ese oscuro muro conectando el vídeo, al principio tímidamente y de soslayo; mostrando el techo, la pared… espacios estáticos, sin vida y que no obstante, aportan información y forman parte de ese tramo del camino entre mostrarse y no mostrarse.

Con qué conectamos

Paso a paso conectamos con la palabra, los sonidos, los silencios, con la propuesta plástica que se desliza y toma forma. Hay participantes más proactivos, otros tratan de escabullirse de modo más o menos airoso. Al otro lado escucho, paciento, invito. La plástica se expone y compartimos. No todas, ni al mismo tiempo. Los tiempos y modos de cada una son tan diferentes…

Confío y percibo como algo va quedando, cómo hay algo que atrapa, y entonces, una voz se abre paso, una voz que necesita ser escuchada, y se hace confidente, se vuelca y se expresa, y esa voz enlaza con otra... Las historias toman cuerpo, y al identificarse, las penas y los miedos se diluyen. Al otro lado, tú sabes, adivinas, y confirmas que todo es parte, y que por eso fueron necesarios: los vacíos, los gestos, las palabras y los trazos.