¿Cómo me veo, cómo me ven?

Formularse a una misma preguntas acerca de cómo me veo, y cómo me ven los demás, es algo característico de la adolescencia, y que forma parte del autorreconocimiento, la generación de autoconcepto -percepción que tenemos de nosotras mismas-, y aceptación característica de este estadío de la vida.

Algo que cuesta verbalizar y que se alinea junto a las dudas e inseguridades propias. También ocurre en la etapa adulta. Sabemos de primera mano lo que pensamos, pero no lo que piensan los demás, digamos que “nos lo imaginamos”. Dejando a parte los casos de claro narcisismo, la mayoría de las veces, el temor a que ese “algo” sea peor de lo que suponemos hace que proyectemos una imagen de nosotras mismas inferior a la visión de los demás, lo cual no es precisamente de ayuda.

Hoy para abordar todo esto, nos hemos servido de varias dinámicas: relajación/visualización, inspiración plástica, y narrativa oral de la mano del mito de Narciso y Eco; enfocándonos en encontrar el camino hacía el self o una misma.

Visualizando mi yo

Planteando de manera independiente la atención sobre cada sentido, cada uno se ha detenido en una sensación: “…enlazándola contigo, centrándote en tí, en la imagen que tienes de tí. Algo que muy pocas veces te detienes a preguntarte…”

Primero desde todos los lugares del rostro, poco a poco hemos ido incorporando el cuerpo. Asociando el concepto de imagen con un todo, yendo de lo visible a lo invisible: tu actitud, tu sonrisa, tus muecas, los gestos que te identifican y que reconoces como propios, los movimientos a veces imperceptibles que forman parte de tu esencia y que puedes descubrir cuando te miras con detenimiento en un reflejo, un espejo, y también cuando te reencuentras con tu imagen ante una pantalla… 

Eres parte de lo que ves, y aun hay mucho más; Y que esa parte sea sincera, al menos contigo mismo te ayudará a reconocerte. A andar con paso firme.

Puede gustarte lo que ves, o no… puedes encontrar cosas que te desagraden… pero todas son parte, y si las dejas entrar, podrás dejarlas partir; Ser más generoso, más comprensivo, más compasivo (la compasión budista), aceptarte a ti para poder aceptar al otro, y poder pasar a la siguiente fase, la de escuchar con atención: “cómo te ven los demás”. Y poder apreciar lo que te hace bien de los otros … y lo que no.

Inspiración plástica

Dos artistas a las que admiro nos han acompañado: Vivian Maier (“la fotógrafa niñera”), y Cindy Sherman (“la niña de los disfraces”). Con ellas hemos transitado de la autoimagen a la imagen social, análisis de estereotipos, percepción subjetiva y objetiva. Autoconcepto y autoaceptación.

Conocernos mejor

La reflexión de la anterior sesión acerca del cambio abrió muchas preguntas sobre nosotros mismos. Cuestiones sobre ¿cómo soy realmente?, ¿Qué es lo que prima en mí?, ¿Cuál es mi esencia?. Desde ahí nos hemos centrado en empezar a conocernos mejor, en acercarnos a nuestro yo verdadero, para poder averiguar: ¿qué necesitamos? ¿qué nos hace bien?. Y fundamental: lo que NO es bueno para nosotros.

Lo que nos define

Siempre que abordo el tema del autoconocimiento me parece que hay dos variables imprescindibles: Como te ves tú a ti mism@, y como te ven los demás. Si ese ejercicio se hace desde la sinceridad más absoluta, con la intención puesta en sumar; podremos empezar a averiguar qué es realmente lo que nos define, lo que nos diferencia, lo que nos mueve. Y a partir de ahí podremos decidir qué hacer con ello.

Lo ideal es conformar un contexto seguro donde preguntar a las personas que te conocen bien. Siendo conscientes de que lo que nos dicen los demás se hace desde la aportación, y en ningún momento será para hundirte ni hacerte daño, incluso si algunas cosas pueden doler.

Con lo que nos gusta escuchar sobre nosotros mismos no hay problema. Pero ¿qué pasa cuando me dicen algo que no me gusta, algo que han visto en mí y yo no percibo, o lo veo pero no lo quiero ver... ? ¿Cuándo siento la “injusticia” del otro? porque: ¿soy demasiado generoso conmigo, demasiado ciego? o ¿me estoy autoengañando?

Procesos humanos de interacción

Para hacer este ejercicio hay que estar en disposición abierta, prescindir del juicio, con una autoescucha activa muy sincera, ganas de tomar nota de todo; reflexionarlo, contrastarlo y desde la coherencia, abordarlo.

Después de una aproximación plástica con cuentas y pastas de colores moldeables, la dinámica principal se ha basado en la Ventana de Johari, una herramienta de psicología cognitiva para ilustrar los procesos humanos de interacción. Nosotros la hemos adaptado.

Desde el grupo hemos propuesto una serie de características con el fin de facilitar la identificación de las mismas. Los chicos y chicas se han distribuido por el espacio de modo arbitrario, con los conceptos comentados, la observación del otro, la sinceridad y la garantía de que la expresión de cada uno estaba protegida por el anonimato. Entonces, han realizado un ejercicio de introspección sobre la propia percepción de un@ mismo y de cada uno de los demás. Tomando nota de modo independiente.

Me he llevado los papelitos para organizarlos y poderlos devolver en la próxima sesión. Me ha impresionado lo centrados que han estado, el interés que se han tomado. El silencio mientras reflexionaban. Al acabar ha sido unánime el querer saber qué opinaban los demás de cada uno. Esto será la próxima vez.

Saber quienes somos (I). Con mi mirada

Cuando hablamos de autoconcepto nos referimos al concepto que una persona tiene de sí misma (algo distinto a la autoestima -el amor que se tiene por un@ mism@-), nociones diferentes aunque muy relacionadas.

El autoconcepto puede ser realista o todo lo contrario. La cuestión es que si realmente sabemos quienes somos, podremos saber de qué somos o no capaces, cuales son nuestras fortalezas y debilidades, qué compromisos o no podemos asumir; y a partir de ahí decidir qué queremos abordar en nuestro proceso de crecimiento personal.

Para tener un buen autoconcepto lo primero que hay que hacer es conocerse muy bien. Cuando nos valoramos de modo demasiado positivo hablamos de personas narcisistas, que se creen con cualidades excepcionales y muy por encima de los demás. En este caso el autoconcepto se distorsiona, porque nadie está por encima de los otros, todos tenemos puntos fuertes y débiles.

También puede ocurrir que seamos excesivamente autoexigentes y nunca estemos conformes con nosotr@s mism@s, lo que supondrá un autoconcepto negativo. Es importante no dejarse arrastrar por ninguno de los dos porque, nos va a perjudicar a nosotr@s mism@s, y  dado que nos construimos como individuos sociales va a influir negativamente en nuestras relaciones.

Así pues se trataría de conocerse lo mejor posible; para ello hoy nos hemos preguntado cómo nos percibimos verdaderamente desde: el gesto en el espacio, la plástica (el dibujo y el collage), y la palabra.

En paralelo, se han abierto puertas relativas a cómo nos gustaría ser, y la expresión de cómo nos perciben los demás ha empezado a manifestarse. En nuevas intervenciones profundizaremos en este ejercicio de identificación de identidad.

El lugar de la empatía

Ponerse en el lugar del otro ¿es eso la empatía? ante una situación ajena, de alguien importante para mí, imaginar “¿cómo haría yo, que sentiría, y qué me gustaría que hiciera el otro?” Pero… y si todo eso que percibo, siento, necesito y hago NO ES lo que el otro precisa de mí, porque aunque objetivamente la situación sea la misma, lo qué pasa, lo que cada uno vive y necesita… lo vivimos de modo diferente?

Intuir, conocer y amar al otro

Quizá se trate de conocer suficientemente al otro, tal vez “amar al otro”, para poder intuir, apreciar, saber qué es lo que requiere de mí, averiguar en qué lugar he de que colocarme para sustentarle, para darle lo que precisa, ese soplo que para cada uno tiene una dimensión, un peso, y una duración  diferente.

Arrancamos con una sería de preguntas fruto del autoconocimiento, que cada participante responde individualmente y que más tarde, de manera anónima, cada una decide qué quiere y qué no quiere compartir con el grupo. Se trata de un ejercicio en el qué la clave es colocarse en el lugar del otro, trasladando el propio sentir, más cercano al del otro, provocado por una situación que no tiene por qué ser forzosamente la misma.

  1. ¿Qué te gustaría preguntar a alguien muy  cercano, qué nunca te atreviste a hacer?
  2. ¿Qué no dirías nunca?
  3. Algo que recuerdes y te haya dolido mucho
  4. Lo que mas te gusta de tu mejor amigo o amiga
  5. Lo que menos
  6. Algo que nunca perdonarías
  7. ¿Volverías a confiar en alguien que te haya engañado?
  8. ¿Qué te preocupa?
  9. ¿Qué es lo que más te gusta de tu cuerpo?
  10. ¿Lo que menos?

A continuación, expresamos lo vivido en un dibujo “en dominó”, en círculo, cada una con una hoja y tan solo dos colores, tratando de no condicionarnos con lo que ocurre a nuestro lado. Cada participante expresa de manera individual algo que continuará la compañera y que irá evolucionando con la aportación de cada persona.

Al final, acabamos con la lámina con la que comenzamos y componemos un rompecabezas grupal.