Salir de la zona de confort

Creo que en el ámbito de la educación deberíamos de actuar desde dos enfoques complementarios que tendrían que funcionar en paralelo. Mientras construimos entornos cómodos, amables y amorosos para nuestros adolescentes, hemos de buscar la manera de impulsarles a salir de la zona de confort. (Lo que en cierto modo podría verse como «una de cal y otra de arena», pero no de cualquier modo).

De problema a reto

Lo primero permitirá que se sientan seguros y confiados, con el apoyo necesario y el suficiente impulso para seguir adelante.

Lo segundo les entrenará en el tránsito por recorridos más tortuosos, y no obstante trayectos de aprendizaje inherentes a la vida. Y si en estos últimos somos capaces de transformar los problemas y dificultades en retos, estaremos colocándoles en un lugar de crecimiento en el que su curiosidad y creatividad serán claves para ser mejores.

Conexión con la tierra

Con esa premisa, hoy hemos abordado el salir de mi zona de confort realizando todas las dinámicas desde el suelo. Primero con una aproximación al cuerpo y a la propia energía, desde la respiración y la consciencia.

Después hemos hecho un trabajo con los pies, descubriéndolos, dotándolos de valor, anteponiéndolos, reconociendo su peso, su importancia, y su papel de conexión y enlace.

Más tarde hemos utilizado pinturas al agua satinadas, con unas texturas suaves y tornasoladas para realizar una propuesta primero con  pie y pincel y luego con las manos. Ha sido una metáfora del disconfort al confort, que ha propiciado la palabra y el aterrizaje en otras áreas del día a día.