Siempre estamos eligiendo

Nuestra última sesión de arteterapia, aparecieron seis de los ocho jóvenes que conforman el grupo estable. Eso supuso: elegir estar o no estar, decidir conectar tu vídeo y hacerte visible o no. Ausentarte brevemente y volver, activar finalmente tu vídeo, pero solo mostrar las paredes desnudas de tu cuarto… Micro elecciones que forman parte del extenso universo que día a día se nos plantea.

Creo que siempre estamos eligiendo, hasta cuando creemos que no. Hasta cuando no somos conscientes, porque postergamos la elección, porque procastinamos, porque no queremos o no sabemos qué elegir. Todas esas veces en las que no acabamos de saber decir: “esto sí y esto no” y eludimos nuestras elecciones…

Elegir dejar de hacer algo

Y resulta que eso, también es elegir. El no hacer nada es elegir dejar de hacer algo. A mí me parece que esa “elección”, cuando es por dejadez, es muy triste, porque se plantea ante situaciones en las que no eres tú el que contribuyes de forma activa a que te pase lo que quieres que te pase, si no que delegas en el destino… y pierdes oportunidades de hacerte cargo, de madurar, de equivocarte y también de aprender de los errores, de tus errores.

¿Quién enseña a elegir?

Y ocurre continuamente con los chicos y chicas de: trece, catorce, quince años, que están deseando hacerse mayores, tomar sus propias decisiones, ser libres y autónomos… Mientras los adultos queremos que sean responsables. Y en paralelo: ¿quién enseña a elegir? ¿a elegir con consciencia? ¿a sopesar pros y contras? ¿a valorar lo que pierdes y lo que ganas? ¿a hacerte cargo de lo que pasa y de lo que deja de ocurrir?

Hoy nos han venido a la mente mil situaciones que no elegimos; desde no poder salir a la calle, usar mascarilla, estudiar online… Es verdad, y es duro, pero  nos queda el elegir como hacemos lo que es preciso que hagamos, elegir como nos lo tomamos, elegir nuestra actitud, eso sí que depende de nosotros, y es una oportunidad para entrenarnos en  cómo queremos que sean las cosas.



Con qué conectamos

Percibo como el grupo demanda de manera explícita el retorno a las sesiones presenciales, donde la corporeidad estaba implícita, y formaba tanto parte de nuestro cotidiano que nunca se nos ocurrió que pudiera faltarnos, ni que esa ausencia generara tanto sentimiento de pérdida.

Necesidad de pertenencia

Creo que algunas chicas continuan en el grupo por su necesidad de pertenencia, y por la esperanza de retornar a lo conocido, de volver “a lo de antes”, a un espacio de confort. Me hago cargo y soy otra vez consciente. Sobrepaso la queja fácil y maximalista del “Qué bien estábamos entonces”, y me centro en lo que hay ahora y lo que puede haber.

Tras los dispositivos hemos sustituido la cercanía corporal por una presencia que reclama una gran atención concentrada. Con buenas dosis de dedicación e interactividad.

La oculta presencia

Al otro lado, arrancamos con varias de las pantallas vacías, espacios neutros. Pequeños rectángulos que aparecen, desaparecen y vuelven, tras los que se parapetan sus propietarios, ventanas cerradas.

Primero percibo la oculta presencia de ese otro que no quiere mostrarse, quien desconecta el vídeo y/o el audio, dejando en ocasiones que la conexión solo sea por chat o por wats.

Poco a poco algunas presencias toman forma, atraviesan ese oscuro muro conectando el vídeo, al principio tímidamente y de soslayo; mostrando el techo, la pared… espacios estáticos, sin vida y que no obstante, aportan información y forman parte de ese tramo del camino entre mostrarse y no mostrarse.

Con qué conectamos

Paso a paso conectamos con la palabra, los sonidos, los silencios, con la propuesta plástica que se desliza y toma forma. Hay participantes más proactivos, otros tratan de escabullirse de modo más o menos airoso. Al otro lado escucho, paciento, invito. La plástica se expone y compartimos. No todas, ni al mismo tiempo. Los tiempos y modos de cada una son tan diferentes…

Confío y percibo como algo va quedando, cómo hay algo que atrapa, y entonces, una voz se abre paso, una voz que necesita ser escuchada, y se hace confidente, se vuelca y se expresa, y esa voz enlaza con otra... Las historias toman cuerpo, y al identificarse, las penas y los miedos se diluyen. Al otro lado, tú sabes, adivinas, y confirmas que todo es parte, y que por eso fueron necesarios: los vacíos, los gestos, las palabras y los trazos.

Resistencias

Pensar en la sesión, inspirarte, observar otros procesos y realidades, volver a pensar en la sesión, en el perfil de los participantes, en lo que crees que necesitan, en lo que sabes, lo que intuyes, y lo que no. En quienes están y quienes iban a estar pero al final no aparecen. Pensar en sus circunstancias, en el momento de todas/os y cada una/o. En cada una de las posibles resistencias. Pensar en tus límites y los del grupo, en lo que se puede y lo que no. Preguntar, escuchar, comunicarte con ellos/as, en grupo e individualmente, sostener lo que ocurre mientras tanto.

A uno y otro lado

Constatar los mensajes que se leen, los que no, los que se leen pero no se responden, los teléfonos que antes estaban y los que muestran ausencia. Esperar respuestas, tenerlas, evidentes y lacónicas, o no tener respuestas lo que en sí es una respuesta. Indagar en lo que les puede atraer.

Volver a pensar en la sesión, escribir, descubrir y profundizar en nuevos recursos, contrastar con colegas. Empezar a estructurar la sesión, recordando las resistencias de la última vez, y tenerlas en cuenta; el pressing de los estudios, las eventualidades: todas esas cosas que tienen que hacer y que postergan y se les ocurre emprender a la hora de la sesión, la tecnología, la exposición a la que les somete la vídeo conferencia…

Sentirte expuesto/a

Verte mientras los demás te ven, dejar al descubierto tu espacio, tu casa, tu habitación, tu rincón, tu intimidad. Conformar una sesión llena de contenido y propuestas y adaptarte  a lo que el momento demanda. Escuchar, sonreír, alentar, estar, proponer.

Relajar, conectar, expresar, sostener. Recorrer dos horas de interacción a través de invisibles imágenes con mucha presencia. Aceptar que es parte del camino, y de nuevo: escuchar, proponer, sugerir, confiar, fluir.