Conectar con la naturaleza

La última intervención de la temporada la planteé desde un enfoque orgánico y emocional, de manera que propuse una sesión partiendo de las bondades de conectar con la naturaleza en estos tiempos de semi-encierro, restricciones y circunstancias inhabituales.

Formas de conectar

Estoy convencida de que cuando algo nos es sustancial, si se aleja, lo ponemos en valor, qué es lo mismo que echarlo de menos, y en muchas ocasiones nos activa lo suficiente para impulsarnos en su búsqueda. Seguramente por eso, últimamente me he encontrado con gran cantidad de testimonios en los que la necesidad de conectar con la naturaleza ha sido imperiosa.

Ese deseo puede traducirse de muchas formas en la cotidianidad de cada persona. En nuestro caso, propuse una sesión en la que se podía salir a la calle, a algún espacio cercano al aire libre, a un parque…  con la intención de realizar una parte de la actividad en modo peripatético, es decir, caminando. Una cierta actitud y una buena conexión de móvil hacen de éste, un modo diferente y original de acompañar, escuchar y pensar.

Además, con unos días de antelación, invité al grupo a recopilar materiales orgánicos: piedras, guijarros, ramitas, hojas, tierra, piñas… Con la intención de traer un trocito de naturaleza a casa y a partir de ahí realizar un ejercicio de conexión. Planear la sesión hizo que yo también me diera varios paseos buscando nuevos materiales e imaginando otras posibilidades de expresión.

¿Land Art?

Todo lo cual, inevitablemente me trajo a la cabeza la eterna discusión sobre el Land Art y un puñado de preguntas:

¿Es un arte hecho en ó con la naturaleza?

¿Admite que introduzcamos nuevos objetos o materiales?

¿Qué vale y qué no vale?

Aunque el concepto de Land Art es bastante novedoso (1960 USA); Arte en relación con la naturaleza ha existido desde siempre. Me encantan esas construcciones, o actos performativos  en los que el paisaje y la obra de arte entran en conversación y permiten que nos adentremos en su diálogo.

En nuestro caso, la idea ha sido partir de varios disparadores:

¿Qué es para ti la naturaleza, a qué te ayuda? 

¿A pensar? ¿A relajarte?

¿Te gusta ir sola o en compañía?

¿Qué haces en combinación con la naturaleza? Leer, pasear, correr, tumbarte, nada…

Y a partir de ahí, abrir un espacio de expresión para construir una pieza. Al final las obras propias y ajenas han tejido un tapiz de posibilidades:

 

El raro absoluto

Cada vez soy mas consciente de la relatividad de las cosas, literalmente. De cómo lo que para mí es muy importante, para ti no lo es; de cómo por mucho que ponga “el acento” en afirmaciones o acciones para mí significativas, pueden no tener absolutamente ninguna trascendencia para tí. Y no valen argumentos ni explicaciones, sencillamente las cosas para cada cual tienen una dimensión y una repercusión muy diferente, y lo único posible es ser consciente de ello y aceptarlo con humildad.

Admitir la mirada del otro y si es posible, incorporarla a la propia para abrir y enriquecer nuestra percepción de lo que la vida nos pone por delante.

En este sentido, los días de convivencia que propicia el verano dan para mucho entrenamiento y aprendizaje. Para atreverse, para dudar, para confiar, para intentarlo, para equivocarse y volver a apostar, para cerrar los ojos y creer a pesar de todo, para ilusionarse con lo aparentemente sencillo, y que resulta increíblemente grandioso. Todo eso y mucho más lo encontré de la mano de la naturaleza.

Por el camino, lo absoluto de algunas poquísimas cosas, como la majestuosidad de la Brèche du Roland, algo difícilmente transferible con palabras.

Según cuenta una leyenda, Roland, sobrino de Carlomagno, al acabar la batalla de Roncesvalles, cansado de tanta lucha, golpeó con fuerza la roca para destruir su espada, el resultado fue este espectacular “corte” de 40 m. de ancho y 100 m. de altura, en el corazón de los altos Pirineos franceses, a 2.804 m.

El origen de las estaciones, la pérdida y la oportunidad. El mito de Perséfone


Además de explicar la sucesión de las estaciones, los mitos justifican también ciclos más cortos, como el de la salida y la puesta del Sol, el de las fases y eclipses de Luna…

La historia de Deméter y su hija Perséfone muestra cómo el mito responde a las preguntas centrales de la vida: la pérdida anual de la fertilidad de la tierra y la muerte aparente de la naturaleza.

Perséfone, mito de fertilidad y muerte, en el mundo subterráneo simboliza el grano sembrado; La diosa, junto a su madre Deméter, es la semilla germinada que alimenta al hombre y a los animales.

Constelaciones, erizos, bosques, galaxias… Los niños, tomando como inspiración esta historia fabulosa, representan maravillosas obras de arte efímero, como la vida y las estaciones, en continuo cambio y evolución.

Trabajo plástico de niños y niñas en LA CASA ENCENDIDA