Conectar con la naturaleza

La última intervención de la temporada la planteé desde un enfoque orgánico y emocional, de manera que propuse una sesión partiendo de las bondades de conectar con la naturaleza en estos tiempos de semi-encierro, restricciones y circunstancias inhabituales.

Formas de conectar

Estoy convencida de que cuando algo nos es sustancial, si se aleja, lo ponemos en valor, qué es lo mismo que echarlo de menos, y en muchas ocasiones nos activa lo suficiente para impulsarnos en su búsqueda. Seguramente por eso, últimamente me he encontrado con gran cantidad de testimonios en los que la necesidad de conectar con la naturaleza ha sido imperiosa.

Ese deseo puede traducirse de muchas formas en la cotidianidad de cada persona. En nuestro caso, propuse una sesión en la que se podía salir a la calle, a algún espacio cercano al aire libre, a un parque…  con la intención de realizar una parte de la actividad en modo peripatético, es decir, caminando. Una cierta actitud y una buena conexión de móvil hacen de éste, un modo diferente y original de acompañar, escuchar y pensar.

Además, con unos días de antelación, invité al grupo a recopilar materiales orgánicos: piedras, guijarros, ramitas, hojas, tierra, piñas… Con la intención de traer un trocito de naturaleza a casa y a partir de ahí realizar un ejercicio de conexión. Planear la sesión hizo que yo también me diera varios paseos buscando nuevos materiales e imaginando otras posibilidades de expresión.

¿Land Art?

Todo lo cual, inevitablemente me trajo a la cabeza la eterna discusión sobre el Land Art y un puñado de preguntas:

¿Es un arte hecho en ó con la naturaleza?

¿Admite que introduzcamos nuevos objetos o materiales?

¿Qué vale y qué no vale?

Aunque el concepto de Land Art es bastante novedoso (1960 USA); Arte en relación con la naturaleza ha existido desde siempre. Me encantan esas construcciones, o actos performativos  en los que el paisaje y la obra de arte entran en conversación y permiten que nos adentremos en su diálogo.

En nuestro caso, la idea ha sido partir de varios disparadores:

¿Qué es para ti la naturaleza, a qué te ayuda? 

¿A pensar? ¿A relajarte?

¿Te gusta ir sola o en compañía?

¿Qué haces en combinación con la naturaleza? Leer, pasear, correr, tumbarte, nada…

Y a partir de ahí, abrir un espacio de expresión para construir una pieza. Al final las obras propias y ajenas han tejido un tapiz de posibilidades:

 

La importancia de la verdad

Cuando me planteé esta sesión lo hice convencida de la importancia de la verdad; como sinónimo de luz, de justicia, y de “Bien”, en línea con los postulados de “La República” de Platón. Creyendo que de algún modo era un pensamiento mayoritario, alineado con el resto del mundo, y en particular con el grupo de chavales del taller.

Menos suponer

A veces tengo estos pensamientos. Percepciones  generalizadas de que criterios y sentencias que me parecen fundamentales son universales, y no, no son absolutos, son relativos. A veces hago, hacemos suposiciones y si bien es cierto que no podemos testar lo universal; sí podemos tratar de reducir nuestras suposiciones al mínimo, y para ello, al menos en nuestro ámbito más cercano, podemos servirnos de la oportunidad de preguntar y hacer explícitas las cosas. Esto me recuerda uno de los cuatro acuerdos de sabiduría tolteca: Evita las suposiciones.

La importancia de la verdad

En lo que nos ocupa, sinceramente no sé si la verdad es algo tan deseado y tan importante para todo el mundo como postula el “mito de la caverna”. Ni para los adultos, ni para los jóvenes, lo cual me deja bastante confusa ¿quizás se deba a que estas chicas y chicos sean muy diferentes de las y los demás? ¿tal vez resulta que son más parecidos al resto, pero su pensamiento no tiene nada que ver con lo “deseable” al menos desde el punto de vista del pensamiento clásico?

El mito de la caverna

Siguiendo nuestra inspiración filosófica, nos hemos servido de un acercamiento audiovisual al mito de la caverna de Platón y lo hemos desgranado y aplicado a lo cotidiano; como por ejemplo el fenómeno de las fake news, y a las “cortinas de humo” de tantas plataformas de comunicación que desplazan la atención de lo importante (me refiero a la Verdad).

Para el interior de la caverna hemos utilizado dos planos de realidad:
1) Las sombras proyectadas, un plano falso que podemos relacionar con los mitos y la imaginación.
2) Los hombres y objetos que proyectan las sombras: representando el conocimiento falso pero por encima del anterior, es decir, las creencias que tenemos de las cosas y las conjeturas.

En el exterior: la luz, la verdad, el bien, la justicia, y las ideas a las que se llega a través de la razón, del discurso y del análisis.

Algunas preguntas

Os dejamos algunas de las preguntas con las que hemos trabajado, a nosotras nos han ayudado:

¿Alguna vez os ha ocurrido que lo que creíais verdad era falso?
¿Te ha pasado que al plantear la verdad el sentir rechazo?
¿Habéis rechazado verdades y creencias de otros?
¿En qué momento estáis: “atados en la cueva, cegados por el sol, viendo la verdad”?
¿Qué opináis de “las sombras”: la fama, el dinero, la belleza perfecta, la pareja de ensueño… hasta qué punto son reales?
¿Cuestionas lo viejo? ¿Experimentas con lo nuevo?

¿Qué opinas de la suerte?
¿Cómo de humilde eres?

Al final, resulta que el ideal de conocimiento supremo de Platón y de ansias de verdad no es tan generalizado como imaginaba. Me temo que entre otras cosas, las redes con sus carcasas de apariencia y frivolidad dejan poco espacio para poder trasladar las verdades individuales de cada uno.

Collage. Recreación del “mito de la caverna” de Platón

Interrogantes

Creo que una de las características que demuestra que nos mantenemos vivos es la de hacernos preguntas. Muchas veces no se trata de obtener respuestas, sino sencillamente de generar nuevos interrogantes, se trata de pensar, y de ir un poco más allá, supongo que esa es una de las razones por las que me gusta la filosofía.

Adolescentes

Y creo también que hay un momento en el que formular preguntas puede resultar más complicado de lo habitual, y es esa etapa en la que se está en continua evolución, en la que todo va muy rápido, frente a la percepción de los chicos de que a veces todo va más despacio de lo que quisieran.

Una fase en la que el cambio es muy dispar entre unos y otros. Un recorrido que va de la dependencia a la autonomía incluyendo un viaje lleno de subidas, bajadas y altibajos; donde se testan límites, se buscan zonas de confort, y se construye personalidad; algo difícil de gestionar para los adultos.

Clima de confianza

Los jóvenes se hacen preguntas que muchas veces no verbalizan cuándo sienten que no tienen escucha receptiva, o consideran que no cuentan con interlocutores válidos. Otras veces hay demasiadas ausencias. Y esas cuestiones sin resolver en multitud de ámbitos, hace que muchas de estas chicas y chicos se cierren en banda y dejen de formularlas.

En lo que al adulto respecta, no basta con decir “aquí estoy, pregúntame lo que quieras”. Es necesario acudir a ellos, iniciar una y otra vez el diálogo, aunque a veces parezca un monólogo; sin invadir, invitando, compartiendo vivencias y confidencias. Creando un clima de confianza y seguridad, en el que los chavales se sientan escuchados de verdad, donde poder hablar libremente, con respeto y sin juicios. 

Verbalizar

Esa necesidad de hacer que el pensamiento emerja, sumada al momento que estamos viviendo de incertidumbre y aislamiento, ha impulsado la dinámica de hoy, en la que una vez más a través del juego hemos desgranado interrogantes. Aquí os dejamos una pequeña muestra de la variedad de inquietudes entre 13 y 15a.

¿Porqué me veo distinto a los demás?
¿Cómo cambia mi cuerpo, qué me está pasando?
¿En qué medida la personalidad de uno tiene que ver con la de sus padres?
¿Porqué mis primeros recuerdos son tan vagos?
¿Qué es eso de la ideología?
¿Habrá vida fuera de la tierra?
¿Cuánto de importante es el dinero?
¿Porqué los adultos no entienden a los adolescentes?

 

Mon Laforte. Mural

Parejas, problemas, y todo eso del amor…

Una de las últimas veces en que pregunté al grupo por los temas que querían que abordásemos en las sesiones, la respuesta mayoritaria fue literalmente: “Las parejas, los problemas, y todo eso del amor”. Y claro, es natural; Si estos asuntos nos ocupan y nos inquietan con más o menos intensidad a la mayoría de los adultos -por no decir a todos-, ¿cómo no van a interesar a las jóvenes que se están abriendo a la vida, máxime en un momento en el que pareciera que toda la información que consumen es a través de las redes?

Representar

La dinámica central que hoy hemos utilizado ha partido de la dramatización de un texto. Se trataba de un escrito fresco, moderno, con perfiles muy actuales y “normales”; una situación de encuentro en un lugar público común (el metro), abordada desde diferentes perspectivas. El texto lo proponía yo, y  estaba planteado como una base abierta sobre la que improvisar e interactuar.

La dinámica de la lectura de un texto al que se dota de alma permite acortar la distancia que hay a veces entre chavales con más dificultad en hacer emerger la palabra, y que se pone de relieve en la actividad online, un pudor que lleva su tiempo superar.

El personaje de cada cual

Para determinar los papeles hemos utilizado una herramienta que de modo aleatorio invitaba a cada una a elegir su personaje. Este simple hecho ya dice mucho de nosotras y del momento que estamos viviendo. No me resulta extraño encontrarme con chicas que quieren experimentar ser chicos, y a la inversa; sin que eso signifique que están a disgusto con su género, si no más bien una sana curiosidad por mirar y sentir a través del otro. Así nos encontramos con quienes ansían vivenciar las realidades de enfrente, y quienes sencillamente se quedan en lugares de exploración más próximos.

¿Cuántas mujeres y cuántos hombres hay dentro de cada uno, cuánto reconocido y abrazado, cuánto obviado y aislado, cuánta sombra? Meterte en la piel del otro es una herramienta estupenda para mirar en tu interior. Cuanto de esto me resuena, cuanto soy yo, cuanto rechazo… y lo que ocurre con todo ello. Dejarlo reposar, volverlo a enfocar y reelaborarlo.

Verdades obvias

Más tarde, acompañados por la plástica de Mon Laferte, hemos seguido transitando por la temática de la sesión, intercalándolo con verdades obvias, pero no por ello menos importantes y absolutamente necesitadas de atención y entrenamiento.

RECUERDA:

– El otro no tiene porqué adivinar lo que quiero o necesito

– Es primordial comunicarnos, y si me cuesta, practicar y aprender a hacerlo

– Es necesario ser transparente con lo que me gusta del otro y lo que me va bien

Evita convencer al otro de lo que te interesa (muy diferente a: explicar, escuchar, ser asertivo…)

– Es preciso poner límites y respetarlos, los propios y los ajenos

Mon Laforte. Mural
Mon Laferte. Street Art. Mural en Valparaiso.

Estar sola y sentirse sola

Estar solo y sentirse solo, cuan diferente es. Tanto como la distancia entre la soledad buscada y deseada, frente a la soledad obligada y excesiva. Curiosa sensación, estado y necesidad, que especialmente en los últimos tiempos está tan presente, imponiéndose o acompañando.

Creo que todo en exceso genera desequilibrio, y por lo tanto perturbación; de ahí que nuestra salud emocional se vea afectada ante la soledad en exceso y ante la compañía en demasía. La clave: aprender a estar con uno mismo, a disfrutar de lo pequeño y de lo grande, a estar con los demás, a propiciar el aislamiento cuando lo necesitamos, y a encajar los momentos no elegidos de obligada soledad, tratando de crecer con todo ello.

Autoconocerse

Y claro, entender que es bueno saber estar solo, es muy diferente a sentirse cómoda estando sola. En primer lugar requiere mucho autoconocimiento, saber qué es lo que me gusta y lo que no, qué puedo plantearme, qué me cuesta más; cuales son mis límites, cómo me relaciono y como me comunico, qué necesito, cómo es mi ritmo… Escucharme y probar. Y para todo esto es necesario estar sola y contrastar con los demás.

Nacemos solos, morimos solos

El sentimiento de soledad es algo que forma parte de nosotros desde el origen de los tiempos. Nacemos solas, morimos solas y entre medias hay muchas veces que estamos muy a gusto solas, otras en las que desearíamos estar acompañados, y otras tantas en las que estamos rodeados de gente pero nos sentimos solos de solemnidad, creo que esa es la peor forma de soledad, la paradoja de no querer estar solo, aparentemente no estarlo, y aún así sentirse muy solo, o lo que es lo mismo sentirte muy lejos de quienes te rodean. Cuando me pasa eso trato de cambiar de lugar. Prefiero estar sola del todo (estar sola y sentirme sola), a sentirme sola estando “acompañada”.

Pautas para estar mejor

Hoy en la sesión hemos mirado tras mil prismas posibles la circunstancia de estar solo, estar sola y cómo se siente. La realidad de los introvertidos y sus diferentes necesidades, lo que ocurre cuando “me da vergüenza ir al encuentro del otro” y cómo lo podemos abordar. Entre todos hemos desgranado pautas para estar mejor cuando estamos solos y no queremos estarlo:

Dejar de echarme la culpa 

Bailar, correr, saltar, cantar… (segregando endorfinas me sentiré mucho mejor)

Crear (con lo que tenga a mano)

Desplazarme o pensar en un lugar que me haga sentir bien

Pensar en cosas que me hagan sentir bien y hacerlas, descubrir nuevas cosas

Conectar con alguien con quien esté a gusto

Ayudar (a alguien que lo necesite)

Cuando lo que siento no me gusta, recordar que eso pasará (y la próxima vez será menos duro)

Mi sensación de soledad. Lápiz sobre papel.

 

 

Miedos

El miedo es algo natural en el ser humano, es una emoción primaria, incómoda, incluso desagradable, que sentimos al percibir una amenaza. En su justa medida tiene una función, hace que reconsideremos lo que ocurre y/o lo que vamos a hacer. Al otro lado: el miedo extremo, el que provoca ansiedad, el que se convierte incluso en patológico; es al que hay que manejar y mantener a raya.

De manera que la cuestión es asumir que alguna vez todos y todas tenemos miedo, y que mis miedos pueden hasta cierto punto ser útiles porque me hacen tener cautela. Ante a ellos, se trata de valorar lo que está en juego, tener coraje, y actuar.

Hoy, hemos tomado como inspiración a Epicuro quien consideraba que para alcanzar la felicidad había que vencer cuatro miedos fundamentales; Desde ahí y con el estímulo plástico de artistas que transitaron por sus temores, cada participante ha identificado su miedo, plasmándolo, desmontándolo y haciéndole frente.

Mis miedos, collage sobre base de papel

 

Los miedos de la Escuela Epicúrea

Recorrer: el miedo al dolor, a la muerte, a los dioses, al fracaso en la búsqueda del bien (en definitiva, a no ser feliz), nos ha permitido ponerlos en conexión con los propios.

1.- El miedo al dolor forma parte de la naturaleza humana. Como el dolor es algo que tratamos de evitar, nos “protegemos” de él teniéndole miedo. Cuando la causa del dolor surge de la preocupación por satisfacer deseos innecesarios, caemos en una trampa que nos impide ser felices. De ahí surge  el temor a no tener lo considerado valioso por los demás, aunque en esencia no lo sea para nosotros, lo que nos  lleva a la dualidad entre el ser y el tener, y a todo un tema de actualidad; y es que el estar más preocupados por lo que tenemos nos hace que olvidemos ocuparnos de lo que somos.

2.- El miedo a la muerte, a lo desconocido e irreversible, ha sido y es  un miedo muy presente en muchos pueblos desde hace muchísimo tiempo. Y sin embargo otras culturas como las prehispánicas se concedía a la muerte un importante lugar. En ocasiones morir constituía un honor, como los elegidos para los sacrificios humanos, allí, la forma social de enfrentar la muerte no representaba algo a lo que temer. Hoy, al menos en occidente, el miedo a la muerte es tal, que hace que se la obvie a lo largo de toda la vida incluso sabiendo que llegará.

3.- El miedo a los dioses fue algo muy extendido en la antigüedad, que se trasladó a las culturas monoteístas occidentales oculto tras el temor a lo desconocido y “superior”. Junto la destructiva sensación de culpa cuando se les fallaba, heredada por todo el cristianismo, y que aún hoy forma parte de nuestras creencias más arraigadas (no solo religiosas), y es que si hacemos ciertas cosas tememos al castigo divino.

4.- El miedo al fracaso en la búsqueda del bien. Ya que para Epicuro el bien se alcanzaba a través de la felicidad, y la felicidad consistía en ser más, no en tener más, este temor radicaba en tratar de lograr el bien y no conseguirlo, lo que podríamos interpretar como el temor al fracaso en aquello que nos proponemos.

Desmontando miedos

Con todo, la última parte de nuestro recorrido ha transcurrido en torno a cuatro cuestiones, si te las haces podrás empezar a mirar tus miedos de otra manera :

¿De qué tienes miedo?
¿Es posible o probable?
¿Es importante?
¿Pasado un tiempo, será realmente significativo?

 

¿Sirve sufrir para algo?

El dolor es una sensación incómoda y desagradable que padecemos los seres vivos con sistema nervioso central. Es una señal de alerta, que nos avisa de qué algo anda mal. Además es una experiencia subjetiva, no hay dos dolores iguales, medir el dolor es harto complicado, y sobre todo muy relativo.

Sufrimiento

En ocasiones, dolor y sufrimiento van de la mano, muchas veces el segundo es consecuencia del primero, y aunque no son lo mismo, podríamos considerar que el sufrimiento es un dolor prolongado en el tiempo, una sensación fruto del desgaste del sistema nervioso, ocasionado por causas físicas o emocionales y, según el psicoanálisis, siempre es consciente.

El dolor no es una elección, pero no tengo muy claro hasta que punto el sufrimiento lo es, quizás en algunas ocasiones podamos hacer frente al sufrimiento, dejar de alimentarlo y hacer que se vaya diluyendo hasta desaparecer, otras veces puede que no sea así.

Un poco de filosofía

Ambos conceptos: dolor y sufrimiento habían surgido en más de una ocasión en el grupo siendo interpretados de forma muy diferente cada participante. Para situar la sesión, me pareció muy adecuada la visión de la vida de Schopenhauer y su respuesta al sufrimiento humano.

El filósofo alemán apuntaba que nuestro mundo había sido creado por una especie de demonio cuyo objetivo era el sufrimiento de los seres humanos, una especie de gran sádico. Entiendo que era su modo de explicar lo que Schopenhauer consideraba un sufrimiento constante.

Enlazando el interés del pensador por el Budismo, y su consideración de nuestra equivocación en “existir para ser felices” (el no serlo nos genera dolor); hemos llegado a la conclusión de que es complicado saber para qué existimos. Puede que no haya una respuesta genérica, y cada uno tenga que averiguar para qué está aquí.

Incorporar la ilusión

Mientras lo averiguamos y como salida al dolor prolongado, es una muy buena idea la de tratar de reducir nuestros impulsos negativos, estando por encima de nuestros deseos (como hacen los verdaderos sabios); e incorporar la ilusión a nuestra vida (la motivación, las ganas de hacer cosas…). Para ello el pensador proponía el cultivo del arte y la filosofía; pero yo creo que hay muchas más cosas, como alimentar los afectos y hacer cosas por y para los demás.

Con todo ello y la inspiración de grandes artistas que han transitado por sus sensaciones de sufrimiento, el grupo ha expresado su sentir en forma de lugares sosegados y esperanzadores, entiendo que fruto de nuestras dos horas de viaje. Y definitivamente, a la pregunta inicial de: ¿Sirve sufrir para algo? la respuesta ha sido: NO. Si puedes acortar tu dolor hazlo, trata de evitar el sufrimiento innecesario. Sufrir no sirve para nada bueno.

 

Lápiz y acuarela

Cronos, el valor del tiempo

Hace unas semanas, en una de las sesiones, una de las chicas del grupo comentó: “me gustaría que alguna vez habláramos de como organizar mejor el tiempo y como no estresarme porque no hago todo lo que quiero hacer…”

Tiempo circular, tiempo lineal

El concepto de tiempo y del tránsito de la vida es algo consustancial al ser humano. Me fascina como pueblos tan lejanos como los mayas y los aztecas, tenían una concepción circular del tiempo, manejándose dentro de lo conocido como tiempo cíclico, lo que fue la primera noción de tiempo desarrollada en la historia de la humanidad.

Y es que todas estas culturas antiguas imaginaron el tiempo en función de leyes naturales, de las estaciones y el clima, de las épocas de grandes lluvias y sequías, de los diferentes fenómenos atmosféricos; Lo cual entiendo, les facilitaba la organización de todo lo que ellos tenían que prever en base al paso de su tiempo: rituales y ceremonias de todo tipo y actos significativos de la comunidad.

Frente a ello, nuestra concepción occidental del tiempo lineal me resulta pobre y limitada. Nos movemos en un tiempo que tiene un único sentido y se compone de acontecimientos contiguos que no pueden restablecerse.

Cronos

De ahí a Cronos dios del “tiempo humano”, fuerza voraz y destructiva, quien se hizo con el poder del cosmos devorando a sus hijos. Una inmensa alegoría de cómo el tiempo todo lo engulle. Y es que: actividad, rapidez y acumulación no solo de objetos sino de acciones, conforman un modo de entender la vida “moderna” que hace que se equipare el valor del tiempo con el valor del oro, como si el tiempo fuera intercambiable… Y no, el tiempo es mucho más, el tiempo es vida con todo lo que la vida conlleva; por eso, cómo llenemos nuestra vida hará que nuestra experiencia vital sea más o menos valiosa. De ahí que frente a la burda acumulación de actividad, sea más importante hacer lo que se tenga que hacer a conciencia, hacerlo bien, con presencia plena y equilibrio armónico.

Nuestra sesión

Hoy, desde la consciencia depositada en el juego de y con las manos con todas las posibilidades que ello ofrece, hemos transitado por el cuerpo y aterrizado en la mente. Desgranando lo que hacemos en nuestra cotidianidad y cómo nos organizamos para hacerlo.

De menos a más; dando pautas para estructurarnos mejor, para saber discriminar, para pensar en grande y hacer en pequeño, visualizando pequeños logros y objetivos, articulando mecanismos de recuerdo y de arbitraje para ayudarnos a lograr lo que mas nos cuesta.

Realización

Quizás últimamente te preguntaste:

¿Cómo podría “realizarme” en tiempos convulsos, en tiempos de crisis… Tiempos en los que en muchos casos me arrastra la sensación de tropezar una y otra vez, y de no acabar de estar bien conmigo?

Esa cuestión, entretejida con otras tantas, ha venido destilándose entre los participantes del grupo desde hace un tiempo. Interrogantes del tipo:

¿Cómo sentirme mejor con las cosas que hago?

¿Cómo estar mejor conmigo misma y con mis decisiones?

¿Cómo averiguar realmente que es bueno para mí?

Eudaimonia

Me hicieron aterrizar en la Eudaimonia. Un concepto que hizo que Platón se centrara en ayudar a las personas a alcanzar un estado de realización personal, un estado que permitiera lograr el propósito vital de cada uno; lo que hace tiempo empezamos a abordar desde la razón de ser ó ikigai.

Pensar más

Entre las consideraciones que Platón hizo para mejorar la vida de las personas, me parece especialmente enriquecedora la idea de: pensar más. Pensar sobre lo que queremos y cómo lo queremos. Detenerse en y con uno mismo. Hacer un ejercicio honesto y personal de lo que quiero, y cómo lo quiero.

Sobre esto, el filósofo aconsejaba “tener cuidado” con las opiniones de los demás, con el “sentido común de los otros”, y alertaba de los prejuicios, errores, y creencias que podían conllevar. Para ello planteaba la premisa fundamental: conócete a ti mismo. Insistiendo en la necesidad de examinar nuestras ideas, tus ideas;  para ello Platón propuso como método la discusión socrática, un diálogo que podía ser con uno mismo o con otra persona.

De la razón a la creación

Hoy nosotros hemos tomado el testigo de ese diálogo, introduciendo el trazo. Hemos arrancado con el pensamiento y aterrizado en la expresión plástica. Viajando de la razón a la creación.

El ejercicio de mirar hacia dentro ha desvelado lo que me apasiona, algo intrínseco, alineado conmigo. Intuyendo lo que me “mueve”; con mi familia, con mis amigos, con mis estudios… empezando a dar forma a mi conjunto de propósitos vitales. Tras visualizarlo lo he empezado a expresar trasladándolo al papel.

La interpretación de cada dibujo es tan personal como el dibujo mismo, se trata  de que cada uno se lance a expresar lo que hay y que uno mismo se dé cuenta. En nuestro caso, el grupo además tiene un importante papel, porque “devuelve” la mirada de los iguales y permite construir un discurso más rico y complejo.

Y en paralelo, hemos puesto el acento en el camino, en lo que pasa mientras tanto.

Mira en tu interior

Expresa

Observa

Contrasta

Plantéate un plan de acción

Busca apoyo

Camina

No procastines

Sé generoso con  tus equivocaciones

Disfruta de las satisfacciones intermedias

El juego del cisne

Hay muchas historias míticas que me fascinan, una de ellas es la de Leda y el cisne. Un animal que entre todos sus significados destaca por ser un ejemplo de transformación, un cambio que en el caso que nos ocupa, supone una evolución de menos a más.

Seguro que todos conoceréis el cuento del “patito feo”, esa historia utilizada para explicar que no se debería juzgar a nadie por su apariencia, ya que la belleza más importante reside en el interior, y cuando ese interior se cultiva, aflora y se hace visible irradiando luz. El feo patito del principio rechazado por ser diferente, al final del cuento se transforma en un cisne bello y majestuoso. Me resuena mucho este mito y su significado en estos tiempos tan mediatizados por lo primero que se ve, por los manipulados estándares de belleza y los patrones estéticos al uso.

Historia y simbología

Aunque claro, con la herencia que tenemos del significado del cisne, no es extraño sucumbir a su influjo.

Como la historia de Leda quién originalmente rechazó a Zeus, para más tarde quedar hipnotizada ante la aparición del enorme y divino ave al que abraza y acoge, sin sospechar lo que traerá consigo.

Quizás por esa asociación con la divinidad, en la antigüedad clásica el cisne se consagra a Apolo, dios de la música y de la adivinación, considerándolo un símbolo de armonía y belleza. Del mismo modo que las menos conocidas leyendas de diosas celtas de las tierras del norte, hablan de mujeres que podían llegar a convertirse en cisnes encarnando el ave sagrada del amor.

Frente a lo cual, los simbólicos relatos de pueblos escandinavos y eslavos, hablan de la vulnerabilidad de las doncellas-cisne lo que las hacía ser presa fácil de cazadores que las forzaban a convertirse en sus esposas.

Y al otro lado del océano, la aceptación dichosa de los nativos americanos del plan divino del Gran Espíritu, lo que me parece la alegoría más hermosa de este animal.

Y de nuevo el juego

Hoy hemos tomado como base el antiguo juego de la oca, cuyos orígenes son confusos (¿creación de los griegos durante el asedio a Troya?  ¿idea de la Florencia de los Médici?  ¿aportación de los templarios?), y lo hemos transformado en el juego del cisne.

El azar a través de los dados junto a los interrogantes esparcidos a lo largo del tablero, han conformado una sesión en la que los deseos de aprender y transformar (lo que no nos gusta), y la reflexión y el razonamiento de índole filosófica, (más común entre los jóvenes de lo que muchos imaginan), han estado presentes.

El sentido de las cosas… lo que más valoro de mí… el sentido de lo que estoy viviendo… lo que me genera mucha tristeza…  averiguar lo qué es más importante: si ser feliz o hacer lo correcto…  lo que me enfada y me altera mucho… el sentido de las palabras… lo que más valoro en una persona…