El mito de Hércules

En algunas interpretaciones, los doce trabajos de Hércules representan las doce etapas que el hombre y la mujer han de superar en el camino hacia la verdad. Doce pruebas para dejar de ser víctima de los deseos, y alcanzar la liberación.

En ocasiones, también hay una correlación entre estos trabajos y los signos del zodiaco.

Doce historias en la que los animales son los protagonistas junto a Hércules, un personaje muy habitual en las referencias cotidianas a la mitología, pero cuya historia apenas es conocida, aquí la tenéis.

Sombra y oscuridad

Leyendo La princesa manca volví a conectar con la idea que maneja G. Martin Garzo, de enfrentar a l@s niñ@s con su parte oscura, algo que me parece esencial y lamentablemente poco frecuente. Me enerva este continuo cotidiano (tan presente en las Redes), evitando la realidad menos bonita, y revistiéndola de una aparente felicidad que al final desvela el engaño.

Zonas de sombra

Además de lo dulce y lo suave, el centro de todos los cuentos maravillosos ha de albergar el horror, la vida y la muerte; la idea de lo que somos, y por supuesto, tener un final feliz. Y es que nuestr@s hij@s  también viven entre zonas de sombra, de horrores infantiles y adolescentes, que han de experimentar y superar. Ocultarlo no lo diluye, retrasa su aparición y agudiza el problema.

Miedo y amor, variables eternas

Chesterton decía “Los cuentos de hadas son la verdadera literatura realista… el que quiera saber lo que hay en el corazón de un niño, lo descubrirá abriendo uno de estos cuentos narrados desde hace años.”

Los relatos de Andersen, Grimm, Perrault… son universales, atemporales y no tienen edad; recogen el cosmos de chic@s y chic@s, reflejan sus miedos, su anhelo de amor, su temor a ser abandonados… MIEDO y AMOR, son dos variables eternas. Emociones y sentimientos primarios, que tienen su origen en la niñez y se alargan a la adolescencia llegando en no pocas ocasiones a la vida adulta.

La expresión de estas necesidades fundamentales a través de estas historias, permite conectar con el desasosiego y la propia realidad. Narraciones maravillosas planteando problemas, mostrando dificultades y modos de solución, para que el/la receptor se haga cargo y venza la situación planteada, “regresando” con un nivel de conciencia y superación mayor.

Los bestiarios

En las dos últimas sesiones nos hemos inspirado en los bestiarios y libros de criaturas fantásticas para, sumergirnos en estas profundas zonas de sombra. Hemos imaginado monstruos, los hemos invocado, y los hemos construido.

Hemos hablado de nuestras particulares oscuridades, de lo que nos hacen sentir, y de cómo nos enfrentamos a ellas. Hemos creado y compartido nuestra propia historia y escuchado las ajenas. El dibujo y el collage han dado forma y color a la fantasía, profundizando en el significado de lo que para cada un@representaba, averiguando rasgos de personalidad, sentimientos, deseos y preferencias.

 

Sentir el miedo y ser valiente

Todo lo que tiene que ver con la emoción del miedo supone un gran capítulo en nuestras vidas. Tenemos miedos y vamos a seguir teniéndolos, forman parte de nuestra naturaleza humana. El miedo nos permite ser cautos y cuidadosos, nos impulsa al reto, nos hace evolucionar; pero cuando se convierte en algo demasiado grande, que nos inmoviliza y nos sobrepasa, algo a lo que no sabemos enfrentarnos, llega a ser un problema.

Sentir miedo y ser valiente

Y es cuando tenemos ese problema que toca actuar. Quizás el primer paso sea aceptar la naturaleza del miedo. Y a continuación, identificarlo y seccionarlo para poder abordarlo desde lo más pequeño, e ir aprovechando la satisfacción de superarlo para enfrentar miedos mayores.

Uno de los aprendizajes que más me ha aportado radica en el hecho de detectar el miedo ante algo y aún así lanzarte “a ello”. Como ejemplo, el miedo a conducir (cuando es extremo se conoce como amaxofobia), y no obstante coger el coche cuando es necesario. Eso demuestra tu valor, por lo tanto puedes sentir miedo y ser valiente.

Miedos pequeñitos y grandes miedos

Hoy utilizamos el poder evocador del mito del laberinto y la simbología de los miedos presentes en la historia. A partir de ahí hemos identificado “miedos pequeñitos”: el examen de mañana, el hablar en público delante de mis compañeros… –hemos dejado a un lado las fobias-; y hemos localizado “grandes miedos”: el que no me acepten mis amigos, el que en casa no me quieran.

Ha sido divertido y estratégicamente efectivo el uso del garabato de Winnicott, y las narrativas surrealistas que se han producido. Finalmente nos hemos centrado en cómo abordar esas sensaciones que nos genera la emoción de miedo, dando pautas para superar los estados a los que nos somete, impulsando nuestro lado mas valeroso.

 

 

Plástica confianza

La confianza es uno de los elementos más importantes en la construcción de la persona, es la base de nuestras relaciones personales, profesionales y sociales. Por eso es tan importante tenerla, tan difícil conseguirla y tan fácil perderla.

La confianza social

La confianza social parte de la percepción que tenemos de que la mayoría de las personas tienen buenas intenciones, son respetuosas y honestas, algo que me trae a la mente a J. J Rousseau: “el hombre es bueno por naturaleza” (es la sociedad la que le corrompe), frente a la afirmación de Hobbes: “el hombre es un lobo para el hombre”.

Lugares difíciles de sostener

Entre ambos, todo un mundo de matices y posibilidades, de personas confiables o no, y de circunstancias que nos impulsan a remar en uno u otro sentido (confiar o desconfiar), condicionados: por lo que puede o no ocurrir, por desconocimiento, por el miedo al conflicto, por la dificultad en abordarlo, por ignorancia, por la diferente visión y proporción de las cosas, por experiencias pasadas… Elementos que hacen fluctuar nuestra credibilidad y que nos sitúan en incómodos y a veces lugares difíciles de sostener.

Confiar en nosotros mismos y en los demás

La vida está llena de retos e incertidumbres ¿Qué podemos hacer si todo resulta demasiado inseguro? Lo primero, confiar en nosotros mismos, en nuestra fortaleza y poder de adaptación, en nuestra capacidad de responder a los desafíos. A continuación, confiar en los demás.

Sabiendo que todos somos imperfectos, que podemos fallar igual que nos pueden fallar. Siendo realistas con nuestras expectativas. Comprendiendo. Dándonos y dando nuevas oportunidades. Perdonando. Aceptando y volviendo a intentarlo. Todo un aprendizaje en el que el ensayo/error están a la orden del día.

Hoy hemos hemos recurrido al mito de Orfeo y Eurídice y la necesidad de confiar. Y hemos expuesto diferentes situaciones en las que los modos de confiar han tomado forma mediante plastilina de colores, ilustrando las relaciones que tejemos con nuestro entorno.

Cuando somos envidiad@s

Hoy nos planteamos la otra cara de la envidia, la experiencia desde el otro lado, cuando nosotros somos el sujeto envidiado, cómo nos sentimos y qué podemos hacer para superarlo.

Nos hemos apoyado en el referente mitológico de Proscruto, vencido por Teseo en su largo viaje.

El síndrome de Proscruto

Proscruto, también llamado Damastes (avasallador o controlador), es el mito que da nombre al Síndrome de Proscruto, aquel que sufre el que “corta la cabeza o los pies de quien sobresale”. Traducido a lo cotidiano se refiere a las personas que atacan, medran, y/o castigan a quien destaca.

¿Alguna vez has sentido que por el hecho de destacar en algo te han ignorado?

¿te han hecho la vida imposible para que te alinies sí o sí con el resto?

¿has sentido el rechazo frontal por ser diferente?

Las maneras de manifestarse son múltiples, desde el modo más velado al más evidente. Ejerciéndose también de modo consciente o inconsciente.

Cuando el Proscruto de turno es consciente, teme conocer a las personas exitosas o “mejores” que él, y si se da el caso se incomoda y desconfía. Centra sus energías en limitar las ideas y capacidades del otro. Y puede llegar a cambiar su planteamiento original si eso deslegitima al otro, buscando la cooperación del resto para desbancar al que destaca.

Cuando es inconsciente, se molesta cuando otra persona tiene razón y él no. Está convencido de que es empático, pero no lo es. Y cuando habla “de cooperación” es con la intención de ser escuchado, no de escuchar.

¿Cómo abordar la envidia cuando se ejerce sobre nosotros?

a) Reconocerla, es normal, en este caso se trata de identificar el sentimiento de inferioridad del otro.

b) Averiguar si la persona nos importa, si es así perdonarle, si no apartarle para evitar su ataque.

c) Si la persona nos importa, o tenemos que bregar con ella sí o sí, habrá que ser un gran estratega, haciéndole partícipe de nuestro éxito, y sobre todo trasladarle nuestros problemas y dificultades.

Ejercicio simbólico para abordar la envidia, a partir de la expresión con cristales y telas.

Navidad y espiritualidad

Hoy las chicas estaban muy excitadas: vacaciones, navidad, regalos… Les pregunto: ¿qué harán estos días? ¿cómo los vivirán? (trato de evitar el ¿qué esperan?, porque la mayor parte de las veces remite a tangibles demasiado mundanos).

En mi caso, casi cualquier ritual me conecta con cierto modo de espiritualidad -supongo que esa predisposición, en cierto modo, lo facilita-; pero me doy cuenta que la forma de vivirlo de cada uno es totalmente diferente, aunque haya modos más homogéneas, y situaciones que te arrastran de tal manera que es imposible evitarlas.

Si nos remontamos al origen de estas celebraciones, nos encontramos el festejo del solsticio de invierno. Un tiempo que en otras épocas se recorría como un periodo de descenso, de recogimiento para asimilar lo vivido a lo largo del año, y enfocar nuevos ciclos; un tiempo que en ocasiones también reunía a la tribu para su celebración. Incluso si la naturaleza y los animales siguen “hibernando” y descansando del ruido del resto del año, nosotros lo hemos convertido cada vez más en algo totalmente distinto, y en la mayor parte de los casos ausente de misticismo.

¿Por qué?

¿Tiene que ver con la crisis de las religiones?

¿Porque asociamos espiritualidad a religión?

¿Es siempre así? 

Había pueblos que creían que el gran dios nació el día más corto del año, 21 de diciembre,  y que los días se alargaban a medida que el dios se hacía mayor. También se creía que el astro rey murió ese día, para volver a otro ciclo. Una gran cantidad de culturas en sus rituales astrológicos se refieren al sol: Apolo y Helios (Roma y Grecia), Mitra (Persia), Huitzilopochtli (Tenochtitlán).

La Navidad (del latín: “nacimiento”) es una de las fiestas más importantes del cristianismo, y aunque no todos los nacidos en países cristianos son practicantes, además de los ateos y agnósticos, es muy difícil eludir el ambiente que se genera estos días y que forma parte más de lo social y cultural que de lo propiamente religioso.

Con eso y con todo, hoy en el taller hemos hecho un ejercicio de toma de consciencia de ese repliegue sobre un@ mism@, entiendo que necesario y propiciador de una conexión del alma con los que nos rodean y con el universo.

Autorreconocimiento y abrazo

Construcción personal

Enlazando con el trabajo realizado en base al autoconcepto, seguimos indagando en el autorreconocimiento tomando nota de la percepción ajena y la propia. Pasamos de las zonas de luz a las zonas de sombra. Lo que más nos gusta de nosotras mismas y lo que menos, lo que aceptamos y lo que decidimos empezar a cambiar. En esta ocasión el Mito de Narciso es un excelente hilo conductor que nos acompaña con todas sus connotaciones.

El mito de Narciso y Eco

De esta historia extraemos la figura protectora de la madre que trata de confundir al destino manteniendo al hijo al margen del entorno (error). El joven (Narciso) que se ama a sí mismo viendo exclusivamente sus partes de luz y que tan solo recoge las percepciones positivas de los demás respecto a su persona, (de ahí el concepto de Narcisismo). La ceguera del entorno que perdona la arrogancia del muchacho ante su belleza (atención a los halagos excesivos). El protagonista (Narciso) se quiere pero no se conoce realmente (alta autoestima y bajo autoconcepto), se estanca en sí mismo volviéndose cruel (arrincona a la vulnerable Eco), y se vuelve dependiente de los halagos de los demás.

El collage y el dibujo son la base para elaborar nuestro Cuaderno de luz y sombra, donde van tomando forma mis zonas oscuras y mis pequeños objetivos.

Al final, rescatamos la interpretación de que el amor solo florece en ámbitos en los que prevalece la entrega consciente de todas las partes. Y es que si no nos valoramos como auténticas personas no podremos confiar en el amor de los demás y tampoco ofrecerles el nuestro. Es preciso que sentirnos especiales y queridos en relación a quiénes realmente somos, no en base a fantasías idealizadas.

El raro absoluto

Cada vez soy mas consciente de la relatividad de las cosas, literalmente. De cómo lo que para mí es muy importante, para ti no lo es; de cómo por mucho que ponga “el acento” en afirmaciones o acciones para mí significativas, pueden no tener absolutamente ninguna trascendencia para tí. Y no valen argumentos ni explicaciones, sencillamente las cosas para cada cual tienen una dimensión y una repercusión muy diferente, y lo único posible es ser consciente de ello y aceptarlo con humildad.

Admitir la mirada del otro y si es posible, incorporarla a la propia para abrir y enriquecer nuestra percepción de lo que la vida nos pone por delante.

En este sentido, los días de convivencia que propicia el verano dan para mucho entrenamiento y aprendizaje. Para atreverse, para dudar, para confiar, para intentarlo, para equivocarse y volver a apostar, para cerrar los ojos y creer a pesar de todo, para ilusionarse con lo aparentemente sencillo, y que resulta increíblemente grandioso. Todo eso y mucho más lo encontré de la mano de la naturaleza.

Por el camino, lo absoluto de algunas poquísimas cosas, como la majestuosidad de la Brèche du Roland, algo difícilmente transferible con palabras.

Según cuenta una leyenda, Roland, sobrino de Carlomagno, al acabar la batalla de Roncesvalles, cansado de tanta lucha, golpeó con fuerza la roca para destruir su espada, el resultado fue este espectacular “corte” de 40 m. de ancho y 100 m. de altura, en el corazón de los altos Pirineos franceses, a 2.804 m.

La familia construida

Una de las leyendas del árbol de Wanamey explica los orígenes de los humanos: Al parecer, los primeros pueblos fueron hijos del día y de la noche. Cuando tras la oscuridad se hizo la luz y el sol iluminó la tierra, apareció la humanidad y con ella surgieron los animales antiguos. 

Durante muchos años vivieron inocentes en paz y armonía. Cuando el hombre comenzó a desarrollarse se inició desorden. Los animales dejaron de convivir, y se entró en un periodo de desequilibrio.

Para que los humanos se salvaran del desastre eligieron a una pareja pura, de cuya unión nació un bebé, y de su interior surgió el árbol de la vida.

La historia es más larga y compleja, aclarando muchos conceptos desde el pensamiento mítico. Lo que a nosotros nos interesaba era tomar el mito como inspiración; y a partir de ahí, trasladar en forma de árbol, la gran familia que se ha ido construyendo a partir del vínculo creado entre los participantes del taller y que ha extendido sus ramas fuera del mismo.

La inspiración plástica de múltiples árboles de la vida da forma a una sencilla representación, que recoge el tejido de interrelaciones generadas de manera espontánea, y que evoluciona con la atribución de roles y características.

El árbol que surge es un producto invertido, nace en la copa, multiplica sus ramas con bifurcaciones y relaciones generando frutos muy personales.

Una metáfora de la familia construida por estos chicos y chicas, en la que cada participante tiene un papel concreto y significativo: la madre, las hijas, los padres, los y las hermanos… Una representación reflejo de un deseo compartido y la necesidad de vinculación afectiva más allá de lo biológico.