Prestar atención

Una de las características comunes a la mayoría de los adolescentes con los que trato es su dispersión. Nos guste o no, es una realidad el hecho de que les cuesta prestar atención. Resulta una proeza que se concentren y mantengan la atención ante casi cualquier cosa, incluso si el asunto les interesa. Cuando algo no les interesa se pierden desde el principio; y cuando les interesa, divagan, se despistan, vuelven al punto inicial, y pierden cosas por el camino.

Modos de enfocar nuestra atención

Atención global: consiste en una visión de conjunto. Te separas mentalmente de la escena y buscas información. Es como si miraras desde arriba con atención plena y curiosidad, como si estuvieses en la cúspide de una montaña. Miras en derredor y ves cosas que antes no veías. Es la visión que los aztecas llamaban del condor.

Atención bifocal: es cuando vemos de cerca y de lejos apreciando lo positivo y lo negativo.  Apreciamos el siguiente paso, y si el camino está despejado vemos un poquito más. Es la visión que los antiguos pueblos indígenas identificaban con el puma.

Atención enfocada: es la que se caracteriza por descubrir cada detalle. Tenemos todos nuestros sentidos atentos y concentrados en lo inmediato, es una visión de proximidad que detecta hasta lo más diminuto. Esta sería la visión de la serpiente.

Atención plena

Para observar algo con nitidez hemos de enfocar nuestra mirada. Nuestro ángulo es mayor de lo que podemos abarcar, y la visión nítida precisa del movimiento casi continuo de nuestros ojos. Por eso es preciso practicar, entrenando la atención conseguiremos centrarnos.

Para ello, dirige tu curiosidad hacia donde estés interesado, o donde en ese momento sea preciso que estés atento. Si eres observador, solo mirando a los ojos detectaras mucho de lo que hay tras los demás. Se trata de ejercitar la atención plena. Estar en el presente dejando a un lado el pasado, sin escapar hacia el futuro

Hoy en la sesión hemos abordado la importancia de prestar atención, de centrarse en el aquí y ahora, enfocando la energía en lo que tenemos delante y aislando el ruido que nos distrae. Nos hemos apoyado en la relajación, la respiración consciente, los juegos de palabras, el trabajo corporal, y el zentangle, en algunos lugares conocido como arte meditativo; una manera de dibujar consistente en crear dibujos con la inspiración de formas abstractas.

Aprender a conocernos

Llevamos años queriendo vincular de manera estable y regular a progenitores en el proceso arteterapeútico y de crecimiento personal de los adolescentes que conforman el grupo. Años teniendo en cuenta circunstancias, necesidades, horarios, cargas y situaciones… y poniendo los medios para hacerlo fácil y viable.

Hace un par de semanas logramos aunar disponibilidad y proponer una fecha para agrupar: madres, padres, familiares, junto con los adolescentes participantes del taller. Persona a persona, logramos determinar un día y un horario para comprometer el encuentro en una sesión on line. Aquello estaba resultando alentador e ilusionante.

Mamás y papás

Finalmente llegó el día, y… dos horas antes empezaron a aparecer mamás excusándose. La mayoría con más que comprensibles razones, algunas realmente desoladas, otras sencillamente ausentes. Si, por la razón que sea, las mamás no están presentes, es muy pero que muy difícil la vinculación y presencia de los papás. La realidad es que cuando los papás están disponibles el único modo de llegar a ellos es a través de ellas, de manera que si no están unas no están otros.

Y es que al lado de esto, que es una minúscula gota en el océano, están las circunstancias de cada familia, las prioridades de cada momento, las urgencias, las situaciones marcadas mayoritariamente por las imposiciones profesionales de última hora, los compromisos familiares -muchas veces imprevisibles-, y la demandante realidad de los hogares con niños pequeños y sin ayuda.

Una sesión para familias

Me entristece que una sesión preparada con mimo y cariño, pensada para familias, no cuente con los adultos; pero bien es cierto que hay ocasiones en que las cosas son como son y lo único que nos queda es adaptarnos a lo que hay, aceptarlo, y continuar. Y si seguimos creyendo en lo que hacemos -lo que es el caso-, volver a intentarlo, poniendo toda la energía e implementando lo aprendido ante cada nueva ocasión.

Tener alternativas

Queridas mamis, deciros que desde aquí me hago cargo de la enormidad de tareas y compromisos, frente a la limitación de cada día, frente a las situaciones que nos sorprenden y nos descuadran, y ante las que tenemos que reposicionarnos. Así que gracias por ser y estar, por continuar en ese otro lado, por la confianza y la apuesta. Desde mi lugar, la experiencia me ha enseñado a prever, a tener siempre una alternativa y a seguir bregando ante la incertidumbre.

Autoconocimiento

Uno de los modos que tengo de visualizar todo esto es un enorme «mapa» para aprender a conocernos. Un mapa que nos permita saber quienes somos, dónde estamos; que nos ayude a detectar nuestras limitaciones, determinar a qué podemos comprometernos… en definitiva a conocernos mejor.

Por eso hoy, en nuestro taller, hemos abordado el autoconocimiento; desde la relajación, el movimiento corporal, el juego y la representación plástica. Gracias a quienes lo habéis hecho posible. Namasté

Lo que me nutre

Arrancar el curso con varios talleres muy próximos en el tiempo, con distinto perfil de usuarios (edades, características, intereses, trayectorias…), y percibir que la inspiración que los conduce es la misma, es algo propio de mí y que enlaza con mi sentir, mi mirada, mi coherencia, y mi forma de trasladar mi energía vital a los grupos y a las personas a las que acompaño en sus procesos de desarrollo personal. Y es algo que, además de proporcionar herramientas a los demás para su propio alimento, personalmente me nutre y me hace crecer y evolucionar.

Lo que me sirve para vivir

Nutrir, alimentar, sustentar, mantener, sostener, fortalecer, robustecer, vigorizar, reforzar… son sinónimos o expresiones de lo que me sirve para vivir -que no sobrevivir-, lo que me acompaña, lo que busco para motivarme y estar de nuevo estimulada/o para continuar mi recorrido. Lo que también podría tomarse por… ¿momentos de felicidad?

Verbos todos para describir la necesidad que nos impulsa a mirar dentro y a observar fuera; a tomar lo que creo que necesito; probarlo, testarlo, entrenarlo, instaurarlo y hacerlo propio. Porque cuando: canto, bailo, comparto, río, escribo, escucho música, cocino, abrazo, amo, nado, beso… pongo en movimiento un conjunto de sutiles mecanismos que partiendo de mi cuerpo, colocan a mi cerebro en un lugar de crecimiento y expansión alimentando mi mente y mi espíritu.

Cambiar lo que no nos va bien

Para modificar ciertas formas de funcionar que no nos hacen bien, ciertos parámetros establecidos fruto de la educación, la repetición y/o las creencias, solo hay que detenerse, observar lo que nos estorba y apartarlo, y centrarnos en lo que nos hace bien y entrenarlo. Es tan sencillo como arrancar con pequeños gestos cotidianos a nuestro alcance que transformen nuestra perspectiva, nos estimulen, nos hagan sonreír, y nos permitan mirarnos con generosidad y benevolencia.

La respiración consciente, la atención al cuerpo, la presencia plena, el movimiento corporal, la inspiración en otros, la palabra y la experiencia plástica de lo individual a lo grupal han sido  nuestras dinámicas creativas. Gracias a todos los que las habéis hecho posible.

 

Inteligencia y coraje

El miedo está, estuvo y estará siempre -desde aquí lo abordamos en más de una ocasión-. Es una emoción primaria que nos ayuda a ponernos en alerta cuando un peligro nos acecha. Tan simple como eso. De manera que el mantra mas que habitual de «no tengas miedo» no me parece ni realista, ni adecuado, pero en fin, también depende del contexto.

¿Dónde sientes el miedo?

Pienso que mas que evitar al miedo, se trata de colocarlo en su lugar y utilizarlo para nuestro beneficio. Si como buen miedo responde a su función de ponernos en alerta, en primer lugar habrá que detectarlo. Ahí es muy interesante averiguar qué parte de tu cuerpo «siente el miedo» (en cierto modo lo estarás somatizando) ¿te  duele la parte baja del vientre?  ¿tienes un nudo en la garganta? ¿sientes presión en el pecho? Escuchar y comprender las señales para poder hacer algo al respecto.

Qué hacer

Esto es, detenerte, y decidir si:

a) Pones distancia porque ves que no puedes con él.

b) Te quedas «congelado» y sostienes la situación.

c) Te enfrentas, encaras al miedo.

Creo que en los tres casos hay una combinación de inteligencia y coraje que antiguamente permitía sobrevivir, y hoy nos puede hacer vivir cada vez con más sabiduría y plenitud.

Simulación y realidad

Hoy, con este horizonte de fondo, hemos utilizado diferentes simulaciones de realidad virtual de situaciones en las que es muy habitual sentir miedo, para poderlo percibir, ubicar y averiguar cómo suelo responder. Después, eso lo hemos trasladado a situaciones cotidianas en las que sentimos miedo, detectando como es el abordaje de cada uno. Finalmente mediante el dibujo analógico (rotulador y vileda), y digital (App. Tilt Brush de R.V.) hemos expresado como salir del miedo incorporando inteligencia y coraje.

En paralelo ha sido especialmente enriquecedor el ejercicio de acompañamiento y cuidado del otro, un tejido de dinámicas relacionales y de interacción entre todos los componentes del grupo.

 

Micro-acoso

Entre los contextos más habituales entre los que actualmente se aborda el acoso, está el escolar y el sexual, este último especialmente el que se detenta contra la mujer. Y aunque posiblemente sean los más perpetrados, y desde luego los más visibles -sobre ellos se coloca la lupa de campañas mediáticas, noticias, publicidad-, no son los únicos. El acoso puede filtrarse, y de hecho se «cuela», en una gran cantidad de parcelas de lo cotidiano, a veces imperceptibles.

Me preocupan especialmente todas esas formas de acoso, yo las llamaría micro-acoso, deslizándose en el día a día, normalizadas por el hecho de estar demasiado presentes, que resultan apenas visibles para el que las sufre, pasan desapercibidas para el entorno, y hacen lentamente estragos en el sujeto objeto del mismo.

Más allá de los enfrentamientos o peleas puntuales, de la visibilidad de los actos violentos a base de insultos, agresiones físicas y verbales… Todas esas veces que eres menospreciado, insultado, vejado, apartado, y eso se mantiene en el tiempo, estás siendo acosado. Hoy hemos puesto atención en todo esto, especialmente en los micro-acosos y como posicionarnos ante ellos.

Causas y señales

Las causas mas comunes de acoso se basan en la intolerancia a la diferencia: tener una orientación sexual distinta a la mayoría, el color de la piel, mostrarte aparentemente más débil o vulnerable, llevar gafas demasiado gruesas, ser super tímido, tener sobrepeso, aparentar ser más pequeño de la edad que tienes… Vivimos en una sociedad que sigue rechazando las diferencias más marcadas de lo «normal», pagándose en muchas ocasiones un precio muy alto por ellas, y algunas veces esto también ocurre en el mismo hogar.

Si observas en ese adolescente que te importa: cambios de hábitos, retrasos reincidentes, alejamiento, ensimismamiento, pérdida de apetito, cambios de comportamiento, lloros… Trata de aproximarte, comunicarte con él y averiguar QUÉ le pasa.

Cómo ayudar

Escucha, averigua, contrasta… apoya y refuerza.

Es importante que los jóvenes conozcan dónde, cómo ó cuándo se pueden dar más fácilmente  situaciones de acoso, pero también que detecten otras situaciones menos evidentes.

Cómo adulto, crea un espacio adecuado para que se abra y exprese su sentir y evita hacer sugerencias apresuradas sobre cómo debería actuar.

Proporciónale herramientas de autoestima y empoderamiento, si su cabeza está bien colocada será más difícil que sufra cualquier tipo de acoso, y si lo sufre podrá reaccionar y actuar en condiciones.

Creatividad en 3D

No recuerdo cuándo fue la primera vez que me topé con un poema-objeto, pero confirmo que cada vez que vislumbro alguno, esbozo una sonrisa. Y cuando me atrapan, me enlazo a ellos y mi máquina de las ideas se desata.

Poemas-objeto

Al principio me remiten al juego, al pensamiento divergente, a la provocación… a la creatividad en 3D. Son el resultado de objetos primarios que merced a lo que construimos a partir de los originales, adquieren nuevo significado, superan la réplica y van más allá de la inspiración.

Cuando un joven empieza a escribir, apenas llega a trasladar reproducciones de lo escuchado o lo leído. Compone historias de historias. En este sentido, Joan Brossa decía: «Les falta vibración y sentido de la aventura». Creo que se refería al hecho de su incipiente recorrido vital, a la necesidad del adolescente de madurar para ser suficientemente original, al menos en el ámbito de la escritura.

Y sin embargo -decía también Brossa- «En un poema visual te juegas constantemente el todo por el todo porque no hay un pasado. No te protege ninguna tradición. Si falla el poeta te hundes estrepitosamente. El código literario tiene detrás de sí un gran cojín; si haces un soneto técnicamente logrado, te salvarás siempre, aunque no tengas nada que decir».

Puente entre artista y espectador

Por eso, esa nueva creación visual renace de lo antiguo con un renovado sentido, con la posibilidad de volverse a transformar cada vez que otra mirada se deposite sobre ella y le atribuya nuevos significados. En un poema visual no hace falta saber de métrica ni de escritura, solo se necesita atención, inspiración, saltarse los límites de lo conocido e ir más allá.

Me gusta especialmente ese baile con el otro, con quien observa y aprecia el poema. El puente entre artista y espectador. Me seduce que el segundo, traspase lo evidente y construya con su mirada y su imaginación un nuevo poema, un nuevo ejercicio creativo.

Creemos!

Y es en torno a todo esto que hemos transitado por la sesión de hoy. Superando lenguajes establecidos que frenan la creatividad que todos tenemos y que con el tiempo va adormeciéndose hasta hacerse invisible.

Creemos (de crear) siempre que tengamos ocasión, con el pensamiento, con la palabra, con el gesto… con lo que tengamos a mano. Juguemos con las posibilidades y demos la vuelta a las cosas. Eso nos hará más imaginativos, más divertidos, más resolutivos. Abrirá la mente a nuevas perspectivas y nos hará crecer.

Colaborar

La adolescencia es una etapa en la que los chicos buscan su sitio, y mientras tanto se apropian del entorno que les rodea. Unas veces a tientas, otras con más o menos seguridad, se desplazan hasta encontrar su lugar y posicionarse. Mientras, discuten, retan y enfrentan al adulto. Se mueven lentamente o con atropello, dando pasos irregulares hacia su autodescubrimiento y su autoafirmación, desvelando la propia identidad capa a capa y conformando personalidad.

Todo lo cual propicia mucho de individualidad, y de aislamiento. En parte natural y necesario, en parte también necesitado de otro tipo de entrenamientos y habilidades como el hecho de aprender a colaborar, a hacer cosas en grupo, a descubrir la importancia y el valor de los otros. Practicando habilidades como la escucha, el diálogo, el respeto y la empatía.

Ser social

No todos los jóvenes, ni todas las personas tienen una facilidad innata para interactuar, estar bien con el otro y apreciar su valor. Si bien de partida se habla del ser humano como ser social, la sociabilidad es una característica que no viene «de fábrica», y sin embargo, al ser mayoritaria y por lo tanto considerarse «normal», es preciso tener en cuenta y cultivarla para formar parte del grupo, desarrollar el sentido de pertenencia, y poder sentirse «dentro».

Viaje interior

Hoy, con ese horizonte, hemos partido de una dinámica grupal que ponía el foco en lo individual y evolucionaba hacía lo colectivo. Hemos arrancado conformando un círculo perfecto, sin obstáculos, en torno al vacío. Con los ojos cerrados y la consigna de dejarse llevar, de escuchar el propio cuerpo atendiendo las indicaciones externas. Un recorrido que partía de lo tangible y que se adentraba en el interior, tejiendo piel y emoción. Esta experiencia convertida en viaje resulta cada vez más intensa, más valiosa y más necesaria.

De lo individual a lo plural

Después, hemos extendido nuestro papel continuo, y preparado pinturas al agua. Explicando la dinámica colaborativa. Tras marcar los límites, la invitación era de intervenir desde la individualidad de cada uno para más tarde dar espacio a la intervención del otro.

Luego había un cruce de caminos. No se podía invadir, solo construir/ continuar/ co-crear con lo ajeno. Había ciertas trabas para experimentar la incomodidad, cómo la experiencia de pintar con la mano izquierda (si eras diestro), o con la derecha (si eras zurdo); de ahí hemos pasado a un momento más amable merced a la elección del modo más confortable para cada uno.

Los resultados de estas intervenciones son siempre muy variados, dependiendo del grupo, de su interacción, de su estar. Tras recorrer el camino, hemos observado en silencio, dejando paso a la expresión de resonancias propias y ajenas. Nuestro gran pergamino ha recogido trozos de privacidad que sumados han conformado una historia, una extraña leyenda fruto de  momentos muy particulares y tránsitos diferentes.

Obsesionarse

-> Cuando un día te das cuenta de que empiezas a pensar en algo y no paras.

-> Cuando sigues dándole vueltas y más vueltas, sin llegar a ningún lado.

-> Cuando además de pensar, haces algo una y otra vez, tanto que te impide centrarte en lo que deberías.

-> Cuando lo que piensas o lo que haces te aparta continuamente de lo que te proponías pensar o hacer… y se transforma en algo muy intenso, o muy repetido, tanto que te impide seguir tu vida con normalidad. Entonces, tienes un problema llamado «obsesión», y hay que tratarla.

El término obsesión procede del latín (asedio), y se refiere a la presencia recurrente de emociones y pensamientos que nos generan diferentes niveles de ansiedad y angustia que no podemos quitarnos de la cabeza. La mente las manipula y nos machaca con ellas haciendo de ello un problema. Curiosamente, cuanto más intentamos quitárnoslas de encima más las tenemos presentes.

Del pensar al hacer

Las obsesiones más problemáticas son aquellas seguidas de compulsiones, esos actos repetidos de modo excesivo con la intención de calmarnos. Acciones infructuosas y que atentan contra nuestro equilibrio, por ejemplo: ser exageradamente ordenado, estar demasiado preocupado por la imagen corporal, tener continuamente en la cabeza a alguien con quien no hay nada que hacer, pensar que nos podemos enfermar casi con cualquier cosa…

Cuando el pensamiento que genera ansiedad se une a la conducta que desarrollamos para tratar de aplacarlo, tenemos un TOC: Trastorno Obsesivo Compulsivo. Es entonces cuando repetimos de manera continuada una acción que pensamos debería reducir nuestra ansiedad, sin conseguirlo, sumergiéndonos en una ansiedad que va en aumento.

Lo que hay alrededor

En torno a una obsesión puede haber una educación muy exigente, infancia de apegos inseguros, escasa autoestima, baja tolerancia a la frustración, hasta la propia predisposición natural de cada uno…

Muchas veces con la obsesión tratamos de «gestionar aquello que creemos podemos manejar», de ahí la repetición de actitudes y comportamientos que se convierten en desproporcionados y acaban siendo tóxicos.

No solo nos condiciona a nosotros, además, nuestro entorno se ve muy influido por estas situaciones, de ahí que las personas cercanas se vean muy afectadas.

Es habitual que ante el miedo a perder lo que tenemos y a no lograr lo que queremos conseguir, incorporemos una visión catastrófica del mundo y de lo que nos puede ocurrir, es probable que cómo mecanismo de control tratemos de manejar todo aquello ante lo que nos sentimos amenazados, y nos volvamos exageradamente perfeccionistas… sintiendo a pesar de todo que la situación se nos escapa de las manos.

Abordar la obsesión

Para reducirla y manejarla:

  1. Identifícala. Visibilizar lo que nos pasa es un modo de empezar a aislarnos del problema o del pensamiento obsesivo. Hablándolo con alguien tomaremos perspectiva. Escribiéndolo lo enfocaremos de un modo más saludable. Cuando lo externalizamos, el problema o el pensamiento obsesivo toma nueva forma y podemos empezar a aislarlo, y reducirlo hasta hacerlo desaparecer.
  2. Reconócela y admítela. Se trata de ser muy sinceros con nosotros mismos.
  3. Clarifica porqué no quieres seguir con esa obsesión. Toma consciencia.
  4. Enfrenta el miedo, acepta que no podemos controlar todas las cosas.
  5. Aprende a estar en el presente, en el aquí y ahora, pospón la acción compulsiva hasta que se diluya.
  6. Aumenta tu tolerancia a la frustración. Si algo no ocurre cómo queremos «no pasa nada».

En general las  soluciones, más que a nivel cognitivo, empiezan por ser a nivel conductual, aunque la idea esté en el pensamiento se trata de evitar la conducta. Creemos que «darle vueltas a las cosas» es la solución, y no es cierto; De hecho, eso se acaba convirtiendo en el problema. Al principio puedes dialogar con el pensamiento y en vez de negar, posponer la conducta. Cuanto más lejos esté más irás atajando el problema, y aunque en lo inmediato puede que la ansiedad continue, a medio/largo plazo se irá reduciendo hasta desaparecer.

Y además te vendrá bien ejercitar tu parte física, revisar y ordenar tu cotidianeidad, adquirir hábitos saludables.

Plástica y performance. Expresión de la obsesión desde diferentes perspectivas creativas.

Sentir vergüenza

Según la RAE, la vergüenza es esa sensación de «turbación del ánimo, ocasionada por alguna falta cometida, o por alguna acción deshonrosa y humillante, propia o ajena». Rebuscando en sus orígenes, me quedo con: la incomodidad que sentimos ante algo que mostramos -sin querer hacerlo-, que tiene que ver con nosotros, (aquello que se desvela y por alguna razón, -propia o social-, no queremos que se muestre).

Es una emoción de la que se es muy consciente: aumenta el ritmo cardiaco, sube la temperatura corporal, te pone nervioso, te angustia, puede hacerte temblar, bloquearte y hasta quedarte en blanco…

Situar la vergüenza

Seguramente todo el mundo siente o ha sentido vergüenza en algún momento en su vida. Por lo tanto es bastante normal. Entre otras cosas, resulta un indicador social para avisarnos cuando hacemos el ridículo o quedamos en evidencia al hacer algo incorrecto, por lo tanto está muy relacionada con la cultura y las normas sociales. Algo que te puede dar vergüenza aquí no te la dará al otro lado del mundo… Y algo que antes te daba vergüenza ahora no te la da. Desde ese punto de vista es parte de la evolución. Nos ayuda a adaptarnos, nos permite saber lo que está socialmente aceptado o no. Con la vergüenza se prioriza la aceptación del grupo sobre la propia aceptación.

Está directamente relacionada con un malestar con nosotros mismos, a veces provocado por la interiorización de las propias creencias y otras por la influencia de cómo nos ven los demás. Revisar la propia vergüenza para poder superarla, nos permitirá decidir si hay que cambiar nuestro sistema de creencias, y valorar cuanto dependemos de la visión y aceptación del otro.

Es importante separar lo que supone sentirse avergonzado por algo que has hecho (sentir vergüenza), de los casos en los que uno se siente avergonzado por lo que es (avergonzarte de ti).

Tipos de vergüenza

Hay varias maneras de percibir la vergüenza,

Darte vergüenza de algo, darte corte, tener pudor, por ejemplo: hablar delante de mucha gente.
Avergonzarte de lo propio, de algo que hiciste y que tiene que ver con cómo eres tú, con tu esencia, por ejemplo: mentí a mi mejor amigo.
Avergonzarte del algo que hizo otro: “tener vergüenza ajena”, por ejemplo: que tu hermano de 3 años se ponga a llorar y berrear en el super.

Claves para superarla

Evidentemente, depende del tipo de vergüenza que sientas, pero conviene que superes: la que te impida probar cosas que te hagan crecer, o la que atente contra tu esencia; para ello:

  1. Toma consciencia de que todo el mundo tiene o ha tenido vergüenza alguna vez.
  2. Relaja tu ritmo cardiaco, respira profundamente, conecta contigo, con lo que vas a decir o hacer.
  3. Toma distancia. Si vas a hacer algo que te da vergüenza imagina que eso lo está haciendo otra persona. Quita la carga emocional y da objetividad a las cosas. Deja de pensar en lo que piensan los otros y céntrate solo en lo que ocurre.
  4. Reduce tu preocupación por lo que piensan los demás, no puedes gustarle a todo el mundo. Cuanto más lo hagas más fácil será.
  5. Empieza a reírte un poquito de ti mismo, desarrolla un sentido del humor constructivo.
  6. Mejora tu autoestima. Quiérete más. Tienes el mismo valor que los demás, eres valioso.
  7. Revisa tus creencias. Cambia las que no te sirvan.
  8. Rodéate de personas con autoconfianza y sin vergüenza, de ejemplos a seguir.
  9. Deja de plantearte ser perfecto.
  10. Atrévete. Oblígate. No pienses tanto. Ponte retos, ponte objetivos con plazos.

 

Expresión de la vergüenza. Elección de imágenes que conectan con mi sentimiento de vergüenza.

Creación plástica. Salir de la vergüenza. Técnica mixta