Salir de la zona de confort

Creo que en el ámbito de la educación deberíamos de actuar desde dos enfoques complementarios que tendrían que funcionar en paralelo. Mientras construimos entornos cómodos, amables y amorosos para nuestros adolescentes, hemos de buscar la manera de impulsarles a salir de la zona de confort. (Lo que en cierto modo podría verse como «una de cal y otra de arena», pero no de cualquier modo).

De problema a reto

Lo primero permitirá que se sientan seguros y confiados, con el apoyo necesario y el suficiente impulso para seguir adelante.

Lo segundo les entrenará en el tránsito por recorridos más tortuosos, y no obstante trayectos de aprendizaje inherentes a la vida. Y si en estos últimos somos capaces de transformar los problemas y dificultades en retos, estaremos colocándoles en un lugar de crecimiento en el que su curiosidad y creatividad serán claves para ser mejores.

Conexión con la tierra

Con esa premisa, hoy hemos abordado el salir de mi zona de confort realizando todas las dinámicas desde el suelo. Primero con una aproximación al cuerpo y a la propia energía, desde la respiración y la consciencia.

Después hemos hecho un trabajo con los pies, descubriéndolos, dotándolos de valor, anteponiéndolos, reconociendo su peso, su importancia, y su papel de conexión y enlace.

Más tarde hemos utilizado pinturas al agua satinadas, con unas texturas suaves y tornasoladas para realizar una propuesta primero con  pie y pincel y luego con las manos. Ha sido una metáfora del disconfort al confort, que ha propiciado la palabra y el aterrizaje en otras áreas del día a día.

 

Prestar atención

Una de las características comunes a la mayoría de los adolescentes con los que trato es su dispersión. Nos guste o no, es una realidad el hecho de que les cuesta prestar atención. Resulta una proeza que se concentren y mantengan la atención ante casi cualquier cosa, incluso si el asunto les interesa. Cuando algo no les interesa se pierden desde el principio; y cuando les interesa, divagan, se despistan, vuelven al punto inicial, y pierden cosas por el camino.

Modos de enfocar nuestra atención

Atención global: consiste en una visión de conjunto. Te separas mentalmente de la escena y buscas información. Es como si miraras desde arriba con atención plena y curiosidad, como si estuvieses en la cúspide de una montaña. Miras en derredor y ves cosas que antes no veías. Es la visión que los aztecas llamaban del condor.

Atención bifocal: es cuando vemos de cerca y de lejos apreciando lo positivo y lo negativo.  Apreciamos el siguiente paso, y si el camino está despejado vemos un poquito más. Es la visión que los antiguos pueblos indígenas identificaban con el puma.

Atención enfocada: es la que se caracteriza por descubrir cada detalle. Tenemos todos nuestros sentidos atentos y concentrados en lo inmediato, es una visión de proximidad que detecta hasta lo más diminuto. Esta sería la visión de la serpiente.

Atención plena

Para observar algo con nitidez hemos de enfocar nuestra mirada. Nuestro ángulo es mayor de lo que podemos abarcar, y la visión nítida precisa del movimiento casi continuo de nuestros ojos. Por eso es preciso practicar, entrenando la atención conseguiremos centrarnos.

Para ello, dirige tu curiosidad hacia donde estés interesado, o donde en ese momento sea preciso que estés atento. Si eres observador, solo mirando a los ojos detectaras mucho de lo que hay tras los demás. Se trata de ejercitar la atención plena. Estar en el presente dejando a un lado el pasado, sin escapar hacia el futuro

Hoy en la sesión hemos abordado la importancia de prestar atención, de centrarse en el aquí y ahora, enfocando la energía en lo que tenemos delante y aislando el ruido que nos distrae. Nos hemos apoyado en la relajación, la respiración consciente, los juegos de palabras, el trabajo corporal, y el zentangle, en algunos lugares conocido como arte meditativo; una manera de dibujar consistente en crear dibujos con la inspiración de formas abstractas.

Entender el miedo

Ni es la primera vez que abordamos el miedo, ni será la última. El miedo es una emoción que nos acompaña desde que nacemos, afecta a nuestra percepción de lo que podemos o no hacer, nos pone en alerta, hace que seamos más precavidos… y también puede llegar a limitarnos en muchos aspectos.

Nuestros miedos van evolucionando; no es lo mismo el miedo en un niño, en un adolescente o en un adulto… y no es lo mismo una situación, un entorno y unas creencias. Con todo, hay un conjunto de elementos comunes sobre cómo se posiciona nuestro cerebro ante el miedo, entenderlo ayudará a gestionarlo mejor.

Repuestas ante amenazas externas

Cuando nos enfrentamos a una amenaza externa, podemos responder de cuatro maneras.

1.- Lo primero que intentamos es establecer una conexión -emocional o  social- para resolverlo. Imagina que estoy en un sitio y alguien me ataca, lo primero que hago es mirar a mi alrededor para ver si la gente que está conmigo me puede ayudar; si no intentaré establecer una conexión con quien me ataca para tratar de evitarlo, hablaré con él, trataré de convencerle de que desista.

2.- Pero si lo que tienes delante es un león, entonces se activa el sistema simpático y entramos en modo de lucha. Casi toda la sangre de nuestro cuerpo irá a los brazos y a las piernas; se detiene el sistema reproductor, el digestivo, el inmunitario, la corteza prefrontal… Desaparece lo que no necesitamos (colaboración, empatía, pensamiento abstracto… ) y nos dispondremos a luchar.

3.- Si mi cerebro evalúa que no tengo probabilidades de ganar la pelea (antes, o durante  la lucha), la huida se activa. Corres lo más rápido que puedas, mientras sigues con el sistema simpático excitado.

4.- Si sigo corriendo sin parar, pero no me ha servido lo anterior y detecto que me van a pillar, me hago el muerto. Mi sistema nervioso se pone en modo ventral y me quedo totalmente congelado. Cuando una gacela se hace la muerta los depredadores no se la comen en el sitio, la agarran por el cuello, la arrastran tras un arbusto, se van a buscar a sus crías o al resto de la manada, y en ese momento escapa.

Respuestas automatizadas

Tenemos estas respuestas automatizadas. Cuando estoy estresado o con ansiedad, cuando grito, me pongo en modo de lucha-huida. Cuando me hundo y me meto en mi guarida (estoy depre y me hago el muerto), se me apaga el metabolismo, se atenúa mi respiración y mi cerebro me envía una señal de: “no te muevas, no hables, no intentes nada” .

Hoy en la sesión cada uno ha identificado sus miedos, los ha encerrado en una cajita y hemos construido un laberinto sobre ellos, metáfora de cómo cada cual los aborda.

 

 

Aprender a conocernos

Llevamos años queriendo vincular de manera estable y regular a progenitores en el proceso arteterapeútico y de crecimiento personal de los adolescentes que conforman el grupo. Años teniendo en cuenta circunstancias, necesidades, horarios, cargas y situaciones… y poniendo los medios para hacerlo fácil y viable.

Hace un par de semanas logramos aunar disponibilidad y proponer una fecha para agrupar: madres, padres, familiares, junto con los adolescentes participantes del taller. Persona a persona, logramos determinar un día y un horario para comprometer el encuentro en una sesión on line. Aquello estaba resultando alentador e ilusionante.

Mamás y papás

Finalmente llegó el día, y… dos horas antes empezaron a aparecer mamás excusándose. La mayoría con más que comprensibles razones, algunas realmente desoladas, otras sencillamente ausentes. Si, por la razón que sea, las mamás no están presentes, es muy pero que muy difícil la vinculación y presencia de los papás. La realidad es que cuando los papás están disponibles el único modo de llegar a ellos es a través de ellas, de manera que si no están unas no están otros.

Y es que al lado de esto, que es una minúscula gota en el océano, están las circunstancias de cada familia, las prioridades de cada momento, las urgencias, las situaciones marcadas mayoritariamente por las imposiciones profesionales de última hora, los compromisos familiares -muchas veces imprevisibles-, y la demandante realidad de los hogares con niños pequeños y sin ayuda.

Una sesión para familias

Me entristece que una sesión preparada con mimo y cariño, pensada para familias, no cuente con los adultos; pero bien es cierto que hay ocasiones en que las cosas son como son y lo único que nos queda es adaptarnos a lo que hay, aceptarlo, y continuar. Y si seguimos creyendo en lo que hacemos -lo que es el caso-, volver a intentarlo, poniendo toda la energía e implementando lo aprendido ante cada nueva ocasión.

Tener alternativas

Queridas mamis, deciros que desde aquí me hago cargo de la enormidad de tareas y compromisos, frente a la limitación de cada día, frente a las situaciones que nos sorprenden y nos descuadran, y ante las que tenemos que reposicionarnos. Así que gracias por ser y estar, por continuar en ese otro lado, por la confianza y la apuesta. Desde mi lugar, la experiencia me ha enseñado a prever, a tener siempre una alternativa y a seguir bregando ante la incertidumbre.

Autoconocimiento

Uno de los modos que tengo de visualizar todo esto es un enorme «mapa» para aprender a conocernos. Un mapa que nos permita saber quienes somos, dónde estamos; que nos ayude a detectar nuestras limitaciones, determinar a qué podemos comprometernos… en definitiva a conocernos mejor.

Por eso hoy, en nuestro taller, hemos abordado el autoconocimiento; desde la relajación, el movimiento corporal, el juego y la representación plástica. Gracias a quienes lo habéis hecho posible. Namasté

El viaje del héroe

De todas las historias mitológicas, una de las que más huella me dejó, fue la relativa al mito de Ulises. Su viaje del héroe -un recorrido de ida y vuelta-, con tantas ramificaciones y posibilidades, siempre me resultó fascinante e inspirador.

El deseo de viajar, tan arraigado en mí desde siempre, tan conectado con mis ganas de conocer y explorar el mundo, se fue transformando sin apenas darme cuenta, hasta llegar a lo que hoy se muestra como algo más calmado, más en el sitio. Un viaje interior y profundo, lleno de matices.

El viaje de Ulises es una búsqueda de sentido de la vida. Puede que desde fuera la vida del héroe se viera plena y completa, pero sin embargo, el navegante desesperaba al no hallar el sentido de la vida, de su vida.

En busca de sentido

Posiblemente si Ulises hubiera leído a Viktor Frankl (El hombre en busca de sentido), habría encontrado el modo de centrarse en su momento presente, de observar su aquí y su ahora, de manera que su búsqueda de sentido se enfocara en su actitud ante lo que fuera que ocurriese.

Mas allá de la naturaleza de los acontecimientos, pienso que se habría centrado en su modo de abordarlos, y desde ahí, creo que habría hecho un ejercicio de sinceridad y reconocimiento acerca de su aportación a su universo.

La humanidad del mito

Quizás habría mirado a Penélope desde otro lugar, y no habría necesitado alejarse tanto, ni tanto tiempo para ver con claridad… Porque otro de los elementos eternos y universales de este mito es la humanidad que le hace alejarse de su hogar, para salir del foco, tomar perspectiva e ir desgranando preguntas.

Interrogantes presentes en cada uno de los episodios de su gran epopeya, todos  cargados de mensajes y simbología; hasta que la inexistencia de respuestas le hace desistir y aceptar su realidad, que no es otra que la aceptación y el retorno a casa, y entonces sí, su viaje de vuelta resulta una oportunidad para, sin buscarlas, ir hallando respuestas.

Hoy en el taller nos hemos descolgado con la bella historia de Ulises y su viaje, vinculándolo al sentido de la vida de cada quien. Un sentido y un viaje en continúa evolución, con tantas posibilidades como miradas seamos capaces de aportar.
Y tú ¿te lo preguntas? ¿en qué personas, situaciones, circunstancias radica el sentido de tu vida?

Sentirse incómod@

Opino que en un contexto adecuado, entre adultos, a la pregunta de ¿qué es lo que te incomoda? resulta bastante fácil responder. Quizás por la gran cantidad de cosas (incómodas), que se van acumulando según nos vamos haciendo mayores.
Y sin embargo, entre la mayor parte de los adolescentes, las respuestas a esta cuestión no son tan inmediatas -salvo casos de existencias infelices y flagrantes-; o cuesta identificar la incomodidad, o hay reticencia a desvelarla, o sencillamente tienen vidas relativamente cómodas y confortables.

Fuera de mi zona de confort

Y sin embargo, está claro que por muy buena relación que tengamos con la vida -con nuestra vida-, antes o después será inevitable enfrentarnos a situaciones, personas, asuntos «incómodos». De modo que la clave sería aprender a gestionar lo que nos saca de nuestra zona de confort cuándo se da.

Cómo identificar que se aproxima aquello que me disgusta, la sensación corporal que percibo, cómo me hace sentir y cómo me hace estar, cómo evoluciona esa sensación, dónde queda ubicada dentro de mí, cómo la abordo, y cómo quizás puedo aprender a percibirla y evitarla en otra ocasión.

Inteligencias múltiples

Para ello, hoy en la sesión hemos trabajado desde el cuerpo y la mente generando situaciones claramente incómodas y abordándolas. Mediante el lenguaje kinestésico (movimiento y desplazamiento en el espacio); el lenguaje espacial  (dibujando con la mano izquierda los diestros y a la inversa los zurdos); el lenguaje de las palabras (repasando las cosas que nos molestan o nos hacen sentir incómodos), y el lenguaje intrapersonal, especialmente el que se evidencia a través de la mirada.

Para facilitar el abordaje hemos identificado varios ámbitos: mi casa, mi cole/insti, mis amigos, los demás… ¿qué es lo que depende -está- en el otro, y que es lo que depende – está- en mí? ¿Cuál es mi actitud? ¿Qué podría hacer para cambiarlo?

Hacerme cargo

Solemos hacer responsables a los demás de nuestras incomodidades… pero no siempre es así; a veces no lo son o sencillamente son solo co-responsables… De manera que si nos hacemos cargo de nuestra parte de responsabilidad (como podemos hacer frente a la incomodidad o a lo que nos molesta), podremos reducir la sensación de malestar que ello nos provoca, transformándola y generando un nuevo estado de confort.

 

Jugar y aprender 

Me fascina cómo el cerebro reproduce en nosotros sensaciones similares a las que tuvimos en el momento al que nos remonta el recuerdo, cuando se activa la memoria de algo agradable. También me parece increíble la capacidad de nuestro cuerpo y nuestro cerebro de hacernos percibir situaciones satisfactorias cuando pensamos en un futuro gratificante. Al parecer también opera al revés, es decir haciéndonos sentir mal/incómodos cuando las sensaciones a las que nos remontamos, o las que estamos proyectando no son de nuestro agrado.

Esto, que de manera intuitiva muchos de nosotros alguna vez hemos presentido, es algo que hoy día viene refrendado por los estudios de neurociencia. Que a su vez vienen a confirmar las bondades del pensamiento positivo, desde mi punto de vista algo también ligado a las bondades de practicar el optimismo.

Madres e hijos/as online

Con esa base conceptual, hemos estructurado una sesión particularmente especial, al ser la primera que hacemos con madres e hijos/as online. Además de superar los obstáculos propios de aunar disponibilidad, coincidencia de horarios, resistencia a las pantallas, conexión a internet y encuentro en una nueva plataforma de videoconferencia, ha sido maravilloso percibir desde el otro lado las ganas de participar, de entregarse a la propuesta, y de ser realmente parte activa.

Y es que dos horas dan para mucho cuando hay interés; por eso hemos practicado la generosidad, entrenado la paciencia, aprendido algo más de tecnología, experimentado la presencia plena, probado la atención, ejercitado la creatividad, proyectado en positivo, expresado con la plástica y escuchado con respeto y sin juicio.

Encuentro intergeneracional

No creo que padres y madres deban ser amigos de sus hijos e hijas, pero si creo que jugar y aprender  conjuntamente es una asignatura pendiente tanto para unos como para otros, por eso todas las iniciativas que propicien el encuentro intergeneracional son deseables; y si además se interactúa desde la horizontalidad y se ejercitan gran cantidad de habilidades, tanto mejor. Mil gracias a quienes lo habéis hecho posible

Lo que me nutre

Arrancar el curso con varios talleres muy próximos en el tiempo, con distinto perfil de usuarios (edades, características, intereses, trayectorias…), y percibir que la inspiración que los conduce es la misma, es algo propio de mí y que enlaza con mi sentir, mi mirada, mi coherencia, y mi forma de trasladar mi energía vital a los grupos y a las personas a las que acompaño en sus procesos de desarrollo personal. Y es algo que, además de proporcionar herramientas a los demás para su propio alimento, personalmente me nutre y me hace crecer y evolucionar.

Lo que me sirve para vivir

Nutrir, alimentar, sustentar, mantener, sostener, fortalecer, robustecer, vigorizar, reforzar… son sinónimos o expresiones de lo que me sirve para vivir -que no sobrevivir-, lo que me acompaña, lo que busco para motivarme y estar de nuevo estimulada/o para continuar mi recorrido. Lo que también podría tomarse por… ¿momentos de felicidad?

Verbos todos para describir la necesidad que nos impulsa a mirar dentro y a observar fuera; a tomar lo que creo que necesito; probarlo, testarlo, entrenarlo, instaurarlo y hacerlo propio. Porque cuando: canto, bailo, comparto, río, escribo, escucho música, cocino, abrazo, amo, nado, beso… pongo en movimiento un conjunto de sutiles mecanismos que partiendo de mi cuerpo, colocan a mi cerebro en un lugar de crecimiento y expansión alimentando mi mente y mi espíritu.

Cambiar lo que no nos va bien

Para modificar ciertas formas de funcionar que no nos hacen bien, ciertos parámetros establecidos fruto de la educación, la repetición y/o las creencias, solo hay que detenerse, observar lo que nos estorba y apartarlo, y centrarnos en lo que nos hace bien y entrenarlo. Es tan sencillo como arrancar con pequeños gestos cotidianos a nuestro alcance que transformen nuestra perspectiva, nos estimulen, nos hagan sonreír, y nos permitan mirarnos con generosidad y benevolencia.

La respiración consciente, la atención al cuerpo, la presencia plena, el movimiento corporal, la inspiración en otros, la palabra y la experiencia plástica de lo individual a lo grupal han sido  nuestras dinámicas creativas. Gracias a todos los que las habéis hecho posible.

 

Inteligencia y coraje

El miedo está, estuvo y estará siempre -desde aquí lo abordamos en más de una ocasión-. Es una emoción primaria que nos ayuda a ponernos en alerta cuando un peligro nos acecha. Tan simple como eso. De manera que el mantra mas que habitual de «no tengas miedo» no me parece ni realista, ni adecuado, pero en fin, también depende del contexto.

¿Dónde sientes el miedo?

Pienso que mas que evitar al miedo, se trata de colocarlo en su lugar y utilizarlo para nuestro beneficio. Si como buen miedo responde a su función de ponernos en alerta, en primer lugar habrá que detectarlo. Ahí es muy interesante averiguar qué parte de tu cuerpo «siente el miedo» (en cierto modo lo estarás somatizando) ¿te  duele la parte baja del vientre?  ¿tienes un nudo en la garganta? ¿sientes presión en el pecho? Escuchar y comprender las señales para poder hacer algo al respecto.

Qué hacer

Esto es, detenerte, y decidir si:

a) Pones distancia porque ves que no puedes con él.

b) Te quedas «congelado» y sostienes la situación.

c) Te enfrentas, encaras al miedo.

Creo que en los tres casos hay una combinación de inteligencia y coraje que antiguamente permitía sobrevivir, y hoy nos puede hacer vivir cada vez con más sabiduría y plenitud.

Simulación y realidad

Hoy, con este horizonte de fondo, hemos utilizado diferentes simulaciones de realidad virtual de situaciones en las que es muy habitual sentir miedo, para poderlo percibir, ubicar y averiguar cómo suelo responder. Después, eso lo hemos trasladado a situaciones cotidianas en las que sentimos miedo, detectando como es el abordaje de cada uno. Finalmente mediante el dibujo analógico (rotulador y vileda), y digital (App. Tilt Brush de R.V.) hemos expresado como salir del miedo incorporando inteligencia y coraje.

En paralelo ha sido especialmente enriquecedor el ejercicio de acompañamiento y cuidado del otro, un tejido de dinámicas relacionales y de interacción entre todos los componentes del grupo.

 

Ser una planta

Imagina una planta, tanto si la siembras, como si la trasplantas, al principio necesitará más atención y mimo que cuando haya agarrado… Con los niños ocurre lo mismo, el principio es el más necesitado de apoyo, esmero y cuidado.

Cierto, en los primeros años se presta más atención a los bebés, más tarde está el famoso paréntesis de 0 a 3 en el que se desarrolla toda una pedagogía consciente y un mundo de recursos, que tiene su continuidad más o menos hasta los 6 años. Momento en que los pequeños llegan a la edad de escolarización obligatoria.

La atención al ser

A partir de ahí, arranca un viaje de «aprendizaje» en el aula que progresivamente pone el acento en el contenido académico alejándose de la atención al ser. En parte por eso  encontramos en los adolescentes tantas carencias en lo referente a educación emocional, confianza, autonomía, habilidades sociales… Y así, sencillamente, por el hecho de «no hacer»,  desbaratamos gran parte de lo que se hizo al principio.

Volvamos a la planta del origen, después de haber velado por ella en los primeros momentos ¿verdad que seguiremos acompañándola? ¿verdad que si necesita un refuerzo extra de humus, fertilizante o vitaminas, o ser podada, o protegida del sol… Si queremos a esa planta ¿la seguiremos atendiendo, respondiendo a sus necesidades?

Me indigna ver como la atención que se presta a los niños desaparece en el momento en que se transforman en adolescentes. Me consta que es algo estructural, y que necesitaría el cambio de muchas cosas, pero también creo en los pequeños cambios en las parcelas de cada cual.

El aporte de la naturaleza

Retomando el símil de la planta, somos como plantas, necesitados de apoyo y cuidado a lo largo de nuestro proceso, ciertamente en mayor medida cuanto más jóvenes, y de diferente modo e intensidad en cada momento y circunstancia. Y en esa línea, la naturaleza sustentada por la psicología ambiental, y reconocida desde una gran cantidad de ámbitos, resulta esencial  para madurar nuestro organismo, aumentar la actividad física, construir identidad autónoma, fomentar las relaciones sociales, desarrollar capacidades psicomotoras e inteligencia espacial, favorecer funciones cognitivas, potenciar la resiliencia, impulsar la creatividad, reducir la ansiedad y el estrés… Debería ser una materia fundamental en nuestra construcción como personas. Por eso con los jóvenes, tan olvidados en el proceso educativo, me parece crucial impulsar y fomentar la apertura al aire libre, al sol, a la tierra, al verde…

Aún no podemos desplazarnos al campo en grupo, pero traerlo a nosotros ha sido posible estableciendo un puente con el exterior, con la ayuda del sonido, las pantallas, la visualización y la expresión plástica.