Estar en un hospital

¿Tienes dolor?

De cero a diez, ¿cuanto dolor tienes?

¿Qué prefieres que te ponga antes: el calmante o la medicación?

Estar en un hospital no es solo que tengas que recuperarte de una infección demoledora, de un accidente inesperado o de una intervención imprescindible. Todo eso es lo que primero se aprecia, lo tangible; sin embargo, estar en un hospital es mucho más.

Te lleva a convivir con un/a compañero/a de habitación, lo que resulta variable, ya no solo por la persona, sino por sus visitas.

Tus propias visitas, en el mejor de los casos respetuosas y cuidadoras, que te quieren y demuestran cariño; o que en ocasiones hacen que pongas a prueba tus herramientas terapéuticas para que entiendan que el hecho de que en ocasiones no quieras verles, no significa que les quieras menos.

Estar en un hospital es estar expuesto a numerosos momentos en los que se abren y cierran puertas, te abruman televisiones ruidosas, te sorprenden luces cegadoras -todavía persisten los fluorescentes-. Y lo que más he añorado: la falta de aire, de naturaleza, de espacio para estirar.

Echo de menos algo parecido a un jardín, un área para aflojar el cuerpo y la mente, un espacio para crear, y para hablar con tus seres queridos más allá de tu limitado pedacito de habitación. He soñado que era obligatorio utilizar casquitos individuales, qué había luces cálidas localizadas, y que el personal de noche utilizaba frontales de espeleología, que podía salir a tomar el aire, y que los muros que me rodeaban eran de colores. Para que el cuidado de lo qué se hace esté también en cómo se hace. Porque al final, una gran parte de tu recuperación, además de la farmacología o la cirugía, radica en el modo en que te tratan y todo lo que ocurre mientras tanto.

Estar en un hospital es sentir gemir a ciertos vecinos y sentirte afortunada porque no estás tan mal. Es escuchar comentarios de celadores y enfermeras que te recuerdan que hay vida fuera. Es llamar para que vengan y que en ocasiones se retrasen porque lo tuyo no es prioritario.

Puede ser una oportunidad para ser mucho más comprensiva, para escucharte, para dejarte mimar, para pedir que te cuiden, para no sentirte culpable porque quieran hacer cosas por ti, para permitirte decir: hoy no me apetece verte, por favor déjame descansar, ó ¡ven!

Estar en un hospital te obliga a parar tu cronómetro y recordarte que todo pasa en un suspiro. Que posiblemente lo más importante ya lo hayas hecho, y que lo que ahora te queda, sea seguir alentándolo.

 

Cómo visualicé mi ameba invasiva… cómo la representé, y cómo DESPUÉS la encontré reproducida en la wiki: Entamoeba histolytica

Inteligencia Apreciativa y Resiliencia

La posibilidad de fracturarnos o quebrarnos es algo inherente al ser humano, como las probabilidades que tiene una vasija de arcilla de romperse. Por otro lado, al igual que una pieza de barro puede ser recuperada pegando sus trozos, tenemos infinidad de recursos para rehacernos, y si como en el caso de la cerámica, aprovechamos la oportunidad de recomponerla para además, embellecerla, (el Kintsugi es una buena prueba de ello), tendremos una ocasión para transformar la dificultad en oportunidad, lo que se denomina Resiliencia.

Se trata de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas, convirtiendo el valor de la reparación en una manera de salir de la situación traumática.

Para ello, hemos profundizado en algunas claves:

  • Autoconocerse, ser conscientes de nuestros puntos fuertes, descubriendo en nosotras aquellas habilidades que nos hacen destacar en algo, lo que va a impulsar nuestra autoestima.
  • Tener una actitud ante la vida optimista y realista, resaltando lo positivo y siendo conscientes de las carencias.
  • Escuchar de forma activa y empática a aquellos y aquellas que pueden ayudarnos desde la palabra, y desde el corazón.
  • Fomentar la asertividad con una misma y con los y las demás.
  • Aprender a solucionar nuestros propios conflictos formulando preguntas abiertas que nosotras mismas respondamos.

Realmente, podemos elegir convertirnos en aquello que deseamos ser, y alcanzar cualquier meta que nos propongamos. Lo que se conoce como:”Inteligencia Apreciativa“, es decir, aprovechar las posibilidades que tenemos delante; utilizando todas esas habilidades y fortalezas que tenemos, pero que no siempre usamos; algo que empieza por ser trazado (visualizado) como un futuro creativo, ideal y motivador, y también realista y posible.