El sentido de la muerte

Una de las chicas sugirió: “Hablemos en un taller de la muerte, por favor”. Las demás se mostraron curiosas y asintieron, y yo les tomé la palabra.

El tema de la muerte es algo cada vez más presente en mi universo -el sentido de la muerte-, al menos desde la consciencia. Quiero decir, estamos vivos y en continuo cambio y evolución, perdemos unas cosas, ganamos otras… para mí la muerte tiene que ver con la transformación, dejar de ser lo que eres para convertirte en algo diferente. Simple, y sin embargo escasamente abordado en occidente, donde envejecimiento y desgaste resultan conceptos tabús.

Ser valiente no es no tener miedo

En cierta ocasión leí que para hablar de la muerte hay que ser valiente. Y algo que me impactó: Ser valiente no es no tener miedo, el miedo forma parte de los estados emocionales naturales que nos transitan, la cuestión es saber qué hacer con ese miedo.

Yo creo que ese miedo hay que visibilizarlo y transformarlo, reconocerlo, hacerle frente, reírse de él; en ese sentido no deja de maravillarme el “Cuaderno de Nippur” de Maria Vázquez, y su afirmación de: nada dura para siempre. Ni el helado. Ni las películas. Ni lo feo. Ni lo lindo. Ni las hojas de los árboles…

El lugar eterno

Y es desde ese lugar que se transforma en eterno cuando viajamos al corazón de las personas que amamos para quedarnos allí para siempre, desde donde ha surgido la reflexión: ¿Dónde surge la curiosidad por la muerte? ¿Qué es la muerte? ¿Qué te provoca la muerte?

La dispar visión según las culturas y la educación hace que las perspectivas y el modo de abordarla sea muy diferente. Los enfoques religiosos del grupo despiertan muchos interrogantes. Con ello y con todo hemos transitado desde la expresión plástica y la palabra por nuestro modo de estar cuando las personas queridas se van. Y la reflexión profunda e individual de que nos gustaría trasladar a las personas amadas antes de marcharnos.

Al principio con escaso interés, al poco decididamente volcad@s, cada un@ en su espacio de confort, con su papel, su lápiz y/o sus pinturas se han zambullido en uno, dos, tres pliegos de papel, expresando lo que quizás hasta ahora no se habían parado a exteriorizar.

Después, con cintas de colores han creado su pequeño paquetito que junto con los demás, ha conformado el centro del gran mandala de pétalos de rosas. Un ritual de cierre y liberación, para los mensajes que luego se han llevado.