La percepción de normalidad

A raíz del recorrido realizado sobre el tema de la percepción, planteamos una sesión en la que subyace la reflexión sobre lo que es y no es “normal” (lo que hace que abordemos el concepto de normalidad), y cómo cada un@ construimos la realidad, nuestra realidad, en base a la personal percepción de «normalidad» y de «lógica».

Renovada percepción

Conformamos nuestra realidad desde lo que vemos. Si partimos de que la realidad que percibimos no es la única, y de que nuestra mirada está condicionada y construida en base a nuestros valores, principios y creencias; si admitimos que al percibir cometemos errores que nos generan conflictos internos, y a partir de ahí repetimos el esquema…

Sería cuestión de hacernos conscientes, de ampliar la mirada, de desplazar el lugar desde el que nos enfocamos ante lo que tenemos delante, aislando el concepto de bueno y malo, admitiendo otras formas de ver, de entender, de aceptar, de asumir. Tratando de crear realidad a través de una renovada percepción, donde tomemos consciencia de mis pensamientos fundamentales y probemos a cambiarlos; algo que incluiría  la premisa de que yo creo (de creer) lo que me creo (de crear).

Miradas plurales

Con ese paraguas de fondo, el asunto sobre el que nos enfocamos es el machismo en lo cotidiano. Mediante imágenes, pequeñas esculturas de plastilina, palabras e historias, expresamos aspectos del machismo de diferentes formas; surgen conceptos asociados a los micromachismos, a los distintos modos de vivir la sexualidad de cada un@; a la necesidad de respeto y cuidado. A partir de lo que el grupo expresa, hacemos un ejercicio en el que se hacen presentes las miradas plurales de tantas percepciones como personas hay.

Entre la propia auto-expectativa y la ajena

El recorrido realizado partiendo de la esencia de cada una, en esta ocasión fluctúa entre la mirada interna y la externa, la autopercepción y la percepción del otro, lo que espero de mí, y lo que los demás esperan. Lo que hago y cómo lo hago, y la manera en que me sitúo ante la vida y las situaciones por las que me toca transitar.

Del necesario intimismo, presente en un trazo, en unos colores, en cómo vestimos nuestra creación para sustentarla… pasamos a sumergirnos en un ejercicio personal de conocimiento y reconocimiento que desemboca en algo más plural que, desde el plano de lo social conecta con el lugar en el que los demás esperan: cosas, acciones, y actuaciones de mí; cómo me afecta y qué es lo que yo hago con ello.

Y como en un juego de idas y venidas, surge de nuevo la primera persona: lo que yo espero de mí, lo que yo quiero; lo que permite que una vez más, lancemos una mirada al interior, para que la eterna pregunta de quién soy yo, cómo me veo, desvele un sinfín de interrogantes: lo que resalto de mí, lo que disfrazo, lo que oculto... lo que desconozco y no obstante está. Un ejercicio sutil y profundo desde el que vamos desgranando ese crisol de miradas propias y ajenas para primero construirnos de modo independiente, y luego, exponer esa construcción a la mirada del otro.

Arteterapia. Ocupando mi lugar II. Casa San Cristobal