Dentro del laberinto (2)

El laberíntico mundo en el que nos sumergimos la sesión anterior (Hacia el laberinto (1), dejó al grupo con ganas de más. Como un rompecabezas inacabado, la cantidad de “puertas” abiertas hicieron más explícitas las incógnitas y aumentaron el deseo de seguir indagando en los propios resquicios y en los ajenos.

En esta ocasión, la visita a la exposición de Guillermo Pérez Villalta (El arte como laberinto), fue providencial. Como no era posible llevar a los chicos a ver la muestra, organicé una visita virtual a partir de la cual desgranamos nuestra sesión.

En paralelo a la afirmación del artista de que el arte no da respuestas consoladoras sino que hace preguntas activas, el grupo se ha puesto en marcha, dando cabida a la exploración del  laberinto personal, esta vez entrelazado con el de los demás.

Los obstáculos

Partiendo de una estructura inicial laberíntica hemos ido trazando rutas, tropezando con obstáculos que nos han hecho pararnos y reflexionar. Entre ellos: las preocupaciones, posiblemente entre las más generalizadas la centrada en el yo; De nuevo la eterna pregunta acerca de: ¿cómo me veo?, ¿cómo seré realmente?. Junto a lo que imagino y supongolos cambios que tengo que hacer porque de algún modo “me obligan” a hacerlos aunque no quiera hacerlos… y no obstante finalmente cambio algo y… pasan cosas. Luego, cuando me acostumbro, algunas me gustan. 

También hemos tropezado con la incomodidad, y con cómo salir de nuestra zona de confort, avanzando por esos lugares a los que llegamos muchas veces sin querer, en los que nos sentimos inseguros. Recordando los pasos que damos y que muchas veces no daríamos si no nos “empujaran” a ello -en ocasiones impulsados por la vida, por mis padres…- y de cualquier modo, avanzando.

Y sí, “adolescencia” se escribe en primera persona. Es ese momento en el que de alguna manera “uno se siente el centro del mundo”, incluso si ello puede convivir con sentirse pequeño/a; por eso hay quien se oculta. De ahí que dar voz y presencia a chicos y chicas: escuchar, impulsar, esperar, dejar que se equivoquen, sugerir, marcar límites, y dar espacios, es tan importante. Hacerlo jugando es otra manera.

Ver también:  Saliendo del laberinto (3)

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