Mi mapa relacional II

La última vez que abordamos el mapa relacional, hacíamos referencia al poder de lo sistémico, concretamente al hecho de que cada vez que yo cambio el lugar desde el que me constituyo, todo lo demás también se modifica”.

Utilizando el marco organizativo de las relaciones, hemos continuado trabajando con el modelo sistémico, un pensamiento que se sitúa en un marco conceptual que facilita la claridad y la modificación de patrones. A groso modo sería un organismo con un conjunto de partes que interactúan en combinación con otros componentes.

Trasladado a nuestra práctica, hemos seguido utilizando la plastilina con la que habíamos construido referentes reales y personales. A continuación, cada participante ha trasladado a su universo esos referentes representando familiares, amigos y personas cercanas, explicitando de manera gráfica las relaciones que mantenían con su entorno. Ha sido necesario un ejercicio de toma de consciencia importante consistente en representar de  manera lo más realista posible la vivencia objetiva de esas relaciones.

Partiendo del lugar que ocupo en mi universo, hemos colocado a las personas significativas. Además de la cercanía o lejanía de cada sujeto, l@s chic@s han ido tejiendo una red de flechas a veces de ida y vuelta, otras de un único sentido, dando forma a esas relaciones.

Otro hecho llamativo ha sido la aparición de elementos abstractos que han tomado corporeidad en función del peso que tenían para cada participante: la ansiedad, las relaciones tóxicas, las dificultades… L@s chic@s han construido el mapa de su momento presente, más adelante diseñaremos  el mapa que cada uno querría construir.

Mi mapa relacional I

La primera vez que me acerqué a las constelaciones familiares de Bert Hellinger, me pareció un método novedoso con mucho potencial. Me fui dando cuenta de que planteaba un modo de trabajar que evidenciaba y daba forma a las relaciones que mantenemos y a la comunicación que las sostiene, llegando a conformar el mapa relacional de cada uno.

Con esta dinámica como inspiración, invito al grupo a reflexionar sobre las relaciones que mantienen con las personas más significativas de su entorno inmediato, fundamentalmente: la familia, la escuela y los amigos. La idea contempla el dar forma a esas relaciones conformando un escenario, con todos sus componentes y las interacciones entre ellos; para posteriormente, a partir de lo esbozado, identificar como se siente cada participante con cada una de sus relaciones, y cómo puede mejorarlas.

El “esquema” de cada sujeto requería de un trabajo de introspección relativo a las personas significativas en la vida de cada cual, a partir de esta reflexión utilizamos la plastilina para personificar las relaciones, y la ubicación en el espacio familiar, escolar y de amistad de cada un@. Nuestra posición, nuestros movimientos y actitudes ante ese “dibujo” propiciarían cambios y generarían nuevas disposiciones.

La cuestión es que esos movimientos de cambio de perspectiva personal requieren de un trabajo de interiorización y análisis que permite vislumbrar dónde estamos, dónde queremos estar, cómo nos influyen las personas que nos rodean, como condicionamos nosotros, cómo nos colocamos y como queremos posicionarnos.

El poder salir de nosotros mismos para vernos en el dibujo conformado tiene un valor enorme, permite que dejemos de ser foco, y que siendo una parte más, abramos nuestra perspectiva con una mirada más amplia poder formar parte del cambio. Se empieza por pequeños movimientos de emplazamiento, de aproximación o alejamiento en relación a las situaciones o personas, que permiten que podamos sanar  circunstancias y relaciones haciendo que todo lo que haya alrededor también varíe merced a ese cambio de perspectiva.

Y naturalmente el poder de lo sistémico, porque cada vez que yo cambio el lugar desde el que me constituyo, todo lo demás también se modifica.