Inteligencia y coraje

El miedo está, estuvo y estará siempre -desde aquí lo abordamos en más de una ocasión-. Es una emoción primaria que nos ayuda a ponernos en alerta cuando un peligro nos acecha. Tan simple como eso. De manera que el mantra mas que habitual de «no tengas miedo» no me parece ni realista, ni adecuado, pero en fin, también depende del contexto.

¿Dónde sientes el miedo?

Pienso que mas que evitar al miedo, se trata de colocarlo en su lugar y utilizarlo para nuestro beneficio. Si como buen miedo responde a su función de ponernos en alerta, en primer lugar habrá que detectarlo. Ahí es muy interesante averiguar qué parte de tu cuerpo «siente el miedo» (en cierto modo lo estarás somatizando) ¿te  duele la parte baja del vientre?  ¿tienes un nudo en la garganta? ¿sientes presión en el pecho? Escuchar y comprender las señales para poder hacer algo al respecto.

Qué hacer

Esto es, detenerte, y decidir si:

a) Pones distancia porque ves que no puedes con él.

b) Te quedas «congelado» y sostienes la situación.

c) Te enfrentas, encaras al miedo.

Creo que en los tres casos hay una combinación de inteligencia y coraje que antiguamente permitía sobrevivir, y hoy nos puede hacer vivir cada vez con más sabiduría y plenitud.

Simulación y realidad

Hoy, con este horizonte de fondo, hemos utilizado diferentes simulaciones de realidad virtual de situaciones en las que es muy habitual sentir miedo, para poderlo percibir, ubicar y averiguar cómo suelo responder. Después, eso lo hemos trasladado a situaciones cotidianas en las que sentimos miedo, detectando como es el abordaje de cada uno. Finalmente mediante el dibujo analógico (rotulador y vileda), y digital (App. Tilt Brush de R.V.) hemos expresado como salir del miedo incorporando inteligencia y coraje.

En paralelo ha sido especialmente enriquecedor el ejercicio de acompañamiento y cuidado del otro, un tejido de dinámicas relacionales y de interacción entre todos los componentes del grupo.

 

Sombra y oscuridad

Leyendo La princesa manca volví a conectar con la idea que maneja G. Martin Garzo, de enfrentar a l@s niñ@s con su parte oscura, algo que me parece esencial y lamentablemente poco frecuente. Me enerva este continuo cotidiano (tan presente en las Redes), evitando la realidad menos bonita, y revistiéndola de una aparente felicidad que al final desvela el engaño.

Zonas de sombra

Además de lo dulce y lo suave, el centro de todos los cuentos maravillosos ha de albergar el horror, la vida y la muerte; la idea de lo que somos, y por supuesto, tener un final feliz. Y es que nuestr@s hij@s  también viven entre zonas de sombra, de horrores infantiles y adolescentes, que han de experimentar y superar. Ocultarlo no lo diluye, retrasa su aparición y agudiza el problema.

Miedo y amor, variables eternas

Chesterton decía «Los cuentos de hadas son la verdadera literatura realista… el que quiera saber lo que hay en el corazón de un niño, lo descubrirá abriendo uno de estos cuentos narrados desde hace años.»

Los relatos de Andersen, Grimm, Perrault… son universales, atemporales y no tienen edad; recogen el cosmos de chic@s y chic@s, reflejan sus miedos, su anhelo de amor, su temor a ser abandonados… MIEDO y AMOR, son dos variables eternas. Emociones y sentimientos primarios, que tienen su origen en la niñez y se alargan a la adolescencia llegando en no pocas ocasiones a la vida adulta.

La expresión de estas necesidades fundamentales a través de estas historias, permite conectar con el desasosiego y la propia realidad. Narraciones maravillosas planteando problemas, mostrando dificultades y modos de solución, para que el/la receptor se haga cargo y venza la situación planteada, «regresando» con un nivel de conciencia y superación mayor.

Los bestiarios

En las dos últimas sesiones nos hemos inspirado en los bestiarios y libros de criaturas fantásticas para, sumergirnos en estas profundas zonas de sombra. Hemos imaginado monstruos, los hemos invocado, y los hemos construido.

Hemos hablado de nuestras particulares oscuridades, de lo que nos hacen sentir, y de cómo nos enfrentamos a ellas. Hemos creado y compartido nuestra propia historia y escuchado las ajenas. El dibujo y el collage han dado forma y color a la fantasía, profundizando en el significado de lo que para cada un@representaba, averiguando rasgos de personalidad, sentimientos, deseos y preferencias.

 

A qué tenemos miedo?

Los expertos en Neurociencia e Inteligencia Emocional definen el miedo como una emoción básica, imprescindible para la supervivencia de los mamíferos.

El miedo se produce en nuestro cerebro límbico y es activado ante cualquier peligro impulsándonos al ataque o a la huida.

Las emociones van siempre acompañadas de reacciones somáticas que se manifiestan en el organismo en reacciones físicas, las más importantes son las alteraciones en la circulación, los cambios respiratorios y las secreciones glandulares. De ahí que podamos considerar al miedo como algo “natural”…

Según el budismo existen dos clases de miedo: el miedo apropiado, el miedo impropio.

El miedo apropiado se fundamenta en un peligro de existencia real, ante el cual se pueden tomar medidas para evitarlo. Este miedo nos advierte que es peligroso hacer algo (como saltar a la calle desde una azotea o drogarse). Cuando el miedo es apropiado, sirve para tomar consciencia del peligro real y para tratar de evitarlo.

El miedo impropio es el que surge de cosas que no pueden perjudicarnos, como tenerle miedo a una araña; o que no podemos evitar, como tener miedo a envejecer. Esta clase de miedo puede deprimirnos y paralizarnos.

El tener permanentemente miedo inhibe de ser uno mismo, impide desenvolvernos con armonía, y nos condiciona, como por ej. las personas que temen salir de sus casas, o que temen contagiarse enfermedades.

Miedos como sentimientos

Muchos miedos son reales porque existen como sentimientos, tu sientes ese miedo, pero son solo producto de pensamientos negativos. Por otro lado, la mayoría de los miedos que sufrimos a diario provienen de pensamientos negativos. 
Cuando empezamos a «rumiar» ideas de: enfermedad, infortunio, accidente, muerte, etc. debemos aprender a eliminarlas antes de que nos controlen.

Hay personas que se pasan la vida teniendo miedos infundados; si pensamos en cuales son aquellas cosas que nos generaron miedo últimamente, descubriremos que la mayor parte de ellas nunca sucedió.

El origen mental del miedo

La mayoría de los miedos tienen su raíz en una forma errónea de percibirnos a nosotros mismos y al mundo que nos rodea, es decir que tienen un origen mental, por lo que si aprendemos a controlar nuestros pensamientos, podremos terminar con
ellos.

El mundo no existe separado de nuestra mente, sino que es una proyección de ella, tal como sucede durante el sueño. Y así como ocurre con las peores pesadillas, cuando logramos despertar todo termina.

Sueños o pesadillas

Cuando dormimos, todo lo que sucede durante el sueño nos parece tan real como lo que vivimos cuando estamos despiertos, y cuando estamos despiertos, muchas de las cosas que nos atemorizan nos parecen reales porque son reales pero SOLO en nuestra mente.
Pensamos en cosas atemorizantes y tenemos miedo, pensamos en cosas placenteras
y sentimos placer, pero cuando nos mantenemos en la esfera del pensamiento todo
se origina en nuestra mente, por lo tanto, con el control de la mente puede evitarse, o por lo menos eliminarse cuando surge.

Vencer al miedo

Todo el mundo posee dentro de sí mismo la fuerza para combatir sus miedos.

La cuestión es detectar a qué tenemos miedo, es decir, identificar cada uno de nuestros miedos para poderlos desmontar… uno a uno, aunque a veces, se pueden llegar a anular
varios miedos de un plumazo… Miedo a la soledad, a la tristeza, a
decir que NO, a decir que SÍ, al que dirán, al pánico escénico, al fracaso, al ridículo, a no cumplir con las propias expectativas, a la equivocación… Miedo de ser rechazado socialmente, al sufrimiento, a perder la pareja, a no conseguir pareja, a la soledad, a enfermar,
 a perder el trabajo, a los accidentes, a perder a un ser querido, a la pobreza, a la muerte, miedos inexplicables…

A veces, como tememos ser nosotros mismos, completos, en esencia, construimos una armadura que nos protege, de ahí la paradoja de que seamos nosotros los que construyamos nuestro miedo, y en consecuencia solo nosotros podamos vencerlo.

Como decía una amiga mía:«Al miedo hay que tenerlo al lado, si va delante no te permite avanzar, y si va detrás te hace demasiado temerario»