Tomar decisiones

En una de las actividades recientemente propuestas, el dibujo y la explicación del mismo de uno de los componentes del grupo me llevó al controvertido tema de “como tomar una buena decisión”; y la duda de si las decisiones que tomamos son o o no las buenas, (entiéndase buenas como adecuadas). De mi frustración cuando decido algo, y luego ocurre que cuento con nuevos elementos que hacen que tenga esa incómoda sensación de haber tomado la decisión incorrecta.

Este tema que que de algún modo ya surgió: Cuando las decisiones nos obligan “a decidir”, resulta muy recurrente no solo con adultos, sino especialmente entre adolescentes. El tener menos trayectoria de vida, menos experiencias, menos contraste entre lo que hago y dejo de hacer, hace que las decisiones que han de tomar cuenten con menos elementos de análisis, menos perspectiva, lo que aumenta la frustración cuando no se “acierta”. Sabiendo que esto de “acertar”, en ocasiones es muy relativo.

De todos es conocido la importancia de aprender de los errores; es decir, si me equivoco lo suyo es identificar con qué me he “equivocado”, dónde, cómo y porqué; para, en una situación similar poder elegir de otro modo. Eso en sí mismo ya es un logro, lo que nos coloca en un lugar positivo de aprendizaje y evolución.

Cómo tomar decisiones

1.- Mi sugerencia es que para tomar una decisión analicemos los pros y los contras. Tomemos todos los elementos que nos sea posible y los desgranemos. Podemos hacerlo mentalmente, aunque dibujarlo o escribirlo ayudará mucho, visibilizará la cuestión y permitirá “sacarlo de nosotros”, “darle forma” y hacer que lo veamos con perspectiva y por lo tanto de modo más objetivo.

2.- A algunas personas en este proceso de análisis les aporta mucho el contraste con los demás. La visión del otro puede ayudarnos a considerar elementos que antes obviamos. Si es tu caso, compártelo con alguien de confianza.

3.- Una vez que hemos tenido en cuenta todo lo que podemos analizar, deberíamos de tener una idea clara de lo que hacer, cuando esto no es así, cuando las razones no nos aportan suficiente claridad para decidir, conviene que respiremos hondo y elijamos desde la sabiduría interior, desde la intuición, desde esa vocecita que nos dice lo que sí y lo que no.

4.- Cuando “marees mucho la perdiz” ponte un límite de tiempo para decidir. En último término opta lo que más te apetezca.

5.- Y a partir de ahí apuesta. Evita retrotraerte al malsano “si hubiera”, porque el condicional en este caso no ayuda, plantea elementos que no existían cuando tomamos la decisión; por lo tanto, ahora no podemos tenerlos en cuenta para castigarnos por lo que hemos elegido. Lánzate a fondo con la decisión que tomaste, aprende todo lo que puedas, responsabilízate de lo que ocurre. Pase lo que pase, sentirás que avanzas hacia delante.

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