Inteligencia y coraje

El miedo está, estuvo y estará siempre -desde aquí lo abordamos en más de una ocasión-. Es una emoción primaria que nos ayuda a ponernos en alerta cuando un peligro nos acecha. Tan simple como eso. De manera que el mantra mas que habitual de «no tengas miedo» no me parece ni realista, ni adecuado, pero en fin, también depende del contexto.

¿Dónde sientes el miedo?

Pienso que mas que evitar al miedo, se trata de colocarlo en su lugar y utilizarlo para nuestro beneficio. Si como buen miedo responde a su función de ponernos en alerta, en primer lugar habrá que detectarlo. Ahí es muy interesante averiguar qué parte de tu cuerpo «siente el miedo» (en cierto modo lo estarás somatizando) ¿te  duele la parte baja del vientre?  ¿tienes un nudo en la garganta? ¿sientes presión en el pecho? Escuchar y comprender las señales para poder hacer algo al respecto.

Qué hacer

Esto es, detenerte, y decidir si:

a) Pones distancia porque ves que no puedes con él.

b) Te quedas «congelado» y sostienes la situación.

c) Te enfrentas, encaras al miedo.

Creo que en los tres casos hay una combinación de inteligencia y coraje que antiguamente permitía sobrevivir, y hoy nos puede hacer vivir cada vez con más sabiduría y plenitud.

Simulación y realidad

Hoy, con este horizonte de fondo, hemos utilizado diferentes simulaciones de realidad virtual de situaciones en las que es muy habitual sentir miedo, para poderlo percibir, ubicar y averiguar cómo suelo responder. Después, eso lo hemos trasladado a situaciones cotidianas en las que sentimos miedo, detectando como es el abordaje de cada uno. Finalmente mediante el dibujo analógico (rotulador y vileda), y digital (App. Tilt Brush de R.V.) hemos expresado como salir del miedo incorporando inteligencia y coraje.

En paralelo ha sido especialmente enriquecedor el ejercicio de acompañamiento y cuidado del otro, un tejido de dinámicas relacionales y de interacción entre todos los componentes del grupo.

 

Ser una planta

Imagina una planta, tanto si la siembras, como si la trasplantas, al principio necesitará más atención y mimo que cuando haya agarrado… Con los niños ocurre lo mismo, el principio es el más necesitado de apoyo, esmero y cuidado.

Cierto, en los primeros años se presta más atención a los bebés, más tarde está el famoso paréntesis de 0 a 3 en el que se desarrolla toda una pedagogía consciente y un mundo de recursos, que tiene su continuidad más o menos hasta los 6 años. Momento en que los pequeños llegan a la edad de escolarización obligatoria.

La atención al ser

A partir de ahí, arranca un viaje de «aprendizaje» en el aula que progresivamente pone el acento en el contenido académico alejándose de la atención al ser. En parte por eso  encontramos en los adolescentes tantas carencias en lo referente a educación emocional, confianza, autonomía, habilidades sociales… Y así, sencillamente, por el hecho de «no hacer»,  desbaratamos gran parte de lo que se hizo al principio.

Volvamos a la planta del origen, después de haber velado por ella en los primeros momentos ¿verdad que seguiremos acompañándola? ¿verdad que si necesita un refuerzo extra de humus, fertilizante o vitaminas, o ser podada, o protegida del sol… Si queremos a esa planta ¿la seguiremos atendiendo, respondiendo a sus necesidades?

Me indigna ver como la atención que se presta a los niños desaparece en el momento en que se transforman en adolescentes. Me consta que es algo estructural, y que necesitaría el cambio de muchas cosas, pero también creo en los pequeños cambios en las parcelas de cada cual.

El aporte de la naturaleza

Retomando el símil de la planta, somos como plantas, necesitados de apoyo y cuidado a lo largo de nuestro proceso, ciertamente en mayor medida cuanto más jóvenes, y de diferente modo e intensidad en cada momento y circunstancia. Y en esa línea, la naturaleza sustentada por la psicología ambiental, y reconocida desde una gran cantidad de ámbitos, resulta esencial  para madurar nuestro organismo, aumentar la actividad física, construir identidad autónoma, fomentar las relaciones sociales, desarrollar capacidades psicomotoras e inteligencia espacial, favorecer funciones cognitivas, potenciar la resiliencia, impulsar la creatividad, reducir la ansiedad y el estrés… Debería ser una materia fundamental en nuestra construcción como personas. Por eso con los jóvenes, tan olvidados en el proceso educativo, me parece crucial impulsar y fomentar la apertura al aire libre, al sol, a la tierra, al verde…

Aún no podemos desplazarnos al campo en grupo, pero traerlo a nosotros ha sido posible estableciendo un puente con el exterior, con la ayuda del sonido, las pantallas, la visualización y la expresión plástica.

Micro-acoso

Entre los contextos más habituales entre los que actualmente se aborda el acoso, está el escolar y el sexual, este último especialmente el que se detenta contra la mujer. Y aunque posiblemente sean los más perpetrados, y desde luego los más visibles -sobre ellos se coloca la lupa de campañas mediáticas, noticias, publicidad-, no son los únicos. El acoso puede filtrarse, y de hecho se «cuela», en una gran cantidad de parcelas de lo cotidiano, a veces imperceptibles.

Me preocupan especialmente todas esas formas de acoso, yo las llamaría micro-acoso, deslizándose en el día a día, normalizadas por el hecho de estar demasiado presentes, que resultan apenas visibles para el que las sufre, pasan desapercibidas para el entorno, y hacen lentamente estragos en el sujeto objeto del mismo.

Más allá de los enfrentamientos o peleas puntuales, de la visibilidad de los actos violentos a base de insultos, agresiones físicas y verbales… Todas esas veces que eres menospreciado, insultado, vejado, apartado, y eso se mantiene en el tiempo, estás siendo acosado. Hoy hemos puesto atención en todo esto, especialmente en los micro-acosos y como posicionarnos ante ellos.

Causas y señales

Las causas mas comunes de acoso se basan en la intolerancia a la diferencia: tener una orientación sexual distinta a la mayoría, el color de la piel, mostrarte aparentemente más débil o vulnerable, llevar gafas demasiado gruesas, ser super tímido, tener sobrepeso, aparentar ser más pequeño de la edad que tienes… Vivimos en una sociedad que sigue rechazando las diferencias más marcadas de lo «normal», pagándose en muchas ocasiones un precio muy alto por ellas, y algunas veces esto también ocurre en el mismo hogar.

Si observas en ese adolescente que te importa: cambios de hábitos, retrasos reincidentes, alejamiento, ensimismamiento, pérdida de apetito, cambios de comportamiento, lloros… Trata de aproximarte, comunicarte con él y averiguar QUÉ le pasa.

Cómo ayudar

Escucha, averigua, contrasta… apoya y refuerza.

Es importante que los jóvenes conozcan dónde, cómo ó cuándo se pueden dar más fácilmente  situaciones de acoso, pero también que detecten otras situaciones menos evidentes.

Cómo adulto, crea un espacio adecuado para que se abra y exprese su sentir y evita hacer sugerencias apresuradas sobre cómo debería actuar.

Proporciónale herramientas de autoestima y empoderamiento, si su cabeza está bien colocada será más difícil que sufra cualquier tipo de acoso, y si lo sufre podrá reaccionar y actuar en condiciones.

Creatividad en 3D

No recuerdo cuándo fue la primera vez que me topé con un poema-objeto, pero confirmo que cada vez que vislumbro alguno, esbozo una sonrisa. Y cuando me atrapan, me enlazo a ellos y mi máquina de las ideas se desata.

Poemas-objeto

Al principio me remiten al juego, al pensamiento divergente, a la provocación… a la creatividad en 3D. Son el resultado de objetos primarios que merced a lo que construimos a partir de los originales, adquieren nuevo significado, superan la réplica y van más allá de la inspiración.

Cuando un joven empieza a escribir, apenas llega a trasladar reproducciones de lo escuchado o lo leído. Compone historias de historias. En este sentido, Joan Brossa decía: «Les falta vibración y sentido de la aventura». Creo que se refería al hecho de su incipiente recorrido vital, a la necesidad del adolescente de madurar para ser suficientemente original, al menos en el ámbito de la escritura.

Y sin embargo -decía también Brossa- «En un poema visual te juegas constantemente el todo por el todo porque no hay un pasado. No te protege ninguna tradición. Si falla el poeta te hundes estrepitosamente. El código literario tiene detrás de sí un gran cojín; si haces un soneto técnicamente logrado, te salvarás siempre, aunque no tengas nada que decir».

Puente entre artista y espectador

Por eso, esa nueva creación visual renace de lo antiguo con un renovado sentido, con la posibilidad de volverse a transformar cada vez que otra mirada se deposite sobre ella y le atribuya nuevos significados. En un poema visual no hace falta saber de métrica ni de escritura, solo se necesita atención, inspiración, saltarse los límites de lo conocido e ir más allá.

Me gusta especialmente ese baile con el otro, con quien observa y aprecia el poema. El puente entre artista y espectador. Me seduce que el segundo, traspase lo evidente y construya con su mirada y su imaginación un nuevo poema, un nuevo ejercicio creativo.

Creemos!

Y es en torno a todo esto que hemos transitado por la sesión de hoy. Superando lenguajes establecidos que frenan la creatividad que todos tenemos y que con el tiempo va adormeciéndose hasta hacerse invisible.

Creemos (de crear) siempre que tengamos ocasión, con el pensamiento, con la palabra, con el gesto… con lo que tengamos a mano. Juguemos con las posibilidades y demos la vuelta a las cosas. Eso nos hará más imaginativos, más divertidos, más resolutivos. Abrirá la mente a nuevas perspectivas y nos hará crecer.

Colaborar

La adolescencia es una etapa en la que los chicos buscan su sitio, y mientras tanto se apropian del entorno que les rodea. Unas veces a tientas, otras con más o menos seguridad, se desplazan hasta encontrar su lugar y posicionarse. Mientras, discuten, retan y enfrentan al adulto. Se mueven lentamente o con atropello, dando pasos irregulares hacia su autodescubrimiento y su autoafirmación, desvelando la propia identidad capa a capa y conformando personalidad.

Todo lo cual propicia mucho de individualidad, y de aislamiento. En parte natural y necesario, en parte también necesitado de otro tipo de entrenamientos y habilidades como el hecho de aprender a colaborar, a hacer cosas en grupo, a descubrir la importancia y el valor de los otros. Practicando habilidades como la escucha, el diálogo, el respeto y la empatía.

Ser social

No todos los jóvenes, ni todas las personas tienen una facilidad innata para interactuar, estar bien con el otro y apreciar su valor. Si bien de partida se habla del ser humano como ser social, la sociabilidad es una característica que no viene «de fábrica», y sin embargo, al ser mayoritaria y por lo tanto considerarse «normal», es preciso tener en cuenta y cultivarla para formar parte del grupo, desarrollar el sentido de pertenencia, y poder sentirse «dentro».

Viaje interior

Hoy, con ese horizonte, hemos partido de una dinámica grupal que ponía el foco en lo individual y evolucionaba hacía lo colectivo. Hemos arrancado conformando un círculo perfecto, sin obstáculos, en torno al vacío. Con los ojos cerrados y la consigna de dejarse llevar, de escuchar el propio cuerpo atendiendo las indicaciones externas. Un recorrido que partía de lo tangible y que se adentraba en el interior, tejiendo piel y emoción. Esta experiencia convertida en viaje resulta cada vez más intensa, más valiosa y más necesaria.

De lo individual a lo plural

Después, hemos extendido nuestro papel continuo, y preparado pinturas al agua. Explicando la dinámica colaborativa. Tras marcar los límites, la invitación era de intervenir desde la individualidad de cada uno para más tarde dar espacio a la intervención del otro.

Luego había un cruce de caminos. No se podía invadir, solo construir/ continuar/ co-crear con lo ajeno. Había ciertas trabas para experimentar la incomodidad, cómo la experiencia de pintar con la mano izquierda (si eras diestro), o con la derecha (si eras zurdo); de ahí hemos pasado a un momento más amable merced a la elección del modo más confortable para cada uno.

Los resultados de estas intervenciones son siempre muy variados, dependiendo del grupo, de su interacción, de su estar. Tras recorrer el camino, hemos observado en silencio, dejando paso a la expresión de resonancias propias y ajenas. Nuestro gran pergamino ha recogido trozos de privacidad que sumados han conformado una historia, una extraña leyenda fruto de  momentos muy particulares y tránsitos diferentes.

Obsesionarse

-> Cuando un día te das cuenta de que empiezas a pensar en algo y no paras.

-> Cuando sigues dándole vueltas y más vueltas, sin llegar a ningún lado.

-> Cuando además de pensar, haces algo una y otra vez, tanto que te impide centrarte en lo que deberías.

-> Cuando lo que piensas o lo que haces te aparta continuamente de lo que te proponías pensar o hacer… y se transforma en algo muy intenso, o muy repetido, tanto que te impide seguir tu vida con normalidad. Entonces, tienes un problema llamado «obsesión», y hay que tratarla.

El término obsesión procede del latín (asedio), y se refiere a la presencia recurrente de emociones y pensamientos que nos generan diferentes niveles de ansiedad y angustia que no podemos quitarnos de la cabeza. La mente las manipula y nos machaca con ellas haciendo de ello un problema. Curiosamente, cuanto más intentamos quitárnoslas de encima más las tenemos presentes.

Del pensar al hacer

Las obsesiones más problemáticas son aquellas seguidas de compulsiones, esos actos repetidos de modo excesivo con la intención de calmarnos. Acciones infructuosas y que atentan contra nuestro equilibrio, por ejemplo: ser exageradamente ordenado, estar demasiado preocupado por la imagen corporal, tener continuamente en la cabeza a alguien con quien no hay nada que hacer, pensar que nos podemos enfermar casi con cualquier cosa…

Cuando el pensamiento que genera ansiedad se une a la conducta que desarrollamos para tratar de aplacarlo, tenemos un TOC: Trastorno Obsesivo Compulsivo. Es entonces cuando repetimos de manera continuada una acción que pensamos debería reducir nuestra ansiedad, sin conseguirlo, sumergiéndonos en una ansiedad que va en aumento.

Lo que hay alrededor

En torno a una obsesión puede haber una educación muy exigente, infancia de apegos inseguros, escasa autoestima, baja tolerancia a la frustración, hasta la propia predisposición natural de cada uno…

Muchas veces con la obsesión tratamos de «gestionar aquello que creemos podemos manejar», de ahí la repetición de actitudes y comportamientos que se convierten en desproporcionados y acaban siendo tóxicos.

No solo nos condiciona a nosotros, además, nuestro entorno se ve muy influido por estas situaciones, de ahí que las personas cercanas se vean muy afectadas.

Es habitual que ante el miedo a perder lo que tenemos y a no lograr lo que queremos conseguir, incorporemos una visión catastrófica del mundo y de lo que nos puede ocurrir, es probable que cómo mecanismo de control tratemos de manejar todo aquello ante lo que nos sentimos amenazados, y nos volvamos exageradamente perfeccionistas… sintiendo a pesar de todo que la situación se nos escapa de las manos.

Abordar la obsesión

Para reducirla y manejarla:

  1. Identifícala. Visibilizar lo que nos pasa es un modo de empezar a aislarnos del problema o del pensamiento obsesivo. Hablándolo con alguien tomaremos perspectiva. Escribiéndolo lo enfocaremos de un modo más saludable. Cuando lo externalizamos, el problema o el pensamiento obsesivo toma nueva forma y podemos empezar a aislarlo, y reducirlo hasta hacerlo desaparecer.
  2. Reconócela y admítela. Se trata de ser muy sinceros con nosotros mismos.
  3. Clarifica porqué no quieres seguir con esa obsesión. Toma consciencia.
  4. Enfrenta el miedo, acepta que no podemos controlar todas las cosas.
  5. Aprende a estar en el presente, en el aquí y ahora, pospón la acción compulsiva hasta que se diluya.
  6. Aumenta tu tolerancia a la frustración. Si algo no ocurre cómo queremos «no pasa nada».

En general las  soluciones, más que a nivel cognitivo, empiezan por ser a nivel conductual, aunque la idea esté en el pensamiento se trata de evitar la conducta. Creemos que «darle vueltas a las cosas» es la solución, y no es cierto; De hecho, eso se acaba convirtiendo en el problema. Al principio puedes dialogar con el pensamiento y en vez de negar, posponer la conducta. Cuanto más lejos esté más irás atajando el problema, y aunque en lo inmediato puede que la ansiedad continue, a medio/largo plazo se irá reduciendo hasta desaparecer.

Y además te vendrá bien ejercitar tu parte física, revisar y ordenar tu cotidianeidad, adquirir hábitos saludables.

Plástica y performance. Expresión de la obsesión desde diferentes perspectivas creativas.

Sentir vergüenza

Según la RAE, la vergüenza es esa sensación de «turbación del ánimo, ocasionada por alguna falta cometida, o por alguna acción deshonrosa y humillante, propia o ajena». Rebuscando en sus orígenes, me quedo con: la incomodidad que sentimos ante algo que mostramos -sin querer hacerlo-, que tiene que ver con nosotros, (aquello que se desvela y por alguna razón, -propia o social-, no queremos que se muestre).

Es una emoción de la que se es muy consciente: aumenta el ritmo cardiaco, sube la temperatura corporal, te pone nervioso, te angustia, puede hacerte temblar, bloquearte y hasta quedarte en blanco…

Situar la vergüenza

Seguramente todo el mundo siente o ha sentido vergüenza en algún momento en su vida. Por lo tanto es bastante normal. Entre otras cosas, resulta un indicador social para avisarnos cuando hacemos el ridículo o quedamos en evidencia al hacer algo incorrecto, por lo tanto está muy relacionada con la cultura y las normas sociales. Algo que te puede dar vergüenza aquí no te la dará al otro lado del mundo… Y algo que antes te daba vergüenza ahora no te la da. Desde ese punto de vista es parte de la evolución. Nos ayuda a adaptarnos, nos permite saber lo que está socialmente aceptado o no. Con la vergüenza se prioriza la aceptación del grupo sobre la propia aceptación.

Está directamente relacionada con un malestar con nosotros mismos, a veces provocado por la interiorización de las propias creencias y otras por la influencia de cómo nos ven los demás. Revisar la propia vergüenza para poder superarla, nos permitirá decidir si hay que cambiar nuestro sistema de creencias, y valorar cuanto dependemos de la visión y aceptación del otro.

Es importante separar lo que supone sentirse avergonzado por algo que has hecho (sentir vergüenza), de los casos en los que uno se siente avergonzado por lo que es (avergonzarte de ti).

Tipos de vergüenza

Hay varias maneras de percibir la vergüenza,

Darte vergüenza de algo, darte corte, tener pudor, por ejemplo: hablar delante de mucha gente.
Avergonzarte de lo propio, de algo que hiciste y que tiene que ver con cómo eres tú, con tu esencia, por ejemplo: mentí a mi mejor amigo.
Avergonzarte del algo que hizo otro: “tener vergüenza ajena”, por ejemplo: que tu hermano de 3 años se ponga a llorar y berrear en el super.

Claves para superarla

Evidentemente, depende del tipo de vergüenza que sientas, pero conviene que superes: la que te impida probar cosas que te hagan crecer, o la que atente contra tu esencia; para ello:

  1. Toma consciencia de que todo el mundo tiene o ha tenido vergüenza alguna vez.
  2. Relaja tu ritmo cardiaco, respira profundamente, conecta contigo, con lo que vas a decir o hacer.
  3. Toma distancia. Si vas a hacer algo que te da vergüenza imagina que eso lo está haciendo otra persona. Quita la carga emocional y da objetividad a las cosas. Deja de pensar en lo que piensan los otros y céntrate solo en lo que ocurre.
  4. Reduce tu preocupación por lo que piensan los demás, no puedes gustarle a todo el mundo. Cuanto más lo hagas más fácil será.
  5. Empieza a reírte un poquito de ti mismo, desarrolla un sentido del humor constructivo.
  6. Mejora tu autoestima. Quiérete más. Tienes el mismo valor que los demás, eres valioso.
  7. Revisa tus creencias. Cambia las que no te sirvan.
  8. Rodéate de personas con autoconfianza y sin vergüenza, de ejemplos a seguir.
  9. Deja de plantearte ser perfecto.
  10. Atrévete. Oblígate. No pienses tanto. Ponte retos, ponte objetivos con plazos.

 

Expresión de la vergüenza. Elección de imágenes que conectan con mi sentimiento de vergüenza.

Creación plástica. Salir de la vergüenza. Técnica mixta

Abordar la frustación

¿Cuándo estás frustrado o frustrada?

Cuando quiero que algo ocurra, y eso no sale.

Cuanto más haya puesto de mi parte para que eso suceda, si no ocurre, más frustrado estaré.

Y… ¿Cómo te sientes cuando estás frustrado?

Enfadado, «cabreado» enrabietado, triste, agobiado, a veces puede que también con miedo…

Y… ¿Qué haces con todo eso que sientes?
Me encierro en mi cabeza que parece que va a estallar, discuto, grito, me enfado, paso de todos… me quedo congelado y decido no volver a intentarlo…

Y eso que haces… ¿Te sirve realmente? ¿Cómo te deja?

pues no, para nada… y me quedo muy mal, fatal

En torno a estas preguntas y reflexiones a cerca de la frustración, hemos transitado por nuestro nuevo encuentro. Y es que aunque no resulte fácil reconocer la propia frustración ¿Quién no se ha sentido alguna vez frustrado?

Identifica la frustración

Hoy introduzco algo inusual en una sesión. Los chicos ya son mayores y me parece que trasladarles una experiencia personal reciente, en la que me he sentido muy frustrada, puede ayudar a conectar, normalizar la frustración, reconocerla, nombrarla y buscar maneras para exteriorizarla y hacerle frente.

Trata de ser realista

Y es que, es imposible que todo nos salga siempre como esperamos, y que todo salga a la primera (Cuidado con la satisfacción inmediata). Resultan demoledores todos esos mensajes y afirmaciones de que «todo va a salir bien» o «todo está bien», o «todo es perfecto». Personalmente me enferman.

Pienso que solo contribuyen a edulcorar y ocultar de manera temporal la verdadera realidad. Algo dañino y turbio. Como barrer y meter la basura debajo de la alfombra, haciendo que parezca que todo está limpio y en orden, hasta que un día tropiezas con los residuos acumulados y te das el gran batacazo. No te debes dejar engañar.

Maneja la frustración

Y es que, reconocerla, aceptarla y normalizarla. Integrarla como otro componente mas de la vida, hace que podamos empezar a entrenarnos en la tolerancia a la frustración. De manera que cuando algo no salga como esperas; Detente, observa, piensa y averigua cuánto depende de ti y cuanto no. Recuerda que fallar es humano.

Busca lo que necesites y sigue intentándolo hasta que lo consigas. Y si te das cuenta de que no puede ser de otra manera, porque «no puedes con ello», ríndete y sigue adelante con otra cosa, con otro objetivo. Incorpora lo que has aprendido, fíjate en lo que has logrado,  ajusta tus expectativas la próxima vez, y sigue entregándote. Recuerda, se trata de lograr estar bien cuando las cosas no salgan como quieres.

Goma eva negra y arenas varias. Expresión de la frustración.

 

Arenas varias. Maneras de abordar la frustración l.

Goma eva negra, arenas varias, arroz y macarrones. Maneras de abordar la frustración ll.

Que hacer con mi vida

La puerta que abrimos la sesión anterior, a través de la cual empezamos a proyectar el futuro, además de ser una invitación a soñar, supuso un componente significativo en lo relativo a la mirada sobre «cómo me veo», «como me quiero ver (mañana)», «a donde quiero llegar», «que me gustaría hacer por el camino», «lo que quiero hacer con mi vida» y «cómo voy a hacer para que empiecen a pasar cosas en línea con lo que quiero que ocurra« ¡sin duda, una aventura de largo recorrido!

Un puente entre dentro y fuera

Cómo en esta ocasión la sesión es online, propicio un puente entre dentro y fuera, entre campo y asfalto. Les animo a tomar un elemento cotidiano, algo fresco y natural para empezar a caldear el pensamiento creativo. Técnicamente, la propuesta es muy abierta, les invito a pensar en el color verde como vehículo. Algunos optan por alimentos presentes en la cocina (brócoli, perejil…), y el resto se decanta por las pinturas donde el verde es el protagonista.

Y así, partiendo de la inspiración en la naturaleza -hacemos una visualización/meditación por el campo-, nos sumergimos en el recorrido de hoy. Más tarde empezaran a expresar con los alimentos y las pinturas. Para después enlazarlo con el movimiento y a la música, haciendo que cada rincón del cuerpo hable y exprese.

En un primer momento, los videos se cierran ante la propuesta del trabajo corporal… decido sostener la dinámica, y muy lentamente empiezo a percibir la respuesta desde el otro lado. Poco a poco y tímidamente empiezan a reconectar la imagen y a exponerse. Primero la plástica, luego la música y la danza impulsan el diálogo y abren la puerta a esos «yos» proyectados cargados de información, que permitirán seguir indagando en la construcción de futuro de cada cuál:

Yo querría vivir en Shangai… seré delgado, con mucho pelo, sin hijos, querría trabajar como piscicultor…
Me gustaría vivir en N. York… en una gran casa… con mi novia… tener un hijo… vivir con mis padres… trabajar en una empresa de Uber…
Yo me quedaré en Madrid… viviré con mi madre… tendré un hijo… seré abogado… podré defender a las personas cercanas…

 

 

Después de mañana

Ante un panorama convulso, en el que la incertidumbre gobierna cada minuto del día, los chicos se manifiestan: entre muy inquietos por lo que va a pasar («¿habrá guerra mundial?«), y absolutamente al margen, asentados en su abarcable y particular universo.

Demasiada información mediatizada y sin filtro. Absoluta ausencia de pensamiento crítico en el entorno (ni nada que se le parezca), y dificultad para incorporarlo.

Estos días, me encuentro con chavales especialmente cansados que arrastran una historia reciente de circunstancias distópicas (derivadas de la pandemia), a las que se ha sumado un presente sumamente gris (guerra entre Rusia y Ucrania, sumada a la repercusión a nivel mundial). Ayer además, como una especie de aviso divino, tuvimos en Madrid nuestra primera tormenta de arena del Sáhara.

Apertura al futuro

La incertidumbre tiene que ver con la apertura al futuro. Y el futuro es incierto por definición. En este contexto, decido incorporar una píldora de bienestar como resultan ser las Oculus Rift. Las gafas de Realidad Virtual, desconocidas para algunos, dan mucho juego. Más allá de la parte técnica, resulta muy enriquecedora la relación que se articula entre los chicos a raíz del uso de una nueva herramienta.

Desarrollamos una sesión en la que quién más sabe enseña al que se inicia. Uno a uno se incorporan al ejercicio, pasando por la experiencia que supone introducirse, por un breve periodo de tiempo, en una burbuja que temporalmente les aísla del entorno cotidiano, propiciando soñar y generar nuevos mundos posibles.

Tu treinta cumpleaños

Y es esa ocasión la que aprovecho para plantear el reto de imaginar su futuro: tomando notas, dibujando, grabando un audio, pintando con Tilt Brush…  Así, «jugando» les propongo que imaginen: cómo celebrarían su treinta cumpleaños.

El presente es hijo del pasado, el futuro es donde pasaré el resto de mi vida, y hacia el que vamos en todo momento.

Mil preguntas revolotean ayudando a proyectar:

El día de tu treinta cumpleaños

¿Dónde estas viviendo?
¿A qué te dedicas? ¿Haces algo relacionado con lo que estudiaste, o no?

 Ese día, te miras al espejo y… ¿Cómo eres?

¿Tienes pareja? ¿Tienes hijos? 
¿Viven tus padres? 
¿Cómo es tu familia?

 ¿Quiénes son tus amigos? 

¿Qué haces en tu tiempo libre?

¿Con qué mundo sueñas?
¿Qué vas a hacer para ayudar a construirlo?

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