Aceptar al otro, incorporar la diferencia

De manera natural iniciamos con un “círculo” espontáneo. Es curioso cómo la sesión que estaba enfocada en la aceptación del otro y los diferentes modos de  incorporar la diferencia, arranca con la expresión del sentir de varias niñas de religión musulmana y su percepción del Ramadán. A unas semanas de “hacer Ramadan” (cada año la fecha en el que se celebra cambia en función del mes lunar); unas y otras comentan cómo perciben éste periodo de tiempo. La práctica del ayuno diario desde el alba hasta que se pone el sol y su significado, propicia un debate de ideas encontradas.

Falta de espiritualidad y desconexión

Me resulta curioso percibir cómo algo que tiene un sentido religioso apenas conecta con lo espiritual. Una vez más, “tropiezo” con una incómoda sensación de que vivimos un momento falto de espiritualidad, lo que complica la conexión con uno mismo y con el otro. Supongo que en cierto modo, esa es una de las razones por las que hay esa dificultad de “mirar a través del otro” que puede llegar a provocar el rechazo ante la diferencia.

La diferencia como aventura

Pero, y ¿si nos planteamos la diferencia como una aventura, como algo que enriquece, que suma? La percepción de realidad de estas adolescentes tiene que ver con el hecho de que todo va muy deprisa, no tienen apenas límites y les cuesta aceptarlos, fluctúan entre las emociones y se “agarran” a las más energéticas (la alegría desbocada, la rabia…), en parte debido a la edad y en parte creo que a lo condicionadas que están por la rapidez de lo que les rodea y los impactos sobre todo visuales (móviles, ordenadores, televisión…). Todavía tienen dificultades para “bregar” con la tristeza y con la frustración, y eso influye y determina a la hora de “escuchar” al otro.

Sumergirse en nuevas historias y hacerlas propias

Aún así, existen estímulos a los que son más sensibles, como las narrativas que trasladan otras realidades y que, hacen que las chicas sean receptivas a la posibilidad de sumergirse en nuevas historias y hacerlas propias. De modo que, proyectamos vídeos cortos, que propician la apertura desde lo grupal, para mientras y después integrar lo vivido mediante la expresión plástica, lo que luego se vuelve a abordar en grupo con distintas dinámicas, abriendo un recorrido de posibilidades infinitas.

Y es precisamente desde ese lugar, qué hemos articulado la sesión de hoy, en la que la huella plástica ha tenido color y volumen. Los recursos artísticos son instrumentales, pero reinventarlos, hace de ellos una importante motivación para lanzarse a expresar una vez más desde lo nuevo y sorprendente.

Asentando mis compromisos. La paz de la aceptación

A veces entender las cosas te ayuda a aceptarlas, pero no siempre es así. Lo que finalmente te proporciona calma y paz es aceptar, y para ello no siempre es preciso entender, entonces ¿por qué ponemos tan poca energía en aceptar?
La razón parte de que si entendemos algo lo tendremos más fácil para aceptarlo. A parte de que eso no siempre es así, ¿qué pasa cuando no podemos entenderlo? pues que la vía para aceptarlo queda cortada. Por eso, la cuestión es: ¿cómo aceptas cuando no entiendes?

La necesaria apertura

En primer lugar: «asumiendo que entender las cosas no supone aceptarlas»; de modo que desde que sitúas que entender NO SIGNIFICA aceptar, le das menos importancia a entender, descubriendo que el hecho de aceptar es lo que te proporciona paz interior.

Cuando te das cuenta de que tu entendimiento no es tan importante, paulatinamente pones menos energía en entender y más en aceptar. Esto es apertura, lo que requiere menos esfuerzo y energía, y viene a suponer «dejarte llevar por la corriente»; mientras que entender muchas veces es ir contra ella. Cuando llega algo que te disgusta, primero lo niegas, y luego cuando percibes que tienes que «lidiar» con ello, tratas de entenderlo, si finalmente no lo logras, la única opción que te quedará será la aceptación.

El desarrollo del instinto

Con el tiempo desarrollamos el instinto que nos hace saber cuando vamos a llegar a la orilla y cuando no. Si estás en el Amazonas va a ser muy difícil llegar al otro lado, aunque le dediques toda tu vida; porque incluso si llegaras, todo ese tiempo habrías perdido un sinfín de oportunidades.

Luchar es una opción, es la mayoritaria, la que te iguala a los demás y evita que se te excluya, incluso si aceptar será muchas veces visto como rendición, como «pasotismo».

La verdad es relativa

Así que en vez de derribar el muro del otro para acceder a él, mejor esperar o rodearlo.

No hay una única verdad, ni una sola forma de cruzar el río o atravesar el muro, hay múltiples ríos y muros, y donde te sitúas hace que la forma de abordarlo sea diferente. No somos nadie para tan solo utilizando nuestras gafas para ver, explicar los ríos de los demás, porque cada cristal y cada mirada es diferente, tan diferente como lo que hay al otro lado.