Emociones contenidas

Esta semana propiciamos el encuentro físico. Quería facilitar material para las sesiones; pero sobre todo, sentía la necesidad de acercarme a los chicos, de percibir cómo estaban. Escuchar en la distancia corta, utilizar la mirada directa, sentir la energía de la presencia corporal, me parecían una buena manera.

Fue algo nuevo y extraño, medidas de seguridad y prevención, distancia física, emociones variadas y contenidas, con poco tiempo para desgranarlas. Al irme,  fui rememorando como había sido cada instante con cada participante. Uno de ellos me habló de su dificultad en transmitir a otra persona su sentir, eso me hizo reflexionar sobre la importancia en seguir trabajando la expresión de las emociones.

Inteligencia emocional

La inteligencia emocional abarca la totalidad nuestro cerebro. Las emociones lo impregnan TODO. Durante años no se les dio importancia, de ahí que no se estudiaran. Hoy día sabemos que la emoción interfiere con la razón, y la razón influye y cambia la emoción, son inseparables.

Otro elemento importante a tener en cuenta es la plasticidad del cerebro, las experiencias, las emociones, los pensamientos, todo está continuamente modificando las conexiones neuronales. A lo largo de TODO nuestro proceso vital podemos aprender y desaprender, hasta nuestras emociones pueden moldearse, de ahí el concepto de educación emocional con todo el conjunto de procesos para entrenar y mejorar nuestra inteligencia emocional.

Adolescencia y emoción

En la pubertad, más o menos de los 12 a los 15 años, cambia la percepción de las emociones del otro. Es habitual confundir los estados emocionales, e interpretar (por ejemplo), una expresión de preocupación como una de enfado. Lo cual genera una actitud y un comportamiento que puede hacer que el adulto  que está frente al adolescente crea que no tiene empatía.

No siempre es fácil entender las emociones, en ocasiones vienen mezcladas, lo que hace que nos confundamos en su interpretación. A veces exteriorizamos emociones visibles de manera directa: “estoy muy triste”, sin aclarar las emociones que tenemos “por debajo” (también estoy preocupada, ansiosa…).

Es una etapa en la que es más difícil de lo normal interpretar los estados anímicos del otro. De ahí la importancia de aprender a decodificar correctamente las emociones para mejorar la capacidad de conectar y de empatizar con los demás.

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