Generando vínculo

Esta semana iniciamos el taller de Arteterapia y Educación Emocional de Casa San Cristobal. Ha resultado un comienzo muy emocionante, los chicos y chicas del año pasado volvían con sus mochilas cargadas de historias y narrativas vitales, y los nuevos participantes se mostraban expectantes y con la natural timidez de los primeros momentos. Una mezcla intensa de emociones: la excitación y la alegría del reencuentro, “el corte” de la primera vez, el pudor de abrirse al grupo, ganas de aprender, dibujar, construir, saltar, jugar… Hemos arrancado poniendo el acento en generar vínculo entre los nuevos participantes y los del curso pasado.

La necesidad de vínculo

Según Pichon-Riviere: “el vínculo es la forma en que una persona se relaciona con las demás, estableciendo una estructura relacional entre ambos comunicantes que va a ser única entre ellos dos”.

Los vínculos resultan esenciales para la supervivencia y la adaptación al medio, permiten influir en el entorno, a la vez que el entorno es influido por éste. Hoy nos hemos apoyado en esta capacidad para una sesión en la que hemos utilizado varias formas de conexión y comunicación.

Cuidado, tejido del vínculo y asentamiento del grupo

Nos hemos apoyado en el Movimiento corporal para soltar, aplacar la energía y situarnos en un lugar común. Nos hemos servido del ovillo de lana que ha tejido red y comunidad, y hemos recurrido a las postales que estimulan recuerdos, proyectan sueños, enlazan afectos… y que con la ayuda de la pintura han traído a la mente lo que nos resulta significativo facilitando su representación.

Figuras de dependencia

Me llama la atención las veces que escucho opinar con ligereza respecto a las relaciones de los demás, poniendo el acento en las que se consideran modos de dependencia emocional… ¿con qué criterio, con qué conocimiento, desde qué punto de vista?

Existen muchas figuras de dependencia en nuestro entorno, al fin y al cabo somos gregarios, sociales e irremisiblemente dependientes del otro; siento que en ocasiones de manera orgánica y saludable, otras de modo enfermizo.

¿Te has parado a pensar de quién dependes realmente ¿por qué? ¿de qué modo? 

¿Te has detenido a analizar cómo son tus vínculos, tus apegos, tus dependencias y si fuera el caso tus codependencias?

Hoy nos hemos sumergido en este apasionante territorio desde varios enfoques; mediante ejercicios de visualización y presencia plena, construcciones de madera, dinámicas de grupo y expresión plástica con pinturas al agua.

Tipos de vínculo

Partiendo del concepto de vínculo (relación inmaterial entre personas), hemos continuado con el apego (aprecio o inclinación especial por algo o alguien), hemos llegado a la dependencia (situación de quién depende de otr@s).

Nos hemos centrado en los diferentes modos de llamar al vínculo, y la expresión de lo que hay tras ello:
vínculo afectivo adecuado: el dar y recibir equilibrado, propio del “amor sano”.
vínculo afectivo deficiente: cuando se es incapaz de establecer lazos con otras personas.
vínculo afectivo exagerado: también conocido como “dependencia emocional“, expresada en una excesiva necesidad del otr@, en la búsqueda de compensar carencias afectivas, que puede desembocar en codependencia: una desproporcionada preocupación por el otr@, que nos hace estar fuera de nosotros mismos.

Dependemos emocionalmente

Todos ellos, estados difíciles de identificar, porque “la vara” que utilizamos para medir nuestras implicaciones emocionales es diferente a la que utilizan los demás, porque no es lo mismo ser parte, que observar las vida de l@s otr@s desde la atalaya.

Con todo, creo que en una u otra medida, a lo largo de nuestra vida, todos dependemos emocionalmente de una o varias personas (si no viviríamos en islas desiertas). La clave es mantener el equilibrio interno, directamente relacionado con las necesidades, la voluntad, la dependencia propia y ajena.

 

La familia construida

Una de las leyendas del árbol de Wanamey explica los orígenes de los humanos: Al parecer, los primeros pueblos fueron hijos del día y de la noche. Cuando tras la oscuridad se hizo la luz y el sol iluminó la tierra, apareció la humanidad y con ella surgieron los animales antiguos. 

Durante muchos años vivieron inocentes en paz y armonía. Cuando el hombre comenzó a desarrollarse se inició desorden. Los animales dejaron de convivir, y se entró en un periodo de desequilibrio.

Para que los humanos se salvaran del desastre eligieron a una pareja pura, de cuya unión nació un bebé, y de su interior surgió el árbol de la vida.

La historia es más larga y compleja, aclarando muchos conceptos desde el pensamiento mítico. Lo que a nosotros nos interesaba era tomar el mito como inspiración; y a partir de ahí, trasladar en forma de árbol, la gran familia que se ha ido construyendo a partir del vínculo creado entre los participantes del taller y que ha extendido sus ramas fuera del mismo.

La inspiración plástica de múltiples árboles de la vida da forma a una sencilla representación, que recoge el tejido de interrelaciones generadas de manera espontánea, y que evoluciona con la atribución de roles y características.

El árbol que surge es un producto invertido, nace en la copa, multiplica sus ramas con bifurcaciones y relaciones generando frutos muy personales.

Una metáfora de la familia construida por estos chicos y chicas, en la que cada participante tiene un papel concreto y significativo: la madre, las hijas, los padres, los y las hermanos… Una representación reflejo de un deseo compartido y la necesidad de vinculación afectiva más allá de lo biológico.