Figuras ausentes

Siempre me ha resultado sorprendente y contradictorio lo real que puede resultar sentir la ausencia de alguien a quien tienes al lado. El modo en que una situación de compañía y apoyo, las mas de las veces buscada, se puede transformar de manera imperceptible en otra de lejanía y soledad. Dura, difícil y desde luego no deseada.

Ausencias presentes

Cuando me ha tocado vivirla, he experimentado mucho más dolor con la «ausencia presente» que con la «ausencia ausente». Estoy convencida de que la razón era que no contaba con ella, más bien al revés, por eso la frustración ha sido mayor. Cuando he elegido estar en compañía es porque no he querido estar sola. Y es que, estar físicamente acompañada y percibir no obstante la soledad puede resultar demoledor.

Y sin embargo, a todos alguna vez nos ha pasado. Hemos transitado por ese desierto, y lo hemos remontado como hemos podido. No tiene porqué haber culpables, solo circunstancias y la vida en su múltiples y caprichosas formas.

Partir sin explicaciones

Y luego están todas aquellas ausencias literales (físicas) que se cuelan en nuestras vidas  de los que partieron -tal vez buscándolo-, sin explicaciones; difíciles de encajar desde este lado.

Porque el hueco se queda, no hay corporeidad pero hay preguntas sin respuestas sazonadas de recuerdos y especulaciones. Son ausencias que se enfrentan a lo esperado, sin razón aparente, lo que las hace doblemente dolorosas. Todas esas figuras ausentes que no nos dejaron nada a lo que agarrarnos para comprender el porqué de la partida y permitir superar el duelo.

La figura paterna

Entre los elementos más significativos visibilizados en las últimas sesiones ha estado la ausencia de la figura paterna -con diferentes historias y perspectivas-, y cada uno de los posicionamientos de los participantes ante este hecho; desde la resignación, el pudor, la decepción y el rechazo más o menos encubierto. Con aparente desinterés y en todo caso bloqueo para darle forma, y la dificultad en buscar alternativas de aproximación.

Desdibujado masculino

Abordando lo masculino, también han surgido actitudes de desconcierto ante los “nuevos empoderamientos femeninos”; y situaciones de incomodidad y confusión a la hora de aceptar cambios de género, sexualidades cruzadas…

Me pregunto cuánto de todo esto estará condicionado por la religión o las creencias, y cuanto por los padres ausentes.

Expresión sobre papel con témperas y arenas. Elección de un máximo de dos colores.

Trocitos de felicidad

Me parece que cuanto peor nos sentimos más anhelamos estar mejor, más deseamos ser «felices». Creo que felicidad es una palabra demasiado grande para poder ser abarcada, y además implica un concepto tremendamente amplio e impreciso.

Según el Instituto para la Investigación de la Felicidad de Dinamarca, hay tres tipos de felicidad o formas de medirla:

  • La felicidad cognitiva, relacionada con mi nivel de satisfacción con mi vida (cómo estoy con mi familia, mi trabajo, mis amigos…)
  • La felicidad eudaimónica, referida al sentido de la vida, si mi vida tiene sentido, lo conocido por los japoneses como: IKIGAY.
  • La felicidad afectiva, que corresponde a una medida más diaria, del tipo ¿cómo me he sentido hoy?

Por el momento, que haya una entidad europea que se ocupe de la felicidad no está de mas, (en oriente los japoneses de Okinawa y los habitantes de Bután han sido durante mucho tiempo los referentes más significativos en este sentido). Con eso y con todo, se me escapa la eficacia y la eficiencia de este tipo de instituciones, curiosa paradoja siendo un tema de cabecera desde los clásicos hasta la actualidad, y sin embargo no entiendo ¿Porqué situamos nuestra felicidad tan lejos, porqué somos tan «abstractamente» ambiciosos cuando se trata de ella?

Lo que ya tienes

Centrémonos en lo que tenemos mejor que en lo que anhelamos. Por pequeño que sea. ¿Te has parado a pensar que la mayor parte de las veces ponemos en valor las cosas cuando las dejamos de tener? ¿de verdad necesitamos perder las cosas, las relaciones para apreciarlas? ¿Y si… empezamos a detenernos en cada cosa/momento/ sentimiento/relación hermosa que tenemos/vivimos, y lo saboreamos? 

Quizás ser consciente y pensar a menudo: ¿cómo sería si perdiera esto? podría ayudarnos a darnos cuenta. Me encanta el ejercicio que proponían los antiguos de suponer que no tienes nada, desde ese vacío desgranar lo que te gustaría tener, y pararte a pensar lo que ya tienes. En definitiva: darte cuenta y atrapar todos esos trocitos de felicidad que andan deslizándose continuamente ante nosotros.

Atrapando trocitos

Hoy con esa intención, partiendo de elementos orgánicos: hojas secas, flores, pétalos, palitos, conchas, piedras, guijarros… hemos compuesto un enorme mural atrapando nuestros trocitos de efímera felicidad.
Ducharte con agua calentita, acurrucarte en unas sábanas limpias, abrazar a mi hermana, jugar con mis peces -aquascaping-, comer chocolate, ver pelis, la play, correr, divertirme con mis gatos, comer pizza, jugar con el móvil, comprar chuches…

Ser aceptado

Vivimos en una sociedad que nos induce, cuando no nos obliga; a ser de una determinada manera, a responder a los estímulos y a los convencionalismos sociales de una cierta forma, a estar de un modo establecido… Pareciera que si no estamos dentro de ese «abanico» predeterminado y mayoritario no somos «normales», y por lo tanto nos topamos con dificultades en ser aceptados. Algo con lo que resulta complicado bregar dado nuestro generalizado carácter gregario.

Paralelamente se habla de tolerancia y de respeto al otro, lanzándose mensajes confusos y contradictorios de lo que tiene que ser y cómo debiera que ser. Pienso sinceramente que la normalidad está sobrevalorada. En muchas ocasiones se queda en una turbia mediocridad, muy diferente al deseado equilibrio del término medio… cuando hay término medio, porque a veces no lo hay.

Aprendizaje vicario

Si hablamos de adolescencia la cosa se complica. Uno de los aprendizajes que más calado tiene es el vicario, el que se traslada desde la observación y la «impregnación». Si como padres o educadores trasmitimos lo que hay que hacer pero no lo hacemos, el modelo que calará será el que los chicos perciben, no el teórico. Por el contrario, cuando la teoría (el modelo), es coherente con lo que hacemos transferimos de manera orgánica un modelo que se integra de forma natural, y cala.

Por ejemplo, no podemos decir a nuestros hijos que hagan un uso responsable del móvil si nosotros no lo hacemos; o que cumplan su deber estudiando si nosotros no cumplimos con nuestro deber como padres y madres: estando presentes, apoyando, escuchando, dando herramientas…

Más que empatia

Englobando la aceptación y el reconocimiento, algo más que empatía. Te entiendo, y te acepto porque me pongo en tu lugar desde tu mirada y tu perspectiva, NO desde las mías. Por eso por ejemplo, si no te gusta hablar mucho y estás cómodo en tu mutismo y en tu lugar de introspección, no hago que cambies… me acerco a ti desde tu silencio, tengo cuidado con no incomodarte innecesariamente, y te aporto herramientas para que puedas «salir al mundo» cuando lo necesites. En esta sociedad en la que se sobrevalora ser el primero, si no quieres serlo, apoyo y celebro tu segundo lugar, y me siento orgullosa de que hagas tu máximo.

Hoy en la sesión hemos transitado por todo esto, desde el trazo, el mito, la palabra y el modelado.

Recuperando la sonrisa

Nadie te puede robar la sonrisa, ni la alegría, nadie puede arrebatarte cualquiera de tus emociones, a pesar de las letras de tantas canciones, a pesar de los pesares… pero si pueden equivocarte, engañarte, o distraerte con ello ¿lo vas a permitir? Por eso es preciso estar alerta.

Cuidar el alma

Una antigua leyenda nipona cuenta que las almas que se autoabandonan acaban diluyéndose hasta ser apenas nada; se repliegan, haciéndose cada vez más diminutas tornándose imperceptibles; de tan diluidas, cada vez más insignificantes, pierden la luz, su luz; por puro abandono, o por prestar demasiada atención a lo superfluo, a lo accesorio, a lo innecesario… por alejarse del camino que marca la brújula interior de cada persona, esa que en los momentos en que la cabeza duda, el corazón sabe la respuesta.

Esa leyenda conecta con el ancestral concepto de Wabi-sabi, relacionado con la belleza de lo imperfecto, y la necesaria resiliencia, con el culto a lo gastado repleto de historia y de valor, como el reconocimiento a la arruga, la veneración a la sonrisa, a lo verdadero, a lo que nace desde el fondo del corazón y evoluciona expandiéndose, traspasando a uno mismo y al otro…

Vida por delante

Por eso cuando estoy ante una persona con mucha vida por delante, o por detrás, según como se mire; con una larga historia, y una gran sabiduría vital adquirida de todas las formas imaginables; me detengo, observo, escucho, sonrío, mezo su alma -de ese modo cuido la mía-, y siento que ambas nos nutrimos y alimentamos…

La alegría de lo pequeño

Cuando la alegría está en las pequeñas cosas, en las que salen del alma, cuando pones atención en lo pequeño, y lo expandes. Cuando no te quedas anclada en lo que podría haber sido, sino miras de cara lo que es y lo haces crecer… Cuando todo eso lo compartes, surge el milagro.

Y sí, como decía Tolstoi: la felicidad no es hacer siempre lo que se quiere, sino querer siempre lo que se hace.

Gracias a todas esas personas MAYORES, por recordarme la esencia de las cosas, posibilitado e impulsado la alegría compartida.

Y a ese maravilloso grupo del Programa DUPLO de la FUNDACIÓN GREGAL, por propiciar el espacio para seguir construyendo desde el Arteterapia.

Siempre estamos eligiendo

Nuestra última sesión de arteterapia, aparecieron seis de los ocho jóvenes que conforman el grupo estable. Eso supuso: elegir estar o no estar, decidir conectar tu vídeo y hacerte visible o no. Ausentarte brevemente y volver, activar finalmente tu vídeo, pero solo mostrar las paredes desnudas de tu cuarto… Micro elecciones que forman parte del extenso universo que día a día se nos plantea.

Creo que siempre estamos eligiendo, hasta cuando creemos que no. Hasta cuando no somos conscientes, porque postergamos la elección, porque procastinamos, porque no queremos o no sabemos qué elegir. Todas esas veces en las que no acabamos de saber decir: «esto sí y esto no» y eludimos nuestras elecciones…

Elegir dejar de hacer algo

Y resulta que eso, también es elegir. El no hacer nada es elegir dejar de hacer algo. A mí me parece que esa «elección», cuando es por dejadez, es muy triste, porque se plantea ante situaciones en las que no eres tú el que contribuyes de forma activa a que te pase lo que quieres que te pase, si no que delegas en el destino… y pierdes oportunidades de hacerte cargo, de madurar, de equivocarte y también de aprender de los errores, de tus errores.

¿Quién enseña a elegir?

Y ocurre continuamente con los chicos y chicas de: trece, catorce, quince años, que están deseando hacerse mayores, tomar sus propias decisiones, ser libres y autónomos… Mientras los adultos queremos que sean responsables. Y en paralelo: ¿quién enseña a elegir? ¿a elegir con consciencia? ¿a sopesar pros y contras? ¿a valorar lo que pierdes y lo que ganas? ¿a hacerte cargo de lo que pasa y de lo que deja de ocurrir?

Hoy nos han venido a la mente mil situaciones que no elegimos; desde no poder salir a la calle, usar mascarilla, estudiar online… Es verdad, y es duro, pero  nos queda el elegir como hacemos lo que es preciso que hagamos, elegir como nos lo tomamos, elegir nuestra actitud, eso sí que depende de nosotros, y es una oportunidad para entrenarnos en  cómo queremos que sean las cosas.



Con qué conectamos

Percibo como el grupo demanda de manera explícita el retorno a las sesiones presenciales, donde la corporeidad estaba implícita, y formaba tanto parte de nuestro cotidiano que nunca se nos ocurrió que pudiera faltarnos, ni que esa ausencia generara tanto sentimiento de pérdida.

Necesidad de pertenencia

Creo que algunas chicas continuan en el grupo por su necesidad de pertenencia, y por la esperanza de retornar a lo conocido, de volver «a lo de antes», a un espacio de confort. Me hago cargo y soy otra vez consciente. Sobrepaso la queja fácil y maximalista del «Qué bien estábamos entonces», y me centro en lo que hay ahora y lo que puede haber.

Tras los dispositivos hemos sustituido la cercanía corporal por una presencia que reclama una gran atención concentrada. Con buenas dosis de dedicación e interactividad.

La oculta presencia

Al otro lado, arrancamos con varias de las pantallas vacías, espacios neutros. Pequeños rectángulos que aparecen, desaparecen y vuelven, tras los que se parapetan sus propietarios, ventanas cerradas.

Primero percibo la oculta presencia de ese otro que no quiere mostrarse, quien desconecta el vídeo y/o el audio, dejando en ocasiones que la conexión solo sea por chat o por wats.

Poco a poco algunas presencias toman forma, atraviesan ese oscuro muro conectando el vídeo, al principio tímidamente y de soslayo; mostrando el techo, la pared… espacios estáticos, sin vida y que no obstante, aportan información y forman parte de ese tramo del camino entre mostrarse y no mostrarse.

Con qué conectamos

Paso a paso conectamos con la palabra, los sonidos, los silencios, con la propuesta plástica que se desliza y toma forma. Hay participantes más proactivos, otros tratan de escabullirse de modo más o menos airoso. Al otro lado escucho, paciento, invito. La plástica se expone y compartimos. No todas, ni al mismo tiempo. Los tiempos y modos de cada una son tan diferentes…

Confío y percibo como algo va quedando, cómo hay algo que atrapa, y entonces, una voz se abre paso, una voz que necesita ser escuchada, y se hace confidente, se vuelca y se expresa, y esa voz enlaza con otra... Las historias toman cuerpo, y al identificarse, las penas y los miedos se diluyen. Al otro lado, tú sabes, adivinas, y confirmas que todo es parte, y que por eso fueron necesarios: los vacíos, los gestos, las palabras y los trazos.

Pantallas

Nuestro septiembre-2020 ha sido un mes de calma aparente, de pausa en la visibilidad, detrás de la cual la acción ha continuado entre bambalinas. Nuevo otoño, nuevo curso, novísima situación. Hemos iniciado con dos nuevos retos:

  1. Un pasito más en la vinculación de progenitores al programa de arteterapia y educación emocional de Casa San Cristobal.
    Devolviéndonos nuestra realidad la absoluta presencia en las familias de las mamás. Madres con uno o dos chavales a su cargo, conscientes de su papel como sostén y pilar de la familia, muchas veces desbordadas, preocupadas con este día a día tan incierto, tan difícil, tan cambiante.
  2. La intervención arteterapeútica con adolescentes a través de videoconferencia. Con las peculiaridades de la edad en estos tiempos extraños, la complejidad del barrio de San Cristobal, la precariedad de herramientas y dispositivos, el cansancio tecnológico del grupo, y las ganas de hacer algo diferente, preferentemente divertido.

Pantallas de antes

Los chicos y chicas con los que trabajamos, como el resto de nuestros adolescentes, se han criado en un caldo de cultivo en el que la tecnología les resulta conocida, y en general próxima y manejable; por eso relacionarse con una pantalla a ciertos niveles, hasta la fecha, apenas planteaba problemas. Sobre todo, sabiendo que en las pantallas de antes se establecía una barrera entre el usuario y lo que había detrás, lo que permitía preservar el mundo de cada cual.

Todo ello, hasta hace muy poco, conformaba un antes que convivía con la experiencia de lo presencial que facilitaba redes afectivas donde: la cercanía física, la mirada y la piel, tomaban valor y permitían tejer vínculo de manera orgánica.

Pantallas de ahora

Ahora, en que lo presencial se ha ido recortando quedando reducido a mínimos; Cuándo salir de casa y encontrarse con otros se ha convertido en excepcional; Cuándo -al menos por el momento-, tenemos que dejar de utilizar las maneras que teníamos de crear vínculo y de relacionarnos…

Ocurre, que hemos de activar otros modos, y si estos modos suponen que nos «amiguemos» con las pantallas de ahora, que traspasemos la barrera de antes, que interactuemos, y propiciemos una nueva apertura, pues tendremos que lanzarnos a ello. Verlo como oportunidad y encontrar cada vez más satisfactores y aprendizajes que nos compensen.

Y eso es lo que hemos empezado a hacer en nuestra primera sesión online de este ciclo de otoño; Abordando resistencias, las primeras de las cuales están estrechamente relacionadas con la relación con la propia imagen.

Dibujando metas

La idea de dibujar las metas surgió de manera espontánea de un participante. N. propuso al grupo: Hacer un dibujo de vuestras metas… de lo que queráis conseguir en vuestra vida.

Si bien cualquier momento es bueno para empezar a reflexionar sobre las propias metas, la adolescencia es un estado excepcional para proyectar lo que queremos que sea nuestra vida. Además de lo positivo de que haya iniciativas que provengan del grupo, se nos ofrecía una nueva ocasión para abordar un asunto que ya habíamos tocado con el ikigai.

No todo el mundo es proactivo, ni en todas las ocasiones estamos en situación de serlo. De hecho, últimamente, siento que las actitudes reactivas son las que más proliferan. Situaciones en las que se espera que algo suceda y algo cambie, como si mágicamente las cosas pudieran cambiar por el simple hecho de esperar que cambien. Es algo que me altera y me da que pensar.

Dibujo de mis metas. Anónimo.

Dibujar mis metas

Por eso, este modo de tomar la iniciativa me pareció una oportunidad para:

  • Dar ese primer paso de visualizar lo que quiero para mí, en lo personal y en lo profesional, sin limitaciones. Una forma de libertad muy satisfactoria, que permite tener una visión sobre adónde quiero ir.
  • A partir de ahí, concretar y plantearme pequeñas metas, que me permitan dar el paso de la abstracción a la concreción. Un buen comienzo para desgranar lo que quiero conseguir identificando objetivos abarcables.
  • Asumir el compromiso, primero conmigo misma y luego con los demás, sabiendo que en muchas ocasiones, mi compromiso con los demás ayuda e impulsa mi propio compromiso.
  • Incluso sabiendo que tendré problemas, que habrá cosas que saldrán mal y que aprenderé de los errores. Reforzar el creer en mi capacidad para emprender el camino diseñado, confiar y empezar el recorrido.

 

Dibujo de mis metas. Anónimo.

Los trabajos de Hércules 12.
Arteterapia y Educación emocional. Actividad educativa en remoto. LOS TRABAJOS DE HÉRCULES. ON LINE-anti viral. Propuesta que surge como alternativa en remoto, ante la interrupción de las actividades presenciales de Arteterapia y Educación Emocional que desarrollamos con adolescentes, en el espacio de la Fundación montemadrid en CASA SAN CRISTOBAL. En San Cristobal de los Ángeles. Madrid.

ON LINE-anti viral.A

ON LINE-anti viral es una propuesta, en este caso de Educación Emocional, que surge como alternativa en remoto, ante la interrupción de las actividades presenciales de Arteterapia y Educación Emocional que desarrollamos con adolescentes, en el espacio de la Fundación montemadrid en CASA SAN CRISTOBAL. En San Cristobal de los Ángeles. Madrid.

Hemos preguntado l@s chic@s, y esto es lo que opinan:

¿Cómo te está afectando lo que está ocurriendo, cómo te sientes, que piensas de todo ello? 

Me siento un poco rara. Como nunca ha pasado esto, es extraño que pase ahora. En casa sigue siendo la misma rutina. Con mis amigos me comunico por el móvil. Para estudiar nos metemos en la web del instituto. Con los planes q quiero hacer me afecta mucho porque mi madre no me deja salir. Con mis ideas, las puedo expresar dentro de casa.

Yo a  veces tengo miedo, me han dicho que los que tienen asma les afecta más… Eso me inquieta. Pienso que la gente se está alarmando mucho cuando ya hay una vacuna.

Lo del coronavirus y todo ese rollo no me importa, pero tal vez sí, es como a veces sí y a veces no. En general no estoy tan preocupad@, de echo diría que estoy aliviad@ porque no hay clases. Igualmente hay que cuidar mucho el higiene sobre todo en casos tan «alarmantes». 

Yo creo que el coronavirus me afecta de manera directa si hablamos de que ahora tengo que estudiar en casa, eso tiene su punto de vista bueno y malo, el bueno, es que en casa puedo estar más tranquil@ y hacer las cosas de otra manera a las que las hago en el instituto, lo malo es que tengo que quedarme en casa y no están mis compañeros con los que suelo divertirme.

Últimamente observo más el comportamiento de la gente por eso, me doy cuenta de que cuándo comenzó todo el tema todo el mundo se lo tomaba de broma, no pensaban que llegaría un punto en el que nos afectaría directamente, ahora hay gente que se lo toma muy seriamente y otra que sigue bromeando, muchos critican el escándalo que hay en los supermercados y otros más critican el hecho de haber cerrado los centros educativos para que la gente siga saliendo a la calle, yo tengo un punto medio en esos temas porque comprendo que haya un escándalo ya que hace demasiado tiempo que no toman estas medidas por lo que piensan que es algo alarmante, y entiendo también que la gente no se lo tome en serio y seguirán saliendo a la calle ya que no han tenido un caso cercano por lo que piensan que no es nada serio

Me afecta también con el hecho de que ahora ya no pueda saludar a mis amigos de una manera normal. Los españoles somos muy mediterráneos a la hora de saludar y muy besucones así que se me hace raro que ya nadie quiera saludar a nadie y me preocupa que cuando acabe todo esto no vuelva a ser lo mismo de antes.

Tampoco puedo ver a la gente que quiero porque estaría corriendo el riesgo de que se me contagie, entonces estoy al lado del mundo mientras otra gente sigue saliendo.

Atardecer desde una distancia cuajada de ausencias