¿Cómo me veo, cómo me ven?

Formularse a una misma preguntas acerca de cómo me veo, y cómo me ven los demás, es algo característico de la adolescencia, y que forma parte del autorreconocimiento, la generación de autoconcepto -percepción que tenemos de nosotras mismas-, y aceptación característica de este estadío de la vida.

Algo que cuesta verbalizar y que se alinea junto a las dudas e inseguridades propias. También ocurre en la etapa adulta. Sabemos de primera mano lo que pensamos, pero no lo que piensan los demás, digamos que “nos lo imaginamos”. Dejando a parte los casos de claro narcisismo, la mayoría de las veces, el temor a que ese “algo” sea peor de lo que suponemos hace que proyectemos una imagen de nosotras mismas inferior a la visión de los demás, lo cual no es precisamente de ayuda.

Hoy para abordar todo esto, nos hemos servido de varias dinámicas: relajación/visualización, inspiración plástica, y narrativa oral de la mano del mito de Narciso y Eco; enfocándonos en encontrar el camino hacía el self o una misma.

Visualizando mi yo

Planteando de manera independiente la atención sobre cada sentido, cada uno se ha detenido en una sensación: “…enlazándola contigo, centrándote en tí, en la imagen que tienes de tí. Algo que muy pocas veces te detienes a preguntarte…”

Primero desde todos los lugares del rostro, poco a poco hemos ido incorporando el cuerpo. Asociando el concepto de imagen con un todo, yendo de lo visible a lo invisible: tu actitud, tu sonrisa, tus muecas, los gestos que te identifican y que reconoces como propios, los movimientos a veces imperceptibles que forman parte de tu esencia y que puedes descubrir cuando te miras con detenimiento en un reflejo, un espejo, y también cuando te reencuentras con tu imagen ante una pantalla… 

Eres parte de lo que ves, y aun hay mucho más; Y que esa parte sea sincera, al menos contigo mismo te ayudará a reconocerte. A andar con paso firme.

Puede gustarte lo que ves, o no… puedes encontrar cosas que te desagraden… pero todas son parte, y si las dejas entrar, podrás dejarlas partir; Ser más generoso, más comprensivo, más compasivo (la compasión budista), aceptarte a ti para poder aceptar al otro, y poder pasar a la siguiente fase, la de escuchar con atención: “cómo te ven los demás”. Y poder apreciar lo que te hace bien de los otros … y lo que no.

Inspiración plástica

Dos artistas a las que admiro nos han acompañado: Vivian Maier (“la fotógrafa niñera”), y Cindy Sherman (“la niña de los disfraces”). Con ellas hemos transitado de la autoimagen a la imagen social, análisis de estereotipos, percepción subjetiva y objetiva. Autoconcepto y autoaceptación.

Realidad virtual y mucho mas

Mientras visitaba la exposición de “Guillermo Pérez Villalta. El arte como laberinto” (Comunidad de Madrid,  Alcalá 31), que por cierto me encantó; Me sorprendí pensando en la dificultad en preparar esos bastidores tan extraños e irregulares, lográndolos dejar perfectamente listos para pintar. Lo que me llevó a pensar en todas aquellas acciones que quedan en segundo plano, que se tornan invisibles y no obstante han sido imprescindibles para en muchas ocasiones conformar el entramado de lo que tenemos ante nosotras.

Eso, junto a la parte museográfica de la muestra, me hizo poner atención en el dispositivo COVID para visitar una exposición. Y me llevó a conectar con todo lo que hubo que hacer antes y mientras tanto para poder tener nuestra primera sesión presencial del 2021 en Casa San Cristobal (San Cristobal de los Ángeles).

Previos

Primero fue el hacernos cargo de la importancia de empezar a hacer actividades presenciales con el grupo, con todos los protocolos COVID y cuidados pertinentes.

Casa San Cristobal por el momento no abre por las tardes, y con los horarios de los chavales era inviable hacer una actividad por la mañana, de modo que para mantener nuestro ritual de la tarde de los martes fue precisa la empatía y complicidad de la Dirección, y propiciar la disponibilidad del espacio, lo cual agradezco profundamente.

Previamente hubo que contactar con los progenitores (todas madres), y ponerles al corriente de lo que íbamos a hacer, y varias veces con los chicos/as, en grupo e individualmente; articulando horarios escalonados para utilizar las Oculus (gafas de realidad virtual).

Aunque los/as chicos/as ya conocían la herramienta, hacía más de un año que la habían utilizado, de modo que antes de arrancar, les facilitamos un recordatorio de indicaciones de uso y un tutorial para poder aprovechar la experiencia al máximo.

Protocolos COVID

Según avanzaba con los preparativos me daba cuenta de la inversión de tiempo y energía para poder llevar a cabo la  actividad. Una vez allí, hubo que higienizar manos y pies, controlar temperaturas, usar gorros y guantes esterilizados, y desinfectar las gafas cada vez que había un nuevo uso.

Además hubo que conectar los dispositivos a la red, sincronizarlos entre ellos, abrir las aplicaciones (trabajamos con Tilt Brush), y poner la tecnología a punto. Todo ello con cada chaval, uno a uno, facilitando los accesos y las salidas del edificio también de forma gradual.

Realidad virtual

Los chicos respondieron muy bien ¡tenían tantas ganas de hacer algo diferente!

El proyecto original partía de crear un bosque virtual a partir de los elementos representados por cada uno (todo ello en base a un trabajo previo en el que la simbología del espacio natural enlazaba con elementos de cada personalidad). En esta ocasión, tuvimos que ajustar las expectativas entrenando las herramientas, recordando lo aprendido y probando.

El resultado fue una sesión llena de color, donde el movimiento y la experimentación empezaron lentamente y poco a poco evolucionaron con más energía, mas apertura, y menos miedo. La realidad virtual resultó un recurso más para propiciar el encuentro, el diálogo y la colaboración. Manteniendo distancias, primero tímidamente y poco apoco con mas soltura, los chicos hicieron de la propuesta una oportunidad para crear, conectar y salir del abatimiento y la grisura de estos días.

Así que sí, como Teseo, el héroe del laberinto, animo a tener coraje y empezar a salir de nuestras cuevas, cuidando lo que hacemos, con sentido común y precaución; porque el miedo tiene una función, hacernos cautos, pero cuando se apodera de nosotros es destructivo y aniquilador.

 

El pulso del online

Cada cierto tiempo me gusta mantener una conversación con cada participante para conectar desde lo más personal. Algo que en este caso supuso además una toma de temperatura de la actividad; valorando encuadre, temáticas, dinámicas, metodologías y la propia implicación.

El pulso de una actividad online ante la cual hay una continúa demanda explícita de los participantes de volver a lo presencial es delicado de tomar. Creo que este resumen de las conclusiones puede orientar a otros profesionales en el acompañamiento de adolescentes en estos tiempos atípicos.

Las dificultades

A los chicos les cuesta estar ante las pantallas, les incomoda sentirse expuestos. Les resulta mucho más fácil chatear que mantener una conversación telefónica. Por otro lado, para lograrlo es preciso ser cuidadosa y perseverante.

Además, en casa, en muchos casos, hay problemas de cobertura, caídas de conexión, los dispositivos se estropean o no están disponibles, y hay más interrupciones de las deseadas; a lo que se suma la falta de cuerpo, piel, y la lejanía de la mirada.

Este modo de comunicación les hace ser menos activos y menos comprometidos. Pero siguen acudiendo al online porque es lo que hay, algo que yo desde luego agradezco.

Lo positivo

Yo me hago muchas preguntas y siento la necesidad de trasladárselas a ellos y conocer su perspectiva. También constato que cuando inquieres, cuidas y propicias el encuentro, y tu interlocutor percibe tu escucha, obtienes respuestas.

En lo relativo a las dinámicas, a los adolescentes del grupo les gustan: las relajaciones y visualizaciones, los estímulos audiovisuales, los juegos de preguntas, los debates, y de vez en cuando, hacer alguna actividad plástica. Añoran escuchar más historias míticas y fantásticas, y quieren divertirse.

En cuanto a las temáticas que querrían abordar, la mayoría coinciden en: imagen física y social, “cosas ” relacionadas con el arte, “cosas” relacionadas con la naturaleza y los animales, algo de información sobre empleo (como hacer un cv, mantener una entrevista…). También hay cierto interés sobre: Internet y redes sociales, medioambiente y contaminación, alimentación saludable, y temas relacionados con drogas, consumo y adicciones.

Es significativa la desigual relación establecida con mitoART, (y por ende con la Institución: Casa San Cristobal, Fundación montemadrid); es decir, a cada uno la propuesta le aporta algo (confianza, seguridad, habilidades sociales…), pero en general no saben muy bien lo que ellos aportan a la misma.  Esto me recuerda una constante entre los adolescentes por el hecho de pedir/esperar mucho, de la escuela, el sistema, los demás… pero raramente preguntarse qué es lo que ellos aportan.

La actividad grupal les pone en contacto con los otros, con sus iguales, y eso reduce la sensación de aislamiento y soledad. Y por supuesto, siguen reclamando salir y hacer cosas diferentes. Hasta entonces y mientras tanto, yo rescato la posibilidad de evolucionar en un terreno abrupto y la esperanza de parajes más amables y fáciles de transitar.

Conectar con la naturaleza

La última intervención de la temporada la planteé desde un enfoque orgánico y emocional, de manera que propuse una sesión partiendo de las bondades de conectar con la naturaleza en estos tiempos de semi-encierro, restricciones y circunstancias inhabituales.

Formas de conectar

Estoy convencida de que cuando algo nos es sustancial, si se aleja, lo ponemos en valor, qué es lo mismo que echarlo de menos, y en muchas ocasiones nos activa lo suficiente para impulsarnos en su búsqueda. Seguramente por eso, últimamente me he encontrado con gran cantidad de testimonios en los que la necesidad de conectar con la naturaleza ha sido imperiosa.

Ese deseo puede traducirse de muchas formas en la cotidianidad de cada persona. En nuestro caso, propuse una sesión en la que se podía salir a la calle, a algún espacio cercano al aire libre, a un parque…  con la intención de realizar una parte de la actividad en modo peripatético, es decir, caminando. Una cierta actitud y una buena conexión de móvil hacen de éste, un modo diferente y original de acompañar, escuchar y pensar.

Además, con unos días de antelación, invité al grupo a recopilar materiales orgánicos: piedras, guijarros, ramitas, hojas, tierra, piñas… Con la intención de traer un trocito de naturaleza a casa y a partir de ahí realizar un ejercicio de conexión. Planear la sesión hizo que yo también me diera varios paseos buscando nuevos materiales e imaginando otras posibilidades de expresión.

¿Land Art?

Todo lo cual, inevitablemente me trajo a la cabeza la eterna discusión sobre el Land Art y un puñado de preguntas:

¿Es un arte hecho en ó con la naturaleza?

¿Admite que introduzcamos nuevos objetos o materiales?

¿Qué vale y qué no vale?

Aunque el concepto de Land Art es bastante novedoso (1960 USA); Arte en relación con la naturaleza ha existido desde siempre. Me encantan esas construcciones, o actos performativos  en los que el paisaje y la obra de arte entran en conversación y permiten que nos adentremos en su diálogo.

En nuestro caso, la idea ha sido partir de varios disparadores:

¿Qué es para ti la naturaleza, a qué te ayuda? 

¿A pensar? ¿A relajarte?

¿Te gusta ir sola o en compañía?

¿Qué haces en combinación con la naturaleza? Leer, pasear, correr, tumbarte, nada…

Y a partir de ahí, abrir un espacio de expresión para construir una pieza. Al final las obras propias y ajenas han tejido un tapiz de posibilidades:

 

La importancia de la verdad

Cuando me planteé esta sesión lo hice convencida de la importancia de la verdad; como sinónimo de luz, de justicia, y de “Bien”, en línea con los postulados de “La República” de Platón. Creyendo que de algún modo era un pensamiento mayoritario, alineado con el resto del mundo, y en particular con el grupo de chavales del taller.

Menos suponer

A veces tengo estos pensamientos. Percepciones  generalizadas de que criterios y sentencias que me parecen fundamentales son universales, y no, no son absolutos, son relativos. A veces hago, hacemos suposiciones y si bien es cierto que no podemos testar lo universal; sí podemos tratar de reducir nuestras suposiciones al mínimo, y para ello, al menos en nuestro ámbito más cercano, podemos servirnos de la oportunidad de preguntar y hacer explícitas las cosas. Esto me recuerda uno de los cuatro acuerdos de sabiduría tolteca: Evita las suposiciones.

La importancia de la verdad

En lo que nos ocupa, sinceramente no sé si la verdad es algo tan deseado y tan importante para todo el mundo como postula el “mito de la caverna”. Ni para los adultos, ni para los jóvenes, lo cual me deja bastante confusa ¿quizás se deba a que estas chicas y chicos sean muy diferentes de las y los demás? ¿tal vez resulta que son más parecidos al resto, pero su pensamiento no tiene nada que ver con lo “deseable” al menos desde el punto de vista del pensamiento clásico?

El mito de la caverna

Siguiendo nuestra inspiración filosófica, nos hemos servido de un acercamiento audiovisual al mito de la caverna de Platón y lo hemos desgranado y aplicado a lo cotidiano; como por ejemplo el fenómeno de las fake news, y a las “cortinas de humo” de tantas plataformas de comunicación que desplazan la atención de lo importante (me refiero a la Verdad).

Para el interior de la caverna hemos utilizado dos planos de realidad:
1) Las sombras proyectadas, un plano falso que podemos relacionar con los mitos y la imaginación.
2) Los hombres y objetos que proyectan las sombras: representando el conocimiento falso pero por encima del anterior, es decir, las creencias que tenemos de las cosas y las conjeturas.

En el exterior: la luz, la verdad, el bien, la justicia, y las ideas a las que se llega a través de la razón, del discurso y del análisis.

Algunas preguntas

Os dejamos algunas de las preguntas con las que hemos trabajado, a nosotras nos han ayudado:

¿Alguna vez os ha ocurrido que lo que creíais verdad era falso?
¿Te ha pasado que al plantear la verdad el sentir rechazo?
¿Habéis rechazado verdades y creencias de otros?
¿En qué momento estáis: “atados en la cueva, cegados por el sol, viendo la verdad”?
¿Qué opináis de “las sombras”: la fama, el dinero, la belleza perfecta, la pareja de ensueño… hasta qué punto son reales?
¿Cuestionas lo viejo? ¿Experimentas con lo nuevo?

¿Qué opinas de la suerte?
¿Cómo de humilde eres?

Al final, resulta que el ideal de conocimiento supremo de Platón y de ansias de verdad no es tan generalizado como imaginaba. Me temo que entre otras cosas, las redes con sus carcasas de apariencia y frivolidad dejan poco espacio para poder trasladar las verdades individuales de cada uno.

Collage. Recreación del “mito de la caverna” de Platón

Interrogantes

Creo que una de las características que demuestra que nos mantenemos vivos es la de hacernos preguntas. Muchas veces no se trata de obtener respuestas, sino sencillamente de generar nuevos interrogantes, se trata de pensar, y de ir un poco más allá, supongo que esa es una de las razones por las que me gusta la filosofía.

Adolescentes

Y creo también que hay un momento en el que formular preguntas puede resultar más complicado de lo habitual, y es esa etapa en la que se está en continua evolución, en la que todo va muy rápido, frente a la percepción de los chicos de que a veces todo va más despacio de lo que quisieran.

Una fase en la que el cambio es muy dispar entre unos y otros. Un recorrido que va de la dependencia a la autonomía incluyendo un viaje lleno de subidas, bajadas y altibajos; donde se testan límites, se buscan zonas de confort, y se construye personalidad; algo difícil de gestionar para los adultos.

Clima de confianza

Los jóvenes se hacen preguntas que muchas veces no verbalizan cuándo sienten que no tienen escucha receptiva, o consideran que no cuentan con interlocutores válidos. Otras veces hay demasiadas ausencias. Y esas cuestiones sin resolver en multitud de ámbitos, hace que muchas de estas chicas y chicos se cierren en banda y dejen de formularlas.

En lo que al adulto respecta, no basta con decir “aquí estoy, pregúntame lo que quieras”. Es necesario acudir a ellos, iniciar una y otra vez el diálogo, aunque a veces parezca un monólogo; sin invadir, invitando, compartiendo vivencias y confidencias. Creando un clima de confianza y seguridad, en el que los chavales se sientan escuchados de verdad, donde poder hablar libremente, con respeto y sin juicios. 

Verbalizar

Esa necesidad de hacer que el pensamiento emerja, sumada al momento que estamos viviendo de incertidumbre y aislamiento, ha impulsado la dinámica de hoy, en la que una vez más a través del juego hemos desgranado interrogantes. Aquí os dejamos una pequeña muestra de la variedad de inquietudes entre 13 y 15a.

¿Porqué me veo distinto a los demás?
¿Cómo cambia mi cuerpo, qué me está pasando?
¿En qué medida la personalidad de uno tiene que ver con la de sus padres?
¿Porqué mis primeros recuerdos son tan vagos?
¿Qué es eso de la ideología?
¿Habrá vida fuera de la tierra?
¿Cuánto de importante es el dinero?
¿Porqué los adultos no entienden a los adolescentes?

 

Mon Laforte. Mural

Parejas, problemas, y todo eso del amor…

Una de las últimas veces en que pregunté al grupo por los temas que querían que abordásemos en las sesiones, la respuesta mayoritaria fue literalmente: “Las parejas, los problemas, y todo eso del amor”. Y claro, es natural; Si estos asuntos nos ocupan y nos inquietan con más o menos intensidad a la mayoría de los adultos -por no decir a todos-, ¿cómo no van a interesar a las jóvenes que se están abriendo a la vida, máxime en un momento en el que pareciera que toda la información que consumen es a través de las redes?

Representar

La dinámica central que hoy hemos utilizado ha partido de la dramatización de un texto. Se trataba de un escrito fresco, moderno, con perfiles muy actuales y “normales”; una situación de encuentro en un lugar público común (el metro), abordada desde diferentes perspectivas. El texto lo proponía yo, y  estaba planteado como una base abierta sobre la que improvisar e interactuar.

La dinámica de la lectura de un texto al que se dota de alma permite acortar la distancia que hay a veces entre chavales con más dificultad en hacer emerger la palabra, y que se pone de relieve en la actividad online, un pudor que lleva su tiempo superar.

El personaje de cada cual

Para determinar los papeles hemos utilizado una herramienta que de modo aleatorio invitaba a cada una a elegir su personaje. Este simple hecho ya dice mucho de nosotras y del momento que estamos viviendo. No me resulta extraño encontrarme con chicas que quieren experimentar ser chicos, y a la inversa; sin que eso signifique que están a disgusto con su género, si no más bien una sana curiosidad por mirar y sentir a través del otro. Así nos encontramos con quienes ansían vivenciar las realidades de enfrente, y quienes sencillamente se quedan en lugares de exploración más próximos.

¿Cuántas mujeres y cuántos hombres hay dentro de cada uno, cuánto reconocido y abrazado, cuánto obviado y aislado, cuánta sombra? Meterte en la piel del otro es una herramienta estupenda para mirar en tu interior. Cuanto de esto me resuena, cuanto soy yo, cuanto rechazo… y lo que ocurre con todo ello. Dejarlo reposar, volverlo a enfocar y reelaborarlo.

Verdades obvias

Más tarde, acompañados por la plástica de Mon Laferte, hemos seguido transitando por la temática de la sesión, intercalándolo con verdades obvias, pero no por ello menos importantes y absolutamente necesitadas de atención y entrenamiento.

RECUERDA:

– El otro no tiene porqué adivinar lo que quiero o necesito

– Es primordial comunicarnos, y si me cuesta, practicar y aprender a hacerlo

– Es necesario ser transparente con lo que me gusta del otro y lo que me va bien

Evita convencer al otro de lo que te interesa (muy diferente a: explicar, escuchar, ser asertivo…)

– Es preciso poner límites y respetarlos, los propios y los ajenos

Mon Laforte. Mural
Mon Laferte. Street Art. Mural en Valparaiso.

Estar sola y sentirse sola

Estar solo y sentirse solo, cuan diferente es. Tanto como la distancia entre la soledad buscada y deseada, frente a la soledad obligada y excesiva. Curiosa sensación, estado y necesidad, que especialmente en los últimos tiempos está tan presente, imponiéndose o acompañando.

Creo que todo en exceso genera desequilibrio, y por lo tanto perturbación; de ahí que nuestra salud emocional se vea afectada ante la soledad en exceso y ante la compañía en demasía. La clave: aprender a estar con uno mismo, a disfrutar de lo pequeño y de lo grande, a estar con los demás, a propiciar el aislamiento cuando lo necesitamos, y a encajar los momentos no elegidos de obligada soledad, tratando de crecer con todo ello.

Autoconocerse

Y claro, entender que es bueno saber estar solo, es muy diferente a sentirse cómoda estando sola. En primer lugar requiere mucho autoconocimiento, saber qué es lo que me gusta y lo que no, qué puedo plantearme, qué me cuesta más; cuales son mis límites, cómo me relaciono y como me comunico, qué necesito, cómo es mi ritmo… Escucharme y probar. Y para todo esto es necesario estar sola y contrastar con los demás.

Nacemos solos, morimos solos

El sentimiento de soledad es algo que forma parte de nosotros desde el origen de los tiempos. Nacemos solas, morimos solas y entre medias hay muchas veces que estamos muy a gusto solas, otras en las que desearíamos estar acompañados, y otras tantas en las que estamos rodeados de gente pero nos sentimos solos de solemnidad, creo que esa es la peor forma de soledad, la paradoja de no querer estar solo, aparentemente no estarlo, y aún así sentirse muy solo, o lo que es lo mismo sentirte muy lejos de quienes te rodean. Cuando me pasa eso trato de cambiar de lugar. Prefiero estar sola del todo (estar sola y sentirme sola), a sentirme sola estando “acompañada”.

Pautas para estar mejor

Hoy en la sesión hemos mirado tras mil prismas posibles la circunstancia de estar solo, estar sola y cómo se siente. La realidad de los introvertidos y sus diferentes necesidades, lo que ocurre cuando “me da vergüenza ir al encuentro del otro” y cómo lo podemos abordar. Entre todos hemos desgranado pautas para estar mejor cuando estamos solos y no queremos estarlo:

Dejar de echarme la culpa 

Bailar, correr, saltar, cantar… (segregando endorfinas me sentiré mucho mejor)

Crear (con lo que tenga a mano)

Desplazarme o pensar en un lugar que me haga sentir bien

Pensar en cosas que me hagan sentir bien y hacerlas, descubrir nuevas cosas

Conectar con alguien con quien esté a gusto

Ayudar (a alguien que lo necesite)

Cuando lo que siento no me gusta, recordar que eso pasará (y la próxima vez será menos duro)

Mi sensación de soledad. Lápiz sobre papel.

 

 

Miedos

El miedo es algo natural en el ser humano, es una emoción primaria, incómoda, incluso desagradable, que sentimos al percibir una amenaza. En su justa medida tiene una función, hace que reconsideremos lo que ocurre y/o lo que vamos a hacer. Al otro lado: el miedo extremo, el que provoca ansiedad, el que se convierte incluso en patológico; es al que hay que manejar y mantener a raya.

De manera que la cuestión es asumir que alguna vez todos y todas tenemos miedo, y que mis miedos pueden hasta cierto punto ser útiles porque me hacen tener cautela. Ante a ellos, se trata de valorar lo que está en juego, tener coraje, y actuar.

Hoy, hemos tomado como inspiración a Epicuro quien consideraba que para alcanzar la felicidad había que vencer cuatro miedos fundamentales; Desde ahí y con el estímulo plástico de artistas que transitaron por sus temores, cada participante ha identificado su miedo, plasmándolo, desmontándolo y haciéndole frente.

Mis miedos, collage sobre base de papel

 

Los miedos de la Escuela Epicúrea

Recorrer: el miedo al dolor, a la muerte, a los dioses, al fracaso en la búsqueda del bien (en definitiva, a no ser feliz), nos ha permitido ponerlos en conexión con los propios.

1.- El miedo al dolor forma parte de la naturaleza humana. Como el dolor es algo que tratamos de evitar, nos “protegemos” de él teniéndole miedo. Cuando la causa del dolor surge de la preocupación por satisfacer deseos innecesarios, caemos en una trampa que nos impide ser felices. De ahí surge  el temor a no tener lo considerado valioso por los demás, aunque en esencia no lo sea para nosotros, lo que nos  lleva a la dualidad entre el ser y el tener, y a todo un tema de actualidad; y es que el estar más preocupados por lo que tenemos nos hace que olvidemos ocuparnos de lo que somos.

2.- El miedo a la muerte, a lo desconocido e irreversible, ha sido y es  un miedo muy presente en muchos pueblos desde hace muchísimo tiempo. Y sin embargo otras culturas como las prehispánicas se concedía a la muerte un importante lugar. En ocasiones morir constituía un honor, como los elegidos para los sacrificios humanos, allí, la forma social de enfrentar la muerte no representaba algo a lo que temer. Hoy, al menos en occidente, el miedo a la muerte es tal, que hace que se la obvie a lo largo de toda la vida incluso sabiendo que llegará.

3.- El miedo a los dioses fue algo muy extendido en la antigüedad, que se trasladó a las culturas monoteístas occidentales oculto tras el temor a lo desconocido y “superior”. Junto la destructiva sensación de culpa cuando se les fallaba, heredada por todo el cristianismo, y que aún hoy forma parte de nuestras creencias más arraigadas (no solo religiosas), y es que si hacemos ciertas cosas tememos al castigo divino.

4.- El miedo al fracaso en la búsqueda del bien. Ya que para Epicuro el bien se alcanzaba a través de la felicidad, y la felicidad consistía en ser más, no en tener más, este temor radicaba en tratar de lograr el bien y no conseguirlo, lo que podríamos interpretar como el temor al fracaso en aquello que nos proponemos.

Desmontando miedos

Con todo, la última parte de nuestro recorrido ha transcurrido en torno a cuatro cuestiones, si te las haces podrás empezar a mirar tus miedos de otra manera :

¿De qué tienes miedo?
¿Es posible o probable?
¿Es importante?
¿Pasado un tiempo, será realmente significativo?

 

¿Sirve sufrir para algo?

El dolor es una sensación incómoda y desagradable que padecemos los seres vivos con sistema nervioso central. Es una señal de alerta, que nos avisa de qué algo anda mal. Además es una experiencia subjetiva, no hay dos dolores iguales, medir el dolor es harto complicado, y sobre todo muy relativo.

Sufrimiento

En ocasiones, dolor y sufrimiento van de la mano, muchas veces el segundo es consecuencia del primero, y aunque no son lo mismo, podríamos considerar que el sufrimiento es un dolor prolongado en el tiempo, una sensación fruto del desgaste del sistema nervioso, ocasionado por causas físicas o emocionales y, según el psicoanálisis, siempre es consciente.

El dolor no es una elección, pero no tengo muy claro hasta que punto el sufrimiento lo es, quizás en algunas ocasiones podamos hacer frente al sufrimiento, dejar de alimentarlo y hacer que se vaya diluyendo hasta desaparecer, otras veces puede que no sea así.

Un poco de filosofía

Ambos conceptos: dolor y sufrimiento habían surgido en más de una ocasión en el grupo siendo interpretados de forma muy diferente cada participante. Para situar la sesión, me pareció muy adecuada la visión de la vida de Schopenhauer y su respuesta al sufrimiento humano.

El filósofo alemán apuntaba que nuestro mundo había sido creado por una especie de demonio cuyo objetivo era el sufrimiento de los seres humanos, una especie de gran sádico. Entiendo que era su modo de explicar lo que Schopenhauer consideraba un sufrimiento constante.

Enlazando el interés del pensador por el Budismo, y su consideración de nuestra equivocación en “existir para ser felices” (el no serlo nos genera dolor); hemos llegado a la conclusión de que es complicado saber para qué existimos. Puede que no haya una respuesta genérica, y cada uno tenga que averiguar para qué está aquí.

Incorporar la ilusión

Mientras lo averiguamos y como salida al dolor prolongado, es una muy buena idea la de tratar de reducir nuestros impulsos negativos, estando por encima de nuestros deseos (como hacen los verdaderos sabios); e incorporar la ilusión a nuestra vida (la motivación, las ganas de hacer cosas…). Para ello el pensador proponía el cultivo del arte y la filosofía; pero yo creo que hay muchas más cosas, como alimentar los afectos y hacer cosas por y para los demás.

Con todo ello y la inspiración de grandes artistas que han transitado por sus sensaciones de sufrimiento, el grupo ha expresado su sentir en forma de lugares sosegados y esperanzadores, entiendo que fruto de nuestras dos horas de viaje. Y definitivamente, a la pregunta inicial de: ¿Sirve sufrir para algo? la respuesta ha sido: NO. Si puedes acortar tu dolor hazlo, trata de evitar el sufrimiento innecesario. Sufrir no sirve para nada bueno.

 

Lápiz y acuarela