Entender el miedo

Ni es la primera vez que abordamos el miedo, ni será la última. El miedo es una emoción que nos acompaña desde que nacemos, afecta a nuestra percepción de lo que podemos o no hacer, nos pone en alerta, hace que seamos más precavidos… y también puede llegar a limitarnos en muchos aspectos.

Nuestros miedos van evolucionando; no es lo mismo el miedo en un niño, en un adolescente o en un adulto… y no es lo mismo una situación, un entorno y unas creencias. Con todo, hay un conjunto de elementos comunes sobre cómo se posiciona nuestro cerebro ante el miedo, entenderlo ayudará a gestionarlo mejor.

Repuestas ante amenazas externas

Cuando nos enfrentamos a una amenaza externa, podemos responder de cuatro maneras.

1.- Lo primero que intentamos es establecer una conexión -emocional o  social- para resolverlo. Imagina que estoy en un sitio y alguien me ataca, lo primero que hago es mirar a mi alrededor para ver si la gente que está conmigo me puede ayudar; si no intentaré establecer una conexión con quien me ataca para tratar de evitarlo, hablaré con él, trataré de convencerle de que desista.

2.- Pero si lo que tienes delante es un león, entonces se activa el sistema simpático y entramos en modo de lucha. Casi toda la sangre de nuestro cuerpo irá a los brazos y a las piernas; se detiene el sistema reproductor, el digestivo, el inmunitario, la corteza prefrontal… Desaparece lo que no necesitamos (colaboración, empatía, pensamiento abstracto… ) y nos dispondremos a luchar.

3.- Si mi cerebro evalúa que no tengo probabilidades de ganar la pelea (antes, o durante  la lucha), la huida se activa. Corres lo más rápido que puedas, mientras sigues con el sistema simpático excitado.

4.- Si sigo corriendo sin parar, pero no me ha servido lo anterior y detecto que me van a pillar, me hago el muerto. Mi sistema nervioso se pone en modo ventral y me quedo totalmente congelado. Cuando una gacela se hace la muerta los depredadores no se la comen en el sitio, la agarran por el cuello, la arrastran tras un arbusto, se van a buscar a sus crías o al resto de la manada, y en ese momento escapa.

Respuestas automatizadas

Tenemos estas respuestas automatizadas. Cuando estoy estresado o con ansiedad, cuando grito, me pongo en modo de lucha-huida. Cuando me hundo y me meto en mi guarida (estoy depre y me hago el muerto), se me apaga el metabolismo, se atenúa mi respiración y mi cerebro me envía una señal de: “no te muevas, no hables, no intentes nada” .

Hoy en la sesión cada uno ha identificado sus miedos, los ha encerrado en una cajita y hemos construido un laberinto sobre ellos, metáfora de cómo cada cual los aborda.

 

 

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