La consciencia de mi presencia

En esta ocasión afianzamos el vínculo entrenando la confianza y la confidencia, dos conceptos muy interrelacionados, y absolutamente necesarios para nuestro bienestar.

Si bien estoy a favor de las bondades de las nuevas tecnologías, creo que es importante recordar que el control sobre las mismas lo debemos de tener nosotros y nosotras, y no a la inversa. En el caso de los y las preadolescentes, la combinación”móvil y redes” está generando formas de comunicación que conviene revisar. Por ejemplo, un mensaje escrito no debería de substituir el encuentro cara a cara con el otro; la presencia y la energía de la persona con la que establecemos una relación de complicidad y que permite que podamos abrir nuestro corazón; y es desde este lugar, desde el que propiciamos la aproximación al otro y la confianza de que nuestras confidencias quedan recogidas en lugar seguro.

Somos cuerpo, mente y energía, por eso para lograr el equilibrio de estos tres frentes, también prestamos atención a lo que físicamente nos sustenta: cabeza, cuello, pecho, brazos, piernas… gracias a la actividad en movimiento aprendemos a SOLTAR, a eliminar lo que nos sobra, lo que nos limita. El uso psicoterapéutico del movimiento promueve la integración emocional, cognitiva, física y social del individuo. Nos movilizamos y nos desplazamos por el espacio, jugando y reconociéndonos desde lo dinámico.

Poco a poco vamos deteniéndonos hasta ocupar ese mismo espacio desde la calma y la serenidad, necesarias para podernos RELAJAR. La quietud, el silencio, la consciencia de la respiración, la presencia plena… es un trabajo individual que converge en un acercamiento al otro, y desde ahí la conexión con la necesidad de piel que cristaliza en el abrazo.

Arteterapia. Ocupando mi lugar. Casa San Cristobal.