Deconstruir para construir

La mayor parte de las veces que hemos abordado la relajación en grupo, nos hemos encontrado con una resistencia inicial, una oposición a ceder el control, que comenzaba con el rechazo a cerrar los ojos, o el permiso para que fueran cubiertos; Un temor bastante común a lo desconocido. Y es que el ejercicio de detenerse, escuchar el silencio, dejarse traspasar por la oscuridad, y aparentemente “no hacer nada”, es algo a lo que no estamos acostumbrados, y choca de manera frontal con los mensajes del hacer de cada día, con la consigna de “aprovechar el tiempo” que algun@s tenemos grabada hasta la médula.

Resulta que, cuando hay poco espacio para construir, hace falta deconstruir, y ese ejercicio necesita de calma, de respirar de manera consciente, de dejarse llevar por lo aparentemente intrascendente para aterrizar en lo profundo.

Darse permiso para probar y “soltar

En casi todas las ocasiones, también ha ocurrido que muy despacito, el grupo ha ido accediendo al intento, a darse permiso para probar y “soltar”. L@s chic@s han ido avanzando en este propósito de manera gradual y también desigual, algunos venciendo a la desconfianza, otros con curiosidad.

Hay personas que se dejan traspasar más que otras, que se dejan “permear” tanto por lo agradable, como por lo menos placentero, con lo que en primera instancia gusta y con lo que no.

Lo que nos ocurre nos conforma y nos delata, permitiendo desde el misterio del “no hacer” la transformación en posibilidad; y eso es precisamente lo que ha emergido de este espacio seguro donde cerrar los ojos, aspirar un aroma, recibir una caricia, escuchar una leyenda, hilarla con el recuerdo, y a partir de ahí construir la propia historia. Lo que luego ha tomado forma en un ejercicio plástico con ceras grasas sobre telas de colores.

Meditación y sirenas

La primavera la sangre altera, y el grupo, con sus exámenes y las hormonas más que revolucionadas, muestra un nerviosismo que se contagia de modo exponencial. Llevo tiempo echando en falta gestos de recogimiento que conecten con la espiritualidad de las chicas. Una niña me pregunta qué cual es mi religión, y yo le respondo que a lo que más me acerco es al budismo zen, a la búsqueda de la experiencia de la sabiduría más allá de la razón… y que la palabra zen en su origen viene a significar meditación.

Formas de meditar

Hay muchas formas de meditar, cuando yo empecé, me parecía aburrido y dificilísimo, pero continué probando porque sentía que ahí había algo que me llamaba. He pasado por varias formas de meditar, y estoy segura que muchas están por llegar, más, todo lo que he incorporado por el camino, ha conformado hasta ahora mi particular modo, y eso tiene mucho que ver con  dejarme estar en paz, a veces tan solo respirando, otras, haciendo diferentes actividades lentas y no mentales, por ejemplo preparar un té de manera consciente, lo para mí viene siendo un modo de meditación activa.

Hasta ahora había hecho aproximaciones poco exitosas entre el grupo y la meditación; y siempre confiando, decidí introducir un elemento que conectara con el ideario de las chicas; así desde lo mágico y lo fantástico hemos hecho la meditación de las sirenas, utilizando el mundo acuático, el agua como símbolo del océano interior, en conexión con el mundo de las emociones, una experiencia hermosa y gratificante.

Leyendas de sirenas

El espacio, la música, las palabras, el objeto que cada una aportó relacionado con el mar, sirvió para enlazar con lo profundo de cada una.

Las leyendas que hablan de sirenas, cuentan que su timidez les deja verse muy raramente, se dice que conocen a la perfección los corazones de las personas y que sólo se muestran cuando saben con certeza que se encuentran ante un alma auténtica. Son una representación perfecta del poder y la independencia femenina. Son seres necesitados de libertad. Cuando son vistas, coincide con la luz de la luna o entre las horas del amanecer y el anochecer. Son horas mágicas y constituyen el momento perfecto para dotar de magia a nuestras vidas.

Al acabar, las niñas plasmaron su vivencia sobre tela y con pinturas al agua, de nuevo la conexión con el líquido elemento.