Realidad virtual y mucho mas

Mientras visitaba la exposición de “Guillermo Pérez Villalta. El arte como laberinto” (Comunidad de Madrid,  Alcalá 31), que por cierto me encantó; Me sorprendí pensando en la dificultad en preparar esos bastidores tan extraños e irregulares, lográndolos dejar perfectamente listos para pintar. Lo que me llevó a pensar en todas aquellas acciones que quedan en segundo plano, que se tornan invisibles y no obstante han sido imprescindibles para en muchas ocasiones conformar el entramado de lo que tenemos ante nosotras.

Eso, junto a la parte museográfica de la muestra, me hizo poner atención en el dispositivo COVID para visitar una exposición. Y me llevó a conectar con todo lo que hubo que hacer antes y mientras tanto para poder tener nuestra primera sesión presencial del 2021 en Casa San Cristobal (San Cristobal de los Ángeles).

Previos

Primero fue el hacernos cargo de la importancia de empezar a hacer actividades presenciales con el grupo, con todos los protocolos COVID y cuidados pertinentes.

Casa San Cristobal por el momento no abre por las tardes, y con los horarios de los chavales era inviable hacer una actividad por la mañana, de modo que para mantener nuestro ritual de la tarde de los martes fue precisa la empatía y complicidad de la Dirección, y propiciar la disponibilidad del espacio, lo cual agradezco profundamente.

Previamente hubo que contactar con los progenitores (todas madres), y ponerles al corriente de lo que íbamos a hacer, y varias veces con los chicos/as, en grupo e individualmente; articulando horarios escalonados para utilizar las Oculus (gafas de realidad virtual).

Aunque los/as chicos/as ya conocían la herramienta, hacía más de un año que la habían utilizado, de modo que antes de arrancar, les facilitamos un recordatorio de indicaciones de uso y un tutorial para poder aprovechar la experiencia al máximo.

Protocolos COVID

Según avanzaba con los preparativos me daba cuenta de la inversión de tiempo y energía para poder llevar a cabo la  actividad. Una vez allí, hubo que higienizar manos y pies, controlar temperaturas, usar gorros y guantes esterilizados, y desinfectar las gafas cada vez que había un nuevo uso.

Además hubo que conectar los dispositivos a la red, sincronizarlos entre ellos, abrir las aplicaciones (trabajamos con Tilt Brush), y poner la tecnología a punto. Todo ello con cada chaval, uno a uno, facilitando los accesos y las salidas del edificio también de forma gradual.

Realidad virtual

Los chicos respondieron muy bien ¡tenían tantas ganas de hacer algo diferente!

El proyecto original partía de crear un bosque virtual a partir de los elementos representados por cada uno (todo ello en base a un trabajo previo en el que la simbología del espacio natural enlazaba con elementos de cada personalidad). En esta ocasión, tuvimos que ajustar las expectativas entrenando las herramientas, recordando lo aprendido y probando.

El resultado fue una sesión llena de color, donde el movimiento y la experimentación empezaron lentamente y poco a poco evolucionaron con más energía, mas apertura, y menos miedo. La realidad virtual resultó un recurso más para propiciar el encuentro, el diálogo y la colaboración. Manteniendo distancias, primero tímidamente y poco apoco con mas soltura, los chicos hicieron de la propuesta una oportunidad para crear, conectar y salir del abatimiento y la grisura de estos días.

Así que sí, como Teseo, el héroe del laberinto, animo a tener coraje y empezar a salir de nuestras cuevas, cuidando lo que hacemos, con sentido común y precaución; porque el miedo tiene una función, hacernos cautos, pero cuando se apodera de nosotros es destructivo y aniquilador.