Perdonar

Una de las necesarias partes de cualquier sesión de mitoart es el “aterrizaje”.  Cambiamos el universo de lo cotidiano por un universo especial, ese de lo intangible, conformado por y cada una de las  personas que acuden a la cita, su momento, su espacio, y todo lo que ocurre durante el tiempo que dura la sesión. Y para eso, para cambiar de “universos” nos servimos de la relajación, ese umbral que anticipa lo que vamos a abordar, que enlaza las vivencias de fuera con lo que pasa aquí dentro.

El anterior encuentro me había generado cierta “disonancia cognitiva”. Hablar en estos tiempos de “peleas” no es lo más habitual, y ni siquiera sé si es políticamente correcto. Y sin embargo, la vida -en paralelo a todos los mensajes de amor y paz que podamos dar y recibir estos días-, sigue su camino con todos sus resquicios y contradicciones.

El poder del perdón

Supongo que precisamente por eso, la última semana, la acción de perdonar estuvo absolutamente presente en mis pensamientos. Y así, indagando de manera más o menos consciente, de modo sincrónico e imagino que como una consecuencia; de los encontronazos y peleas, pasé al perdón. Me resultó inspirador utilizar extractos de “El mayor regalo”, una película-documental que trata sobre el perdón a través de testimonios de quienes lo han dado y quienes lo han recibido. La idea de que el perdón pueda con las situaciones más imperdonables siempre me pareció salvadora.

Pedir perdón y perdonar libera

Me entristece pensar que la mayor conexión que tenemos con el perdón sea a través de la religión, cuando perdonar es un valor universal, cómo mucho espiritual, pero no es patrimonio de ninguna doctrina. Y no, no siento que se nos eduque en el perdón. Me encuentro a menudo con cajas herméticamente cerradas en las que se encierran rencores y cuentas pendientes que no se llegaron a saldar. Y toda esa basura emocional arrastra otro montón de lastre entorpeciendo nuestro camino. Creo que si desde pequeñitos integráramos el perdón como parte sustancial de nuestra existencia, viajaríamos más ligeros. También he descubierto que cualquier momento es bueno para incorporarlo, pedir perdón y perdonar funciona en los dos sentidos y sobre todo libera. Con ello y con todo hay que querer hacerlo, hay que desear pedirlo o concederlo; lo que lo convierte en un acto de voluntad con el que conviene empezar a alinearse lo antes posible.

Hoy para dar forma a todo esto, hemos partido de la mancha. Hemos aplicado la pintura desde el aire. Una metáfora de lo poético que puede ser un acto tan naif como soplar pigmentos, y luego hemos aplicado pincel y conformado siluetas. Lo que a veces hago sin pensar y lo que luego pienso y ordeno… o no. Tomándonos el tiempo para valorar lo que pasó y lo que ahora está pasando.

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