Mis acuerdos y compromisos: mi relación con ellos.

¿Por qué tenemos tantas dificultades en comprometernos? ¿Comprometerse es algo propio de los adultos, o también común en niños y niñas? ¿Crecemos con el concepto de «compromiso», o es más bien algo que surge con el transcurso del tiempo? Cuando nos comprometemos ¿sabemos lo que eso significa? ¿sabemos a lo que nos «obliga»?

Cuerpo y pintura para expresar

Iniciamos un viaje en el que la importancia del acuerdo y el compromiso de respetarlo están muy presentes. Utilizamos el movimiento corporal y la pintura sobre soportes poco convencionales (porexpan) para vivirlo desde el cuerpo. Se trata de, tras revisar a qué nos comprometemos, cómo y por qué, reconocer lo que hacemos después para respetarlo.

La importancia del ejemplo y el factor del miedo

Algunas participantes manifiestan la escasez de compromisos en su vida, quizá el no tener este ejemplo de manera cotidiana haga más difícil identificar, reconocer y convivir con el compromiso. A lo que habría que añadir el factor del miedo, el temor a no prometer nada para no tenerse que enfrentar con el qué hago si no lo cumplo.

El miedo pone en la balanza los recursos de que uno dispone y aquello que tiene que afrontar. Cuando ésta se desajusta es cuando el miedo aparece. Por lo tanto, es un asunto más de inseguridad y de no conocerse bien a uno mismo, lo que genera malestar y frustración.

Las personas que tienen miedo al compromiso suelen ser inseguras, les cuesta expresar las emociones y necesitan controlar para sentirse cómodas y seguras en su zona de confort. Suelen ser inflexibles y temerosas; obvian que la amenaza somos nosotros mismos, no el entorno.

En cierta forma, la falta de estrategias y de conocimiento sobre uno mismo hace que se busque justificación a la propia inseguridad y a los temores. Puede que sea cierto aquello de «haciendo lo que tememos disolvemos nuestro temor», lo que supondría que dejando de estar controlados por el miedo, podemos flexibilizarnos.

 

El compromiso. Construyendo el acuerdo

Crecimiento desde lo intergeneracional

Iniciamos esta nueva andadura con un grupo que crece en número de participantes y en edad, que mantiene la invitación a las más pequeñas (9 años), y se extiende hasta las mayores (14 años).
Un abanico amplio, heterogéneo y que supone un reto; con peculiaridades diversas en cuanto a origen, circunstancias, situaciones… Apostando por el crecimiento desde lo intergeneracional, atendiendo la diversidad, y asumiendo la diferencia como riqueza, incluso si eso significa la necesidad de gestionar la complejidad.

Compromiso con el grupo

Desde ese lugar planteamos la necesidad de elaborar un compromiso con el grupo y la importancia de construirlo desde el acuerdo. Para ello nos servimos del entrenamiento en la escucha y el diálogo llevado a cabo en anteriores ediciones, apoyándonos en distintas dinámicas de grupo.

Nos dividimos en grupos que en ocasiones creamos nosotras mismas, por libre elección, y otras veces los conformamos al azar. El ejercicio de escucha activa requiere práctica y atención. De los estímulos más convencionales derivados de la palabra, pasamos a los gestos y a la expresión sobre un soporte de tela blanca, lo que desemboca en la manifestación espontánea del cuerpo a través de la pintura, en un juego divertido e inteligente.

 Al final, nuestro acuerdo se plasma en seis puntos:

1.- Todo lo que contemos aquí no se puede contar fuera. Respetaremos las confidencias de las compañeras y compañeros.

2.- Los conflictos con el grupo o con alguien del grupo se resolverán dentro del espacio de Arteterapia.

3.- Guardaremos respeto ante nuestras compañeras y compañeros. Cuando alguien hable en “El Círculo”, mantendremos silencio y le escucharemos. Respetaremos el turno de palabra.

4.- Cuando alguien en “El Círculo”, no respete, el grupo le pedirá que reflexione individualmente.

5.- Nos esforzaremos en llevarnos bien

6.- Trataremos de ser puntuales.

Arteterapia. Ocupando mi lugar. Casa San Cristobal

El mito como respuesta

Existen muchas formas de interpretar la realidad, pero frente al uso de la razón, la mitología se sitúa en otro lugar, tratando de dar repuestas a lo desconocido y utilizando la imaginación cuando no sabe desvelar las incógnitas, de ahí la magia y la fantasía que rodean los relatos míticos. Los mitos nos informan de verdades esenciales para el ser humano mediante rudimentos simbólicos. Y desde ahí, me  adentro en el mito de Proserpina explicando el cambio de las estaciones, y desvelando otros hallazgos.

In the Garden of Proserpina, 1893 (oil on canvas) – Henry A. (Harry) Payne

Cuando el resultado del acuerdo es satisfactorio

La vida es puro acuerdo, y para ello la negociación es crucial. Quizá en ocasiones, el resultado no nos parezca justo, pero puede resultarnos satisfactorio, y eso es lo que le ocurre a Ceres cuando logra que Zeus pacte con Hades el que su hija permanezca con él en el inframundo la mitad del año, y el resto de éste suba a la superficie para estar con su madre.

El contraste como parte de la vida

Este mito se ha utilizado durante siglos para explicar el origen de las estaciones y la transición del calor al frío y viceversa. El paso de las estaciones es fijo y responde a una cadencia de vida (primavera y verano) y a otra de muerte (otoño e invierno). Es en este contraste en el que cada estación adquiere valor, del mismo modo que cada acontecimiento y circunstancia que vivimos cobra peso. Y yo me pregunto: ¿acaso valoraríamos los momentos dulces si no viviéramos momentos amargos?, ¿acaso tendríamos referentes que nos permitieran apreciar la carencia, y la riqueza si alguna de ellas no existiera? 
¿Por qué tengo la impresión de que en Occidente nos empeñamos en buscar la luz, la limpieza, la juventud; frente a la sabiduría de Oriente que sabe apreciar la oscuridad, la sombra, la vejez, y que la pone en valor y no la destierra precisamente porque es parte de la vida?