El pulso del online

Cada cierto tiempo me gusta mantener una conversación con cada participante para conectar desde lo más personal. Algo que en este caso supuso además una toma de temperatura de la actividad; valorando encuadre, temáticas, dinámicas, metodologías y la propia implicación.

El pulso de una actividad online ante la cual hay una continúa demanda explícita de los participantes de volver a lo presencial es delicado de tomar. Creo que este resumen de las conclusiones puede orientar a otros profesionales en el acompañamiento de adolescentes en estos tiempos atípicos.

Las dificultades

A los chicos les cuesta estar ante las pantallas, les incomoda sentirse expuestos. Les resulta mucho más fácil chatear que mantener una conversación telefónica. Por otro lado, para lograrlo es preciso ser cuidadosa y perseverante.

Además, en casa, en muchos casos, hay problemas de cobertura, caídas de conexión, los dispositivos se estropean o no están disponibles, y hay más interrupciones de las deseadas; a lo que se suma la falta de cuerpo, piel, y la lejanía de la mirada.

Este modo de comunicación les hace ser menos activos y menos comprometidos. Pero siguen acudiendo al online porque es lo que hay, algo que yo desde luego agradezco.

Lo positivo

Yo me hago muchas preguntas y siento la necesidad de trasladárselas a ellos y conocer su perspectiva. También constato que cuando inquieres, cuidas y propicias el encuentro, y tu interlocutor percibe tu escucha, obtienes respuestas.

En lo relativo a las dinámicas, a los adolescentes del grupo les gustan: las relajaciones y visualizaciones, los estímulos audiovisuales, los juegos de preguntas, los debates, y de vez en cuando, hacer alguna actividad plástica. Añoran escuchar más historias míticas y fantásticas, y quieren divertirse.

En cuanto a las temáticas que querrían abordar, la mayoría coinciden en: imagen física y social, “cosas ” relacionadas con el arte, “cosas” relacionadas con la naturaleza y los animales, algo de información sobre empleo (como hacer un cv, mantener una entrevista…). También hay cierto interés sobre: Internet y redes sociales, medioambiente y contaminación, alimentación saludable, y temas relacionados con drogas, consumo y adicciones.

Es significativa la desigual relación establecida con mitoART, (y por ende con la Institución: Casa San Cristobal, Fundación montemadrid); es decir, a cada uno la propuesta le aporta algo (confianza, seguridad, habilidades sociales…), pero en general no saben muy bien lo que ellos aportan a la misma.  Esto me recuerda una constante entre los adolescentes por el hecho de pedir/esperar mucho, de la escuela, el sistema, los demás… pero raramente preguntarse qué es lo que ellos aportan.

La actividad grupal les pone en contacto con los otros, con sus iguales, y eso reduce la sensación de aislamiento y soledad. Y por supuesto, siguen reclamando salir y hacer cosas diferentes. Hasta entonces y mientras tanto, yo rescato la posibilidad de evolucionar en un terreno abrupto y la esperanza de parajes más amables y fáciles de transitar.

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