Pánico escénico

Vari@s chic@s habían comentado la dificultad con la que se encontraban al hablar ante un conjunto de personas, especialmente cuando en el cole tenían que hacen una presentación. Propusieron trabajarlo en el taller; y preparamos una sesión en la que abordamos: El pánico escénico, ese trastorno de ansiedad caracterizado por el temor a hablar en público.

Síntomas

Entre las señales más evidentes que nos anuncian este “miedo” están: el aumento del sudor y la temperatura, los pequeños temblores y taquicardias, la sequedad en la boca, la dificultad para tragar, una desagradable sensación de parálisis

Técnicas para resolverlo

Hemos utilizado dos sesiones para aplicar diferentes dinámicas individuales, en parejas y en grupo; Recurriendo al trabajo corporal, y a diversas técnicas conductuales, de relajación y concentración. Plásticamente nos hemos servido de: cuentas, botones, arenas y conchas.

Nuestra pequeña “guía de actuación” ha sido la siguiente:

ANTES de HABLAR:
– Preparar lo que se va a decir. Hacer un pequeño guión.
– Ensayar antes con alguien. Controlar el tiempo.
– Ir cómod@s.
– Ir con tiempo.
– Prever agua; papel y lápiz para tomar notas.

EN LA SALA:
– Respirar profundo. Hacer incluso una mini-relajación.
– Entrar tranquil@ y despacio, sonreír, hacer un barrido visual por la sala.
– Mejor de pie que sentado, proyectar la voz.
– Tener un reloj a mano o alguien para controlar el tiempo.
– Centrar la mirada en una o dos personas que nos inspiren confianza.
– Hablar despacio y haciendo pausas. Es mejor decir poco y bien que mucho y mal.
– Sonreír si te quedas en blanco, no darle importancia.
– Al acabar si hay preguntas, escuchar y tomar nota, organizarlas y responderlas con brevedad. No tratar de justificarte solo explícarte, sé humilde. Agradecer al público su atención y escucha.

Y recuerda: comunicas no lo que cuentas, sino lo que transmites.

Fobias

Las fobias son miedos irracionales y exagerados a algo que nos está produciendo sufrimiento. Algo que nos está limitando, que nos está haciendo que dejemos de hacer cosas. Hay un punto de descontrol y una tremenda dificultad en la gestión del MIEDO que nos genera la fobia, lo que desemboca en algo excesivo y desproporcionado.

Cómo detectarlas

Si sientes un miedo irracional puntual, y poco a poco evitas la actividad que lo provoca. Si llevas un tiempo con esa actitud, se podría considerar que tienes una fobia.

Entre las fobias más típicas están: miedo a las alturas -vértigo-, miedo a los insectos, miedo a volar, miedo a los lugares cerrados…

Cómo abordarlas

Los expertos recomiendan la desensibilización automática, es decir, irse aproximando poco a poco a lo que provoca ese miedo para ir perdiéndolo. Según la persona funcionarán mejor unas técnicas u otras: la distracción para algunos, para otros detener la mente, en ciertos casos la concentración… Mecanismos diferentes según el modo que tenga cada uno de afrontar sus miedos.

En paralelo, será necesario proveerse de recursos que nos den seguridad: relajación progresiva, mindfullness, visualización… para poder ir avanzando.

Realidad Virtual

Hoy hemos utilizado el poder del sonido y de las imágenes en movimiento, mediante una nueva herramienta, la Realidad Virtual, para hacer una aproximación a dos fobias muy habituales, el miedo a las alturas -vértigo-,  y el temor a los insectos. Hemos utilizado simulaciones que han recreado situaciones verosímiles. Después nos hemos apoyado en otra aplicación virtual, esta vez para dar forma y color a lo experimentado.

Además, hemos enlazado lo vivido con lo analógico, sirviéndonos de las posibilidades del juego y distintas dinámicas corporales.

 

Sentir el miedo y ser valiente

Todo lo que tiene que ver con la emoción del miedo supone un gran capítulo en nuestras vidas. Tenemos miedos y vamos a seguir teniéndolos, forman parte de nuestra naturaleza humana. El miedo nos permite ser cautos y cuidadosos, nos impulsa al reto, nos hace evolucionar; pero cuando se convierte en algo demasiado grande, que nos inmoviliza y nos sobrepasa, algo a lo que no sabemos enfrentarnos, llega a ser un problema.

Sentir miedo y ser valiente

Y es cuando tenemos ese problema que toca actuar. Quizás el primer paso sea aceptar la naturaleza del miedo. Y a continuación, identificarlo y seccionarlo para poder abordarlo desde lo más pequeño, e ir aprovechando la satisfacción de superarlo para enfrentar miedos mayores.

Uno de los aprendizajes que más me ha aportado radica en el hecho de detectar el miedo ante algo y aún así lanzarte “a ello”. Como ejemplo, el miedo a conducir (cuando es extremo se conoce como amaxofobia), y no obstante coger el coche cuando es necesario. Eso demuestra tu valor, por lo tanto puedes sentir miedo y ser valiente.

Miedos pequeñitos y grandes miedos

Hoy utilizamos el poder evocador del mito del laberinto y la simbología de los miedos presentes en la historia. A partir de ahí hemos identificado “miedos pequeñitos”: el examen de mañana, el hablar en público delante de mis compañeros… –hemos dejado a un lado las fobias-; y hemos localizado “grandes miedos”: el que no me acepten mis amigos, el que en casa no me quieran.

Ha sido divertido y estratégicamente efectivo el uso del garabato de Winnicott, y las narrativas surrealistas que se han producido. Finalmente nos hemos centrado en cómo abordar esas sensaciones que nos genera la emoción de miedo, dando pautas para superar los estados a los que nos somete, impulsando nuestro lado mas valeroso.

 

 

Ideas para estar mejor conmigo


Arrancamos recogiendo lo que ha sido más significativo para cada participante desde la última sesión. Me llama la atención lo difícil que en ocasiones, a algunas personas, puede resultarles identificar lo más importante, lo que más nos ha marcado; y como muchas veces, es necesaria la activación a través del otro para poder recordar. Me asombra cómo puede llegar a”construirse ese recuerdo” exclusivamente con lo que se desea. Resultan curiosas también las manifestaciones en las que solo se guarda lo positivo, frente a las niñas que expresamente comentan que”lo malo es lo es importante”. Eso me lleva a los diferentes recorridos que seguimos para conformar nuestros recuerdos y en cierto modo construirnos a nosotros mismos.

En esa línea, recientemente tuve una conversación con una persona, preocupada por la educación de sus hijos y que seguía utilizando el castigo como herramienta, supongo que algunos padres/madres se ven desbordados con los comportamientos de sus hijos e hijas y no conocen otros modos de funcionar, pero sin ninguna duda se consigue más desde la motivación y la responsabilidad, desde la pedagogía del apoyo y el crecimiento, que la punitiva. El miedo puede hacer reaccionar, pero nunca va a generar cambios conscientes y estables.


Un mandala con pétalos de rosa hecho en grupo desde el corazón, puede resultar un acto significativo y creativo para recordar, especialmente si nos ayuda a estar mejor conmigo. Iniciamos este ejercicio plástico en silencio, para enlazarlo con las acciones que cada una llevamos a cabo que nos ayudan a”situarnos”, a estar mejor cuando algo no va bien:

escuchar música”molona”

comer

correr

golpear la almohada

reír

llorar

gritar lo más fuerte que pueda

ver un vídeo divertido

abrazarme para quitarme el enfado

respirar profundamente

dibujar



Arteterapia. Ocupando mi lugar V. Casa San Cristobal.