Límites

Hablar de límites es algo consustancial a la adolescencia. En esta etapa, los chicos aumentan el cuestionamiento de normas y límites, poniendo en duda el modelo propuesto por progenitores y educadores; Lo que suele suponer un fuerte choque tanto para los adultos implicados, como para los chicos.

La necesidad de normas

Los chicos necesitan normas, saber hasta dónde pueden llegar y hasta dónde no. Saber qué hacer esto o aquello tendrá un resultado, y una consecuencia, y que ellos van a ser los actores  responsables de lo que ocurra; eso les ayudará a reflexionar, a tomar decisiones y a madurar.

Al otro lado, el adulto, padre, madre, educador, pensando dos veces los límites que ponemos, tratando de ayudar, no de entorpecer, de ser claros y precisos con lo que hay que hacer, y con lo que ocurrirá si no se hace. Poniendo límites en asuntos realmente importantes. Pocos, bien definidos, coherentes y con sentido.

El valor de las consecuencias

Es preciso que si se traspasa el límite, la consecuencia se aplique. Algo lógico, proporcional y en relación con la “falta” cometida, (muy diferente a un “castigo”). Algo que refuerce la necesidad y la importancia de no sobrepasar el límite. Por ejemplo: “… hemos visto que utilizar indiscriminadamente el móvil no es bueno para ti… te distrae, no te permite concentrarte, te quita mucho tiempo valioso… Vas a utilizarlo después de hacer tus tareas 30m al día… Y si alguna vez “te pasas”, lo retiramos durante un día… así reflexionas y percibes lo que supone no tenerlo”

Es importante recordar que las pautas se han de establecer desde el amor y el cuidado, y cuándo sea preciso explicando el por qué, evitando el ser impositivos: “Porque lo digo yo, y basta”. Recuerda que tú eres un ejemplo para tu hijo y tu hija, y con tu forma de educar además del contenido de su educación, desde tu forma de hacer les estás dando pautas.

Y si además, poco a poco, logramos incorporar que los chicos participen en las nuevas normas y condiciones a respetar (límites) habremos dado un paso más.

Hoy desde el marco de la pedagogía disruptiva hemos construido un espacio con muchos límites, metáfora del respeto del espacio personal de cada uno. Después lo hemos enlazado con la expresión plástica, dando cabida a: Mis límites, mis límites y yo, los límites del otro.

 

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