Poder interno

Después de nuestra habitual relajación, hemos realizado un viaje sensorial utilizando un ingrediente fácil de localizar en la cocina de cada cual. Así: el cacao, el café, el azúcar, la sal, el harina, el arroz…  han sido  protagonistas de nuestro ejercicio sensitivo a partir de ingredientes naturales. Ello nos ha permitido conectar con nuestro poder interno, nuestro yo más profundo y luminoso.

Mi viaje sensorial

… de todos los materiales orgánicos posibles me centro en uno… estiro la mano, lo alcanzo… lo palpo, (sería deseable continuar con los ojos cerrados, eso me permitirá conectar mejor…) Poco a poco voy sintonizando con mi material… me lo acerco, lo huelo, lo toco, ¿lo puedo incluso saborear?, me lo acerco al oído… ¿Qué despierta en mí? Mi memoria emocional y afectiva se activan… ¿Qué otra cosa podría ser?…  ¿A qué me recuerda?…  ¿A qué otra cosa se parece…? Estoy atenta a su color, a su textura, a sus posibilidades… ¿Qué haría yo con esto aparte de lo que normalmente hago? Juego, lo deslizo entre mis manos… son unos minutos sensitivos con el ingrediente que he elegido. Suave, áspero, rugoso, intenso… ¿qué me dice el material de mí?…

Hemos continuado el viaje hasta realizar una representación en conexión con un elemento natural: animales, vegetales y minerales han estado presentes en la plasmación simbólica, dando paso al siguiente “juego”.

Mostrar lo que somos

Cuando nos preguntan cómo somos, no siempre decimos la verdad. La mayoría de las veces respondemos de manera políticamente correcta, y solo en algunas ocasiones profundizamos. O no nos conocemos suficientemente bien, o nos da pudor decir cosas bonitas de nosotros mismos. A veces incluso nos limitamos a sacar a la luz lo que más nos disgusta, haciéndonos incluso de menos…

Nuestro ejercicio de “Poder interno” ha apelado al subconsciente, ese discreto y sincero compañero que tiene la capacidad de mostrar de verdad lo que somos. Lo que está y a veces ocultamos u olvidamos.

En este caso, sólo nos hemos centrado en lo positivo. Y eso es lo que ha visibilizado parte de nuestra esencia; y es que igual que en los demás somos incapaces de ver lo que no tenemos, también vemos características de nosotros mismos, y por lo tanto lo que de manera subconsciente adjudicamos al otro, también nos lo estamos adjudicando a nosotras mismas.

YO SOY

Lo que tanto me cuesta

Lo que tanto me cuesta… y me preocupa. Lo que me da vergüenza expresar… Lo que prefiero ocultar porque no sé como abordarlo… De lo que no hablo porque no sé ni cómo hacerlo ni con quién… y aún así está ahí, SIGUE AHÍ… 

Todo eso, y lo que hay detrás, lo que veladamente sale en tantas ocasiones, aunque puede que no te des cuenta. Porque somos muy diferentes pero también tenemos muchas similitudes, y nuestras preocupaciones nos humanizan y nos igualan.

Expresar lo que nos inquieta nos alivia

Nuestra naturaleza se desliza entre lo visible y lo invisible, y expresar lo que nos inquieta de algún modo, alivia; y escuchar lo que le pasa al otro (que puede ser muy parecido a lo que me pasa a mí), reduce la tensión, despersonaliza, y permite normalizar, naturaliza y da forma a nuestros desvelos, nos hace tomar perspectiva; y situar adecuadamente la importancia que damos a las cosas, expresar lo que nos preocupa es una poderosa herramienta para encontrar soluciones y empezar a estar mejor.

Por eso hemos partido de nuestra personal caja de Pandora, esa que contiene los “males” de cada uno y cada una, para buscar la manera de localizarlos, canalizarlos y hacerles frente.

Hoy en la sesión hemos realizado nuestro habitual ejercicio de relajación, alejándonos de lo exterior para centrarnos en lo interior. Hemos transitado por el  cuerpo para distender y tomar tierra. Hemos conectado con el mito de Pandora, y plásticamente lo hemos plasmado en una escultura de papel. Después de volcar todo esto en el grupo. Hemos probado una nueva herramienta tecnológica: MI CAJA DE PANDORA, con la que seguiremos trabajando, para desde el anonimato expresar todas esas preocupaciones que nos tienen en vilo.

El mito

Cuenta la leyenda que cuando Prometeo robó el fuego de los dioses para regalarlo a los hombres, Zeus se enfureció, y su forma de castigarlo fue hacer que su hermano, Epimeteo se enamorara de Pandora (a pesar de que Prometeo le había prevenido de no dejarse seducir por ella).

A Pandora los dioses la habían hecho absolutamente encantadora, además de poseer una característica de doble cara: la curiosidad. Pandora llegó con un “regalo” de los dioses, una caja cerrada, que bajo ningún concepto debía abrir. Epimeteo para ayudarla, escondió la caja y confió en su mujer. Pero la curiosidad de su esposa hizo que no dejara de pensar en como hacerse con la caja para tratar de abrirla. Hasta que un día, mientras su esposo dormía, la encontró y la abrió. Al levantar la tapa, una nube gris la envolvió y cayó desvanecida. Las desgracias y males que hasta entonces no habían afectado a los humanos se expandieron por el mundo: la desdicha, la pena, el enfado, el sufrimiento, la carencia, la envidia, la  ira… cuando se dio cuenta de lo que había ocurrido trato de cerrar la caja, logrando tan solo dejar dentro la esperanza, que por eso es lo último que se pierde. 

Lo que me inquieta. Escultura en papel

Encuentro de Brujas Online 2020

Los pasados días 28 y 30 de octubre, gracias al apoyo de la Plataforma de Asociaciones de Mujeres hacia el Empoderamiento y al Instituto de la Mujer, llevamos a cabo el Encuentro de Brujas Online 2020, tras un tiempo fraguándolo, con muchas ganas y unas circunstancias inhabituables que nos situaron en un lugar de reto y oportunidad.

Expresar en los tiempos que corren es complicado, traspasar las barreras personales y físicas mucho más, y no obstante, la emoción se abrió camino.

Empoderamiento online

La distancia geográfica se acortó merced a la presencia, la palabra, la actitud y la energía de un grupo de pioneras en el empoderamiento online que desde casa y desde los Centros de la Mujer de: Noblejas, Ocaña, Santa Cruz de la Zarza y Corral de Almaguer, se zambulleron en el Taller de Promoción por la Igualdad de Género que desarrollamos: Carolina Barreira (Pedagoga teatral) y yo misma, Helena Morán (mitoART).

Dos horas cada día para conectar con los sentidos, viajar a través de las pantallas, bucear en nuestro subconsciente y hacer visible el poder, la magia y la belleza de lo femenino… Un espacio de reflexión, participación, memoria y emoción, en línea con la idea de una sociedad más justa e igualitaria, de la que sentirnos parte activa y precursora de cambios.

Ovillo de mujeres 

(*) Una pequeña parte

puede ser un todo.

Un mismo camino

se puede dividir en tantos.

Así como en una hoja

tantos pequeños caminos

convergen en uno solo

Y vive…

La ternura

pueden ser

palitos,

maderitas,

ramitas

y mi nieto.

El mundo se mueve

por energías.

A veces lo olvidamos.

Entonces,

puedo ser una joya,

una escultura,

somos seres creativos.

Tierra

tierra

tierra, ternura.

Ovillo de lana,

lentejas

lentejas!

Lentejas en mano de mujer.

Mis padres, agricultura.

Mi juventud, el campo.

Mi manos,

plantando vida

o acunando el fruto de la tierra

para volverla creativa.

Nos comunicamos

Presente, futuro, pasado…

Recuerdos en medio de la tranquilidad

¡Teníamos tantas ansias de jugar, tantas!

que aún persisten en nosotros.

La vida redonda

con infinitas posibilidades.

El hilo de las posibilidades,

el hilo de las cosas.

Lana fina

Hilo de lana

mi abuela.

La lana des-ovilla recuerdos

Y así llegan nuestros hijos

con sus cajas de colores

apilados,

ordenados

listos para re-iniciar la vida.

Esta…la mía, la nuestra

Mujeres.

(*) Texto organizado por Carolina Barreira a partir de frases, emociones y sentires expresados por las mujeres participantes del Encuentro de Brujas Online.

Primer día de intervención del Taller
Segundo día de intervención del Taller
Experiencia plástica

 

Siempre estamos eligiendo

Nuestra última sesión de arteterapia, aparecieron seis de los ocho jóvenes que conforman el grupo estable. Eso supuso: elegir estar o no estar, decidir conectar tu vídeo y hacerte visible o no. Ausentarte brevemente y volver, activar finalmente tu vídeo, pero solo mostrar las paredes desnudas de tu cuarto… Micro elecciones que forman parte del extenso universo que día a día se nos plantea.

Creo que siempre estamos eligiendo, hasta cuando creemos que no. Hasta cuando no somos conscientes, porque postergamos la elección, porque procastinamos, porque no queremos o no sabemos qué elegir. Todas esas veces en las que no acabamos de saber decir: “esto sí y esto no” y eludimos nuestras elecciones…

Elegir dejar de hacer algo

Y resulta que eso, también es elegir. El no hacer nada es elegir dejar de hacer algo. A mí me parece que esa “elección”, cuando es por dejadez, es muy triste, porque se plantea ante situaciones en las que no eres tú el que contribuyes de forma activa a que te pase lo que quieres que te pase, si no que delegas en el destino… y pierdes oportunidades de hacerte cargo, de madurar, de equivocarte y también de aprender de los errores, de tus errores.

¿Quién enseña a elegir?

Y ocurre continuamente con los chicos y chicas de: trece, catorce, quince años, que están deseando hacerse mayores, tomar sus propias decisiones, ser libres y autónomos… Mientras los adultos queremos que sean responsables. Y en paralelo: ¿quién enseña a elegir? ¿a elegir con consciencia? ¿a sopesar pros y contras? ¿a valorar lo que pierdes y lo que ganas? ¿a hacerte cargo de lo que pasa y de lo que deja de ocurrir?

Hoy nos han venido a la mente mil situaciones que no elegimos; desde no poder salir a la calle, usar mascarilla, estudiar online… Es verdad, y es duro, pero  nos queda el elegir como hacemos lo que es preciso que hagamos, elegir como nos lo tomamos, elegir nuestra actitud, eso sí que depende de nosotros, y es una oportunidad para entrenarnos en  cómo queremos que sean las cosas.



Con qué conectamos

Percibo como el grupo demanda de manera explícita el retorno a las sesiones presenciales, donde la corporeidad estaba implícita, y formaba tanto parte de nuestro cotidiano que nunca se nos ocurrió que pudiera faltarnos, ni que esa ausencia generara tanto sentimiento de pérdida.

Necesidad de pertenencia

Creo que algunas chicas continuan en el grupo por su necesidad de pertenencia, y por la esperanza de retornar a lo conocido, de volver “a lo de antes”, a un espacio de confort. Me hago cargo y soy otra vez consciente. Sobrepaso la queja fácil y maximalista del “Qué bien estábamos entonces”, y me centro en lo que hay ahora y lo que puede haber.

Tras los dispositivos hemos sustituido la cercanía corporal por una presencia que reclama una gran atención concentrada. Con buenas dosis de dedicación e interactividad.

La oculta presencia

Al otro lado, arrancamos con varias de las pantallas vacías, espacios neutros. Pequeños rectángulos que aparecen, desaparecen y vuelven, tras los que se parapetan sus propietarios, ventanas cerradas.

Primero percibo la oculta presencia de ese otro que no quiere mostrarse, quien desconecta el vídeo y/o el audio, dejando en ocasiones que la conexión solo sea por chat o por wats.

Poco a poco algunas presencias toman forma, atraviesan ese oscuro muro conectando el vídeo, al principio tímidamente y de soslayo; mostrando el techo, la pared… espacios estáticos, sin vida y que no obstante, aportan información y forman parte de ese tramo del camino entre mostrarse y no mostrarse.

Con qué conectamos

Paso a paso conectamos con la palabra, los sonidos, los silencios, con la propuesta plástica que se desliza y toma forma. Hay participantes más proactivos, otros tratan de escabullirse de modo más o menos airoso. Al otro lado escucho, paciento, invito. La plástica se expone y compartimos. No todas, ni al mismo tiempo. Los tiempos y modos de cada una son tan diferentes…

Confío y percibo como algo va quedando, cómo hay algo que atrapa, y entonces, una voz se abre paso, una voz que necesita ser escuchada, y se hace confidente, se vuelca y se expresa, y esa voz enlaza con otra... Las historias toman cuerpo, y al identificarse, las penas y los miedos se diluyen. Al otro lado, tú sabes, adivinas, y confirmas que todo es parte, y que por eso fueron necesarios: los vacíos, los gestos, las palabras y los trazos.

Resistencias

Pensar en la sesión, inspirarte, observar otros procesos y realidades, volver a pensar en la sesión, en el perfil de los participantes, en lo que crees que necesitan, en lo que sabes, lo que intuyes, y lo que no. En quienes están y quienes iban a estar pero al final no aparecen. Pensar en sus circunstancias, en el momento de todas/os y cada una/o. En cada una de las posibles resistencias. Pensar en tus límites y los del grupo, en lo que se puede y lo que no. Preguntar, escuchar, comunicarte con ellos/as, en grupo e individualmente, sostener lo que ocurre mientras tanto.

A uno y otro lado

Constatar los mensajes que se leen, los que no, los que se leen pero no se responden, los teléfonos que antes estaban y los que muestran ausencia. Esperar respuestas, tenerlas, evidentes y lacónicas, o no tener respuestas lo que en sí es una respuesta. Indagar en lo que les puede atraer.

Volver a pensar en la sesión, escribir, descubrir y profundizar en nuevos recursos, contrastar con colegas. Empezar a estructurar la sesión, recordando las resistencias de la última vez, y tenerlas en cuenta; el pressing de los estudios, las eventualidades: todas esas cosas que tienen que hacer y que postergan y se les ocurre emprender a la hora de la sesión, la tecnología, la exposición a la que les somete la vídeo conferencia…

Sentirte expuesto/a

Verte mientras los demás te ven, dejar al descubierto tu espacio, tu casa, tu habitación, tu rincón, tu intimidad. Conformar una sesión llena de contenido y propuestas y adaptarte  a lo que el momento demanda. Escuchar, sonreír, alentar, estar, proponer.

Relajar, conectar, expresar, sostener. Recorrer dos horas de interacción a través de invisibles imágenes con mucha presencia. Aceptar que es parte del camino, y de nuevo: escuchar, proponer, sugerir, confiar, fluir.

 

 

 

Pantallas

Nuestro septiembre-2020 ha sido un mes de calma aparente, de pausa en la visibilidad, detrás de la cual la acción ha continuado entre bambalinas. Nuevo otoño, nuevo curso, novísima situación. Hemos iniciado con dos nuevos retos:

  1. Un pasito más en la vinculación de progenitores al programa de arteterapia y educación emocional de Casa San Cristobal.
    Devolviéndonos nuestra realidad la absoluta presencia en las familias de las mamás. Madres con uno o dos chavales a su cargo, conscientes de su papel como sostén y pilar de la familia, muchas veces desbordadas, preocupadas con este día a día tan incierto, tan difícil, tan cambiante.
  2. La intervención arteterapeútica con adolescentes a través de videoconferencia. Con las peculiaridades de la edad en estos tiempos extraños, la complejidad del barrio de San Cristobal, la precariedad de herramientas y dispositivos, el cansancio tecnológico del grupo, y las ganas de hacer algo diferente, preferentemente divertido.

Pantallas de antes

Los chicos y chicas con los que trabajamos, como el resto de nuestros adolescentes, se han criado en un caldo de cultivo en el que la tecnología les resulta conocida, y en general próxima y manejable; por eso relacionarse con una pantalla a ciertos niveles, hasta la fecha, apenas planteaba problemas. Sobre todo, sabiendo que en las pantallas de antes se establecía una barrera entre el usuario y lo que había detrás, lo que permitía preservar el mundo de cada cual.

Todo ello, hasta hace muy poco, conformaba un antes que convivía con la experiencia de lo presencial que facilitaba redes afectivas donde: la cercanía física, la mirada y la piel, tomaban valor y permitían tejer vínculo de manera orgánica.

Pantallas de ahora

Ahora, en que lo presencial se ha ido recortando quedando reducido a mínimos; Cuándo salir de casa y encontrarse con otros se ha convertido en excepcional; Cuándo -al menos por el momento-, tenemos que dejar de utilizar las maneras que teníamos de crear vínculo y de relacionarnos…

Ocurre, que hemos de activar otros modos, y si estos modos suponen que nos “amiguemos” con las pantallas de ahora, que traspasemos la barrera de antes, que interactuemos, y propiciemos una nueva apertura, pues tendremos que lanzarnos a ello. Verlo como oportunidad y encontrar cada vez más satisfactores y aprendizajes que nos compensen.

Y eso es lo que hemos empezado a hacer en nuestra primera sesión online de este ciclo de otoño; Abordando resistencias, las primeras de las cuales están estrechamente relacionadas con la relación con la propia imagen.

Cerrando heridas, abriendo puertas

Ha sido un verano duro, y largo, y extraño, y diferente, y difícil. Un verano de heridas. En el que cada propuesta era un reto y un desafío. Donde la intención y los objetivos estaban claros (Acompañar, apoyar, reducir la incertidumbre, manejar la ansiedad, combatir el aburrimiento, controlar el miedo…), más el panorama general y las circunstancias personales eran elementos que condicionaban y en muchos casos determinaban.

La dificultad de asimilar lo que pasa

Me he encontrado con chicos desolados y ausentes; con chicas decepcionadas, con un alto nivel de ansiedad, cansadas, temiendo escenarios aún lejanos, y no forzosamente reales. Con adolescentes que cuando han salido del laberinto de obstáculos que ha sido acabar el curso, han explotado. Con chicos y chicas que no entendían, que no sabían o no podían asimilar lo que pasaba. A los que el impacto de lo que circulaba por los medios de comunicación les dejaba atónitos, encogidos, con un miedo paralizante, y mínima capacidad crítica. Con muchos interrogantes ante el nuevo curso.

La voluntad de seguir

Me he dejado impregnar por todo esto, y lo he transitado. Y también me he alimentado de la esperanza, de la oportunidad, del hacer, de proponer acciones y actividades. Confiando, y creyendo cuando la confianza se debilitaba. Deseando que todo esto forme parte de un tramo que al menos sirva para aprender, para aceptar, para reconocer y abrazar todo lo hermoso que aún nos queda por vivir y por construir, todo de lo que formamos parte. Porque, fuera de nosotros podrá pasar cualquier cosa, pero la voluntad de seguir ahí, de enfocar lo que ocurre de una u otra manera, de hallar el sentido de la vida, como decía Viktor Frankl, está en cada uno de nosotros, solo hay que activarla.

En esta ocasión, coincidiendo con el fin del verano, chicos y chicas han expresado desde su particular visión el cierre simbólico de esta etapa. Gestos visibles que ponen límite a una fase rara y complicada; y que nos sitúan frente a nuevas puertas que flanquear.

Necesaria arteterapia

Recientemente me preguntaron que era la Arteterapia… Estoy tan sumergida en ella, que a veces viene bien una parada que permita reflexionar y resituar conceptos. Lo primero que diría es que la Arteterapia es un trabajo de mucha escucha, grupal e individual, escucha de cada uno de los integrantes del grupo, de lo evidente y lo sutil. De lo que pasa ahora y lo que ocurre después. Una acción que requiere de un espacio para que la intervención terapeútica pueda desarrollarse, donde se dote a cada persona del tiempo necesario que requiera para acometer su proceso.

Es una labor que supone prestar atención a los cambios, a los pequeños movimientos, a las cosas micro que pasan. Y poder recogerlas y colocarlas en el lugar adecuado. Una invitación latente para hacer que los interrogantes emerjan, que la expresión tome forma y se libere.

También implica un trabajo de registro. Las fichas de seguimiento, la memoria viva del proceso, las imágenes que  ayudan a detenerse en el detalle de la producción, y en ocasiones los vídeos de situaciones significativas aportando sonido y movimiento.

Unido a la labor de revisar, contrastar, y buscar la mirada externa; que el otro te devuelva lo que en un momento dado quizás tú no puedas ver.

El continuo proceso de crecer

Con los más pequeños se tiene muy claro el proceso evolutivo y los cambios naturales, el sistema prevé una guía y un acompañamiento. Sin embargo, según vamos creciendo el apoyo en nuestro proceso vital va diluyéndose hasta desparecer. Con ello: plasticidad, flexibilidad, creatividad (y otro montón de aptitudes), se atrofian. Perdemos la capacidad de jugar, de imaginar, de ser arriesgados y apostar. Nos encogemos y dejamos de crecer. Cuando resulta que crecer es un proceso continuo sin fin.

Me rebelo cuando constato todo esto, unido a la dificultad en aceptar los cambios, y a la escasez de espacios y personas que apoyen y faciliten el curso de nuestros recorridos vitales. Por eso pienso que necesitamos iniciativas y espacios donde se pueda realizar un buen  trabajo terapéutico, junto a profesionales que acompañen las transformaciones de manera amable y amorosa, pequeños oasis de referencia a los que poder acudir cuando es necesario.

Acuarela de R.S. (14a.)

El mito de Hércules

En algunas interpretaciones, los doce trabajos de Hércules representan las doce etapas que el hombre y la mujer han de superar en el camino hacia la verdad. Doce pruebas para dejar de ser víctima de los deseos, y alcanzar la liberación.

En ocasiones, también hay una correlación entre estos trabajos y los signos del zodiaco.

Doce historias en la que los animales son los protagonistas junto a Hércules, un personaje muy habitual en las referencias cotidianas a la mitología, pero cuya historia apenas es conocida, aquí la tenéis.