Peleas

Todo lo que tiene que ver con la violencia y la agresividad en los seres humanos siempre me ha interesado. No sé si es generalizado, o mi natural sensibilidad me ha hecho y me hace ver ó sentir violencia en multitud de actitudes y comportamientos con los que quizás no todo el mundo sea igual de receptivo. Por otro lado, pienso que entre: Hobbes “El hombre es un lobo para el hombre” y Rousseau “El hombre es bueno por naturaleza, pero la sociedad le corrompe” hay un sinfín de interpretaciones y posibilidades.

Violencia

La violencia en el mundo animal es intencional y consiste en causar daño o imponer una situación. Yo creo que esa es la acepción más precisa; incluso si en el mundo “humano” me consta que no es siempre “conscientemente intencional”. Además, el ser violento también implica: “tener mucha fuerza o intensidad”, “tener un efecto intenso sobre los sentidos”, “algo que se hace bruscamente o con intensidad”, “algo que resulta embarazoso o incómodo”. Siento que en nuestro día a día hay muchas situaciones en las que la violencia está presente, y en ocasiones se acepta y se incorpora como algo “normal”, aún no siéndolo para todo el mundo. Y también me parece que se ha asociado tanto el término a “violencia doméstica”, a “maltrato”, y a todas las cuestiones de género, que puede que cuando se hable de ser violento se asocie a algo mucho más recriminable socialmente que la connotación original del término.

Agresividad

Y luego está la agresividad. El ser agresivo implica provocación o ataque. De todos es conocido los estudios que consideran que aunque los seres humanos tienen una naturaleza agresiva, la sociedad y la cultura la moderan y la minimizan. Y es que en los primeros momentos de la Prehistoria el Hombre necesitaba de esta característica para poder defenderse y buscar alimento. Con el tiempo la agresividad ha dejado de ser necesaria para literalmente sobrevivir, y sin embargo se ha transformado en una herramienta más o menos elaborada para lograr y mantener el poder.

Me parecen muy inteligentes las culturas que conscientes de la existencia de estas características en la base del ser humano, para manejarlas, han utilizado estrategias más o menos sofisticadas con sus reglas y límites, como por ejemplo las artes marciales. Me pregunto que pasaría si mucha de esa violencia o agresividad (más acentuada en unos que en otros), no se canalizara convenientemente.

El respeto al otro

Una de los pilares de la educación es el respeto al otro. En casa, en la escuela, se educa -o se debería educar en ese sentido-; Entonces ¿qué pasa cuando las/os chicas/as te dicen que en su cole ha habido una pelea? ¿Cuándo comparten cómo -en alguna ocasión-, formaron parte en tanto que espectadores, jaleando la riña o incluso siendo parte activa? ¿Cuándo reconocen que eso no se lo confesarían a ningún adulto, y menos a sus progenitores? ¿Qué ocurre con los coles en los que sigue habiendo enfrentamientos que llegan a las manos en los patios? ¿Qué estamos haciendo como adultos y cómo educadores?

Cuándo en una sesión aparece todo esto, rodeado de: enfado, impotencia, rabia, resentimiento… Identificamos y desgranamos esas emociones, nos hacemos conscientes de cada una de ellas, de mi lugar y del lugar del otro, de lo que pasó y cómo lo percibimos en la distancia. Nos servimos del vídeo y la palabra, aportamos diferentes enfoques y perspectivas; y planteamos estrategias y formas de resolver el conflicto desde lugares más saludables que la “pelea”.

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