Resistencias

Pensar en la sesión, inspirarte, observar otros procesos y realidades, volver a pensar en la sesión, en el perfil de los participantes, en lo que crees que necesitan, en lo que sabes, lo que intuyes, y lo que no. En quienes están y quienes iban a estar pero al final no aparecen. Pensar en sus circunstancias, en el momento de todas/os y cada una/o. En cada una de las posibles resistencias. Pensar en tus límites y los del grupo, en lo que se puede y lo que no. Preguntar, escuchar, comunicarte con ellos/as, en grupo e individualmente, sostener lo que ocurre mientras tanto.

A uno y otro lado

Constatar los mensajes que se leen, los que no, los que se leen pero no se responden, los teléfonos que antes estaban y los que muestran ausencia. Esperar respuestas, tenerlas, evidentes y lacónicas, o no tener respuestas lo que en sí es una respuesta. Indagar en lo que les puede atraer.

Volver a pensar en la sesión, escribir, descubrir y profundizar en nuevos recursos, contrastar con colegas. Empezar a estructurar la sesión, recordando las resistencias de la última vez, y tenerlas en cuenta; el pressing de los estudios, las eventualidades: todas esas cosas que tienen que hacer y que postergan y se les ocurre emprender a la hora de la sesión, la tecnología, la exposición a la que les somete la vídeo conferencia…

Sentirte expuesto/a

Verte mientras los demás te ven, dejar al descubierto tu espacio, tu casa, tu habitación, tu rincón, tu intimidad. Conformar una sesión llena de contenido y propuestas y adaptarte  a lo que el momento demanda. Escuchar, sonreír, alentar, estar, proponer.

Relajar, conectar, expresar, sostener. Recorrer dos horas de interacción a través de invisibles imágenes con mucha presencia. Aceptar que es parte del camino, y de nuevo: escuchar, proponer, sugerir, confiar, fluir.

 

 

 

Pantallas

Nuestro septiembre-2020 ha sido un mes de calma aparente, de pausa en la visibilidad, detrás de la cual la acción ha continuado entre bambalinas. Nuevo otoño, nuevo curso, novísima situación. Hemos iniciado con dos nuevos retos:

  1. Un pasito más en la vinculación de progenitores al programa de arteterapia y educación emocional de Casa San Cristobal.
    Devolviéndonos nuestra realidad la absoluta presencia en las familias de las mamás. Madres con uno o dos chavales a su cargo, conscientes de su papel como sostén y pilar de la familia, muchas veces desbordadas, preocupadas con este día a día tan incierto, tan difícil, tan cambiante.
  2. La intervención arteterapeútica con adolescentes a través de videoconferencia. Con las peculiaridades de la edad en estos tiempos extraños, la complejidad del barrio de San Cristobal, la precariedad de herramientas y dispositivos, el cansancio tecnológico del grupo, y las ganas de hacer algo diferente, preferentemente divertido.

Pantallas de antes

Los chicos y chicas con los que trabajamos, como el resto de nuestros adolescentes, se han criado en un caldo de cultivo en el que la tecnología les resulta conocida, y en general próxima y manejable; por eso relacionarse con una pantalla a ciertos niveles, hasta la fecha, apenas planteaba problemas. Sobre todo, sabiendo que en las pantallas de antes se establecía una barrera entre el usuario y lo que había detrás, lo que permitía preservar el mundo de cada cual.

Todo ello, hasta hace muy poco, conformaba un antes que convivía con la experiencia de lo presencial que facilitaba redes afectivas donde: la cercanía física, la mirada y la piel, tomaban valor y permitían tejer vínculo de manera orgánica.

Pantallas de ahora

Ahora, en que lo presencial se ha ido recortando quedando reducido a mínimos; Cuándo salir de casa y encontrarse con otros se ha convertido en excepcional; Cuándo -al menos por el momento-, tenemos que dejar de utilizar las maneras que teníamos de crear vínculo y de relacionarnos…

Ocurre, que hemos de activar otros modos, y si estos modos suponen que nos “amiguemos” con las pantallas de ahora, que traspasemos la barrera de antes, que interactuemos, y propiciemos una nueva apertura, pues tendremos que lanzarnos a ello. Verlo como oportunidad y encontrar cada vez más satisfactores y aprendizajes que nos compensen.

Y eso es lo que hemos empezado a hacer en nuestra primera sesión online de este ciclo de otoño; Abordando resistencias, las primeras de las cuales están estrechamente relacionadas con la relación con la propia imagen.

Cerrando heridas, abriendo puertas

Ha sido un verano duro, y largo, y extraño, y diferente, y difícil. Un verano de heridas. En el que cada propuesta era un reto y un desafío. Donde la intención y los objetivos estaban claros (Acompañar, apoyar, reducir la incertidumbre, manejar la ansiedad, combatir el aburrimiento, controlar el miedo…), más el panorama general y las circunstancias personales eran elementos que condicionaban y en muchos casos determinaban.

La dificultad de asimilar lo que pasa

Me he encontrado con chicos desolados y ausentes; con chicas decepcionadas, con un alto nivel de ansiedad, cansadas, temiendo escenarios aún lejanos, y no forzosamente reales. Con adolescentes que cuando han salido del laberinto de obstáculos que ha sido acabar el curso, han explotado. Con chicos y chicas que no entendían, que no sabían o no podían asimilar lo que pasaba. A los que el impacto de lo que circulaba por los medios de comunicación les dejaba atónitos, encogidos, con un miedo paralizante, y mínima capacidad crítica. Con muchos interrogantes ante el nuevo curso.

La voluntad de seguir

Me he dejado impregnar por todo esto, y lo he transitado. Y también me he alimentado de la esperanza, de la oportunidad, del hacer, de proponer acciones y actividades. Confiando, y creyendo cuando la confianza se debilitaba. Deseando que todo esto forme parte de un tramo que al menos sirva para aprender, para aceptar, para reconocer y abrazar todo lo hermoso que aún nos queda por vivir y por construir, todo de lo que formamos parte. Porque, fuera de nosotros podrá pasar cualquier cosa, pero la voluntad de seguir ahí, de enfocar lo que ocurre de una u otra manera, de hallar el sentido de la vida, como decía Viktor Frankl, está en cada uno de nosotros, solo hay que activarla.

En esta ocasión, coincidiendo con el fin del verano, chicos y chicas han expresado desde su particular visión el cierre simbólico de esta etapa. Gestos visibles que ponen límite a una fase rara y complicada; y que nos sitúan frente a nuevas puertas que flanquear.

Necesaria arteterapia

Recientemente me preguntaron que era la Arteterapia… Estoy tan sumergida en ella, que a veces viene bien una parada que permita reflexionar y resituar conceptos. Lo primero que diría es que la Arteterapia es un trabajo de mucha escucha, grupal e individual, escucha de cada uno de los integrantes del grupo, de lo evidente y lo sutil. De lo que pasa ahora y lo que ocurre después. Una acción que requiere de un espacio para que la intervención terapeútica pueda desarrollarse, donde se dote a cada persona del tiempo necesario que requiera para acometer su proceso.

Es una labor que supone prestar atención a los cambios, a los pequeños movimientos, a las cosas micro que pasan. Y poder recogerlas y colocarlas en el lugar adecuado. Una invitación latente para hacer que los interrogantes emerjan, que la expresión tome forma y se libere.

También implica un trabajo de registro. Las fichas de seguimiento, la memoria viva del proceso, las imágenes que  ayudan a detenerse en el detalle de la producción, y en ocasiones los vídeos de situaciones significativas aportando sonido y movimiento.

Unido a la labor de revisar, contrastar, y buscar la mirada externa; que el otro te devuelva lo que en un momento dado quizás tú no puedas ver.

El continuo proceso de crecer

Con los más pequeños se tiene muy claro el proceso evolutivo y los cambios naturales, el sistema prevé una guía y un acompañamiento. Sin embargo, según vamos creciendo el apoyo en nuestro proceso vital va diluyéndose hasta desparecer. Con ello: plasticidad, flexibilidad, creatividad (y otro montón de aptitudes), se atrofian. Perdemos la capacidad de jugar, de imaginar, de ser arriesgados y apostar. Nos encogemos y dejamos de crecer. Cuando resulta que crecer es un proceso continuo sin fin.

Me rebelo cuando constato todo esto, unido a la dificultad en aceptar los cambios, y a la escasez de espacios y personas que apoyen y faciliten el curso de nuestros recorridos vitales. Por eso pienso que necesitamos iniciativas y espacios donde se pueda realizar un buen  trabajo terapéutico, junto a profesionales que acompañen las transformaciones de manera amable y amorosa, pequeños oasis de referencia a los que poder acudir cuando es necesario.

Acuarela de R.S. (14a.)

El mito de Hércules

En algunas interpretaciones, los doce trabajos de Hércules representan las doce etapas que el hombre y la mujer han de superar en el camino hacia la verdad. Doce pruebas para dejar de ser víctima de los deseos, y alcanzar la liberación.

En ocasiones, también hay una correlación entre estos trabajos y los signos del zodiaco.

Doce historias en la que los animales son los protagonistas junto a Hércules, un personaje muy habitual en las referencias cotidianas a la mitología, pero cuya historia apenas es conocida, aquí la tenéis.

Tomar decisiones

En una de las actividades recientemente propuestas, el dibujo y la explicación del mismo de uno de los componentes del grupo me llevó al controvertido tema de “como tomar una buena decisión”; y la duda de si las decisiones que tomamos son o o no las buenas, (entiéndase buenas como adecuadas). De mi frustración cuando decido algo, y luego ocurre que cuento con nuevos elementos que hacen que tenga esa incómoda sensación de haber tomado la decisión incorrecta.

Este tema que que de algún modo ya surgió: Cuando las decisiones nos obligan “a decidir”, resulta muy recurrente no solo con adultos, sino especialmente entre adolescentes. El tener menos trayectoria de vida, menos experiencias, menos contraste entre lo que hago y dejo de hacer, hace que las decisiones que han de tomar cuenten con menos elementos de análisis, menos perspectiva, lo que aumenta la frustración cuando no se “acierta”. Sabiendo que esto de “acertar”, en ocasiones es muy relativo.

De todos es conocido la importancia de aprender de los errores; es decir, si me equivoco lo suyo es identificar con qué me he “equivocado”, dónde, cómo y porqué; para, en una situación similar poder elegir de otro modo. Eso en sí mismo ya es un logro, lo que nos coloca en un lugar positivo de aprendizaje y evolución.

Cómo tomar decisiones

1.- Mi sugerencia es que para tomar una decisión analicemos los pros y los contras. Tomemos todos los elementos que nos sea posible y los desgranemos. Podemos hacerlo mentalmente, aunque dibujarlo o escribirlo ayudará mucho, visibilizará la cuestión y permitirá “sacarlo de nosotros”, “darle forma” y hacer que lo veamos con perspectiva y por lo tanto de modo más objetivo.

2.- A algunas personas en este proceso de análisis les aporta mucho el contraste con los demás. La visión del otro puede ayudarnos a considerar elementos que antes obviamos. Si es tu caso, compártelo con alguien de confianza.

3.- Una vez que hemos tenido en cuenta todo lo que podemos analizar, deberíamos de tener una idea clara de lo que hacer, cuando esto no es así, cuando las razones no nos aportan suficiente claridad para decidir, conviene que respiremos hondo y elijamos desde la sabiduría interior, desde la intuición, desde esa vocecita que nos dice lo que sí y lo que no.

4.- Cuando “marees mucho la perdiz” ponte un límite de tiempo para decidir. En último término opta lo que más te apetezca.

5.- Y a partir de ahí apuesta. Evita retrotraerte al malsano “si hubiera”, porque el condicional en este caso no ayuda, plantea elementos que no existían cuando tomamos la decisión; por lo tanto, ahora no podemos tenerlos en cuenta para castigarnos por lo que hemos elegido. Lánzate a fondo con la decisión que tomaste, aprende todo lo que puedas, responsabilízate de lo que ocurre. Pase lo que pase, sentirás que avanzas hacia delante.

Verde que te quiero verde

Siento que la vida está plagada de simbología, unas veces visible, otras fugaz y cambiante, en ocasiones indescifrable. Me gusta descubrir nuevos símbolos, dejarlos hablar y sentir que desvelo sus acertijos.

Desde antiguo, el símbolo sirvió para reconocerse. La palabra viene del griego symbolon, que originariamente significaba «contraseña» y unía a las gentes entre sí.

Uno de los símbolos, latente, que aparece y desaparece como una especie de Guadiana-emocional, es el del corazón, de todos los colores posibles.

¿Alguna vez te preguntaste de que color era tu corazón? si ¿ES, o sencillamente ESTÁ de un determinado color? ¿Sabrías cómo cambiarlo?

Según Haruki Murakami: Cada persona tiene su propio color, una tonalidad cuya luz se filtra apenas a lo largo de los contornos del cuerpo. Una especie de halo. Como en las figuras vistas a contraluz.

Estos últimos días nos hemos sumergido en el juego verde propuesto por la naturaleza, y hemos conectado con las sensaciones que ese maravilloso color nos traslada:

Y hemos recuperado el Romance sonámbulo de Lorca:

Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.

Con la sombra en la cintura
ella sueña en su baranda
verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Verde que te quiero verde.
Bajo la luna gitana,
las cosas la están mirando
y ella no puede mirarlas.
Verde que te quiero verde.
Grandes estrellas de escarcha,
vienen con el pez de sombra
que abre el camino del alba.
La higuera frota su viento
con la lija de sus ramas,
y el monte, gato garduño,
eriza sus pitas agrias.
¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde…?
Ella sigue en su baranda,
verde carne, pelo verde,
soñando en la mar amarga.

Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.


 

Más allá de las palabras

Entre la mirada del adulto atento a la educación, y el natural gesto de la infancia. Cuando la edad no sirve como excusa, e instinto y creación caminan al unísono, nos servimos de las manos sumergiéndonos en un ejercicio de presencia plena y creatividad que en compañía, incrementa su significado.

Juego y trabalenguas

Más allá de las palabras surge como un ejercicio de construcción y destrucción que invita a la deconstrucción. Juego y trabalenguas quizás difícil de retener y comprender desde la propia palabra, pero que al visualizarlo expresa con sencillez una metáfora de lo que hacemos y deshacemos, de lo que genera, y cómo desde ahí se puede volver a construir. Junto a la importancia de la huella a lo largo del proceso, en sincronía con cada uno de nuestros particulares recorridos, prescindiendo de lo mental.

Buscamos el momento y el espacio, respiramos profundamente, aproximamos la mente a un estado con los menos pensamientos posibles, de modo que lo que nos guíe sea el instinto, la pulsión del instante. Con la consigna de “lo que te hace crecer”, dejamos ideas y razón de lado, para volar por unos minutos, y hacerlo visible.

Micro-performances

Sobre una pequeña superficie plana, sencillos y estables soportes sobre los que conformar palabras o trazar gestos. Elegido nuestro material, trazamos nuestra palabra o nuestro gesto. Nada pensado, tan solo poniendo la intención en nosotros, en lo que nos nutre y alimenta.

Tras la paciencia de la construcción, la energía personal de la destrucción. Hacemos y deshacemos. Pequeños Sísifos de lo habitual. Como los gestos cotidianos de cada día, aparentemente repetidos, y no obstante siempre desiguales. Hacer y deshacer la cama, para volverla a hacer. Poner y quitar la mesa, para volverla a poner.

Acciones integradas en nuestro personal disco duro, realizadas con más o menos cuidado, automatizadas. Representadas en esta ocasión a través de micro-performances, que al sumarse con las del otro, construyen un mosaico multicolor más allá de las palabras y de los gestos fugaces. Poesía transitando los tiempos, de atrás adelante, de adelante atrás, juego, símbolo y presencia plena.

Los trabajos de Hércules 11.
Arteterapia y Educación emocional. Actividad educativa en remoto. LOS TRABAJOS DE HÉRCULES. ON LINE-anti viral. Propuesta que surge como alternativa en remoto, ante la interrupción de las actividades presenciales de Arteterapia y Educación Emocional que desarrollamos con adolescentes, en el espacio de la Fundación montemadrid en CASA SAN CRISTOBAL. En San Cristobal de los Ángeles. Madrid.

Otras normalidades

¿Os pasa que desde la honestidad más profunda, pensáis que en muchas ocasiones lo que os ocurre a vosotros, les ocurre también a los demás? Por ejemplo, estas triste por algo que ha pasado, y piensas que el otro también lo está; o necesitas hablar de algo que ha ocurrido y piensas que los demás también lo necesitan.

Vivir y expresar

Cuando resulta que no, que no siempre es así, que vivimos y expresamos nuestro sentir de maneras no siempre coincidentes con el resto, no siempre alineadas con los seres que nos rodean, y lo más importante, con las personas que nos importan y a las que amamos.

Y eso hace que tengamos que ser especialmente cuidadosos con lo diferente, atentos a otras normalidades que pueden o no, coincidir con la nuestra, aunque la creamos mayoritaria, y que incluso siéndolo, no tiene porque ser mejor.

Y tomar consciencia de ello, y ponerlo una y otra vez en práctica es lo que permite estar entrenados para empezar a tolerar menos y aceptar más, a ser menos condescendiente y más naturales, a permitir SER al otro, con sus tiempos, sus ritmos, sus necesidades.

Los procesos de cada uno/a

Desde siempre he estado fascinada por la psicología y los procesos terapeúticos, creyendo que necesariamente había que conectarlo con el apoyo y el cuidado. Las palabras son un excelente vehículo, pero no siempre, y no con todo el mundo. Hay personas que cuando tu preguntas no están preparadas para responder, y te toca esperar; cada uno tiene un tiempo y una manera. Creo que la palabra es insuficiente y para mostrarnos, necesitamos otros mecanismos.

La forma de expresar y el momento de cada persona son tantos como individuos, por eso es fundamental respetar y ofrecer la escucha y el espacio adecuado.

Por eso, el proceso de cada uno/a es sagrado. Por eso las terapias y los procesos creativos me parecen tan convenientes, útiles y necesarios. Y por eso, a veces, haces una propuesta y la respuesta llega fuera del marco temporal planteado; y si sigues ahí, desde la escucha y la atención plena puedes conectar, comunicar y en ocasiones, ayudar.

Dibujo espontáneo de R. S. fuera de marcos temporales, sincrónico el título de uno de los espectadores: “Amor entre tiempos”.