Equilibrio interior

Cuanto más pasa el tiempo, más preciso experimentar el mundo aquí y ahora para vivir en el presente. Lo que los antiguos maestros zen sintetizaban de modo tan poético en: abrazar la vida sin miedo, sabiendo que después del invierno llegaría la primavera.

Algo que asocio con la absoluta necesidad de “equilibrio interior”, de claridad y serenidad a la hora de abordar cada momento y circunstancia, tratando de dar importancia a lo que verdaderamente la tiene, ocupándome de lo que puedo, y despreocupándome de lo que escapa a mi hacer, y que por otro lado, es fácil que nunca llegue a ocurrir.

La apuesta por el proceso

En el taller nos servimos de diferentes lenguajes e inteligencias para expresar el sentir del grupo de modo no convencional y creativo; dando importancia al proceso, al cómo, a lo que ocurre mientras tanto…  El acabado final por lo tanto, no es el objetivo.

Con esto y con todo, hay sesiones y actividades en las que el propio proceso abre puertas y visibiliza demandas unánimes que se concretan en “querer continuar la actividad plástica iniciada y ver el producto terminado”. Lo que nuevamente convierte la actividad en parte del proceso.

Mandalas y haikus

Los mandalas iniciados cobraron significado en sí mismos, y al quedar apenas esbozados despertaron el interés en su consecución. La invitación inicial a la acuarela y la témpera se vio enriquecida por el rotulador y las tradicionales pinturas de madera, con curiosas explicaciones de porque se optaba por un material u otro.

Enlazamos con la palabra puesta en las diferentes formas de entender el equilibrio interior por parte de l@s chic@s, y la importancia que esto tiene en sus vidas:

Paz

serenidad

tranquilidad

buenas “vibras”

tener “buen aura”…

Mientras intercalando con el color, incorporamos breves Haikus de M. Benedetti. Un modo de dar forma al equilibrio interior visibilizándolo desde lo poético y lo visual.

 

Linea de un sueño IX. El equilibrio del conjunto

Es inevitable mirarnos en el otro, compararnos, medirnos… El momento que vivimos está lleno de ejemplos especialmente vinculados al cuidado de la imagen y la presencia, que nos condicionan y pueden llegar a determinar cómo nos situamos ante el mundo, cómo construimos nuestros sueños y objetivos vitales, y cómo nos encaminamos hacia ellos.

En cierto modo, los referentes de generaciones precedentes eran en primera instancia la familia, allegados y conocidos; y en última, estrellas de la pantalla que inspiraron a nuestros padres y abuelos. Los referentes actuales son mayoritariamente jóvenes acicalados, sometidos a todo un proceso artificial de marketing visual, permanentemente guapos, sonrientes y felices, y sobre todo muy irreales.


Cuando pregunto al grupo que cuales son sus referentes en la consecución de sus sueños (personas a las que admiran, por haber logrado hacer realidad sus sueños), me encuentro con esta realidad, dolorosa y de mentira, una realidad que paradójicamente es irreal. Estas niñas admiran a los cantantes mejor posicionados en las listas de éxitos, a actrices maquilladas y aparatosas, y a hombres de plástico.

Y pienso yo, el culto al cuerpo es algo maravilloso, ya lo hacían y proclamaban los griegos, y de todos es conocido el Mens sana in corpore sano. Ninguna otra civilización se aplicó con tanta devoción a la práctica del deporte y lo interiorizó de un modo tan profundo, impregnando su cultura, su arte, su vida diaria, su religiosidad y su política. La mente sana en un cuerpo sano remitía a un equilibrio entre lo que ocurría dentro y lo que ocurría fuera, que en definitiva vendría a corroborar aquello de: la cara es el espejo del alma. Lo curioso y que nos muestra cuan lejos podemos estar de nuestros ancestros es que, para la Grecia Clásica, el sentido original de esta afirmación radicaba en la necesidad de orar para disponer de un espíritu equilibrado en un cuerpo equilibrado. Y esto de cuidar el espíritu en sincronía con el cuidado del cuerpo es lo que proponemos cuando planteamos la búsqueda del sentido de nuestra vida, su significado y en definitiva nuestro objetivo vital.

Arteterapia. Casa San Cristobal

Hoy hemos trabajado con este equilibrio desde la atención al cuerpo en conexión con el alma, nos hemos servido del juego, el movimiento corporal y la interacción grupal. Y enlazando con la inspiración de este recorrido en la cultura nipona (recordar el ikigai como referente significativo), hemos utilizado el sueño de Sadako Sasaki, y partiendo de la metáfora de las mil grullas, hemos diseñado y decorado nuestras propias grullas integrando los ejemplos de sueños cercanos y lejanos con los propios, construyendo un puente entre lo cotidiano en primera instancia, -los referentes más reales-, y los otros, esos que dentro de su irrealidad también forman parte de la nuestra.