La enfermedad representada

Todo pasa, lo malo también, el dolor también.

Lo sé, lo he vivido. Pero (y cada vez que en una afirmación hay un pero, me da que pensar), cuando estás en el núcleo del huracán, en plena experiencia dolorosa en primera persona -en este caso la enfermedad-, es muy fácil olvidarse de que todo pasa.

Acabo de vivir este proceso sintiendo que estaba dentro y fuera al mismo tiempo. La medicación era tan fuerte que me dejaba en un estado de semi-letargo, consciente de lo que ocurría pero agotada. Una larga semana en la que apenas dormí, en la que me sentía exhausta, en la que el dolor me hacía cambiar continuamente de postura, sin aguantar mucho de ningún lado, en la que tenía alteraciones en la visión,  en la que la lengua estaba permanentemente pastosa, y me cambió el sentido del gusto, en la que la sensación de sequedad era agobiante, la vejiga siempre llena, y los diversos dolores se intercalaban: punzante en el hígado, presión del ciego, crispación del estómago, contracción del intestino.

Quince días, cambio de medicación, síntomas que van menguando, y efectos secundarios que se disuelven. Consciencia de todo a cámara muy lenta y lucidez de que esto no ha sido nada, un susto, un paréntesis corto. La tremenda perspectiva de la relatividad de la vida y de las cosas. Querer incorporar este ritmo pausado a mi día a día, sin prisas, sin querer abarcar tanto, mimando lo que decido hacer, deteniéndome en el detalle, siendo cada vez más verdadera. Atenta a la vulnerabilidad y a la pena. Sentirme afortunada y en paz.

Hablamos en nuestro taller de la enfermedad, de lo que pasa cuando se está malita o malito. De cómo de importante es el estado del alma, la cabeza, los cariños… de cómo se supera lo físico cuando lo demás está en orden. De qué ocurre a nuestro alrededor cuando no nos encontramos bien, la importancia del abrazo sincero, de sentirse significativo/a.

Alguno/as representan enfermedades que para ellos fueron importantes. Otros/as, afortunadamente aún no vivieron experiencias duras en este sentido, así que con el foco puesto en el hecho de no encontrarse bien, expresan su manera de percibir la enfermedad, lo plasman con pinturas al agua y color.

No siempre es fácil el ejercicio de inmersión, pero al final logran concentrase y reproducir su visualización de la enfermedad y lo que ocurre mientras tanto.

 

 

Mi emoción cuando me duele

Hoy abordamos la emoción que siento cuando algo me duele, cuando algo me hace daño. Fue hermoso el intercambio de historias, gestos, trazos y palabras desde el respeto y la conexión, más allá de los caracteres y realidades de cada una.

Procesos y resultados desiguales

Las dificultades y problemas que los adultos “sufrimos” cada día, pueden llegar a resultarnos de un gran peso. El corazón y la cabeza no siempre van de la mano, y alinear nuestras prioridades y entrenar las herramientas de que disponemos para “colocarlo todo” de la mejor manera posible, es una tarea cotidiana de procesos y resultados desiguales.

En paralelo, la densidad de las contrariedades de los adolescentes, si bien nos pueden resultar muy lejanas e incomprensibles; para ellos pueden llegar a tener una carga que en ocasiones supera la de los mayores.

Cómo vivimos lo que nos ocurre

No se trata tanto del hecho objetivo, sino más bien de cómo vivimos lo que nos ocurre, cómo nos situamos y como lo abordamos.

Muchas veces el problema es que medimos las cosas y las dificultades según nuestros parámetros. Por eso la empatía es tan rara, ¿cómo ponerme en tu lugar si estoy condicionado por mi esencia, mi trayectoria, mi sistema de creencias? ¿cómo ponerme en tú lugar si sigo en mi lugar?

Los pasos más sencillos pasarían por: Entender- Aceptar-Abrazar. Pero ¿qué ocurre cuando no entiendo? pues que solo queda aceptar y abrazar, desde la autenticidad. Colocarnos verdaderamente en la realidad del otro, sintonizando con su pena y su dolor, y para eso hay que olvidarse de un@ mism@ y querer mucho.