Saliendo del laberinto (3)

Una Gymkana colaborativa en línea ha sido la actividad con la que hemos cerrado nuestra trilogía del laberinto (Ver: Hacia el laberinto (1) y Dentro del laberinto (2); Aunque ni que decir tiene, que si te apasiona el universo de indagar en tu interior, nunca podrás dar por finalizado el recorrido; y es que en tu personal laberinto, siempre tendrás la posibilidad de encontrarte ante un ángulo muerto, una solución, una calle sin salida, un lugar de no retorno, un espejismo, y todo lo que vaya ocurriendo mientras tanto, de lo cual tu serás el absoluto protagonista.

El contra-mito

El punto de partida ha sido el contra-mito del mito de Teseo. Desde la antigüedad, la historia clásica del minotauro ha dado cabida a múltiples relatos, sub-relatos e interpretaciones. Frente a todo ello, uno de los escritos que me parecieron más interesantes relativo al héroe y su mundo fue la historia de Julio Cortázar acerca del minotauro renovado.

En esta especie de cuento, el autor da la vuelta al mito, viendo en el minotauro al hombre libre, al poeta… al ser diferente al que la sociedad y/o el sistema ha encerrado en un laberinto. Al final, el minotauro resulta que es un ser inocente que convive con los que consideramos sus “rehenes” (para el minotauro no es así), quienes danzan, juegan y son felices en el interior del recinto. El laberinto y todo lo que implica, encierra un enigma complejo de resolver, exportable a una gran cantidad de situaciones de la vida, de nuestra vida.

Gymkana colaborativa

Y así, “dando la vuelta” a lo conocido, hemos pasado por distintas “pruebas” donde la emoción, la habilidad y la conexión se han entrelazado.

Además, para “tomar tierra” hemos partido de diferentes estímulos audiovisuales; identificando preguntas necesitadas de nuestra propia mirada y de la ajena, imprescindibles para conocernos un poquito más. Naturalmente, no todos los interrogantes han tenido respuesta inmediata, parte de ellos aguardaran en la memoria para activarse cuando los acontecimientos cotidianos les den cabida.

¿Qué valor le dais a la curiosidad? ¿Cuanto de curios@ te consideras?

 ¿Qué característica aportarías a un equipo?

¿Es justo el castigo?
¿Qué opináis de los castigos?
¿Os funcionan los castigos?

¿Creéis que la esperanza es un motor?
¿Cuáles son vuestras esperanzas?

¿Cómo te relacionas con la culpa?
¿Cómo la vives?
¿Cómo te afecta?

                    Imagina que pasa el tiempo; un día, mirando tu pasado te das cuenta que fuiste otra persona, y ahora, ese otro ser no te gusta ¿Hasta qué punto eso ya no te importa, porque lo realmente significativo es lo que eres EN ESTE MOMENTO y lo que hagas AHORA?

Cronos, el valor del tiempo

Hace unas semanas, en una de las sesiones, una de las chicas del grupo comentó: “me gustaría que alguna vez habláramos de como organizar mejor el tiempo y como no estresarme porque no hago todo lo que quiero hacer…”

Tiempo circular, tiempo lineal

El concepto de tiempo y del tránsito de la vida es algo consustancial al ser humano. Me fascina como pueblos tan lejanos como los mayas y los aztecas, tenían una concepción circular del tiempo, manejándose dentro de lo conocido como tiempo cíclico, lo que fue la primera noción de tiempo desarrollada en la historia de la humanidad.

Y es que todas estas culturas antiguas imaginaron el tiempo en función de leyes naturales, de las estaciones y el clima, de las épocas de grandes lluvias y sequías, de los diferentes fenómenos atmosféricos; Lo cual entiendo, les facilitaba la organización de todo lo que ellos tenían que prever en base al paso de su tiempo: rituales y ceremonias de todo tipo y actos significativos de la comunidad.

Frente a ello, nuestra concepción occidental del tiempo lineal me resulta pobre y limitada. Nos movemos en un tiempo que tiene un único sentido y se compone de acontecimientos contiguos que no pueden restablecerse.

Cronos

De ahí a Cronos dios del “tiempo humano”, fuerza voraz y destructiva, quien se hizo con el poder del cosmos devorando a sus hijos. Una inmensa alegoría de cómo el tiempo todo lo engulle. Y es que: actividad, rapidez y acumulación no solo de objetos sino de acciones, conforman un modo de entender la vida “moderna” que hace que se equipare el valor del tiempo con el valor del oro, como si el tiempo fuera intercambiable… Y no, el tiempo es mucho más, el tiempo es vida con todo lo que la vida conlleva; por eso, cómo llenemos nuestra vida hará que nuestra experiencia vital sea más o menos valiosa. De ahí que frente a la burda acumulación de actividad, sea más importante hacer lo que se tenga que hacer a conciencia, hacerlo bien, con presencia plena y equilibrio armónico.

Nuestra sesión

Hoy, desde la consciencia depositada en el juego de y con las manos con todas las posibilidades que ello ofrece, hemos transitado por el cuerpo y aterrizado en la mente. Desgranando lo que hacemos en nuestra cotidianidad y cómo nos organizamos para hacerlo.

De menos a más; dando pautas para estructurarnos mejor, para saber discriminar, para pensar en grande y hacer en pequeño, visualizando pequeños logros y objetivos, articulando mecanismos de recuerdo y de arbitraje para ayudarnos a lograr lo que mas nos cuesta.

Lo que tanto me cuesta

Lo que tanto me cuesta… y me preocupa. Lo que me da vergüenza expresar… Lo que prefiero ocultar porque no sé como abordarlo… De lo que no hablo porque no sé ni cómo hacerlo ni con quién… y aún así está ahí, SIGUE AHÍ… 

Todo eso, y lo que hay detrás, lo que veladamente sale en tantas ocasiones, aunque puede que no te des cuenta. Porque somos muy diferentes pero también tenemos muchas similitudes, y nuestras preocupaciones nos humanizan y nos igualan.

Expresar lo que nos inquieta nos alivia

Nuestra naturaleza se desliza entre lo visible y lo invisible, y expresar lo que nos inquieta de algún modo, alivia; y escuchar lo que le pasa al otro (que puede ser muy parecido a lo que me pasa a mí), reduce la tensión, despersonaliza, y permite normalizar, naturaliza y da forma a nuestros desvelos, nos hace tomar perspectiva; y situar adecuadamente la importancia que damos a las cosas, expresar lo que nos preocupa es una poderosa herramienta para encontrar soluciones y empezar a estar mejor.

Por eso hemos partido de nuestra personal caja de Pandora, esa que contiene los “males” de cada uno y cada una, para buscar la manera de localizarlos, canalizarlos y hacerles frente.

Hoy en la sesión hemos realizado nuestro habitual ejercicio de relajación, alejándonos de lo exterior para centrarnos en lo interior. Hemos transitado por el  cuerpo para distender y tomar tierra. Hemos conectado con el mito de Pandora, y plásticamente lo hemos plasmado en una escultura de papel. Después de volcar todo esto en el grupo. Hemos probado una nueva herramienta tecnológica: MI CAJA DE PANDORA, con la que seguiremos trabajando, para desde el anonimato expresar todas esas preocupaciones que nos tienen en vilo.

El mito

Cuenta la leyenda que cuando Prometeo robó el fuego de los dioses para regalarlo a los hombres, Zeus se enfureció, y su forma de castigarlo fue hacer que su hermano, Epimeteo se enamorara de Pandora (a pesar de que Prometeo le había prevenido de no dejarse seducir por ella).

A Pandora los dioses la habían hecho absolutamente encantadora, además de poseer una característica de doble cara: la curiosidad. Pandora llegó con un “regalo” de los dioses, una caja cerrada, que bajo ningún concepto debía abrir. Epimeteo para ayudarla, escondió la caja y confió en su mujer. Pero la curiosidad de su esposa hizo que no dejara de pensar en como hacerse con la caja para tratar de abrirla. Hasta que un día, mientras su esposo dormía, la encontró y la abrió. Al levantar la tapa, una nube gris la envolvió y cayó desvanecida. Las desgracias y males que hasta entonces no habían afectado a los humanos se expandieron por el mundo: la desdicha, la pena, el enfado, el sufrimiento, la carencia, la envidia, la  ira… cuando se dio cuenta de lo que había ocurrido trato de cerrar la caja, logrando tan solo dejar dentro la esperanza, que por eso es lo último que se pierde. 

Lo que me inquieta. Escultura en papel

El mito de Hércules

En algunas interpretaciones, los doce trabajos de Hércules representan las doce etapas que el hombre y la mujer han de superar en el camino hacia la verdad. Doce pruebas para dejar de ser víctima de los deseos, y alcanzar la liberación.

En ocasiones, también hay una correlación entre estos trabajos y los signos del zodiaco.

Doce historias en la que los animales son los protagonistas junto a Hércules, un personaje muy habitual en las referencias cotidianas a la mitología, pero cuya historia apenas es conocida, aquí la tenéis.

Sombra y oscuridad

Leyendo La princesa manca volví a conectar con la idea que maneja G. Martin Garzo, de enfrentar a l@s niñ@s con su parte oscura, algo que me parece esencial y lamentablemente poco frecuente. Me enerva este continuo cotidiano (tan presente en las Redes), evitando la realidad menos bonita, y revistiéndola de una aparente felicidad que al final desvela el engaño.

Zonas de sombra

Además de lo dulce y lo suave, el centro de todos los cuentos maravillosos ha de albergar el horror, la vida y la muerte; la idea de lo que somos, y por supuesto, tener un final feliz. Y es que nuestr@s hij@s  también viven entre zonas de sombra, de horrores infantiles y adolescentes, que han de experimentar y superar. Ocultarlo no lo diluye, retrasa su aparición y agudiza el problema.

Miedo y amor, variables eternas

Chesterton decía “Los cuentos de hadas son la verdadera literatura realista… el que quiera saber lo que hay en el corazón de un niño, lo descubrirá abriendo uno de estos cuentos narrados desde hace años.”

Los relatos de Andersen, Grimm, Perrault… son universales, atemporales y no tienen edad; recogen el cosmos de chic@s y chic@s, reflejan sus miedos, su anhelo de amor, su temor a ser abandonados… MIEDO y AMOR, son dos variables eternas. Emociones y sentimientos primarios, que tienen su origen en la niñez y se alargan a la adolescencia llegando en no pocas ocasiones a la vida adulta.

La expresión de estas necesidades fundamentales a través de estas historias, permite conectar con el desasosiego y la propia realidad. Narraciones maravillosas planteando problemas, mostrando dificultades y modos de solución, para que el/la receptor se haga cargo y venza la situación planteada, “regresando” con un nivel de conciencia y superación mayor.

Los bestiarios

En las dos últimas sesiones nos hemos inspirado en los bestiarios y libros de criaturas fantásticas para, sumergirnos en estas profundas zonas de sombra. Hemos imaginado monstruos, los hemos invocado, y los hemos construido.

Hemos hablado de nuestras particulares oscuridades, de lo que nos hacen sentir, y de cómo nos enfrentamos a ellas. Hemos creado y compartido nuestra propia historia y escuchado las ajenas. El dibujo y el collage han dado forma y color a la fantasía, profundizando en el significado de lo que para cada un@representaba, averiguando rasgos de personalidad, sentimientos, deseos y preferencias.

 

Sentir el miedo y ser valiente

Todo lo que tiene que ver con la emoción del miedo supone un gran capítulo en nuestras vidas. Tenemos miedos y vamos a seguir teniéndolos, forman parte de nuestra naturaleza humana. El miedo nos permite ser cautos y cuidadosos, nos impulsa al reto, nos hace evolucionar; pero cuando se convierte en algo demasiado grande, que nos inmoviliza y nos sobrepasa, algo a lo que no sabemos enfrentarnos, llega a ser un problema.

Sentir miedo y ser valiente

Y es cuando tenemos ese problema que toca actuar. Quizás el primer paso sea aceptar la naturaleza del miedo. Y a continuación, identificarlo y seccionarlo para poder abordarlo desde lo más pequeño, e ir aprovechando la satisfacción de superarlo para enfrentar miedos mayores.

Uno de los aprendizajes que más me ha aportado radica en el hecho de detectar el miedo ante algo y aún así lanzarte “a ello”. Como ejemplo, el miedo a conducir (cuando es extremo se conoce como amaxofobia), y no obstante coger el coche cuando es necesario. Eso demuestra tu valor, por lo tanto puedes sentir miedo y ser valiente.

Miedos pequeñitos y grandes miedos

Hoy utilizamos el poder evocador del mito del laberinto y la simbología de los miedos presentes en la historia. A partir de ahí hemos identificado “miedos pequeñitos”: el examen de mañana, el hablar en público delante de mis compañeros… –hemos dejado a un lado las fobias-; y hemos localizado “grandes miedos”: el que no me acepten mis amigos, el que en casa no me quieran.

Ha sido divertido y estratégicamente efectivo el uso del garabato de Winnicott, y las narrativas surrealistas que se han producido. Finalmente nos hemos centrado en cómo abordar esas sensaciones que nos genera la emoción de miedo, dando pautas para superar los estados a los que nos somete, impulsando nuestro lado mas valeroso.

 

 

Plástica confianza

La confianza es uno de los elementos más importantes en la construcción de la persona, es la base de nuestras relaciones personales, profesionales y sociales. Por eso es tan importante tenerla, tan difícil conseguirla y tan fácil perderla.

La confianza social

La confianza social parte de la percepción que tenemos de que la mayoría de las personas tienen buenas intenciones, son respetuosas y honestas, algo que me trae a la mente a J. J Rousseau: “el hombre es bueno por naturaleza” (es la sociedad la que le corrompe), frente a la afirmación de Hobbes: “el hombre es un lobo para el hombre”.

Lugares difíciles de sostener

Entre ambos, todo un mundo de matices y posibilidades, de personas confiables o no, y de circunstancias que nos impulsan a remar en uno u otro sentido (confiar o desconfiar), condicionados: por lo que puede o no ocurrir, por desconocimiento, por el miedo al conflicto, por la dificultad en abordarlo, por ignorancia, por la diferente visión y proporción de las cosas, por experiencias pasadas… Elementos que hacen fluctuar nuestra credibilidad y que nos sitúan en incómodos y a veces lugares difíciles de sostener.

Confiar en nosotros mismos y en los demás

La vida está llena de retos e incertidumbres ¿Qué podemos hacer si todo resulta demasiado inseguro? Lo primero, confiar en nosotros mismos, en nuestra fortaleza y poder de adaptación, en nuestra capacidad de responder a los desafíos. A continuación, confiar en los demás.

Sabiendo que todos somos imperfectos, que podemos fallar igual que nos pueden fallar. Siendo realistas con nuestras expectativas. Comprendiendo. Dándonos y dando nuevas oportunidades. Perdonando. Aceptando y volviendo a intentarlo. Todo un aprendizaje en el que el ensayo/error están a la orden del día.

Hoy hemos hemos recurrido al mito de Orfeo y Eurídice y la necesidad de confiar. Y hemos expuesto diferentes situaciones en las que los modos de confiar han tomado forma mediante plastilina de colores, ilustrando las relaciones que tejemos con nuestro entorno.

Cuando somos envidiad@s

Hoy nos planteamos la otra cara de la envidia, la experiencia desde el otro lado, cuando nosotros somos el sujeto envidiado, cómo nos sentimos y qué podemos hacer para superarlo.

Nos hemos apoyado en el referente mitológico de Proscruto, vencido por Teseo en su largo viaje.

El síndrome de Proscruto

Proscruto, también llamado Damastes (avasallador o controlador), es el mito que da nombre al Síndrome de Proscruto, aquel que sufre el que “corta la cabeza o los pies de quien sobresale”. Traducido a lo cotidiano se refiere a las personas que atacan, medran, y/o castigan a quien destaca.

¿Alguna vez has sentido que por el hecho de destacar en algo te han ignorado?

¿te han hecho la vida imposible para que te alinies sí o sí con el resto?

¿has sentido el rechazo frontal por ser diferente?

Las maneras de manifestarse son múltiples, desde el modo más velado al más evidente. Ejerciéndose también de modo consciente o inconsciente.

Cuando el Proscruto de turno es consciente, teme conocer a las personas exitosas o “mejores” que él, y si se da el caso se incomoda y desconfía. Centra sus energías en limitar las ideas y capacidades del otro. Y puede llegar a cambiar su planteamiento original si eso deslegitima al otro, buscando la cooperación del resto para desbancar al que destaca.

Cuando es inconsciente, se molesta cuando otra persona tiene razón y él no. Está convencido de que es empático, pero no lo es. Y cuando habla “de cooperación” es con la intención de ser escuchado, no de escuchar.

¿Cómo abordar la envidia cuando se ejerce sobre nosotros?

a) Reconocerla, es normal, en este caso se trata de identificar el sentimiento de inferioridad del otro.

b) Averiguar si la persona nos importa, si es así perdonarle, si no apartarle para evitar su ataque.

c) Si la persona nos importa, o tenemos que bregar con ella sí o sí, habrá que ser un gran estratega, haciéndole partícipe de nuestro éxito, y sobre todo trasladarle nuestros problemas y dificultades.

Ejercicio simbólico para abordar la envidia, a partir de la expresión con cristales y telas.

Navidad y espiritualidad

Hoy las chicas estaban muy excitadas: vacaciones, navidad, regalos… Les pregunto: ¿qué harán estos días? ¿cómo los vivirán? (trato de evitar el ¿qué esperan?, porque la mayor parte de las veces remite a tangibles demasiado mundanos).

En mi caso, casi cualquier ritual me conecta con cierto modo de espiritualidad -supongo que esa predisposición, en cierto modo, lo facilita-; pero me doy cuenta que la forma de vivirlo de cada uno es totalmente diferente, aunque haya modos más homogéneas, y situaciones que te arrastran de tal manera que es imposible evitarlas.

Si nos remontamos al origen de estas celebraciones, nos encontramos el festejo del solsticio de invierno. Un tiempo que en otras épocas se recorría como un periodo de descenso, de recogimiento para asimilar lo vivido a lo largo del año, y enfocar nuevos ciclos; un tiempo que en ocasiones también reunía a la tribu para su celebración. Incluso si la naturaleza y los animales siguen “hibernando” y descansando del ruido del resto del año, nosotros lo hemos convertido cada vez más en algo totalmente distinto, y en la mayor parte de los casos ausente de misticismo.

¿Por qué?

¿Tiene que ver con la crisis de las religiones?

¿Porque asociamos espiritualidad a religión?

¿Es siempre así? 

Había pueblos que creían que el gran dios nació el día más corto del año, 21 de diciembre,  y que los días se alargaban a medida que el dios se hacía mayor. También se creía que el astro rey murió ese día, para volver a otro ciclo. Una gran cantidad de culturas en sus rituales astrológicos se refieren al sol: Apolo y Helios (Roma y Grecia), Mitra (Persia), Huitzilopochtli (Tenochtitlán).

La Navidad (del latín: “nacimiento”) es una de las fiestas más importantes del cristianismo, y aunque no todos los nacidos en países cristianos son practicantes, además de los ateos y agnósticos, es muy difícil eludir el ambiente que se genera estos días y que forma parte más de lo social y cultural que de lo propiamente religioso.

Con eso y con todo, hoy en el taller hemos hecho un ejercicio de toma de consciencia de ese repliegue sobre un@ mism@, entiendo que necesario y propiciador de una conexión del alma con los que nos rodean y con el universo.

Autorreconocimiento y abrazo

Construcción personal

Enlazando con el trabajo realizado en base al autoconcepto, seguimos indagando en el autorreconocimiento tomando nota de la percepción ajena y la propia. Pasamos de las zonas de luz a las zonas de sombra. Lo que más nos gusta de nosotras mismas y lo que menos, lo que aceptamos y lo que decidimos empezar a cambiar. En esta ocasión el Mito de Narciso es un excelente hilo conductor que nos acompaña con todas sus connotaciones.

El mito de Narciso y Eco

De esta historia extraemos la figura protectora de la madre que trata de confundir al destino manteniendo al hijo al margen del entorno (error). El joven (Narciso) que se ama a sí mismo viendo exclusivamente sus partes de luz y que tan solo recoge las percepciones positivas de los demás respecto a su persona, (de ahí el concepto de Narcisismo). La ceguera del entorno que perdona la arrogancia del muchacho ante su belleza (atención a los halagos excesivos). El protagonista (Narciso) se quiere pero no se conoce realmente (alta autoestima y bajo autoconcepto), se estanca en sí mismo volviéndose cruel (arrincona a la vulnerable Eco), y se vuelve dependiente de los halagos de los demás.

El collage y el dibujo son la base para elaborar nuestro Cuaderno de luz y sombra, donde van tomando forma mis zonas oscuras y mis pequeños objetivos.

Al final, rescatamos la interpretación de que el amor solo florece en ámbitos en los que prevalece la entrega consciente de todas las partes. Y es que si no nos valoramos como auténticas personas no podremos confiar en el amor de los demás y tampoco ofrecerles el nuestro. Es preciso que sentirnos especiales y queridos en relación a quiénes realmente somos, no en base a fantasías idealizadas.